24: Cambio de planes

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Una gélida sensación le recorrió hasta los huesos. Su columna vertebral parecía estar congelada. Su mente no sabía qué era lo que debía procesar.
No tenía palabras para explicarles a sus amigos la situación. ¿Cómo iba a decirles algo como eso con sus propias palabras? No era por temor, o por vergüenza, sino porque sencillamente no conseguía palabras.
Luego de que todos se preocuparan demasiado por su estado de estupor y ese pánico silencioso que lo había invadido, le arrancaron la carta de las manos sin que pudiera evitarlo. Después de que Gwen lo leyese en voz alta, todos los presentes compartían una expresión bastante similar a la de Tony.
—Era bastante obvio que estuviera aquí —dijo Samuel con un tono de voz extraño—. Es el ex director, ¿no? Nunca dijeron que murió, nunca dijeron dónde estaba. Debimos haber supuesto que estaba aquí desde el principio.
Nadie más habló. Tony tampoco tenía demasiadas intenciones de hacerlo, hasta que Samuel dijera:
—Creo que si lo encontramos… lo obligaremos a reabrir la brecha y podremos volver.
Por varios segundos su mente no dio crédito a lo que sus oídos percibieron, y luego de repasar la frase anterior varias veces —más de las necesarias— no pudo evitar reaccionar:
—¿Y es que la radiación ya te afectó? ¿Le vamos a pedir  ayuda a un sujeto que no vemos desde hace años? Si está aquí, entonces es de los que buscan la Colisión, ¿quieres que los ayudemos a abrirla entonces, y que manden todo a la mierda?
—Fue él quien inicio todo esto —dijo Samuel señalando al punto de luz flotante en el fondo de la sala—, entonces es él quien puede llevarnos de vuelta. ¿De verdad piensas en confiar en la OMSA actual luego que los de la antigua dijeron lo que dijeron?
—¿Entonces fiarnos de la antigua OMSA y de Richard?
—¡¿Y qué otra cosa podríamos hacer, Tony?!
—¡Basta, basta! —Exclamó Scott.
Ángeles y Sara se llevaron a Tony a un lado y Daniel y Cris llevaron a Samuel al contrario, alejándolos el uno del otro.
—Es verdad, por nuestra cuenta no podríamos hacerlo —intervino Gwen—, pero que confiemos en la antigua OMSA tampoco me parece la mejor idea de todas.
—No sabemos siquiera si la OMSA actual tenga intenciones de que sigamos con vida luego de que termine el Programa. Y nosotros solos no podremos evitarlo —opinó Scott.
—Si utilizamos a la antigua en contra de la actual, los pondremos a ellos a matarse y nos saldremos del medio —dijo Cris, y todos parecían aprobar la idea.
—¡Se olvidan de la Colisión otra vez! —Gritó Tony desde atrás—. ¿Qué pasa con los vulnerables? Dejen de pensar sólo en nosotros.
—Eso lo veremos luego, Tony —le dijo Sara, que estaba todavía con él—. Tenemos que encontrar a tu padre.
—¡¡Dejen ya de recordarme que ese tipo es mi padre!! —Gritó como respuesta, ardiendo en la furia.
Se dio media vuelta, camino unos cuantos metros y se sentó en el suelo. Recostó la frente contra las rodillas, tratando de sacarse todo de la cabeza.
Era demasiado problemático. No sabía si era así por sí solo, o que le ponía así saber que todo era culpa de Richard y por ende, culpa suya.
De no ser por él, todos sus amigos estarían en el presente, tal vez en sus casas. Tal vez a salvo de todos los peligros a los que ahora estaban expuestos.
Radiación NW. Irradiados. Los supuestos morks. La rara fórmula a la que los quería someter la antigua OMSA. Básicamente, a la muerte.
Su cabeza dolía. Sus manos temblaban. Quería llorar, pero no lo haría. No en ese momento. No podía.
Percibía algunos murmullos. Los pasos de sus amigos yendo de un lado a otro.
Alguien se sentó a su lado. El olor le dijo claramente de quién se trataba.
Jim.
—Hola —dijo ella para buscar conversación—. ¿Quieres hablar?
—Sí, claro —respondió, aunque no con muchos ánimos.
—¿Puedo preguntar por qué detestas tanto a... ese hombre? —preguntó ella.
Tal vez tratando de que Tony aligerara un poco toda aquella carga, o tal vez por simple curiosidad, o quizá incluso por lástima o educación.
Él dudó tras este último pensamiento, pero ¿de qué valía ocultarlo toda la vida? Al fin y al cabo, podría morir al dar un paso en falso, y no servía de nada guardar secretos.
—Pues... él solo desapareció un día y no volvimos a saber más sobre él. Así de repentino fue pero la verdad el asunto dejó de importarme hace mucho, por eso ninguno de ustedes tenía idea siquiera de quien era mi padre, porque nunca hablaba de ello y así lo quería mantener. Sin embargo me llena de rabia recordarlo como "mi padre", ya que nunca cumplió con su papel y sólo nos abandonó. ¿De verdad merece ser llamado así?
La frente de Tony volvió a chocar contra sus rodillas, y sintió la mano de Jim posándose sobre su cabeza.
—No te tortures a ti mismo, todo esto terminará pronto. Tal vez no tengamos las mismas vidas de antes, pero nos tendremos unos a los otros. ¿No es eso lo que dices siempre?
Tony trató de sonreír. Trató de darle la sonrisa que ella quería lograr, es más, quería sonreír, y seguramente lo habría hecho de no ser porque…
—¡Ey! —Escucharon gritar a Alba— ¡¿Se olvidaron del otro monitor?!
Y sí, se habían olvidado de él.
Se levantó de golpe y casi al mismo tiempo que el resto, corrió en dirección a la salida. 
Un charco de sangre en el lugar en que probablemente había recibido el disparo y luego un rastro que se alejaba por los largos pasillos de la base.
—¡Ese desgraciado debe haberse escapado ya! —Exclamó Cris. Y sin pensarlo más echó a correr siguiendo el rastro de sangre.
—¡Espera! —Gritó Alba, pero no le hizo ni el más mínimo caso. La oscuridad de los pasillos se tragó su imagen en un instante.
Daniel murmuró entre dientes algo que sonó como “Si sigue así de terco va a morirse en cualquier momento”.
Con algo más de cuidado que Cris, pasaron apresuradamente sobre los cadáveres en plena mutación que cubrían el suelo. Cuando el camino no estuvo tan obstruido corrieron a ciegas.
Mal olor. Oscuridad. Jadeos. Pasos. Miedo. Dolor de cabeza.
Habían transcurrido así alrededor de diez minutos, siendo guiados por el pobre y delgado rastro de sangre.
Las luces de las linternas se movían aleatoriamente a medida que sus portadores corrían.
El peso de la mochila hizo que le doliera la espalda, y en ese momento se arrepintió de haber llevado tantos explosivos, pero tal vez habría decidido dejarlos allí si no fuera por el sonido de dos detonaciones, que para colmo eran cercanas.
Dios, que haya sido Cris —pensó.
Y para su tranquilidad, así había sido. Cris estaba sudado, jadeando y encorvado con una mano apoyada sobre una rodilla y con la otra apuntando a un sujeto que yacía sobre otro charco de sangre, con ambas piernas heridas.
—Ahora vas a hablar —dijo Cris, apoyándole el pié en la herida al monitor luego de recuperar el aliento—. ¿Dónde está el jefe?
—¿Creen que voy a decir una palabra? —Respondió el monitor—. Si piensan que podrán llegar a la base de pruebas, son demasiado ilusos, los morks los detectarán a kilómetros en cuanto salgan de los muros de la base y la radiación NW no tardará en hacer efecto en los vulnerables. La Colisión es inminente. Ni ustedes ni nadie podrá contra ello.
Cris meció la cabeza con evidente molestia. Tony también contuvo sus impulsos de dispararle al sujeto a la cabeza.
—Acepten sus destinos. Acepten la fórmula o de lo contrario todos ustedes ¡morirán junto a los débiles! —Gritó el sujeto.
Hizo un repentino movimiento y sacó un arma de quién sabe dónde. Se la colocó sobre la sien y haló en gatillo, acabando así con su propia vida.
Todos contemplaron la escena. Nadie dijo nada. Nadie sintió pena, ni siquiera asco.
Lo registraron tal como hicieron con la mujer, pero no encontraron nada de relevancia. Tony aún conservaba la ampolla con el líquido amarillo.
—Parece que se llamaba Víctor —dijo Ashley mientras miraba la identificación del sujeto.
—Ya no hay nada qué hacer. Aquí no hay nadie más —dijo Samuel—. Vayamos hacia al norte, a la próxima base y empecemos a buscar allí, en alguna de las cuatro debería estar. 
Todos asintieron y comenzaron a caminar.
No tenía caso discutir. Nadie le haría caso.
Él quería ser quien resolviera todo, pero lo estaban dejando de lado. ¿Lo culpaban sus amigos de todo? No. Eso era imposible. Sus amigos no harían eso. Ellos decidieron por sus propias cuentas ir a la misión. Él no los obligó, pero aun así dejaban de lado sus sugerencias.
Tony creyó que mantener al grupo unido era lo más importante. No importaba si la Colisión se completaba o no, o si se quedaban allí por siempre. Lo importante eran sus amigos y nada más.
Llegaron a una enorme puerta idéntica a la que habían atravesado para entrar a la base aquel día hace quién sabe cuánto tiempo. Ese día en que sus vidas tomarían todo aquel rumbo tan incierto y peligroso.
Todos se quedaron inmóviles frente a la salida. Tensos. Temerosos.
—Ábrela —le pidió Tony a Sara.
Ella se acercó al panel que controlaba la puerta. Tecleó como si supiera a la perfección lo que hacía. Un estruendo indicó que la puerta comenzaba a abrirse. Una luz rojiza intensa se colaba por la delgada abertura.
Tony tragó saliva y dirigió su mirada a aquello que todos desconocían, aquello a lo que todos secretamente temían, aquello que se había llevado tantas vidas y que amenazaba con llevarse la suya también, al Nuevo Mundo.

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