22: Una cálida bienvenida

Programa Explorer

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Las criaturas corrían sin intención alguna de detenerse o cambiar de opinión. Todo el grupo quedó en un estado de estupor que sólo fue interrumpido por el terror de Alex, que lo llevó a gritar:
—¡¡Corran ya!!
Sin pensarlo más, todos huyeron en dirección opuesta por el pasillo. Mientras Tony corría a todo lo que daban sus piernas y se preguntaba por qué demonios no habían pensado en correr desde el primer momento y sin entender del todo por qué no habían simplemente disparado todos al mismo tiempo, creyó saber cómo eliminar a los irradiados. Se descolgó la mochila mientras bajaba la carrera para quedar por detrás del grupo, sacó un explosivo y, mientras intentaba sostener con firmeza el detonador, dejo caer el explosivo a sus pies. Retomó la carrera, pero sin dejar de mirar hacia atrás. Justo cuando los monstruosos resultados de la radiación NW pasaban sobre el C-4, Tony accionó el detonador.
Se dio vuelta entonces, y supo de inmediato que su idea había dado frutos; los cuerpos de la mayoría de los irradiados habían sido destruidos por la detonación, y otros pocos gravemente heridos se esforzaban por continuar su camino. Tony levantó su arma hacia los monstruos restantes y liberó disparos hasta que no quedó ninguno.
Respiró profundo. Sus compañeros se acercaban.
—Buena idea —le dijo Jim,
—Lo bueno fue esta bienvenida —dijo Scott.
—Y está por ponerse mejor —dijo  alguien más, pero era una voz desconocida, lo que terminó siendo alarmante.
No hizo falta siquiera mirar para que todos apuntaran en dirección al origen de la voz. Ahora Tony se preguntaba a sí mismo cómo era que nadie había sido capaz de percatarse de la presencia de los agentes que les amenazaban con armas. Traían uniformes de la OMSA, pero parecían ser antiguos, no como los que vieron en el personal de la base central.
Justo en frente a los recién llegados se encontraba un hombre, no muy alto, con el cabello totalmente de color blanco y ojos claros. 
—Tranquilos —dijo el hombre—, no queremos a hacerles daño. No si colaboran con nosotros y nos acompañan, por supuesto.
—¿Por qué los acompañaríamos? —Preguntó Scott de golpe.
—Estamos en el mismo barco, chicos. La OMSA también nos envió aquí a la fuerza —respondió el sujeto.
—¿Entonces ustedes son los locos de la Colisión? —dijo Gwen.
—¿Es esa la mentira que les contó Lilith? Parece que sigue con su política de "cueste lo que cueste" —respondió el hombre. Tony miró a Scott y luego a Samuel—. No tenemos mucho tiempo, ¿vendrán por la buena o por la mala?
No tuvieron elección. Los superaban en número, y era claro que todos sentían curiosidad de lo que Lilith podría estar ocultando. Caminaron de vuelta a la Sala Central, donde estaba la entrada a la brecha.
Entraron a la enorme sala nuevamente, a diferencia de antes, ahora había muchas personas. Sólo algunas armadas y otras muchas tenían un aspecto enfermo y débil.
—¿De dónde demonios salió tanta gente? —Reaccionó Cris.
Tony se hacía la misma pregunta, pero esa duda fue acallada tras darse cuenta de que, frente a la entrada a la brecha, se hallaban dos personas, pero no personas cualquiera, era un dúo que, al reconocerlos, Tony sintió un escalofrió.
Eran los monitores.
—¿Y qué demonios hacen esos chiflados allí? —Volvió a decir Cris.
—Parece que ni siquiera la OMSA los quería —añadió David.
Los llevaron frente a la brecha una vez más. Los monitores hablaron:
—Un gusto verlos, armas —dijo la mujer.
Ambos seguían con su característica falta de expresividad.
—Ya no somos armas, cariño. Somos explorers. —dijo Gwen con evidente sarcasmo en su voz.
—Eso es tan correcto como su postura de líder, señorita. Parece que han entendido sus propósitos y aceptado sus destinos.
—No soy la líder —dijo Gwen—. ¿Y se supone que nuestro destino siempre fue acabar cientos de años en el futuro rodeados de experimentos fallidos?
—Sus destinos eran desde el principio colaborar con el Programa Explorer y lo hicieron. Ahora deben cumplir con el verdadero propósito del programa; erradicar a la Organización.
Lo último que dijo aquella mujer dejó confundidos a todos. Tony miró a Jim, y ella tenía la misma expresión que sólo decía “¿Quéee?”.
El hombre se aprovechó del estupor para hablar, causando más impacto a la escena.
—Aún hay muchas cosas que no saben —dijo para iniciar—. El Programa Explorer fue una medida ideada y construida por los directivos de la OMSA y propuesta ante todos los líderes mundiales. Hubo muchísimo debate acerca de los métodos, pero finalmente fue aprobada. Para algunos directivos y cierto personal, el Programa Explorer no era más que eso, pero secretamente, sólo dos de los directivos y personal selecto, éramos quienes teníamos conocimientos del plan maestro que esto suponía. El plan siempre fue este, explorers, tenerlos hoy aquí a todos ustedes, para que acaben con la Organización que sentenció a la humanidad  y que quiere ocultar sus errores a toda costa.
