Capítulo 8 ; la sombría y la maldición

Cuentos de Media luna

visibility

149.0

favorite

0

mode_comment

0


Desde que había tomado la decisión eligiendo Muspelheim como nuestro punto de partida Jay trataba de hacerme entrar en razón.
 
 
 
—¡¿Es que no lo entiendes?! ¡es demasiado peligroso para ti ir a ese lugar en tu condición actual! — me espetó Jay.
—Yo no veo cual es problema — respondí con indiferencia.
—¡Muspelheim es el hogar de los gigantes de fuego! —me informó.
—¿Y? Sólo tenemos que evitar luchas innecesarias — dije con calma.
—¡También están los dragones que viven cerca del río de la eternidad, las ánimas de fuego, escorpiones de fuego, toda clase de criaturas de pesadilla! — añadió exasperado.
—Tengo mi propio dragón y no tengo  miedo — contesté acariciando el colgante. 
—¡Te recuerdo que esta encerrado en eso! — dijo señalando mi collar. 
—¡Y yo te repito que lo hice para salvarle! — dije con rabia.
—¡Además lo mas peligroso es, que incluso Darkova estará  allí y hay algo peor allí, Fenrir! — me retó como si fuese a salir despavorida al oír el nombre de esa bestia. 
—Soy más fuerte que antes — le contesté sin vacilar.
—¡No lo entiendes, no entiendes nada! ¡has sobrevivido hasta ahora por pura suerte, estúpida! ¡¿qué hubiese pasado si no llegamos a tiempo?! ¡No sobre valores tus capacidades, aún eres débil! — me acusó.
—¡Crees que no lo se, Baelödar me lo dejó muy en claro! ¡así que ahórratelo quieres!  ¡Se que no soy tan fuerte como Nébula, precisamente por que no soy ella, maldita sea, jamás lo seré métetelo en tu cerebro de mosquito Jackson, no soy ella! 
 
 
Me alejé furiosa, no podía entenderlo o no quería hacerlo. Yo era la reencarnación de una diosa condenada a esta espiral de lucha y muerte, pero seguía siendo yo, su fuerza, hechizos, magia… todo eso podría pertenecerle a ella, pero mi voluntad, mis sentimientos, pensamientos y decisiones eran mías. Yo elegía como continuar con mi vida, porque era mía, esta era yo.
 
 
—Nattalie…— me llamó con voz suave a mi espalda.
—No pienso volver allí, Tyler — me di me vuelta y señalé con el dedo todo el camino recorrido.
—Eso ya lo se, sólo quería decirte que yo entiendo tu punto de vista, podrás haber descubierto que tienes un pasado pero no quieres que afecte tu presente, yo creo que estas bien siendo tu misma.
—Gracias por entenderlo, ojala Jay lo hiciese el muy…
—No deberías enfadarte con él, aún hay cosas que no puedes entender, su manera de actuar es una  de ellas.
—Eso me recuerda… mientras luchaba contra Bael vi un montón de imágenes en mi cabeza, parecían fragmentos de recuerdos, era un chico aunque no logré ver su rostro, siempre encontraba a la chica, no se porque, pero nada mas verla en cada imagen supe que era Nébula.
—¡Eso es estupendo, significa que estas recordando tu pasado! — dijo sobresaltado por la emoción.
—Entonces ¿recordaré todo lo que pasó en mis vidas anteriores? — dije esperanzada.
—Todo, completamente — su sonrisa era cálida. 
—Vaya…— dije incrédula, pronto sabría todo de mi misma.
—Y sobre lo de Muspelheim — dijo buscando mi atención nuevamente — estoy de acuerdo con Jackson… aunque sólo en un punto, no creo que  debas ir allí.
—¿Crees  que no estoy preparada? — susurré con la cabeza gacha y entristecida .
—Más que eso… — levantó mi rostro para que nuestros ojos se encontraran — allí se encuentra una parte de tu pasado que no deberías enfrentar aún.
—Siendo sincera… me asusta pensar en ello  … cada una de ellas tenía su propia vida… a pesar de ser la misma persona todas eran distintas, esa es la sensación que tengo por eso no se si quiero saber quien fui.
— No tienes nada que temer, yo estaré a tu lado para enfrentar lo que sea, puedes apoyarte un poco más en mi, si te sientes inquieta, asustada o quieres hablar incluso cuando estés triste yo te escucharé.
 
 
<<¿Apoyarme más en Tyler?  porque será que mi corazón no deja de dar brincos de alegría al oír esas dulces palabras… >>
 
 
—Gracias… — susurré con ojos vidriosos.
—Shh … no llores, todo va estar bien yo voy a estar a tu lado, lo juro.
 
