18: Aclaración

Programa Explorer

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Se encontraba caminando por un sendero, con los pies desnudos y expuestos sobre el barro.
No sabía cómo había llegado allí, pero caminaba, y se dirigía a alguna parte. Aparentemente, era muy importante que llegara a su destino, porque llevaba paso acelerado.
El cielo emitía una triste y deprimente luz tenue. A ambos lados del fangoso camino se extendían kilómetros y kilómetros de espesos matorrales.
—Tengo que llegar —dijo para sí mismo—. Tengo que llegar.
Sus piernas dolían. Cada paso equivalía a pisar un centenar de clavos, pero no entendía por qué podría doler tanto, si sólo caminaba sobre barro.
—Tengo que llegar —No paraba de repetir.
Cada vez sus pies se hundían mucho más, y se le hacía más complicado y doloroso seguir avanzando. Un viento gélido se deslizó por todo el ambiente, causándole escalofríos.
—Tengo que… Tengo que llegar.
Pero ya no podía seguir avanzando. Sus piernas estaban demasiado hundidas. El fango… se lo estaba tragando. Y a medida que su cuerpo se sumergía en él, un dolor abrazador se expandía por todo su ser.
Allí había algo que le estaba haciendo daño, oculto debajo del barro que se lo tragaba y que no lo dejaba avanzar.
—Tengo que llegar… Tengo que… llegar… Tengo que… Tengo…
Jadeaba.
Estaba agotado. No sabía si debía seguir luchando para no hundirse, pero tampoco sabía si luchar le serviría de algo.
—¡¿A dónde se supone que tengo que llegar?! —Gritó, utilizando toda esa impotencia y confusión como combustible.
Pero ya no estaba sumergido en fango, ni sentía dolor. Eso no era lo que sucedía en el presente.
La realidad era otra.
—Tony Martínez. Ya era hora de que despertaras.
En la realidad, Tony estaba atado de las muñecas y los tobillos a una silla, en medio de una oficina amplia, muy lujosa y ordenada.
Frente a él, una mujer que él conocía —y aborrecía— hacía florituras limpias y veloces con un bolígrafo sobre varias láminas de papel.
—¿Dónde estoy? —Preguntó Tony.
—Estás de vuelta en la base —dijo Lilith serenamente, sin levantar la vista de lo que fuera que estuviera haciendo.
—¿Dónde están mis amigos? —Preguntó Tony de inmediato.
—Están todos aquí. En esa aldea había mucha gente. Tal vez nos sean útiles. En este momento deben estar comprobando la resistencia o vulnerabilidad de cada uno para integrarlos al programa.
—Son unos malditos monstruos —dijo Tony.
Estaba harto. No quería saber nada más de ese supuesto programa. Ya no quería que más inocentes quedaran implicados en aquella pesadilla. Era su culpa, y era incapaz de hacer algo al respecto para ayudar a esas personas.
Al fin y al cabo no pudieron salvar la aldea. No salvó a sus amigos. No salvó a Zoe, no salvó a Jim, y nunca estuvo cerca de salvar a su madre.
—¿Por qué me tienes aquí?
Hubo unos diez segundos de silencio en que el bolígrafo deslizándose sobre el papel era lo único que podía percibirse. La tensión de aquella oficina era insoportable.
Lilith hizo a un lado el bolígrafo y entrecruzó los dedos sobre el escritorio. Sus ojos penetrantes observaron a Tony desde el otro lado del cristal de sus gafas.
—El líder habla con el líder y ambos llegan a un acuerdo —dijo ella—. Yo soy la directora de la OMSA, y tú…
—Yo no soy el líder —aclaró Tony—. Si eso es lo que necesitas, puedes hablar con Gwen o con Scott, no conmigo.
Lilith respiró profundo, como preparándose para algo.
—¿Siquiera tienes idea de quién eres?
Tony se mantuvo en silencio. No apartó sus ojos de los de Lilith. Tony sabía que si Lilith mentía, sus ojos se lo dirían, y no quería perderse ni una sola de las mentiras de esa mujer, mentiras que, por alguna razón, él sabía que diría.
—Bueno —volvió a decir ella— tal vez no seas el líder de tu grupo, pero eres con quien debo hablar, y eso es gracias a tu apellido.
Sintió su sangre helarse una vez más. La dolorosa punzada en el pecho concordó con los deseos que tenía de huir de allí, de ya no seguirla oyendo.
—Tony, tú  eres el único explorer que tiene conexión directa con el programa, porque tu padre fue mi predecesor. Tu padre es el ex director de la OMSA.
Él sabía que Lilith tenía que estar mintiendo, aunque sus ojos no lo dijeran, y aunque él mismo hubiera conjeturado eso desde mucho antes dado que sus pistas se lo decían. Ni siquiera le importaba saber qué demonios era un explorer. Lilith no podía estar hablando en serio. No. Tony se negaba a creerle.
—Es hora de que sepas qué es lo que sucede aquí.
—Sabes que no voy a creerte nada, ¿verdad? —Le respondió Tony de mala gana, pero en realidad sólo intentaba evitar que Lilith hablara.
Ya no quería enterarse de nada.
—Que me escuches será suficiente para mí —dijo—, y tal vez luego de saberlo, decidas ayudarnos. Tony, intentamos salvar al mundo.
Tony dudó una vez más. No sabía qué pensar ni qué era lo que realmente debía hacer.
Le dolía saber que, después de todo, si era culpa suya que hubieran involucrado a sus amigos en todo aquello, pero si en realidad estaban intentando “Salvar al mundo”, tenía que escuchar. Tenía que saber a qué se enfrentaba.
—Te escucharé entonces —se obligó a decir.
Lilith sonrió con alivio y tomó aire una vez más.
—Todo empezó dos años atrás, con el nombramiento de tu padre como director de la organización. Esto se debió a que él, tu padre, había desarrollado un proyecto con el que se pretendía revolucionar al mundo entero. Algo llamado brecha temporal; una rasgadura en el espacio-tiempo que nos llevaría futuro, sin que dejáramos de estar conectados con el presente.
Tony intentaba procesar lo que Lilith decía lo más rápido que su mente se lo permitía, para de esta manera no perderse en el relato y comprender completamente lo que oía. Tenía que aceptar que estaba sorprendido en gran medida con lo que acababa de enterarse. Nunca se habría imaginado que lo que sucedía iría más allá de lo que simples adolescentes podrían enfrentar por sí solos.
—A través de la brecha podríamos traer la tecnología, las formas de vida, las curas para las enfermedades y todo lo que se suponía que el ser humano desarrollaría cientos de años en el futuro, y así adelantar de una manera increíble el avance de la civilización. Todo tenía buena pinta, no había fallas en los cálculos ni en la teoría, y dadas las condiciones de crisis en las que se hallaba la humanidad, fue aprobado. Tu padre fue nombrado director de la OMSA, y el proyecto brecha temporal se puso en marcha.
Lilith se quitó las gafas, se secó el sudor y continuó:
—Y funcionó —afirmó—; tu padre, con un gran grupo de expertos científicos de todo el mundo, lograron abrir la brecha. Pero luego de que cesó la algarabía, y luego de que numerosas expediciones no volvieran después de atravesar la brecha, fue cuando empezaron las preocupaciones.
Tony prestó más atención que antes. Se había interesado más de lo que esperaba.
