20: Objetivos

Programa Explorer

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Crisnunca se había visto tan feliz como cuando le dijeron que sí les dejarían tomar lo que quisieran. A Tony le dio bastante igual.
Se paseaba entre los estantes, tomando cosas de aquí y de allá y metiéndolas  en la mochila. Linternas, baterías, un reloj de pulsera, vendas, alcohol antiséptico, y entre otras cosas que Tony consideraba ligeramente necesarias. No lograba explicarse por qué había gel para el cabello o barras de jabón en un lugar como ese.
La OMSA y sus cosas raras.
Tomó una escopeta que llamó su atención y se la colgó del hombro. También pudo notar que todo lo que había en aquella habitación tenía el logo de la OMSA  grabado. 
Se acercó a la sección donde habían armas de combate cuerpo a cuerpo de todo tipo: Espadas, machetes, cuchillos, hachas, y un montón de cosas que Tony ni siquiera reconocía. Tomó un hacha de una mano y un par de cuchillos cortos.
El hacha era lo suficientemente pequeña para ir de un lado de la mochila.
—Esta me gusta —dijo para sí mismo, refiriéndose a la pequeña hacha plateada, mientras miraba con detalle el logo de la OMSA grabado en ella.
—Con eso no matarás ni a una mosca —le dijeron.
Sara lo miraba con una sonrisa amplia a un par de metros de distancia.
—¿Eres experta matando moscas?
—No, pero estoy segura de que si deseas matar algo —Sara le lanzó un explosivo— esto es más útil que esa hacha.
—¿Cuánto apuestas a que mi hacha resulta más útil de lo que crees?
Sara rió y se dio vuelta. Tony miró el explosivo de su mano y recordó cómo salvó a sus amigos en la aldea.
Definitivamente llevaré más de esto —pensó.
Metió una cantidad bastante imprudente de explosivos en su mochila y sintió que no necesitaría nada más. Salieron de la armería y de inmediato a cada uno se les abasteció de barras de cereal —muchas barras de cereal— y botellas de agua.
—¿Qué demonios haremos con tantas barras de cereal? —Preguntó Scott.
—Bueno, creo que podemos usarlas como papel higiénico —dijo Cris, irónicamente—. Obvio que comerlas, genio.
—Ni en un año alcanzaría a comerme todas estas asquerosidades.
—Vamos —se integró Alex—, no saben mal.
—¿Ya te estás comiendo una barra, rubiecito? —reaccionó Scott.
—En realidad esta es la tercera —respondió.
Tony rió levemente.
Luego tuvieron la caminata  más larga que habían dado a través de la base, hasta llegar frente a una enorme puerta donde se encontraba Lilith junto a Jason Reyes, el jefe de científicos.
Explorers, se encuentran frente a la entrada a la Sala Principal de Supervisión —dijo Lilith— Es aquí donde se encuentra la entrada a la brecha contenida. Esperamos que en este punto ya tengan claro que ustedes son el único recurso que le queda a la humanidad. Ahora se les informará con detalle los objetivos de la misión.
La puerta empezó a emitir chirridos como de cientos de engranajes.
Entraron entonces a lo que era la Sala Principal de Supervisión, y lo que principalmente se percibía es que era enorme, más que la Forja y los dormitorios juntos.
Había cientos de personas frente a ordenadores tecleando sin parar. Otras observaban enormes pantallas con líneas que regularmente se quebraban y luego volvían a la normalidad.
Más allá de toda esa gente, lo que más llamó la atención de Tony fue lo que había al final del lugar, tras de una gran barrera translúcida; un punto de luz que resplandecía con una intensidad sin precedentes. Tony se preguntó si esa sería la entrada a la famosa brecha.
—Bienvenidos sean, explorers —comenzó a hablar una mujer—. Síganme, y presten atención a los detalles.
La mujer los guió por el lugar hasta una enorme pantalla que permanecía apagada.
—Tras atravesar la brecha acabarán en este lugar, cientos de años en el futuro. Allí lo más probable es que se encuentren con antiguos integrantes de nuestro personal, aunque no sabemos en qué estado —A Tony se le revolvió el estómago al pensar en un irradiado—. Quienes logren salir de allí deberán dirigirse unos cuarenta kilómetros al norte, hasta llegar a otra de las bases y comprobar que no existan sobrevivientes en su interior. 
En la pantalla apareció la imagen de un mapa, que marcaba un trayecto de cuarenta kilómetros entre el punto que sería la base central y algún otro lugar que en la actualidad estaría cerca del centro de la Ciudad de Geralldia.
—Más al noroeste se encontraran con la tercera base. Deberán repetir el procedimiento. Se trata de un establecimiento pequeño que sirve para controlar los satélites de la organización. Cuando hayan terminado, se encaminarán a la cuarta y última base, a unos veinte kilómetros al suroeste de la última. Al culminar las operaciones, deberán regresar a la base central y atravesar nuevamente la brecha —culminó aquella mujer. 
Nadie formuló ninguna pregunta así que la mujer continuó:
—Muy bien. La brecha será reabierta en breve. 
Los nervios reinaban entre el grupo de amigos. Estaban a punto de viajar al futuro, al Nuevo Mundo.
Tony hallaba muchas incongruencias en aquello. Muy fácil podrían haber hecho todo eso con agentes resistentes de la OMSA. ¿Por qué armar todo aquel espectáculo? ¿Por qué involucrarlos a todos?
Ya no quería más dudas, pues el dolor de cabeza que equivalían era insoportable, pero era casi imposible no sentirse intrigado por datos como esos. La OMSA ocultaba algo más, pero Tony no sabía si era buena idea averiguar qué era.
Los condujeron hasta la barrera de seguridad, los hicieron pasar al otro lado y permanecieron allí unos diez minutos hasta oír una voz robótica por altavoces que nadie alcanzaba a ver:
Cuenta regresiva para la apertura de la brecha temporal: Treinta, veintinueve, veintiocho, veintisiete... —el conteo iba cada vez más bajo.
Los nervios fueron reemplazados por determinación. Tony echó una mirada a Sara, y ella le asintió afirmativamente.
Miró a Jim que estaba a su lado. Se tomaron de la mano.
Scott habló entre toda aquella incertidumbre.
—Que se abra esa maldita entrada, porque vamos por ellos —dijo, como intentando motivar a todos.
...cinco, cuatro, tres, dos, uno. Brecha temporal abierta.
El punto de luz se expandió. Sintieron como si un fuerte viento los empujara hacia atrás. Se formó una gran mancha multicolor desde el punto central hasta una gran circunferencia mecánica que la rodeaba.
—¡Vamos ya! —gritó Gwen.
Todos echaron a correr en dirección a la macha, y se adentraron en aquello tan desconocido, intrigante y aterrador: La brecha temporal.

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