Capítulo 25.

Ignis (Pars #1)

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Alex se limpió el césped que se le quedó pegado en el culo y se cruzó de brazos, mirando el cielo. Sus ojos grises estaban oscuros y su expresión era de tranquilidad.
--Bueno, Alex... --lo llamé y él me dirigió su mirada. Su melena rubia estaba toda despeinada--. Enséñame algo de los Ictus. No nos vamos a quedar aquí parados sin hacer nada, ¿no?
Traté de ocultar mi tristeza bajo esa capa de chica burlona.
--¿Poderes? Okay, pero admito que no soy el mejor ni de lejos. Soy bastante patético, de hecho --me dijo y se alejó de mí.
La carencia de ego que tenía era genial.
Cuando estaba como a unos cinco metros de mí paró, miró a los costados para comprobar que estábamos solos y comenzó a levitar. Con un movimiento de mano, tiró dos árboles y, antes de que tocasen el suelo, los volvió a poner en su lugar. Dio vueltas carnero en el aire, cambió el clima en unos segundos y me hizo a mí volar y bailar en el aire con él.
Si esto es patético, quiero ser patética con él.
Después de esta exhibición, me bajó, hizo una reverencia y tocó el suelo nuevamente. Yo me puse a aplaudirlo y él tiró besos al aire.
La diferencia era que él era un Ictus, por lo que sus "besos" me empujaron para atrás por el viento. Lo sé, tenía tan poca fuerza que era bastante triste.
--La mayoría de cosas que hacen los Ictus son muy parecidas a las que hacen el resto de controladores de Elementos, así que lo divertido es ver cómo peleamos con otros Pars, porque tenemos mucha más creatividad y hacemos poderes muy complicados y extraños --avisó y asentí, igualmente satisfecha y anonadada con lo que había visto--. Y, recuerda algo, Made: con práctica, todo es posible.
--¿"Made"? --inquirí, sonriéndole.
--Ese es uno de tus sobrenombres ahora, Made. Quedas bautizada --y, antes de que pudiera responder, se peinó el pelo y volvió a hablar--. Pero me tengo que ir.
--¿Ya? --dudé y él asintió.
--Hoy era sólo la presentación. No pasa nada, nos volveremos a ver pronto. Practicaremos cuanto sea necesario, ¿de acuerdo?
--Con gusto.
Él se acercó y me dio un beso en la mejilla.
--¿Sabes volver? --me preguntó.
--Sí, claro. Este bosque es como mi segunda casa. Ve tranquilo --aseguré y él me sonrió. Salió corriendo y cuando estaba a punto de perderse entre los árboles, se dio vuelta y me gritó:
--¡Saluda a tu hermano de mi parte, Made! ¡Y ten cuidado con el oro!
Y se esfumó. ¿A qué se refería con "cuidado con el oro"?
Da igual.
Alex me caía bastante bien. Parecía ser un chico simple, gracioso... y bastante simpático. Su poco ego era completamente lo contrario al ego de Belu, que era de dimensiones espaciales.
Y, hablando de ella: le gustaría tener un novio como él. ¡Tendría que presentárselo! ¡Dios, ellos quedarían muy bien juntos! ¡Qué buenas ideas tengo!
Bueno, tendría que hacerlo cuando ella se dignase a aparecer. Y tengo que volver a la realidad: no podría estar con ella para decírselo tampoco.
Repentinamente apenada, me fui del lago caminando con lentitud. Los árboles se volvían cada vez más densos mientras caminaba y cada paso me cansaba más. Bueno, lo de la fatiga estaba justificado: hoy fue un día con un montón de emociones.
Sólo quería llegar a casa.
Un minuto después, como siempre, las plantas se repartían y disminuían más, lo que indicaba que me acercaba a la salida. Conocía este bosque como la palma de mi mano, o sea, para que se den una idea: vine aquí con Cameron (mi ex) muchas veces, vine a un festejo de cumpleaños en mi segundo año y a pensar cuando necesitaba tiempo sola. Ah, y con los King.
Este bosque era efectivamente como mi segundo hogar.