—Yo misma estuve allí cuando un moribundo agente logró volver y contó poco de lo que vio antes de morir de un paro cardiaco. No encontraron lo que esperaban. Del otro lado de la brecha no había ningún futuro brillante. Allí no había soluciones, ni evoluciones, ni curas. Sólo había caos. Se encontraron con un planeta tierra en ruinas, y esto fue culpa nuestra; al abrir la brecha, se hizo una alteración en la línea de tiempo y todo aquel futuro de nuestra civilización  fue reemplazado por lo que le esperaría ahora al planeta, dado que una grieta espacio-temporal no era cosa para tomarse a la ligera. Era peligroso e inestable, pero aun así no se echaron para atrás. Tu padre se negó rotundamente al cierre de la brecha y convenció a todos de que debía estudiarse lo que él mismo bautizó como el Nuevo Mundo, que debían descubrir qué era lo que hacía que los agentes murieran antes de tener oportunidad de volver, y una de las razones de la desaparición de las expediciones quedó en evidencia justo cuando comenzaron los nuevos estudios. El Nuevo Mundo, el lugar del otro lado de la brecha, estaba plagado por criaturas a las que llamaron morks. 
A Tony se le hizo imposible seguir guardando silencio, y ante la última declaración preguntó:
—¿Morks? ¿Qué se supone que son?
—Aparentemente la única forma de vida existente en el planeta. Lograron estudiarse muchos cadáveres de morks y… sus estructuras genéticas dejan en evidencia que provienen de los humanos.
Tony sintió un escalofrío de horror. ¿O sea que aparte de un irradiado, también podría acabar convirtiéndose en… un mork?
—Se enviaron cientos de expediciones para erradicar a los ocupantes del Nuevo Mundo, pero así fue descubierta la radiación NW, producto de los rayos UV del moribundo sol al atravesar la atmósfera contaminada. Pudría la sangre haciendo mutar al cuerpo de los afectados y alteraba sus químicas cerebrales. Muchos acabaron enfermos, pero hubo unos pocos a los cuales no causó ningún efecto; entre ellos, tu padre. Fue entonces cuando se hicieron más estudios con la sangre de los no-afectados y descubrieron que una condición genética en específico, hacía a los individuos inmunes a los efectos de la radiación NW. Por eso sabíamos de tu resistencia, ya que esta es heredada automáticamente si uno de los dos progenitores la posee. Por eso fuimos directo a ese colegio. Por ti.
—¿Así que metieron a todos en esto por mi culpa?
—No lo veas de esa manera, Tony. Más bien considera que nos ayudaste a nosotros.
—¿Los ayudé a qué? ¿A destruir la vida de todos mis amigos?
—Déjame terminar y lo entenderás, ¿quieres?
Tony se quedó callado, aunque ardiendo por la rabia.
—Ya se tenía todo lo necesario para estudiar al Nuevo Mundo; conocimientos acerca de los morks, agentes resistentes a la radiación NW y el suficiente equipo y entrenamiento en estos para que sobrevivieran, pero las anomalías comenzaron a desatarse por todo el planeta. Cambios repentinos del clima, terremotos, huracanes y todo tipo de desastres naturales y fenómenos climáticos comenzaron a azotarnos debido a que por haber mantenido la brecha tanto tiempo abierta, ambas realidades estaban intentando juntarse.
—¿El futuro con el presente?
—Correcto. A este efecto se le llamó “La Colisión”. Se llegó a la conclusión de que se debía cerrar la brecha para dar un alto al posible apocalipsis. Sin embargo, fueron muchos los que se opusieron al cierre, y las organizaciones mundiales no querían que tan peligrosa información quedase libre, así que todos los que quisieron abandonar a la OMSA o se opusieron a la decisión tomada fueron enviados al Nuevo Mundo o se les llevó a cabo un borrado de memoria. De esta forma se logró ocultar por completo el proyecto fallido.
—¿Pero? —Preguntó Tony, dado que sentía que la cosa no acababa allí.
—Pero aun así, a todas estas… no fue posible deshacer la brecha. No pudimos hacer que esta se cerrara, sólo contenerla. No comprendíamos del todo las razones, pero tampoco quisimos comprenderlas, sólo la contuvimos y lo dejamos a la suerte, y así estuvimos viviendo hasta hace meses atrás.
Lilith volvió a colocarse las gafas.
