19: Misión aceptada

Programa Explorer

visibility

149.0

favorite

0

mode_comment

0


Tony no podía pensar en nada que no fuese lo que acababa de suceder. Todo lo que le había contado Lilith pasó a un segundo plano. No importaba tanto como tratar de salir de ese estado de conmoción. Esa estupefacción que nunca había experimentado. Ese ensimismamiento del que no sentía demasiada necesidad de salir. Ese dolorcito en el pecho que sintió, que no fue un dolor como algún otro que hubiera sentido alguna vez.
De verdad la había besado.
Era ese momento y sólo ese momento un verdadero escape de la realidad tan espantosa que estaban viviendo. Jim era su salvación. Siempre lo había sabido, pero ahora lo había vivido en carne propia.
Un beso. Un universo nuevo.
Se abrazaban el uno al otro, con aparentes intenciones de fundirse y nunca volver a separarse.
—Te voy a sacar de aquí, Jim —le dijo Tony por fin—. Los voy a sacar a todos de donde los he metido.
—No te pido que me saques de esto —respondió ella—. Sólo te pido que no te mueras.
Se separaron con lentitud y se miraron mutuamente.
Tony no supo qué más decir ni hacer.
—¿Y ahora qué? —Se cuestionó a sí mismo.
Todo lo que sucedía eran cosas que nunca habría creído ni remotamente posibles.
—Creo que… Pues… Creo que hay un par de cosas —se aclaró la garganta— , un par de cosas que deberíamos conversar.
Jim le dio un par de palmadas en el hombro izquierdo y dijo:
—Bien, bien. Vamos a ello.
Su naturalidad se le contagió. Tony sonrió levemente y la siguió.
Se reunieron con el resto del grupo. Era raro tenerlos a todos en la misma mesa. Fran y Daniel miraban en muchas direcciones, pues ahora, en los dormitorios había muchos guardias, y ellos eran los únicos que ocupaban los dormitorios. Un silencio bastante incómodo, considerando el revuelo al que estaban acostumbrados.
—Okey, okey —inició—. Hasta donde tengo entendido, ya todos conocen la situación. Y la verdad es que…
Tony hizo una larga pausa, preparándose para su próxima declaración. Tomó suficiente aire y dijo:
—Esto probablemente sea lo más arriesgado y loco que haga en mi vida, pero creo que no tengo opción. Voy a ir.
—¡Ay, por favor, Tony! ¡No podemos confiar en esta gente! —Exclamó inmediatamente Gwen.
—Esta es la única manera en la que puedo sacarlos de esto. No tienen que ir, no están obligados a ello. Me quieren a mí, y puedo convencer a Lilith de que se queden aquí esperando a que acabe. Todo es mi culpa y quiero saldarlo.
—Nuestra —lo corrigieron. Samuel se levantó, con expresión sombría—. Escucha, Tony, lo de la aldea no fue en serio. Sólo quería tratar de hacerte cambiar de parecer, porque no creí que tus amigos fueran a apoyarte. No iba a dejar que se fueran así por así, y ya estamos metidos aquí. Si ese hombre hizo este gran mal a la humanidad, nosotros vamos a remediarlo.
—Se dan demasiada importancia —saltó Cris—. Bla, bla, bla es lo que escucho. Somos resistentes y por eso estamos en esto. El equipo incompleto no servirá de nada.
—¿Qué pasara con Javier y Ángeles mientras tanto? —preguntó David.
Tony se sorprendió.
—Supongo que deberán aguardar aquí —respondió Ashley.
—Aún no lo entiendo del todo, pero si llegase a ser resistente quiero ir también —dijo Alex.
—Esperen, esperen —interrumpió Tony—. ¿Todos están pensando en ir?
—Tierra llamando a conspiranóico —dijo Gwen—. ¿No oíste a Cris? El equipo incompleto no servirá de nada.
—Pero…
—Jim, vuelve a besarlo si no se calla, por favor —saltó Scott.
Tony sintió vergüenza tras las risas leves de sus amigos, pero luego se sintió bien contar con apoyo una vez más. No estaba solo, y eso lo hacía feliz a pesar de todo.
Al fin y al cabo para eso son los amigos; para acompañarte incluso cuando ellos mismos corren peligro, incluso cuando saben que van de cara al infierno.
Luego de un rato de oír a sus amigos charlar sobre los posibles peligros que implicaría ir al desconocido Nuevo Mundo, Tony se dispuso a aclarar a la directora de la OMSA la decisión que habían tomado.
—Necesito hablar con Lilith —dijo tras acercarse a uno de los guardias.
El sujeto lo miró de pies a cabeza con ojos de desprecio y después habló por radio. Les dieron la orden de llevar a Tony a la oficina de la directora.
Lo guiaron  por los mimos pasillos, hasta la misma oficina. Lilith seguía firmando papeles.
—Tony, no esperaba volver a verte tan rápido.
—Ya tomamos una decisión —dijo a secas—. Iremos, pero con una condición.
La mujer se separó del escritorio con evidente sorpresa.
—¿Condición?
—Los vulnerables deberán quedarse aquí, a salvo, con todos sus recuerdos incluidos.
Lilith lo miró con incredulidad y fingiendo ser amigable dijo:
—Nunca les haríamos nada, Tony, siempre y cuando colaboren con nosotros, claro.
Tony se tragó los insultos.
—Comenzaremos de inmediato.
Tony salió de la oficina y fue guiado de nuevo por los mismos guardias hasta un bloque de la Base en el cual nunca había estado.
Lo ingresaron en una habitación muy amplia, rodeado por decenas de armas de fuego y cuerpo a cuerpo, municiones y equipamientos de todo tipo.
No pasaron ni cinco minutos cuando ya todos sus amigos se encontraban allí, a excepción de Javier, Ángeles y Fran. Tony preguntó por el último de estos, a lo que Daniel respondió:
—No lo dejaron venir. Es vulnerable.
—Estará a salvo aquí —aseguró Tony, aunque deseando ser capaz de fiarse al cien por ciento de la OMSA.
El personal les entregó paquetes a cada quien; Tony supo antes de desembalarlos que eran uniformes.
Eran completamente de color negro y hechos de una tela que Tony nunca había visto; se sentía extraño al tacto. Era delgada, pero no podía verse a través de ella.
Se apresuraron por ocupar los cubículos que había al fondo para vestirse. Tony fue uno de los últimos.
Esperaban impacientes por las siguientes instrucciones, o que uno de los caras largas del personal apareciera cuando escucharon una voz a través de los altavoces de la habitación.
—Felicidades por haber sido seleccionados como los explorers definitivos. En nombre de toda la Organización Mundial de Supervisión de Anomalías, nos complace dar inicio a la última etapa del Programa Explorer.
—Bravo, bravo —dijo Cris—. Ahora ¿nos dejaran escoger armas a nuestro gusto? —Se preguntaba Cris mientras deslizaba la mirada por las estanterías de armas.
A Tony eso no le hacía demasiada emoción; sólo podía sentir temor por lo que fuera que les aguardara.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo