16: Acorralados

Programa Explorer

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Todos se agacharon. Asustados y anonadados.
Las balas volaban de un lado a otro. Ya había muchos cadáveres, tanto de personas de la aldea como de agentes de la OMSA. 
Era el enfrentamiento más fuerte y sangriento que Tony había presenciado. Sentía el temor, como un líquido ácido que hervía en su estómago y quería escapar por su garganta
—¡Robert y Carol! ¡Van a matarlos! —Gritó Gwen.
Tony se volvió al fondo de la cabaña y se arrastró por precaución. Buscó entre su ropa sucia y sacó las pistolas que había conservado desde la noche anterior. Lanzó una a Scott.
—¡O salimos de aquí o nos matan! —Gritó para hacerse escuchar.
Scott y él se pusieron de cuclillas junto a la puerta y espiaron. No corrían demasiado peligro, pero debían ser precavidos.
—¿Listo? —le preguntó Scott por encima del bullicio.
—¡No! —Respondió Tony.
—¡Ahora! —gritó Scott.
Y ambos salieron sin pensarlo más, disparando a diestra y siniestra para cubrir al resto de sus amigos que corrían en dirección al edificio enorme, donde seguramente se encontraban Samuel y los demás.
El camino era un campo minado. Los agentes salían al claro desde el bosque mientras otros se ocultaban detrás de las cabañas y saltaban de la nada. Era una completa locura.
Cadáveres por aquí y por allá. Detonaciones venían desde todas partes. Gritos de horror. Gente llamándose a gritos.
Ambos se quedaron sin munición casi al mismo tiempo y se miraron horrorizados.
—¡¡Sólo corran!!
Tony miraba constantemente hacia atrás para asegurarse de que ninguno de sus amigos fuera alcanzado por las balas. Estaba casi seguro de haber visto a Javier caer dos veces.
—¡Ahí está ese desgraciado de Carlos! —Gritó Cris.
Tony volvió la mirada a donde Cris apuntaba.
Entre los árboles, podía verse un sinfín de agentes, con sus uniformes de color vinotinto, poniéndose a cubierto detrás de los gruesos troncos. Pero el que más destacaba era la figura del jefe de seguridad de la base, haciendo señas y dando órdenes con un tono de voz que pretendía hacer competencia al tiroteo.
Llegaron corriendo a la edificación, y entraron sin siquiera mirar.
Se encontraban en el interior Daniel y Fran, con un grupo de más o menos quince chicos y chicas, incluido Alex. Todos armados y atentos.
—¿Dónde está mi hermano? —Preguntó Tony.
—Espera —le respondió Daniel alzando un dedo—. No debería tardar
Tony no entendió nada de lo que Daniel quiso decir, pero antes de que pudiera pedir una explicación más clara el fuerte estruendo de una explosión proveniente del exterior dio la respuesta que él quería.
—¡¡Ahora, ahora!! —Exclamó Fran.
Enseguida todos salieron del lugar disparando en todas direcciones, y gritando como si eso les otorgara inmunidad a las balas de la OMSA.
—¡Allí dentro hay más!—exclamó Alex antes de salir.
Fue Cris el primero en apresurarse a registrar la parte de la cabaña que les había indicado Alex.
—¡Oh, Dios! —dijo Cris mientras sostenía en sus manos un rifle similar a los que llevaban Fran, Daniel y el resto.
Se repartieron las armas lo más rápido que pudieron y antes de que alguien pudiera decirlo, salieron.
Se dispersaron por la desastrosa aldea; Tony corría pegado a los talones de Sara y detrás de él venía Ángeles.
—¡Ve tú a buscar a los forjadores! —Le gritó Gwen.
Tony corrió hacia la cabaña más cercana para cubrirse, sin dejar de disparar. Se preguntó a sí mismo dónde los encontraría, o si podía encontrarlos al menos.
Empezó a zigzaguear por el lugar. Los guardias que aparecían no eran problema, y Tony pensó que, a decir verdad, eran bastante idiotas.
Se metió a una cabaña que era relativamente grande. Había al menos unas veinte personas agazapadas. Tony divisó a Robert y a Carol, ambos abrazados cerca de un rincón. Se sintió aliviado.
—¡Ustedes vendrán conmigo! —dijo Tony apuntándoles con su arma para que le obedecieran.
—No somos monstruos de la OMSA para que nos trates así —le dijo Carol.
Tony se hubiese disculpado en una situación normal, pero su mente estaba demasiado ocupada. Había gente afuera matándose.
Apenas se volvió hacia la puerta cuando un guardia entró de golpe y dejó escapar una ráfaga de balas.
Tony sintió una punzada en el estómago, pero sólo era temor.
Se lanzó hacia adelante lo más rápido que pudo. Inmovilizó a su enemigo contra una pared y lo derribó con una patada a las piernas, seguido de un disparo en el pecho.
Volteó a mirar a quienes se mantenían agachados y por fortuna, las balas no hirieron a nadie.
—¡Quietos donde están! —dijo Tony a Robert y Carol.
Espió por la puerta de la cabaña y divisó de inmediato a Cris, Jim y Ángeles escondiéndose de las balas tras los restos de una cabaña en llamas. Numerosos guardias los atacaban.
Tony corrió y se tiró al piso, disparando hasta vaciar el cartucho. Asesinó a más personas de las que podía haberse creído capaz, y no supo cómo debía sentirse, pero había salvado a sus amigos, eso era positivo de todas formas.
Cris, Jim y Ángeles se movieron a otro lugar de inmediato. Tony rodó junto a otra cabaña para cubrirse mientras recargaba su arma.
Alguien le tocó el hombro y casi le dispara sin pensar. Era Alex.
—¡¡No aparezcas así, pude haberte matado!!
—Samuel me dijo que viniera a ayudarte, tenemos que sacar a Robert  y a Carol de aquí. Conozco una ruta.
—No me iré mientras mis amigos sigan en peligro —le respondió Tony.
Alex guardó silencio unos segundos y luego habló de nuevo:
—Tengo una idea —dijo el chico con una emoción que sólo él sabía expresar—. Podemos emboscarlos desde atrás.
Tony sintió un rayo de esperanza iluminarle el alma.
Se levantó y ya Alex había echado a correr, pero en dirección a la arboleda. Dudó por un instante, pero decidió seguirlo.
Se adentraron en el bosque y Tony notó que Alex parecía conocer muy bien el camino que estaba recorriendo. Se esforzó por no despegarse de su guía en ningún momento.
Llegaron al pié de una colina y Alex se sacó algo de la chaqueta y lo lanzó a Tony.
—¡Tendremos que usar esto! —dijo el chico.
Tony reconoció el objeto: Un explosivo. Alex sostenía un pequeño detonador.
—¿Estás seguro de que va a funcionar? 
—¡No, la verdad no! —exclamó.
Tony no supo qué decir.
Continuaron subiendo la colina. Sus piernas ardían por el esfuerzo, pero aun así no se detuvo.
Pararon en un lugar a suficiente altura. Podía ver muchos agentes de la OMSA aglomerados en un minúsculo claro, justo al lado de la aldea.
—¡Lánzalo y yo lo detonaré! —gritó Alex.
Tony miró bien hacia el lugar a donde debía lanzar el explosivo. Sólo tenía una oportunidad de salvar a sus amigos y a las pocas personas que quedaban con vida.
¿Qué pasaría si fallaba?
¿Y si terminaba arruinándolo todo, y todos acababan muertos o capturados de nuevo por su culpa?
Recordó la promesa que le había hecho a Zoe y su sed de venganza hacia la OMSA.
—¡A la mierda! —exclamó.
Tomó impulso e hizo el lanzamiento poniendo toda la fuerza  y precisión posibles.
Sentía que los segundos en que el explosivo iba en el aire transcurrían a cámara lenta.
—¡SÍ! —Gritó Tony emocionado.
Antes de que cayera, supo que había apuntado bien.
—¡¡Detónalo!! —gritó.
Alex accionó el detonador y una enorme explosión hizo volar a decenas de agentes. Sus oídos quedaron zumbando, pero pudieron escuchar unos cuantos disparos más. Tony sintió un alivio y sin pensarlo salió disparado colina abajo. Alex lo siguió.
Sus amigos estaban en el suelo descansando por la ardua batalla a la que habían sobrevivido.
—¡¡Lo logramos!! —gritó Alex al verlos.
—Esa estuvo buena —les dijo Samuel, frotándose lo que aparentaba ser un golpe en la cabeza y que dejaba caer hilillos de sangre por su frente.
—Las celebraciones para después —dijo Daniel—. Puede que algunos sigan con vida.
—Ocúpense ustedes de eso —dijo Scott—. Nosotros tenemos a alguien a quien interrogar
Tony había olvidado nuevamente a los dos forjadores.
Guió a sus amigos a la cabaña en la que los había dejado y se sintió aliviado al comprobar que aún estaban allí.
Tony les hizo un ademán con la cabeza para que lo siguieran y estos acataron la orden.Se instalaron en otra cabaña que se encontraba vacía y comenzó el interrogatorio:
—No creo que sea necesario que los amenacemos para que compartan todo lo que saben con nosotros, así que lo mejor es que empiecen de una vez —dijo Gwen.
Carol miró a Robert y él le hizo una seña afirmativa.
—Muy bien. Diremos lo que sabemos —dijo ella.
Tony sintió un escalofrío por todo el cuerpo.
—El motivo de las anomalías que está sufriendo el planeta no la sabe ninguno de nosotros, es algo de lo cual sólo tienen conocimiento los directivos, y ellos se han encargado de que sea así, pero sabemos que el origen de todo está en la base. Algo llamado brecha temporal, pero no sabemos qué rayos sea eso.
Tony se alarmó. Allí estaba la tercera palabra; brecha.
—La OMSA es una organización que nació de la unión de muchos países poderosos, que prestarían a sus más reconocidos científicos para la supervisión y control de los eventos que podrían desatar una gran catástrofe a nivel mundial. Las anomalías comenzaron a salirse de control así que la OMSA se vio en obligación de ejecutar el Programa Explorer.
—Sigo sin entender —interrumpió Sara—; si solo supervisaban anomalías, ¿por qué ejecutar este programa e involucrarnos a nosotros?
—Se supone que ustedes servirán para detener las anomalías desde su origen, pero nadie conoce cuál es el origen, ni cómo ustedes podrían hacer algo al respecto —dijo Robert
—No sabemos más, se los juro —dijo Carol.
Tony se sentía decepcionado. Sí había información nueva, pero como siempre, quedaban con más dudas que antes.
En ese momento, Alex entró a la cabaña jadeando.
—¡El jefe de los agentes sigue con vida!
 

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