15: Promesas

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Tuvo un descanso tranquilo, pero cuando despertó volvió a sumergirse en el presente, en su catastrófico presente.
Miró a su alrededor y no vio más que árboles y árboles. Entre las hojas de las gruesas ramas por encima de su cabeza se colaba la luz del sol, que dejaba en evidencia que ya habían  llegado las horas del mediodía, y los rugidos de su estómago se lo corroboraban.
Mientras estaba debatiendo consigo mismo sobre si debía levantarse o no, oyó pasos que se acercaban.
—¿Tony? —Preguntó la inconfundible voz de Zoe—. Qué alivio que estés aquí. Estábamos preocupados por ti.
—Lo siento, me senté aquí y me quede dormido. Supongo que estaba muy cansado —le respondió Tony con la voz inevitablemente apagada.
—No intentes ocultármelo —dijo ella—. Samuel ya nos lo contó.
Tony contuvo su llanto. Zoe se sentó a su lado y continuó hablando:
—No eres el único que está en esa situación. Tampoco se sabe nada sobre mis padres. Pero aun así tengo a Scott, y los tengo a ustedes. Al igual que tú; tienes a Samuel y nos tienes a nosotros —Tony pudo notar que de los ojos de Zoe empezaban a brotar lágrimas—. Estaremos bien mientras estemos juntos, ¿verdad?
Tony la abrazó y no pudo continuar evitando el llanto. Se sintió más destruido aun al ver llorar a su amiga.
No, no lo había olvidado. Él sabía más que nadie que mientras permanecieran unidos, nada podría salir mal.
—No merecemos esto —dijo Tony—. Merecemos algo más que esta horrible pesadilla que nos están obligando a vivir.
Zoe le devolvió el abrazo, y él la apretó aún más.
—Te prometo que les haremos pagar por todo lo que nos han quitado y por todo lo que nos están haciendo pasar.
Tony pudo sentir que una parte de él deseaba continuar y que no todo estaba perdido. Aún le quedaba algo por lo que vivir; venganza.
Casi pudo sentir una amarga sustancia subiendo hasta su garganta. Él sabía que la negatividad lo estaba contaminando. Sentía miedo de ello, pero ¿qué podría salir mal?
Sólo quería vengarse de la OMSA, no iba volverse un asesino serial ni nada por el estilo. Eso no podía ocurrir. Él sabía quién era, y eso nunca lo olvidaría.
—Te quiero, Antony —le dijo ella.
—También te quiero —respondió.
Se levantaron y caminaron nuevamente a la aldea.
Tony detalló con más cuidado las actividades que llevaban a cabo:
Había personas cortando madera para construir más cabañas. Otros cocinaban. Otros repartían la comida. Otros repartían ropa. Dos chicas estaban mostrando a un numeroso grupo de hombres y mujeres cómo armar y desarmar un rifle, mientras más allá de las cabañas, en una pequeña zona libre, pudo ver a algunas personas combatiendo.
El rojizo cabello de Cris se distinguía de inmediato, luchando contra un tipo que era dos veces su talla.
En pocas palabras, todo estaba muy bien organizado. Era increíble que Samuel, quien acostumbraba levantarse tarde todos los días, fuera uno de los líderes de aquella gran comunidad.
Zoe caminaba junto a él hacia la cabaña que les habían asignado, y al acercarse, Tony se percató de inmediato de que David se encontraba de pie frente a la puerta.
Sintió un profundo alivio.
—Eh, Tony ¿dónde te habías metido? —dijo David al verlo llegar.
—Eso no importa, pequeño, ¿cómo está tu pierna? 
—Ya está mejor. Dentro de poco podré patearte de nuevo, no te preocupes —bromeó David.
Ambos rieron y entraron. Javier estaba tirado en el suelo de la cabaña con pinta de querer vomitar. Tony no sabía si le había hecho mal la caminata o si esa era su expresión normal.
—Samuel te dejó esta ropa aquí para cuando aparecieras —dijo David antes de lanzar a Tony una bolsa con ropa limpia.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que sus amigos ya no traían el uniforme de armas.
—Gracias al cielo, algo limpio.
Se sintió bien cambiarse de ropa. Le dieron una camisa gris, una chaqueta de color marrón, jeans azules y ajustados —demasiado ajustados—. Tony se los puso a regañadientes.
—Demonios. Samuel quiere hacerme vestir como él.
—No te quedan nada mal —le dijo David con una sonrisa que era más de burla que de otra cosa.  
Salieron de la cabaña y David lo guió a través de la aldea hasta aquella larga mesa. Se encontraban allí el resto de sus amigos almorzando. Tony los saludo y se sentó entre Gwen y Jim para comer su almuerzo. 
—Lindos pantalones —le dijo Gwen.
Jim rió sonoramente.
—Te pareces a Samuel —dijo entre la carcajada.
—Sí, sí. Ya lo sé —dijo Tony poniendo los ojos en blanco.