 
Tyler acarició con ternura mi mejilla lo cual me produjo escalofríos, había algo en su mirada, en su suave tacto que extrañamente me transmitía nostalgia. Su mirada reflejó un deje de tristeza y mis lágrimas se desbordaron en ese preciso instante en el que todo pareció desaparecer excepto él, estos extraños y familiares sentimientos y yo.
Interceptó una de mis lágrimas con una sonrisa triste y sentí un impulso que me hizo abrazarlo, quería a consolarlo y borrar esa tristeza, mas no sabría explicar porque. Mi cabeza descansaba  en su pecho mientras escuchaba  sus latidos. Cerré los ojos con fuerza esperando que me apartase pero en su lugar me sorprendió al abrazarme con fuerza, y todo quedó en calma.
 
 
—No me gusta verte llorar… — me susurró al oído.
—Entonces no pongas esas cara de nuevo, dices que estarás conmigo, entonces yo prometo estar al tuyo… no como compañeros de armas o por tu lealtad a Nébula sino como verdaderos amigos.
—Amigos  ¿he? … al menos voy ganando — comentó dubitativo besando mi coronilla.
 
 
Por primera vez desde que todo comenzó me sentía segura, justo ahí en ese momento, Tyler era un amigo confiable, con él no tenía los vaivenes que sufría por culpa de Jay, también tenía a Layla y Alissa quienes habían sido muy amables conmigo.
Me separé de Tyler y observé sus hermosos ojos que aunque distintos sólo me observaban a mi, colocó sus manos en mis hombros su expresión cambió ya no era mi amigo era mi teniente.
 
 
—Iremos a Nidavelir  pero para ello tenemos que averiguar  donde se encuentra la puerta que conecta este mundo con el baifrost, mientras tanto tómate un descanso... puedes…  — se notaba que le costaba decirlo — puedes ir con Jackson a donde necesites hasta entonces…
—¿Puedo ir a casa? — pregunté con desconcierto — ¿y más importante como sabré cuando tengo que volver? 
—Con esto — dijo mostrándome una inocente pulsera — es un transmisor, así que cuando llegue el momento la pulsera brillará y te  trasportará donde yo esté.
 
 
Sus ojos me transmitían una promesa silenciosa de que muy pronto nos volveríamos a ver, me ayudó a ponérmela y con un suspiro me dejó ir.
Mientras caminaba nuevamente en busca de Jay, me puse a pensar y llegué a la conclusión de que había cosas que tenía que hacer; debía explicar algunas cosas a mis dos mejores amigas las cuales se estarían preguntando si aún seguía viva, luego estaban mis añorados padres ajenos a todo este caos y por último tenía que arreglar esta tensión con Jay o si no nunca podríamos trabajar juntos pensé.
Recorrí gran parte del terreno, pero no daba con Jay, según Alissa nos encontrábamos en una pequeña y remota isla del Pacífico, la cual era desconocida para los midgardianos. Caminé sin rumbo, perdida en mis pensamientos. El cielo se había oscurecido y el viento se tornó gélido aunque parecía no importarme y seguí andando,  hasta que acabé cayendo. Había tropezado con una rama que yacía  tendida en el suelo, me lamente y me incorporé pero lo que vieron mis ojos me dejó sin habla alguna.
 
 
—Un campo de flores…
 
 
Mirase donde  mirase  habían todo tipo de bellas flores, era una lástima que el día no acompañase el lugar, caminé entre las aromáticas flores admirando su belleza, miré al cielo y una pequeña gota resbaló por mi mejilla ¿estaba llorando? 
 
 
—No… no es  eso.
 
 
Más gotas comenzaron a caer, estaba lloviendo y no sólo eso, fugaces y severos truenos aparecían en un abrir y cerrar de ojos en el oscuro cielo gris.
 
 
—La lluvia cada vez es más intensa, necesito refugiarme. 
 
 
Corrí bajo la lluvia y mi corazón se encogió tenía la sensación de que algo terrible iba a suceder, llegué a lo que parecía una cueva no muy lejos de donde admiré aquel hermoso lugar, el frío recorría mi piel, erizándola.
Comencé a temblar mientras oía el murmullo de la lluvia al caer, una espesa neblina se había levantado y la fuerte lluvia no parecía que tuviese intención alguna de amainar, abracé mis rodillas y oculte mi rostro sintiendo ganas de llorar, estaba perdida, tenía frío y miedo. La noche se había echo presente de manera apresurada y la oscuridad lo inundaba todo.
 
 
— ¡Natt! — escuché entre las sombras.
—Me debo de haber vuelto loca… — dije sin mirar.
— ¡Natt! ¡¿donde estas?! ¡Natt! ¡maldita sea, Nattalie responde! ¡¿estas hay?! 
—¿Jay? — pregunté con cautela.
—¡¿Natt?! ¡¿eres tu?! 
—¡Jay! — grité emocionada.
 
 
Aunque no podía ver nada por la neblina salí corriendo sin pensarlo dos veces necesitaba verle, necesitaba saber que era real, corrí tratando de encontrarlo, fallé en varias ocasiones y acabé topándome con árboles y rocas. 
 