Divagando mi mirada vi una silueta sentada y apoyada contra un árbol. Me acerqué un poco sin hacer ruido y mi sorpresa fue enorme: ¡es James!
Entré en pánico. Mi pulso empezó a volar por los aires y abrí los ojos. ¡¿Qué hacía aquí?! ¡¿Me había visto?! ¡¿Qué debía hacer ahora?! ¡¿Saludarlo?! ¡¿Irme corriendo?! ¡¿Preguntarle gritando a dónde se había ido?! ¡¿Sonreírle?!
¡No estaba preparada para esto!
Retrocedí unos pasos con toda la calma que reuní, escondiéndome y tratando de acompasar mi respiración. ¿Por qué me daba tanto miedo? ¡Era James, no la reina de Inglaterra!
Ya está. Me cansé de temerle. Ni él, ni ningún chico, ni nadie me asustaría nunca más.
Levanté mi cabeza aparentando orgullo y altanería y caminé por delante de él, esperando que no levantase la cabeza.
Obviamente, mi nivel de suerte es equivalente a mi nivel de chica ruda que no llora (nulo).
James me vio y de un salto ya estaba parado. Yo aumenté el ritmo de mi marcha, pero él me alcanzó, me tomó la mano y me dio la vuelta en tiempo récord.
Cuando estábamos frente a frente, él puso sus dos manos sobre mis hombros y me buscó con la mirada. Yo, claramente, no quería verlo. Me conozco. Sé que si lo miraba me perdería en sus ojos y flaquearía, y ya no podría enojarme con él, porque mi fuerza de voluntad es también pequeña y triste.
--Los Pars somos el doble de rápidos que un humano normal. Siempre destacamos en gimnasia --me dijo y me quedé anonadada. ¿Por qué mierda me viene a decir esto? ¿No hay otras cosas de las que hablar?--. Si pones mucha concentración, sí que puedes confundir a la gente sin tanto entrenamiento. Podemos curar heridas superficiales y profundas, pero puede ser fatal para el afectado y el "doctor" --soltó y ahí sí que lo miré fijamente.
Tal como había predicho, me perdí en sus ojos. El color me gustaba cada vez más. Sus ojos me hacían elevar tanto o más que cuando me enojaba.
Mi babeo mucho no duró: James rompió la conexión para abrazarme.
Tuve que devolverle el abrazo, era más fuerte que yo.
Su piel tocando la mía me hizo experimentar unas sensaciones que recorrían mi piel como si fueran telarañas. La firmeza con la que lo hizo me hizo perder el equilibrio por un segundo. Sentí mis músculos flaquear y un placer que sólo conseguía con él cerca mío. Mi respiración comenzó a fallar, no sabía si por el desconcierto de su acto o por lo bien que me estaba haciendo.
«No, Madison, no. No te desconcentres. Busca respuestas.»
«No es de mi incumbencia dónde estuvo. Ni que fuera su novia.»
«Oh, vamos, eso no te lo crees ni tú. ¡Si estuvo con otra chica te gustaría saberlo!»
Maldito cerebro y curiosidad.
--¿Dónde te metiste, King? --le pregunté, un poco más cruda de lo que quería sonar--. ¿Por qué desapareciste?
James apretó más su agarre y escondió su cabeza en la curva de mi cuello. Inspiró hondo y... eso, inspiró hondo... Era muy... tentador...
--Mads --me llamó en un ronroneo, esta vez apoyando su pera en mi clavícula--. Ten mucho cuidado de con quién te juntas...
--Deja... de esquivar... mis preguntas --le ordené, pero sonó mucho más como un ruego.
--...y, no te preocupes, yo cuidaré de ti a la distancia... --me ignoró y ahí sentí mi sangre hervir a mil grados.
Lo aparté con elegancia y enojo con un viento que estaba empezando a manejar. Lo fulminé con la mirada y tuve que espabilarme porque sino me dormiría en el pasto.
--¿Qué dices? ¡Para ya de hacer esto, James! Dime algo coherente --le pedí.
Él se quedó ahí parado y eso agravió mi ya grave estado de ánimo.