El silencio reinaba en la Sala Central. Tony procesaba la información que les habían facilitado ahora, y formulaba preguntas acerca de la misma, pero como era costumbre, no tuvo oportunidad de reflexionar en ellas dado que, inesperadamente, un destello cegador proveniente de las espaldas de los desagradables monitores vino acompañado con alarmas ensordecedoras a lo largo y ancho de toda la sala.
Tony supo qué era lo que sucedería, e instintivamente gritó:
—¡Cuidado!
La luz se hizo más fuerte. Una onda invisible se expandió desde el mismo lugar en el que la luz se había originado y los empujó violentamente. La agonizante y destartalada barrera de seguridad voló en pedazos. Tony fue a aterrizar sobre los restos de la barrera y metal destrozado.
Levantó la vista como pudo mientras luchaba contra un dolor que se expandía por todo su cuerpo e incrementaba con cada movimiento, y vio a todos sus amigos en casi la misma situación.
Se dio vuelta, se apoyó sobre las palmas y se levantó. La mancha multicolor menguaba desde la circunferencia hasta comprimirse en el centro. En el suelo ahora yacían cinco bultos.
Tras erguirse, pudo notar que no eran simples bultos. Eran personas. Y no personas al azar.
Javier, Ángeles, Fran y ambos forjadores, aparentemente inconscientes. Tony quiso acudir, pero fue sujetado desde atrás por alguno de los agentes. Mientras intentaba forcejear logró ver que también inmovilizaban a sus amigos.
—¡No deberían estar aquí! —dijo aquel sujeto de cabello blanco mientras se acercaba cojeando—. ¡No lo arruinarán!
—¡Dijiste que no harían daño a nadie! —escuchó gritar a Scott.
—¡Silencio! ¡Ningún vulnerable pondrá en riesgo la Colisión! —Gritó aquel hombre fuera de control—. Monitores, mátenlos. Los explorers serán sometidos a la fórmula para garantizar que cumplan sus papeles en el plan. Tengo que encargarme de otro asunto.
Ambos monitores, hombre y mujer, se levantaron como si la caída no les hubiera hecho ni el más mínimo efecto.
Fórmula, cumplir papeles en el plan, otro asunto.  Había demasiado en la última declaración del hombre. Tony trató de no dejar escapar nada.
—¡Sí buscan la Colisión!¡Los mentirosos son ustedes! —Gritó Jim.
—No hay tiempo para esto —fue lo último que dijo el hombre de cabello blanco antes de darse media vuelta y marcharse.
Tony gritaba, y el sujeto que lo inmovilizaba le rodeó el cuello con un brazo. Sentía la falta de oxígeno mientras los monitores se proponían cumplir con sus tareas. El hombre se acercó a Carol, la sujetó del cabello y la haló hasta dejarla a su altura.
Quería hacer algo. Tenía que hacer algo.
No podía permitir que lo hicieran, tenía que detenerlos.
Una detonación. Tony sintió su pecho helarse. No sabía si era porque no se creía que ahora el cadáver de Carol estuviera sobre un gran charco de su propia sangre, o por la falta de oxígeno que sentía.
La mujer se acercó entonces a Robert.
Todos gritaban desesperadamente, pero era lo único que podían hacer.
Robert desde el suelo, sin poder levantarse quizá por la conmoción causada al atravesar la brecha, reconociendo su final, gritó:
—No confíen en nadie, ¿me oyen? ¡En nadie!
Tony cerró los ojos para no verlo, pero no pudo evitar oír la detonación. Su pecho fue atravesado por un dolor nunca antes experimentado.
El cuerpo de Robert quedó inerte en el suelo.
Tony se quedaba sin aire. No podía distinguir bien lo que sucedía.
El monitor apuntaba a alguna otra parte. Alguien se había levantado. El brazo alrededor de su cuello dejó de ejercer tanta fuerza. Todos corrían.
De la mano derecha de quien se había levantado caía algo, pequeño y tal vez peligroso. Sí, era peligroso, ¿qué era?
Se dio cuenta de que había sido Ángeles quien se había levantado.
¿Qué había soltado Ángeles, entonces? Tony miraba fijamente el pequeño objeto. Era peligroso, eso sí lo sabía, pero estaba demasiado estupefacto para darse cuenta al momento de que era… ¡¿Una granada?!
Dio un salto de inmediato y tras los mismos escombros donde había aterrizado hacía minutos, quedó a salvo de la lluvia de balas que se había desatado en contra del antiguo personal de la OMSA.
La granada detonó. Sus oídos dolieron por tanto ruido, pero no podía acobardarse en su escondite. Tendría que matar o morir.
Ya se había llenado las manos de sangre y de putria. ¿Acaso sería diferente esta vez? No.
Tendría que ser un asesino, una vez más.

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