 
—¡Jay! ¡¿Dónde estas?! 
—Te oigo cerca, estoy aquí.
 
 
Caminé a ciegas entre la niebla, pero mi vista comenzó a volverse borrosa y todo me daba vueltas, todo se iba diluyendo gradualmente hasta que sólo quedaron las sombras y el silencio.
 
 
—Jay…— susurré con voz ahogada.
 
--------------------------------------------------------------------
 
Me desperté en el asiento de copiloto del coche de Jay, quien iba al volante, parpadee varias veces con el cansancio aún muy presente, traté de incorporarme pero un dolor agudo me hizo retorcerme de dolor . Me recosté nuevamente en el asiento quejándome del dolor.
 
 
—No te muevas o volverás abrir la herida  ¿porque no dijiste nada? ¿Sabes cuántos traumatismos  tienes? Dos costillas rotas y dos hemorragias severas en muslo y abdomen ¿en que pensabas? Sin contar la cantidad de sangre perdida y una fiebre muy alta que aún persiste, nos tenías muy preocupados  — me reclamó muy enfadado.
—Lo siento… sólo quería organizar el viaje, quería mostrarme segura, ahora soy líder sabes.
—No tienes que forzarte hasta estos límites.
—Tyler me dijo que podría ir donde quisiese mientras lo preparativos terminaban… — dije cambiando de tema — quiero ir al campus, necesito que Meg y Mía sepan que estoy bien.
—Ya lo saben… o lo piensan al menos, usé un hechizo sobre todos en la fiesta antes dé lanzarme de cabeza a tu rescate.
—Entonces vayamos a mi casa, quiero ver a mis padres — dije mientras volvía a retorcerme de dolor .
—Esta bien… ¿hacia donde? 
—Bakersfield — susurré — ¿cuánto tardará en sanar? 
—Con el hechizo de Layla no más de un día pero no toques las vendas.
 
 
No sabía cuanto había dormido, como habían curado la mayor parte de mis heridas o como habíamos acabado en su coche en Santa Mónica cuando lo último que vieron mis ojos era la isla donde me habían secuestrado, pero preferí descansar por el momento y no pensar de más, pronto dejaría atrás todo cuanto conocía para cumplir con mi destino.
 
--------------------------------------------------------------------
 
Cuatro hora más tarde me encontraba delante de la puerta de mi casa, no podía creerlo estaba devuelta, sin embargo tenía que desvincularme de todo aquello, tenía que dejarlo ir.
 
 
—Bueno, vas a llamar o vas a echarte atrás — preguntó Jay con una ceja alzada.
—No lo se ¿vale? — entrecerré los ojos en su dirección .
—Sólo digo que no tienes mucho tiempo, no deberías dudar tanto, haz lo que debas.
 
 
Miré de nuevo aquel hogar que me había acogido y refugiado durante tantos años, una casa de madera noble pero moderna, de dos plantas con jardín, amplia y luminosa, de tonos blancos y azules, en medio de una zona boscosa y rodeada de otras casas no tan llamativas, era un lugar familiar y cálido. 
Bajé la mirada y eché andar sin mirar a Jay, me distancie con rapidez, conocía el camino entre las malas hierbas, avancé sin dificultad con Jay siguiéndome  los pasos en cuestión de minutos llegamos a un lago, mi lugar favorito, el lugar que frecuentaba cuando algo me preocupaba, era un lago pequeño pero muy hermoso rodeado de árboles, flores y mucha vegetación frondosa y verde, me acerqué a un viejo sauce del que colgaba mi antiguo columpio y pasee los dedos por aquella rústica y vieja madera.
 
 
—Yo solía venir a este lugar — dije distraídamente dejando que la nostalgia me invadiera.
—Lo recuerdo, siempre te encontraba aquí — dijo con la misma nostalgia.
—Eras el único que podía encontrarme… — dije a media voz .
 
 
Nuestras miradas se encontraron, la suya contenía una súplica silenciosa “créeme” podía leer en aquellos ojos tan azules como el cielo, mi boca  se abrió pero enmudecí al oír pasos a mi espalda.
 
 
—¿Nattalie? — giré mi rostro a toda velocidad.
—¿Mamá ? — dije sorprendida.
—¿Velvet? — la cara de Jay estaba pálida como un muerto, parecía que hubiese visto un fantasma.
—¿Igdrix? — le respondió mi madre.
 
 
Mil ideas saturaron mi cabeza en cuestión de segundos, porque parecían conocerse y porque mi madre acababa de llamar a Jay “Igdrix” porque parecía que hubiesen visto un muerto en mitad de la calle. Mi mirada fue de mi madre a Jay una y otra vez, como nadie habló me tomé la libertad de hacerlo yo.
 
 
—Vale esto es muy raro, lo primero ¿os conocéis? Lo segundo mamá , se llama Jay no Igdrix, ya sabes Jackson — la miré con exasperación haciendo hincapié en “Jackson”.
—¿Es este el chico que te rompió el corazón? — dijo volviendo  en si y evadiendo la pregunta 1 — porque será que no me sorprende — alzó una ceja en dirección a Jay.
—No tenía elección. 
 
 
Jay  y  mi madre cruzaron unas miradas tensas que no me gustaron nada, se notaba que algo había y no tardaría en descubrirlo, bastantes mentiras y verdades había descubierto ya, estaba curada de espantos. En silencio me limité  a observar. 
 
 
—¿Es la hora? — preguntó mi madre casi sin fuerzas.
—Es el momento Velvet — contestó con rotundidad Jay. 
—¿Alguien va a explicarme como es que  sabes  el nombre de mi madre? — dije con gran desconfianza y el ceño  fruncido.
—Vamos dentro cielo — mi madre no apartó en ningún momento la vista de Jay mientras colocaba su mano en mi espalda instándome a caminar.
 
 
El corto camino de vuelta fue en absoluto y decadente silencio lleno de tensión, pero cuando llegamos al que fue mi hogar y nos acomodamos en la sala de estar, la expectación me irritaba aún más que el silencio . Mi madre tomó mi mano y nos sentó a las dos en el sofá, Jay se quedó frente a nosotras de pie, con pies y brazos cruzados y una mirada severa que atravesaba a mi madre .
 
 
—Nattalie, cariño, tengo que contarte una cosa muy importante, pero te pido que entiendas que nada cambiará mi amor por ti — su mano acomodó un mechón detrás de mi oreja.
—Mama me estas asustando — le advertí, miré a  Jay buscando apoyo pero su mirada no se despegaba de mi madre.
—Nattalie — su mano hizo que mi rostro  la mirase  directamente  a sus ojos — yo no soy tu madre.
 
 
Mi celebro y todo pensamiento racional acababa de desconectarse y estaba en piloto automático ¿cómo demonios no iba a ser mi madre? ¿se le había ido la pinza o algo? Mirase por donde mirase esa era mi casa, esa mujer era mi madre y el hombre que aparecía junto a mi en las fotografías era mi padre. Comencé a hiperventilar prácticamente la ansiedad me estaba devorando .
 
 
—Cielo se que es muy repentino, se que estas en shock. Pero te juro que es la verdad.
—Es una broma ¿verdad? — esperé a que contestara, no lo hizo — Dios… ¿pero como? No  espera ¡y ahora me iras a decir que mi padre no es mi maldito padre! ¿no?
—No tú padre si es tu padre. Agnux si es tú verdadero padre.
—¡¿Agnux?! ¡Pensé que mi padre se llamaba Creigton Holls… oh, Dios mío, esto no esta malditamente pasando.
—Tú padre es el dios del tiempo.
—¿Qué? ¡¿Por qué todos estáis tan locos?! ¡¿mi padre un dios, tú lo has visto?! 
 
 
 
Señalé la imagen más reciente de mi padre donde salíamos los dos frente a la universidad, Creigton Holls con sus vaqueros ceñidos y su camiseta azul favorita todo un adonis pacifista, era profesor de literatura por amor a Dios ¿cómo iba a ser mi padre un dios? Esto ya era pasarse de la raya.
Me levanté con las manos en la cabeza moviéndome de un lado a otro, mientras mi respiración era cada vez mas acelerada, costándome horrores adquirir oxígeno. Miles de preguntas cruzaron mi mente, pero una verdad resurgió en medio de  mi confusión, tal  vez supiese quien era ella.
 
 
—¿Eres la mujer que buscaba Baelödar? — le dije con frialdad.
—Si..
—Entonces ¿Eres la última sombría, la traidora que él buscaba y que supuso que había contactado conmigo? — pregunté acusándola. 
—Si y si, yo soy la persona que debía contártelo todo…— admitió con un suspiro.
—¡Pero no lo hiciste, aun peor me mentiste durante años! … todo porque ¡¿por la maldita daga?! 
—Cálmate Natt — sentí la mano de Jay en mi hombro.
—¡Y una leche!  ¡Vete al infierno Jay! — le espeté  con  frialdad — ¡lo sabías, joder lo sabías y no me lo dijiste! ¡no tenías ningún derecho a ocultármelo!  ¡tú maldito idiota, eres, eres. ¡Aggh! — gruñí exasperada dándoles la espalda.
—No es lo que crees Nattalie, déjame explicarte — su mano alcanzó la mía pero retiré la mía.
—¡Estoy harta de esto! ¡¿cuántas mentiras más tenéis guardadas?! 
 
 
Frustrada di una patada a un mueble pero no se movió un ápice, la rabia me estaba consumiendo por momentos, la misma persona que me crío,  en quien confíe acababa de convertirse en una desconocida para mi. Y para colmo Jay la estaba defendiendo, tenía todo el derecho del mundo a estar cabreada.
 
—Si quieres respuestas tendrás que escucharlo todo hasta el final.
 
 
No sabía si fue su mirada dulce, sus palabras firmes o simplemente su voz lo que me llevó a obedecer. Me  senté nuevamente en el sofá con los brazos cruzados, estaba a la defensiva, estaba enfadada ¿Cuántas mentiras me quedaban por descubrir? Sólo pensarlo  me hervía  la sangre.
 
 
—Es verdad, yo soy la última sombría que Lunafreya creó, pero hay muchas cosas que desconoces como un día yo no lo entendí, todo comenzó….
 
 
El día que me dieron la marca de Lunafreya, durante la ceremonia la ciudad de media luna fue asediada por Hoodum, traté de luchar con él, pero durante nuestro encuentro descubrí muchas cosas.
Una de ellas fue que jamás fui la reencarnación de Nébula, sólo era una niña ingenua a la que se le había otorgado ciertas habilidades con la esperanza de que acabase con su peor enemigo.
Nunca fuimos heroínas sólo éramos juguetes en sus manos, títeres que hacían exactamente lo que ella quería, dijo que éramos Nébula, no era así, sólo éramos experimentos de magia oscura, a cuenta de los elfos oscuros.
Me mintieron durante toda mi vida, Media Luna nunca fue creada con el pensamiento de albergar vida, fue creada con el único propósito de ser una prisión, al liberar a Hoodum sus  humanos se convirtieron en traidores. Cuando la princesa pidió clemencia ella sólo vio una solución a su pequeño contratiempo, nos lavó el cerebro y  nos hizo creer que ella era nuestra salvación… nos usó…. una tras otra...
Cuando llegó mi turno, todo cambió, no estaba dispuesta a desperdiciar mi vida en un absurdo así que malherida, usé el baifrost mientras todo era destruido por Hoodum en media Luna, había sido traicionada por Lunafreya, todo era mentira, todo.
Y cuando llegué aquí había perdido mi fe, mi hogar y todo motivo para seguir adelante. Por ello vague sin rumbo, hasta que me derrumbé en algún lugar, hambrienta, herida y cansada. Pero al parecer no era mi destino morir allí y una mujer me encontró inconsciente en la calle y me acogió en su casa, era enfermera y esperaba un bebé, te esperaba a ti.
Su marido la había abandonado y ella tenía que enfrentar muchas adversidades sola, así que a cambio de su amabilidad decidí ayudarla un poco, nos hicimos amigas y me enseñó a desenvolverme con rapidez en este lugar.
Se llamaba Amy, era una mujer valiente y muy hermosa, debes sentirte orgullosa de ella, cuando se le presentó el parto, me pidió que cuidara de ti, todo se había complicado y ella sabía que no sería capaz de vivir mucho.
Unas horas después de traerte a este mundo… falleció, y yo en cuanto te sostuve en mis brazos supe quién eras pero, había algo aún más grande naciendo en mi roto y traicionado corazón; el amor de madre, te guíe, te amé y crié con todo el amor que pude dar, después de unos meses tú padre, Agnux apareció y desde entonces no se ha separado de tú lado y yo tampoco pero sabía que tarde o temprano te aguardarían peligros, tenías un deber que cumplir y por ello  guardé la daga en ti, tu debes ser la que juzgue y castigue a Lunafreya y Hoodum, ese es tu destino Nattalie.
 
 
—Por eso, debes escucharme hija, sólo quiero ayudarte.
—Necesito, necesito tiempo — dije al borde del colapso mental, demasiada información que asimilar.
 
 
Me levanté y subí las escaleras para llegar a mi antigua habitación necesitaba estar sola y analizar las cosas en frío.
Mi madre había sido la última en enfrentar a Hoodum y había sobrevivido por pura suerte, por otro lado había conocido lo retorcida que podía llegar a ser Lunafreya alguien debía pararle los pies, pero, mas que eso habían muchas cosas flotando aún en el aire ¿Porque mi madre había llamado Igdrix a Jay? ¿Por qué Jay parecía conocerla y ella a él?
Me acerqué al alfeizar  de la ventana y me acurruque en el, con la mirada perdida en la imagen que me ofrecía la fría ventana, llamaron a la puerta la cual se abrió continuación.
 
 
—Hey — Jay parecía cauteloso, se apoyó en el marco de la puerta.
—Quiero estar sola — dije devolviendo la mirada al paisaje.
—Tu madre dice que puedes tomar un baño, antes de la cena, y …. — dijo rascándose incómodo la nuca — me pidió que te diese esto.
 
 
Me tendió un pequeño y viejo libro, de color negro y algo maltratado, supuse que por el uso, Jay rozó mis dedos con los suyos y mi mirada se clavó en sus ojos azules.
 
 
—Gracias y ahora déjame sola, ya has hecho bastante ¿no crees? — espeté con furia y apreté la mirada cerrando los ojos.
—Puedes intentar guardar las distancias pero no me voy a ningún lado — sus labios se posaron un segundo en mi coronilla y desapareció por la puerta nuevamente.
 
 
Ojee el antiguo libro, cuando mis ojos se posaron en la segunda página entendí que era, era un libro de lengua Aesir, lleno de apuntes y hechizos si podía hablarlo, podría conjurar cualquier cosa, acaricié la textura de sus páginas con gran ternura pensando en la que para mi, había sido mi madre.
 
--------------------------------------------------------------------
 
 
Cuando el anochecer se hizo presente yo me encontraba en la enorme bañera del baño personal que había en mi habitación, era redonda e increíblemente grande, rebosaba espuma y el agua caliente hacia maravillas con el estrés y el cansancio acumulado. Me inspeccione en busca de mis heridas, al parecer algunas aún eran visibles, tenía muchos hematomas debido a mi contienda con Bael, cortes que tenían puntos y estaban sanando con lentitud, tomaría unas horas mas  recuperarme  por completo según  Jay pero no era eso lo que me inquietaba, mis ojos volaron a la pulsera que Tyler me había dado y juguetee con ella pensativa.
 
 
—Acabarás como una pasa si no sales de una vez — se escuchó tras la puerta cerrada.
—Que pena — le puse los ojos en blanco aunque no pudiese verme —  pero adoro el agua caliente .
—La cena casi esta lista, deberías salir…  — su voz carecía del sarcasmo o el carisma habitual.
—Jay — tomé una profunda respiración para infundirme valor — di la verdad ¿Por qué te opones tanto a que vaya a Muspelheim? — mi boca comenzó a hablar por si misma y mis inquietudes alzaron la voz — ¿Por qué conoces a mi madre, desde cuando? Dime algo por una vez ¿porqué siempre me lo ocultas todo y porque?
—Sal pronto ¿vale? — oí  sus pasos al  alejarse.
—¡Algún día tendrás que contestar por mucho que huyas! — grité a todo pulmón sabiendo que aún podía oírme. 
 
 
En cuestión de segundos escuché la puerta de mi habitación cerrarse y supe que había huido, una vez más. Otra incógnita que añadir a mi larga lista, me quedé un rato largo, cuando estuve lo suficientemente arrugada salí para vestirme y bajar a cenar.
Cuando bajé Jay miraba distraído casi melancólico diría yo, miraba la nada por la ventana de la sala de estar mientras mi madre se movía con destreza por la cocina.
 
 
—¿Necesitas ayuda? — dije en apenas un susurro.
—Cielo… — me miró con tanto amor que una tímida sonrisa asomó mis labios — vale, puedes empezar por revisar la carne en el horno.
—¿Por cierto dónde esta papá?
—En un viaje escolar, odiara haberse perdido esto.
 
 
Mi madre y yo nos encargamos de los preparativos, Jay por su parte no se movió de su sitio en la ventana, no miró hacia atrás ni una sola vez. Por alguna extraña razón eso me inquietaba igual que dolía. Cuando mi madre sirvió la cena los tres nos sentamos a la mesa  donde la tensión junto con  aquellas profundas y secretas preguntas que flotaban sobre nosotros y seguían muy presentes, así que decidí abordar el tema.
 
 
—Así que ¿ya os conocíais? — pregunté insistiendo una vez mas, con simpleza mientras me llevaba un bocado del asado a la boca.
—La verdad es que… — mi madre miró a Jay en busca de respaldo pero este desvío la mirada.
—¿Aún no lo sabe verdad? — le acusó mi madre .
—¿Qué es lo que no se mamá? — la miré con la rabia instalándose nuevamente en mi pecho.
—¡Debe descubrirlo ella sola! — se defendió Jay.
—¡¿No me habéis oído que es lo que debo descubrir?! 
—Verás cariño… 
—¡No te atrevas Velvet! 
—¡Merece saberlo! — mi madre miró desafiante a Jay y después a mi, su mano atrapó la mía por encima de la mesa — cariño, él fue líder de los caballeros de alba… eso fue hace milenios, pero él estuvo en mi ceremonia.
—¡¿Milenios?! — me levanté con brusquedad Abrumada por los nueva pieza del puzle — Tu…
—Natt… no es… — soltó un suspiro cansado — deja que te lo expliqué.
—¡Tú también eres uno de ellos! ¡eres un dios!
—¡Deja que te lo explique por favor!
—¡¿Qué vas a explicarme, lo idiota que soy?! Esta muy claro… todo ese royo que me soltaste  de que te morías  fue una gran mentira ¡siempre lo ha sido! Nuestra infancia, cada recuerdo…¡¿Manipulaste mis recuerdos?! 
 
 
No contestó, él muy mentiroso no me respondió, ni siquiera se molestó en tratar de darme una excusa. Lo que me cabreo aún  más, acentuaba su gran mentira, no se estaba muriendo claro que no era un dios y yo preocupada de que muriese a manos de Darkova, esto explica porque no murió cuando callo por la ventana.
 