Transcurrieron aproximadamente unos quince minutos. Ya Tony había acabado su almuerzo cuando llegaron a la mesa Samuel, Daniel y Fran.
Muchos habitantes de la aldea llegaban al lugar. Aparentemente todos estaban allí, y fue Daniel quien habló:
—Voy a tratar de ser breve. No sé si lo hayan notado ya, pero nos encontramos en una situación de suma desventaja. Es del ejército y de una organización mundial de quienes estamos huyendo. No tenemos muchas oportunidades de ganar en una batalla, así que huiremos hasta que suceda lo inevitable.
El lugar quedó en un consumidor silencio.
—¿Es en serio? —Habló Cris. Tony no lo había visto llegar— ¿Sólo huir es lo que nos depara el resto de nuestras vidas?
—Es la única opción que tenemos —dijo Samuel.
—Por favor, despierten. Ayer entraron en la base y lograron sacarnos de ahí, ¿ahora dicen que no tenemos oportunidad?
—Logramos sacarlos, sí, pero no tienen idea cuantos tuvieron que morir para eso —dijo Samuel, haciendo callar a todos de nuevo.
—Lo siento, Samuel, pero no estoy de acuerdo —dijo Tony levantándose—. ¿Qué hay de las fallas de gravedad? ¿Qué hay de los irradiados? Hay muchos aquí que no sabemos si sean vulnerables, ¿qué pasara con ellos? Ni siquiera sabemos de donde proviene esa radiación con la que ellos estaban experimentando, ¡podríamos encontrarnos todos expuestos a ella y nunca lo sabríamos!
Una ola de murmullos se desató entre toda la masa de personas, que obviamente no entendían demasiado de lo que Tony hablaba.
—Tony, baja la voz —murmuró Samuel 
—¡¡No!! ¡¡Vivir huyendo no basta!! —Se le unió Gwen.
—Es cierto —los apoyó Scott—. Tenemos que volver, descubrir la manera de parar esto y recuperar nuestras vidas. ¡Recuperemos Geralldia!
Toda la gente parecía estar de acuerdo con ellos. No querían huir, querían sus vidas de vuelta. Samuel, Fran y Daniel se miraron mutuamente.
—Está bien —dijo Fran—. Analizaremos la opción de un nuevo ataque. Pero mientras lo organizamos, lo mejor es mantenernos ocultos. Se montaran puestos de vigilancia a un par de kilómetros al este y al sur, para evitar que nos tomen desprevenidos en caso de que nos encuentren. Sólo sean precavidos y con suerte duraremos un par de semanas más.
Zoe miró a Tony y le sonrió. Estaba decidido.
Tony no pararía hasta ver a la OMSA pagar, y sabía que sus amigos lo apoyaban. Estaba seguro de que con ello era suficiente. Sin embargo…
—Quiero hablar con todos ustedes en privado —dijo Tony a Gwen que se encontraba a su lado—. Reúnelos en alguna de las cabañas, es importante.
—Tranquilo, conspiranóico —le dijo Gwen—. ¿Qué tienes en mente?
Tony le explicó brevemente a Gwen, ya que no tenía caso ocultárselo a ella. Consideraba que Gwen era mucho mejor liderando que él.
Ella estuvo de acuerdo, y se encaminó a reunir al grupo.
Tony fue a explorar un poco más la aldea y sus alrededores, mientras preparaba en su mente lo que le diría a los demás.
Era un lugar agradable a pesar de la poca comodidad que tenían comparado a cuando vivían en Geralldia. Estuvo un rato mirando por aquí y por allá hasta que escucho a Gwen llamarlo. La siguió hasta la cabaña en donde estaban todos esperándolo.
—Muy bien. No acostumbro a ser yo quien lleve a cabo este tipo de cosas pero realmente lo considero importante —Tony trago saliva y continuó hablando—. Creo que aún quedan muchas preguntas sin respuestas, no podemos quedarnos aquí ocultos mientras la OMSA sigue experimentando con esa radiación en humanos.
—¿Radiación? —Preguntó Alba confundida— ¿Hablas de eso de radiación NW?
Tony recordó que la mayoría de ellos no estaban presentes cuando se toparon con el irradiado, así que se tomó su tiempo para explicarlo todo.
—Esto va más allá de sólo venganza por habernos quitado todo. Tenemos que averiguar el porqué de todas las anomalías, de todo lo que está haciendo esa gente.
—Estás olvidando algo —dijo Jim—. Aún podemos sacarles toda esa información a Robert y a Carol. ¿No creen?
Tony había olvidado por completo que los forjadores seguían allí, y sintió que se abría una puerta enorme ante ellos.
—¡Es cierto! Ahora mismo iremos a…
Pero las palabras y la emoción de Tony fueron acalladas como siempre por algo inesperado; desde afuera se colaban gritos de horror y sorpresa. Ráfagas de disparos provenientes de distintas direcciones. De un instante a otro se había desatado un fuerte tiroteo, y Tony supo la razón.
La OMSA ya los había encontrado.

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