--¡Dime algo! --silencio--. ¿Sabes qué, James? ¡Me cansé de siempre esperar a que me incluyas en tus planes! ¡Me cansé de tener que sentarme ahí como una señorita a esperar que resuelvas los problemas que ni sé cuáles son! ¡Necesito que me demuestres que soy importante en tu vida!
Él bajó la cabeza.
--Y... ¿sabes qué? ¡No quiero volver a verte si no me das alguna clase de respuesta! --le espeté y me crucé de brazos.
James dirigió sus ojos a los míos y la mirada que me regaló me partió el alma. Aparentaba estar desolado, sorprendido... roto. Parecía ser la persona más triste del mundo sólo con esa mirada. Y yo no podía verle así, simplemente no podía.
«No caigas ante su mirada, no caigas, no caigas... ¡Y no apartes la vista!»
--Confía en mí --me rogó, ninguno de los dos cediendo a dejar de observarse.
Negué con la cabeza, solté unas risas cansadas y levanté las manos en una posición de incredulidad.
--¿Y qué si me harté de hacerlo?
James suspiró y volvió a acercarse a mí hasta que quedamos a un paso de distancia. Me escudriñó, a mis ojos y a toda mi cara (parando un segundo por mis labios) y noté que le estaba costando decir algo.
--El Gobierno --susurró.
--¿El Gobierno de los Estados Unidos? --repetí y él asintió--. ¿Qué...?
"El Gobierno se alimentará de ustedes."
--El Gobierno te ha estado buscando, a ti y a todos los Jones, porque son híbridos.
Un miedo arrollador se coló en mi cuerpo y me tensé.
--Ellos están buscando a los Pars, Mad --me informó, a juzgar por su expresión bastante preocupado--. Ellos nos están encerrando o matando si no tenemos el poder de la nieve. Si lo tenemos... no sé qué clases de torturas recibes, pero los pocos Pars que pudieron salir vivos nunca fueron los mismos --añadió y mi respiración se cortó.
Me matarían.
No, peor aún. Me torturarían.
No, esperen, hay incluso algo peor. No me lo harán sólo a mí. Oh, dios mío. También se lo harían a Sean. A mamá. ¡A papá! ¡Él ni siquiera es Pars! ¡¿Qué culpa tiene?!
--Si a mis padres los agarran, son gente muerta --advirtió y fruncí el ceño, centrando mi atención.
--¿Tus padres no tienen el poder de la nieve? --inquirí y luego abrí la boca, entendiendo algo--. Claro, si tienen que quemarse vivos todas las noches. Espera, ¿cuándo trabajan entonces?
--Trabajan de día en el hospital, se calientan de noche mientras duermen --explicó.
Asentí y el miedo volvió a golpearme por todas las preguntas que tenía. Estaba segura de que la gente que nos había venido a atacar el otro día eran Pars del Gobierno. ¡Esa gente casi mata a Nick! ¡¿Qué clase de chance tenía yo para ganar contra ellos?!
Pero había algo más inquietante en todo esto. ¡¿Cómo nos encontraron?!
--James, no podrían haber sacado tan fácilmente nuestra ubicación. ¿Cómo hicieron? --tragué saliva y empecé a morderme las uñas.
Él me miró fijamente y abrió los ojos, como dándose cuenta de algo.
--Hay un impostor --balbuceó y el terror volvió a aparecer.
--¿Un impostor? ¿Hay alguien que nos está observando de cerca...?
--...para decírselo al Gobierno, sí --terminó y, nervioso, se despeinó el pelo revoltosamente--. Alguien cercano a ti, Mads.
Mierda, mierda, mierda. ¿Alguien nos estaba espiando? ¡¿Quién podía ser?! ¡Si casi no conocíamos gente! ¡¿Quién podía estar trabajando con el Gobierno?!
--Carajo.
--James... ¿tienes alguna idea de quién puede ser? --inquirí, el miedo debilitando cada una de mis palabras.
--La verdad es que no. Puede ser cualquiera.
Asentí con cuidado. No tenía amigos ni familia. ¡Los únicos que saben que soy Pars son los King y Jones!
Y... Alex. Mierda.
No, lo acabo de conocer. ¿Qué sabe él de nuestra familia?