 
—¿Y vosotros le dejasteis manipular mis recuerdos? 
—Creímos que era lo mejor cariño.
—¡No, esta claro que no, todo es una maldita mentira madre! ¡¿qué clase de padres sois para dejarle hacerme algo así de cruel?! — le recriminé a Velvet.
 
 
Cansada de sus mentiras subí las escaleras de nuevo y preparé una mochila con el libro que me había dado mi madre y volví a bajar. No me lo podía creer nada de lo anterior era cierto no era más que una mentira implantada en mis recuerdos, ahora no se si realmente fui una niña feliz o sólo una ilusión de Jay, si mis peces se murieron o como dicen mis recuerdos crecieron. Ya no sabía diferenciar que era real y que no. Para cuando bajé las escaleras me detuve a mitad de ellas porque Jay discutía con mi madre. 
 
 
—¡Maldita sea porque has tenido que contárselo! — reclamó Jay.
—¡Es su vida Igdrix, tiene que saberlo! — gritó mi madre con las manos en el aire, gesticulando.
—¡Nada cambiará el hecho de que estoy maldito por su culpa! — le espetó con rabia.
 
 
Mis ojos se abrieron como platos, estaba paralizada al pie de la escalera mirándolos atónita, pero sabía bien que quería hacer, me recompuse como pude y me coloqué mi antigua coraza, terminé de bajar los escalones y ambos se sorprendieron al verme y por la cara que tenían estaba segura que sabían que los había escuchado, me acerqué a mi madre y la abracé.
 
 
—Gracias por todo mamá — me despedí, iba a decir algo pero negué con la cabeza.
—¡Nattalie por Dios, mírame! — su  mano buscó mi rostro, pero retrocedí con  mis ojos traspasándolo como flechas.
—¡Búscate a otra imbécil que crea en tus enfermizas mentiras! ¡porque yo jamás volveré a ser tú  juguete!
—¡Mírame maldita sea mírame bien este soy yo, soy real!
 
 
Mi mano voló rauda y certera hasta cruzar su cara con un guantazo, mi pecho agitado por la rabia subía y bajaba con violencia, sus ojos demostraban sorpresa y mi madre posó su mano en mi brazo. Negó con la cabeza y me rogó que retrocediera.
 
 
—¡No sabes como te odio! ¡¿qué pretendías?! ¡¿de que se trataba todo eso del chico arrepentido?! ¡dijiste que te ibas a morir, no puedes jugar con algo como eso! ¡para mi todo era real!
—¡Escúchame! — me miraba desesperado y hablaba con nerviosismo — ¡tienes  que creerme! — sus manos aferraron con fuerza mi rostro sus ojos estaban vidriosos.
—¡No volveré  a creerte mientras respire! — le aparté de un golpe en el pecho — ¡no vuelvas acercarte a mi jamás! 
 
 
Salí corriendo por la puerta a toda velocidad, a estas alturas debería haberlo sabido, había demasiadas pistas y yo estaba demasiado ciega para saberlo, cada palabra … el Jay del que me enamoré, todo. No podía creerlo… no quería… lo había vuelto hacer había vuelto a romper mi corazón en mil pedazos pero esta vez lo había hecho con la verdad que no quería decirme.
 
 
—¡Natt vuelve! — escuché a mi espalda.
 
 
Me di la vuelta sólo para ponerle fin a aquella dramática escena, se paró en seco y ya no demostraba la misma confianza que transmitía su voz segundos antes.
 
 
—¡¿Por qué debería esperarte?! ¡¿Por qué debería siquiera mirarte?! 
—Yo… debo protegerte. 
—¡Sólo hay una maldita persona que puede hacerme daño y esa, eres tú!
—P-pero podría haber Umbrax…
—Puedo cuidarme yo solita, gracias — mi cara era una máscara de indiferencia.
—Todo sería más fácil si tú …
—¡¿Si yo que, Jay?! — lo desafié, abrió la boca pero la cerró de nuevo — ¡¿Si fuera Nébula?! — dije lo que él temía admitir.
—No quise decir eso… Natt por favor… — su mano alcanzó mi mejilla — yo te quiero…
 
 
Por un segundo dudé y me perdí en sus ojos, el tiempo se detuvo y la lluvia comenzó a caer como un mal augurio, su rostro se acercó y mi labio comenzó a temblar quería gritarle, golpearle hasta matarlo por todo lo que me había hecho pero no pude evitar caer en sus ojos llorosos o en la triste lágrima que caía  por su mejilla. Sus labios alcanzaron entonces los míos y yo cerré los ojos por un momento. Hasta que el sonido de un trueno me trajo de vuelta y volví abofetearle.
 
 
—¡Tú no eres más que una mentira, el Jay del que me enamoré no existe!
 
