12: Radiación NW

Programa Explorer

visibility

133.0

favorite

0

mode_comment

0


Todos permanecían en silencio después de haber oído el informe que Tony había leído, pero él continuaba luchando contra su pánico.
A ti no va a pasarte eso —se decía a sí mismo—. Eres resistente. A los resistentes no les pasa eso. Ya lo leíste. No enloquecerás. Tranquilízate.
Algo que jamás habrían sospechado, todo aquello de "vulnerables y resistentes" tenía que ver con la radiación NW. Ahora sabían al menos por qué eran valiosos para la OMSA. 
—Al menos las cosas empiezan a tomar sentido —dijo Ashley.
—Luego tomaremos en cuenta eso —intervino Sara—. Tenemos que conseguir salir de aquí, ¿recuerdan?
Salieron de aquella habitación y se encaminaron nuevamente por el pasillo, el mismo que solía estar lleno de guardias en condiciones normales. En la lejanía aún se escuchaban explosiones y lo que parecía ser ráfagas de disparos.
Se asomaban por cada una de las puertas que había hasta que encontraron una armería. Todos entraron emocionados.
Cada quien se armó a su conveniencia, pero Tony sólo tomó otra pistola por las dudas y se la guardó en la cintura. Sintió un poco más de tranquilidad al saber que ahora no se encontrarían en total desventaja a la hora de un enfrentamiento.
Continuaron caminando por el lugar. Tony empezaba a percibir los sonidos de los disparos  más nítidos y cercanos.
—Ya deberíamos estar cerca —dijo Fran.
—¿Qué se supone que debemos hacer cuando salgamos? —preguntó David, que aún caminaba con la ayuda de Tony.
—Nos reuniremos con el resto de su grupo y el nuestro, volaremos la salida y nos largaremos de aquí por el bosque —dijo Samuel.
—Tienen una seria obsesión con las explosiones, ¿no creen? —dijo Tony, pero Samuel lo ignoró.
Tony ya estaba comenzando a hartarse. Sentía preocupación por cómo podrían estar el resto de sus amigos, y se sentía estar caminando sin rumbo por un laberinto, un destruido y aterrador laberinto.
Alguien le tocó el hombro. Tony se volvió a mirar.                               
—¿Quieres que te ayude? —le preguntaron.
Un chico con el rubio cabello alborotado y enmarañado, con todo el rostro cubierto de pecas y una sonrisa dibujada en el rostro. Tony lo observó con recelo por un par de segundos, pero luego permitió que sujetara a David.
El chico desprendía un aura que le imposibilitaba que desconfiara de él.
Sintió un alivio, necesitaba descansar.
Observó a sus amigos, todos con la vista fija en distintos puntos indefinidos. Se percató entonces que Jim caminaba justo a su lado, observando su arma.
Y él la observó, una vez más. Antes la observaba mientras ella escribía durante clases. Ahora la observaba mientras ella pensaba en quién sabe qué. Tenía una leve expresión de preocupación.
—Oye, ¿sabes usar eso? —le bromeó para iniciar una conversación.
Jim levantó el rostro y su expresión cambió al mirarlo.
—Sí, era lo que casi siempre nos enseñaban nuestros forjadores, ¿quieres que te dispare en una pierna para que compruebes? —le respondió Jim siguiéndole la broma.
Ambos rieron y Tony logro apartar por unos segundos toda la pesadilla que les rodeaba. 
—¿Crees que nuestras familias estén bien? —le pregunto ella.
A Tony esa pregunta le tomó por sorpresa.
—Pues... Tal vez estén en la aldea —dijo Tony.
La expresión de preocupación volvió, y a Tony se le estrujaron los intestinos.
—Tranquila. Ya sabes lo que dicen, la fe es lo último que se pierde ¿no? Y mientras estemos juntos…
—Nada puede salir mal —completó ella, y ambos sonrieron.
El emotivo momento les fue interrumpido por un sonido en la lejanía que empezó a preocuparles. Se escuchaban como… gritos humanos, como de agonía y desesperación.
A medida que avanzaban se iban haciendo más nítidos. Tony no lograba explicarse a qué se debían. Siguieron caminando y se percataron de que los gritos provenían de detrás de una puerta que permanecía cerrada.
Fran se acercó para investigar e intentó abrir la puerta sin resultado.
—¿Perdiste la cabeza? —Intervino Samuel—. Quien sea que esté ahí dentro está bien chiflado. Larguémonos antes de que… —las palabras de Samuel se cortaron cuando los gritos que venían de la habitación se callaron súbitamente.
Tony sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Tenía un mal presentimiento.
Un repentino y fuerte golpe hizo temblar la puerta. Todos se hicieron hacia atrás. Luego otro, y otro, y otro.
—Alex, quédate detrás con David —ordenó Fran al chico que ayudaba a David a caminar.
Los golpes continuaban y cada vez se hacían más fuertes, la puerta iba crujiendo y dando señales de que no aguantaría mucho más. Tony supo que lo que sea que saliera de allí, no los saludaría amablemente. Apuntó su arma a la puerta que se hallaba a unos cinco metros de ellos.
Todos apuntaban sus armas en dirección a la puerta.
El ambiente era tensión pura.
Los gritos volvieron, una arremetida más y la puerta cedió, dejando ver lo que se ocultaba detrás de ella. 
El pasillo se impregno de un olor repugnante cuando salió de la habitación una criatura asquerosa de unos dos metros de altura. Tenía la piel gelatinosa con unos repulsivos hematomas y numerosas pústulas distribuidas por todo el cuerpo.
De lo que se suponía que serían sus brazos sobresalían púas amenazantes y amarillentas.
Su cabeza, a pesar de estar deforme y mutilada, dejaba en evidencia que esa cosa alguna vez había sido un ser humano.
Salió de la habitación cojeando. Y mientras todos aún observaban estupefactos a la criatura, esta logró articular una frase, volviendo la escena más espantosa aun:
—¡Nece-s-sito un ab-b-brazo!

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo