21: Un atajo en el tiempo

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Había atravesado la rara mancha multicolor con los ojos cerrados. Era la sensación más extraña que podría haber experimentado. Atemorizado e inseguro, se propuso abrir los ojos lentamente. 
Dentro de la brecha todo parecía perder forma física. No alcanzaba a ver nada más que sólo colores y luces moviéndose violentamente a su alrededor mientras se desplazaba hacia adelante, como si abordara un vehículo sin frenos.
Oía un extraño zumbido, como el viento cuando pasa muy deprisa, pero intensificado. Quiso intentar detenerse pero fue inútil; continuó desplazándose hacia adelante cada vez más rápido, si es que se podía decir que se estaba moviendo porque realmente no lo sabía con exactitud. Era sentir, pero al mismo tiempo no lo era. Tenía noción de quién era, pero su cuerpo no estaba.
Llegó a sentir que se movía a una velocidad abrumadora hasta detenerse súbitamente como si nunca hubiera comenzado a moverse. Volvió a sentir el cuerpo y a distinguir lo que lo rodeaba. Luego lo único que pudo distinguir fueron nauseas.
Quería vomitar.
Y vomitó.
Después de volcar en el suelo lo último que había comido —y que tampoco recordaba qué era— fue que tuvo tiempo para reparar en lo que había sucedido, y en el lugar en que estaba.
Había llegado al Nuevo Mundo y, aparentemente, el viaje había sido igual de confuso para todos.
Tony miró a su alrededor para asegurarse de que todos se encontraran allí, y así era, estaban todos jadeando, encorvados como si les doliera el estómago y, para consuelo de Tony, varios también habían vomitado.
Al levantar la mirada se dio cuenta de que estaban en una sala idéntica a la que se encontraban antes de atravesar la entrada a la brecha.
—No quisiera tener que repetir eso nunca más —dijo David—. ¿Dónde se supone que estamos?
—Si la brecha nos hizo dar un salto en el tiempo, entonces estamos en la base del futuro, como dijo la chiflada de la OMSA del otro lado —dijo Gwen mientras volvía a ponerse de pie con dificultad.
Se tomó un momento para detallar el lugar. Tenía sentido que esa fuera la misma sala en la que estaban hace unos minutos, pues la estructura era la misma, pero aquella barrera de seguridad estaba totalmente agrietada y la mayoría de los ordenadores y pantallas enormes que estaban afuera se encontraban destruidos. Caminaron más allá de la destartalada barrera de seguridad y comenzaron a inspeccionar el lugar.
—Parece que aquí hubo alguien hace poco —dijo Scott mirando un charco de una extraña sustancia.
—O algo —añadió David.
—Eso no es muy motivador —se unió Alba.
Tony se alejó de la conversación de sus amigos, en dirección a las colosales puertas y comenzó a teclear en el panel que se suponía que debía abrirlas. Escuchó a alguien acercándose.
—¿Sabes lo que haces? —preguntó Sara. Tony se volvió a mirarla.
—La verdad, no —respondió, haciéndola reír.
Tony se apartó y Sara sólo necesitó un par de segundos para hacer que los engranajes que conformarían la maquinaria de la puerta chirriaran como antes de entrar, asumiendo que ya estaba hecho. 
—Parece que tu hacha no abre puertas.
—Para algo servirá, ya verás —respondió Tony, defendiendo a muerte la utilidad del hacha de mano que aún colgaba de su mochila.
La puerta comenzó a abrirse con un estruendo más grande de lo habitual, dejando en evidencia que hacía mucho tiempo que no recibía mantenimiento. Al desplazarse ambas por completo a cada lado, el lugar se impregnó con un olor repugnante que ya se les hacía conocido a varios. 
Putria —pensó Tony de inmediato y sujetó su arma con firmeza.
Una oscuridad profunda era lo que reinaba a lo largo del pasillo. Tony fue el primero en iluminar, mientras sus amigos se acercaban, y la luz les develó una imagen que no se les borraría de la mente con facilidad.
Todo el pasillo se encontraba atestado de cadáveres con fuertes mutaciones, tal como el irradiado que habían visto la noche del escape.
—Asquerosamente interesante —soltó Alex.
—Me pregunto qué habrá acabado con ellos —dijo Samuel.
—Si nos movemos de aquí sería genial, no soporto este olor —dijo Cris.
Avanzaron con cuidado, pasando sobre todos aquellos cadáveres, cada uno más repulsivo que el anterior.
Al llegar al final del pasillo doblaron a la derecha y comenzaron a explorar la base, que lucía terriblemente abandonada.
Tony recordó fugazmente una ocasión en la que se había metido con David y Cris a un establecimiento abandonado de Geralldia. Solían hacer cosas muy normales de adolescentes de doce y trece años, esas cosas que nunca más tendrían la oportunidad de experimentar.
—¡Haz silencio, torpe! —Le decía Tony a Cris en el recuerdo.
—Dicen que abandonaron este lugar porque asesinaron a alguien, y su espíritu nunca se marchó —contaba el pequeño David mientras avanzaban por el oscuro pasillo, parcialmente iluminado por el celular de cada uno.
—¿Creen que nos encontremos con el espíritu? —Preguntó Cris.
Tony iba a argumentar algo al respecto, de no ser por una cuarta voz que hizo que los tres tensaran hasta el último de los músculos de sus cuerpos, y que apuntaran con las linternas al mismo lugar.
—Lo único que encontrarán aquí adentro —dijo el chico de pie frente a los tres— serán problemas.
—¡Scott, demonios, casi nos matas del susto!
—Y a todos nos matarán nuestros padres si la policía los llama porque nos encontró metidos aquí, ¡vámonos ya! —Ordenó él, y todos le obedecieron a regañadientes. Siempre fue mejor no discutir con Scott.
 
Tony logró sonreír levemente tras ese recuerdo. Logró apartar por un par de segundos la terrorífica idea de que estaba cientos de años en el futuro, en un edificio enorme infestado de monstruos, pero la sensación no le duró demasiado.
Mientras caminaban lograron escuchar algunos golpes en la lejanía y Tony no sabía qué sería peor; encontrarse con una horda de irradiados o con personas armadas.
—¿Está todo bien? —le preguntó Samuel a Tony, sacándolo de inmediato de sus pensamientos.
—Sí, todo bien.
—Oye, quiero hablar contigo sobre mamá.
Tony sintió su corazón dar un vuelco. 
A pesar de que se entristecía cada vez que recordaba el asunto, quería saber más acerca lo que había pasado. Tony lanzó una mirada afirmativa a Samuel. Se rezagaron considerablemente del resto del grupo y él comenzó a hablar.
—Ese día me desperté cuando la gravedad falló por primera vez. Me levanté asustado sin saber exactamente lo que estaba pasando. Cuando la gravedad volvió bajé corriendo a ver cómo se encontraba ella. La encontré en el recibidor con una expresión de que estaba igual de confundida y asustada que yo. Quiso salir corriendo a buscarte, a ver por qué aun no llegabas, pero logré convencerla de que se quedara en casa y fui yo quien salió a buscarte.
Samuel se enjugó una lágrima, pero seguía con la voz igual de firme.
—Cuando iba camino al colegio los vehículos del ejército se empezaron a desplegar por toda la ciudad, así que traté de volver a casa. La gente se negaba a obedecer, y fue cuando los soldados empezaron a atacar a los civiles. Todo se volvió un desastre y lo último que recuerdo es a la multitud huyendo y pasándome por encima. Cuando desperté estaba en la casa de Daniel. Volví a casa lo más rápido que pude, pero no estaba allí. Nadie sabía de ella, nadie la había visto. Simplemente... desapareció. 
Tony no pudo contener sus lágrimas.
—Tenemos una nueva misión ahora. No dejemos que eso le pase a alguien más—dijo Tony a su hermano. Y él lo miró y le lanzó una sonrisa entre todas esas lágrimas que caían por su rostro.
Se integraron al grupo, y no habían transcurrido ni treinta segundos cuando percibieron movimiento del otro lado del pasillo, y no era nada agradable.
Un irradiado se arrastraba en dirección a ellos.
—¡Ay, mierda! —Soltó Cris por el susto.
—Lo tengo —dijo Alex apuntando con su rifle a la criatura que se les acercaba a rastras, pero no tuvo tiempo para disparar cuando se percató de que otro irradiado saltó a la vista. 
—Trajo amigos —dijo David, y otro irradiado se sumaba a la aterradora escena.
Luego otro, y otro, y otro más. Segundos bastaron para que hubiera unas quince criaturas a la vista.
—Tenías que hablar —dijo sarcásticamente.
Alex soltó un disparo al primer irradiado que habían visto y este dejó de moverse, pero tras escuchar la detonación, los asquerosos monstruos soltaron un chillido al mismo tiempo. Todo el grupo se quedó paralizado y, para volverlo todo más tenso y peligroso, todos los monstruos asumieron una agilidad nunca antes vista, y echaron a correr apresuradamente en dirección al grupo.

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