—Tony, se sospecha que la brecha está siendo manipulada para ser abierta desde el otro lado, desde el Nuevo Mundo. Estuvimos haciendo esfuerzos para contenerla pero ya has sido testigo de lo que está sucediendo. Es esa la razón por la que los necesitamos. Queremos que vayan al Nuevo Mundo a erradicar a quienes están intentando reabrir la brecha, para que podamos controlarla nuevamente hasta descubrir una manera de sellarla por completo y evitar la catástrofe que ocasionaría la Colisión. De eso se trata el Programa Explorer.
Tony permaneció en silencio. Le habían develado toda la información que quería. Ya no le quedaban dudas de ningún tipo. Lo que nunca había pensado era la realidad; la OMSA estaba buscando el bien de la humanidad.
—Necesito... necesito tiempo para pensar... —fue lo que dijo Tony a Lilith.
—No te preocupes. Puedes reunirte con tus amigos y pensar con calma si es lo que deseas. Pero primero responde algo; ¿fuiste tú quien asesinó a Carlos?
—Sí, le metí una bala en la cabeza. De todas formas se estaba volviendo un irradiado, lo habrían hecho ustedes —respondió fríamente.
—En eso tienes razón —dijo la mujer encogiéndose de hombros.
—Pero aún no lo entiendo, ¿cuándo estuvo expuesto a la radiación NW?
—Por ahora eso se está investigando. Debes ir ya con tus amigos —respondió Lilith.
La mujer hizo señas y entraron un par de guardias que lo desataron de la silla y lo escoltaron por los pasillos zigzagueantes de la base. Tony se perdió en sus propios pensamientos, analizando toda la información de la que acababa de enterarse, y sin darse cuenta había llegado nuevamente a los dormitorios.
Allí se encontraban todos sus amigos reunidos en la misma mesa de comedor. Apartados de los demás estaban Samuel, Daniel, Fran y Alex. Todos observaron atentamente hacia la puerta cuando esta emitió su gran estruendo al abrirse.
—¡¡Es Tony!! —Exclamó Cris al verlo. Todos corrieron hacia él para recibirlo. 
—No nos querían decir nada sobre ti. Pensamos que habías muerto —dijo Scott mientras lo envolvía en un abrazo.
—Jim casi llora cuando lo consideramos una posibilidad —dijo Cris entre una risa, y Jim le golpeó el costado.
Tony sintió sus mejillas ruborizándose levemente.
Zoe lo abrazó y como siempre, sintió un alivio de que ella estuviera bien. De pronto Zoe lo soltó y se fue rápidamente en dirección a la mesa en la que estaban cuando él llegó.
Tony se percató de inmediato de que todos se habían apartado, excepto Jim.
—Me alegra que estés bien —dijo ella con una sonrisa.
—G-gracias —dijo Tony sin saber muy bien lo que debía decir. Respiró profundo, aclaró su garganta y prosiguió—. ¿Realmente te preocupaste? —le preguntó.
—Pues..., sí. —afirmó ella—. No habrá nadie más que me haga reír si te mueres así que me preocupa tu bienestar.
Ambos rieron y se miraron mutuamente. Tony sintió un impulso, algo que venía desde dentro. En un momento normal le habría parecido una locura, pero no en ese momento. Sentía la necesidad de hacerlo. Una descarga de adrenalina que le recorrió desde el diafragma hasta la garganta.
Levantó su mano hasta el rostro de Jim y le tocó la mejilla. Ella se ruborizó y su expresión dejó en evidencia que ya conocía sus intenciones. Tony respiró profundo. Se acercó, y con la voz medianamente temblorosa le dijo:
—Sé que tal vez no sea el mejor momento, pero si muero, podrás reírte de la cara de idiota que debo tener justo ahora, pues no quisiera que tu sonrisa muriera conmigo.
Jim rió, e inmediatamente cerró los ojos.
Tony la imitó.
Y se acercó, hasta no poder acercarse más.
Sus labios rozaron.
Se besaron.

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