Bueno, que Chris murió. Que éramos híbridos. El nombre de mis padres. ¿Era él el impostor?
No, eran amigos de la familia. Debía confiar en él si le importaba a mamá.
--Mads, ¿recuerdas la gente que nos atacó hace unas semanas? --me preguntó de imprevisto.
--¿Vienen del Gobierno, verdad? --interrogué y él asintió.
--Sí. El Gobierno, aunque todos son humanos corrientes, contratan (bueno, "contratan". Capturan) a Pars para hacer el trabajo... sucio.
--¿El trabajo sucio de capturar o matar otros Pars? --entendí y James asintió--. O sea que el impostor es un Pars que está obligado a trabajar con el Gobierno.
--Exactamente.
--Una persona cercana a mí nos vendió al Gobierno y casi hizo a Nick morir. Mataré al responsable de esta mierda --murmuré y James frunció el ceño.
--Te acompaño. La sed de sangre que me quedó de ese día me... No quieres saberlo --gruñó.
Nick no podría estar con nosotros si no hubiese seguido a aquel instinto que tuve de ir al este. No sonreiría, no se quejaría, no actuaría como una diva. Él no miraría películas ni comentaría cosas bobas para hacerme reír incluso cuando no tengo ganas de hacerlo.
Mis ojos se cristalizaron y traté de minimizarlo poniéndome en una postura decidida. James lo notó y me miró con preocupación, aunque después me sonrió con timidez.
--Gracias... por salvarlo. Nunca te lo pude decir --murmuró y me ruboricé, complacida.
--No es nada, James. No sabía ni lo que hacía.
Y nos quedamos en silencio. Él se despeinó un poco más el pelo y tenía una pinta de chico-preocupado-que-quiero-ocultar-sus-sentimientos. Sabía leerle las expresiones maravillosamente, si me permites añadir.
--Sigues teniendo algo que decir, ¿verdad? --hablé y acerté completamente, porque el asintió.
--Algo muy cursi --especificó y fruncí el ceño.
--¿James King... cursi? Imposible --me burlé y él rodó los ojos con una sonrisita--. Él es más un chico serio con problemas graves de bipolaridad, ¿o me equivoco?
Él me miró con una mueca reprobatoria, pero rió igualmente. Yo le copié.
--Madison... --me llamó.
--Ese es mi nombre.
--Tengo que decirte que la vida me parece sosa sin ti --confesó y abrí mis ojos, borrando toda expresión de mi cara--. Te extraño día a día.
--No te creo --lo piqué, regalándole una de mis sonrisas más tontas.
--En serio. Extraño nuestras salidas a caminar por ahí --murmuró y asentí--. Me encantaría poder volver a hacerlo.
El deje melancólico y apenado de sus palabras me empezó a molestar.
--Entonces, hagámoslo.
--No es tan fácil. Ya no podemos volver a vernos.
Mi sonrisa y felicidad repentina se derrumbaron al escuchar eso.
--¿Por qué no? --dudé.
--Mis padres son Ignis sin el poder de la nieve --comenzó y empecé a entender todo--. Belén es una Aqua, Nick y yo somos Ignis, los tres con ese poder --Oh, mierda, mierda, mierda...--. Los cinco estamos siendo altamente buscados por el Gobierno, igual que ustedes cuatro. No quiero arrastrarte a nuestra mierda.
Dijo lo que me temía y lo que todos me habían advertido. Por eso los King eran "peligrosos". Por eso no querían que me junte con él. Por eso él se encargaba de alejarme cada vez más.
James no era una persona de mierda, sino todo lo contrario: él estuvo todo este tiempo protegiéndome del Gobierno.
Oh, Dios mío. ¡Todo lo que hacía era para no lastimarme!
--¿Sabes qué, James? --repetí aquella frase que había usado minutos antes para sacarlo cagando.
--Dime.
--Tal vez yo sí quiero ser arrastrada.
Y me acerqué tanto como para romper toda distancia entre nosotros. Uní nuestros labios, sintiendo cómo a mi corazón le crecían unas alas y me volvía la persona más afortunada del mundo por unos segundos.
 
Editado 27/12/17.

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