 
Al ver que no lo negaba decidí que era el momento de largarme de allí, de alejarme de él . Lo escuché a mi espalda, llamándome mientras rompía en llanto, pero eché  a correr,  me escondí entre los arbustos cuando la pulsera en mi muñeca empezó a brillar con fuerza, la rocé con mi otra mano y Jay se paró justo frente a mi con mirada triste y ojos rojos.
 
 
—No lo hagas Natt, no me hagas esto... — me suplicó.
—Llévame contigo, Tyler…. — susurré.
 
 
Fue lo único que pude decir antes de que una luz secadora me tragase para escupirme justo en brazos de Tyler quien al momento notó mi inquietud. Me apretó aún mas y yo no pude evitar romper a llorar dejando que todo saliese. 
 
 
—¡¿Qué te ha hecho, donde esta?! — miró detrás de mi, alterado.
—Nada solo vámonos…. Por favor… — supliqué.
 
 
Me bajó hasta que mis pies tocaron el suelo y me apretó con fuerza, besó mi coronilla y yo pude relajarme al instante, podía confiar en él, sabía que él nunca jamás me traicionaría como lo había  hecho Jay.
Quien minutos después apareció tras un portal, sudado y exhausto, no pude verlo pues le daba la espalda pero sabía que estaba allí por el cambio en la respiración de Tyler.
 
 
—Prepárate nos vamos a Nidavelir  ¡ya! ¡es una orden! — ordenó con severidad Tyler.
—Necesito hablar con la capitana primero — su voz me produjo una oleada de escalofríos.
—¿Nattalie? — me preguntó Tyler.
 
 
Me encogí en respuesta, abrazando con más fuerza a Tyler, lágrimas se derramaban  por mis ojos sin freno alguno. Sonidos incoherentes salían  de mis temblorosos labios. Negué con la cabeza pero sabía que necesitaba una respuesta apropiada.
 
 
—D-dile que se vaya.
—¡Natt no me hagas esto tenemos que hablar! — me giré en los brazos de Tyler para mirar a Jay.
—¡Retírate soldado, no tengo ninguna intención de hablar contigo! — dije con voz temblorosa saliendo de los brazos de Tyler para encarar a Jay — ¡Vete... vete…! — dije quebrándome de nuevo.
—Ya la has oído — dijo Tyler me acogió de nuevo en sus brazos.
 
 
Jay se dirigió por una puerta hacia el lado opuesto de la habitación donde nos encontrábamos, por primera vez le di un vistazo sin derramar una lágrima, era lo que la gente llamaría la sala de mando. Cuando Hay abandonó dicha sala Tyler me estudió antes de hablar.
 
 
—¿Estas bien? — dijo con seriedad.
—Nada que no pueda manejar — dije recomponiéndome.
—Bien te llevaré a tu habitación.
—¿Habitación? — pregunté desorientada.
—Necesitas ropa adecuada. Al lugar donde vamos te congelarías con lo que llevas puesto.
 
 
Tyler me mostró aquel lugar peculiar, era su base de operaciones según él, había sala de entrenamiento, había habitaciones para cada uno, había una lavandería, cada uno disponía de baño propio así que el baño común estaba intacto. 
Una vez a las puertas de mi habitación, Tyler se despidió de mi y yo entré. Era una habitación sencilla, sin mayor lujo que una cama y unos pocos muebles, no había decoración en las paredes, todo parecía muy frío, sin personalidad. Me fijé en la cama donde estaba tendida ropa de invierno de mi talla, una mochila nueva y hasta instrumental de supervivencia. 
Me cambié con rapidez de ropa pero cuando fui a colocarme la chaqueta un pequeño papel cayó al suelo, me agaché para poder recogerlo  me pudo la curiosidad y lo leí, no tardé ni dos segundos en arrepentirme de leerlo.
 
 
<<Lo siento mucho, ojalá puedas perdonarme. Espero que al ir recordando me puedas entender, Jay. >> 
 
 
Una disculpa no iba a borrar todas y cada una de sus mentiras, esta vez no, se había pasado. Podía hacerme daño, pero no alterar  mi vida decidir que puedo o debo saber es únicamente asunto mío. 
Una vez lista salí de aquella detrica habitación, con la determinación y el claro pensamiento de centrarme en lo que se avecinaba, las pruebas que debería superar. Caminé rumbo a la sala donde aparecí.
Media hora más tarde todos, ya que  nos reunimos en la sala donde yo había caído, todos estábamos preparados, Tyler tenía mi mano en la suya, mientras Jay nos atravesaba en la distancia.
Alissa conjuro el baifrost el imponente puente que unía los nueve reinos, di un paso adelante con decisión y Tyler a mi lado, los demás incluida Eir traspasaron el baifrost detrás de mi.
Pronto muy pronto mi propia guerra empezaría, el destino de los nueve reinos ahora dependía de que encontrase el modo de recuperar la daga del interior de mi alma, pero… ¿Quién la obtendría primero, nosotros o ellos? 
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo