25: Hacia el norte

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El resplandor rojizo emitido por el cielo resultó insoportable los primeros diez segundos. Con los ojos entornados y las manos rodeando los mismos, fueron recuperando la visión.
Tony lagrimeaba. Era un ardor nunca antes experimentado.
Se limpió los ojos con cuidado, a medida que iba volviéndose capaz de percibir sus alrededores.
Parecía ser de noche, pero Tony no se explicaba de dónde provenía aquella luz rojiza. Tal vez de… ¿la luna?
Parecía luna llena, pero de un color carmesí que resultaba aterrador. No había estrellas, sólo puro color negro aterciopelado cubriendo los cielos. Aun así podían apreciar con claridad las ruinas del patio de la base central.
Esos altísimos muros continuaban rodeándola, aunque agrietados y con pinta de estar a punto de desmoronarse sobre sí mismos. Charcos de putria por aquí y por allá. Casquillos de bala. El ambiente era más pesado de lo que podría ser medianamente soportable.
—Sin el sol, ¿cómo nos ubicamos? —preguntó David.
—Sencillo —respondió Alex, como si le fuesen preguntado a él—. Si se supone que estamos en la misma base de antes, debemos atravesar los bosques Geralldianos, en la dirección en la que huimos hace unos días. La ciudad está al oeste y el bosque se extiende hasta el este y el norte, así que no será demasiado difícil.
—Rubiecito, pareces un niño scout. ¿Cómo es que conocías tanto de ese bosque? —preguntó Scott mientras caminaban en dirección a la puerta principal.
—Mi papá solía llevarnos a mi hermano mayor y a mí a acampar todo el tiempo, creo que el bosque le gustaba mucho más que la ciudad. Por eso faltaba tanto al colegio y casi ni tenía amigos.
—¿Estabas en el bosque cuando la OMSA tomó el colegio? —Preguntó Tony. Ese chico había despertado su curiosidad.
—Sí, y no —dijo él—. La noche anterior habíamos vuelto a casa. Habíamos pasado dos semanas en el bosque. Esa misma noche me di cuenta de que había olvidado de mi celular en el campamento, y me propuse volver en la mañana a recuperarlo. Así lo hice, recuperé mi celular y traté de volver a casa. Ese fue el problema.
La mirada de Alex reflejaba un sentimiento que Tony no sabía identificar.
—Me resultaba extraño tanto alboroto con los del ejército. No creía que los Geralldianos estuvieran manifestando por las muertes sin explicación en los hospitales, eso lo hacían en el resto del mundo pero nunca aquí, aunque también nos afectaba. Escuché algo sobre “estudiantes desaparecidos”, pero tampoco se me venía nada a la cabeza. No pensé que fuera tan grave hasta que empezaron los disparos.
El chico se pasó la mano por el enmarañado cabello rubio.
—Cuando logré llegar a casa, deseé haberme quedado en el bosque. Mi padre y mi hermano habían sido asesinados.
Todos se quedaron mudos. Tony no esperaba algo como eso, considerando la actitud viva y eufórica de Alex. Se sintió realmente mal.
—Luego Samuel y Daniel me encontraron de una forma muy... extraña. Planeaban huir de Geralldia y los ayudé a llegar hasta el lugar donde nos instalamos.
Todos los presentes sentían una pesadumbre que se les notaba a leguas. Tony no sabía precisamente si debía decir algo.
—Ay, ¡quiten esas caras! Mi papá no era Creyente, pero pensaba que nuestra muerte daba paso a nuevas oportunidades para quienes aquí permanecieran. No estoy seguro de qué demonios signifique eso, pero supongo que no debería sentir pena por él —dijo Alex con una sonrisa. 
Tony sintió un nudo en el pecho. Su madre pensaba muy parecido, y ahora ella también estaba…
—Al parecer nunca arreglaron la puerta —dijo Ángeles.
Tony fue salvado de su pensamiento anterior al darse cuenta de que las colosales puertas que separaban al patio de la base central con el mundo exterior, tenían exactamente el mismo hueco que había dejado la explosión de la noche del escape. Pero había algo distinto.
Cuando la puerta voló aquella noche, Tony vio algo que lo llenó de esperanza, pero ahora no lo veía. Y supo inmediatamente que no volvería a verlo.
Se volvía cada vez más inquietante a medida que se acercaban al exterior. Todos lo notaron.
En realidad era imposible no notar que no podrían atravesar los bosques Geralldianos, como dijo Alex que debían hacer.
No podrían, porque los bosques Geralldianos ya no estaban.
Ya no había bosque.
Suelo árido, por kilómetros y kilómetros se extendía hacia lo que debía ser el norte.
Sintió curiosidad, y volvió su mirada en dirección contraria, hacia el sur, justo donde estaría…
—Este acantilado estará aquí hasta el fin de los tiempos —dijo David.
Caminó junto a él y a Jim hasta el borde. Sus miradas se perdían en la espesa negrura similar a la del cielo.
—No quisiera morir así —dijo David.
—Lo bueno es que vamos en dirección contraria —dijo Tony.
Se dieron vuelta y se apresuraron tras el resto del grupo. El terreno era irregular, pero igual de seco y muerto.
Mientras Tony accionaba el cronómetro de su reloj, Alex dio un par de saltos, y mientras destapaba otra barra de cereal, dijo rítmicamente:
Caminaremos, caminaremos, en el desierto, el desierto, el desierto.
Tony creyó haber escuchado algo parecido antes.
—No es divertido —dijo Zoe.
—Y no es un desierto —se unió Cris.
—Tampoco buscamos a Nemo —dijo Scott, y Tony no pudo evitar reír tras darse cuenta de por qué el ritmo le resultaba familiar—. Alex, te vas a quedar sin barras de cereal.
Tedgo maf badaf de fedead que todof uftedef judtof —dijo con la boca llena.
Varios rieron, incluso Tony.
Se hizo un profundo y tedioso silencio, solamente interrumpido por el sonido de las pisadas sobre la tierra seca.
Tony pensaba en los posibles peligros potenciales. Al menos cada tres minutos se aseguraba de mirar al horizonte, de que no hubiera nada peligroso acechándolos.
 
Miró su reloj; llevaban cuarenta minutos de caminata.
Su mente volaba, imaginando situaciones peligrosas que podrían presentárseles, pero en cierto punto acababa volviéndose absurdo e inútil el tanto pensar. Todo el futuro era incierto. No podría saber a qué se enfrentaba, o cómo terminaría, sólo podría hacer algo en el preciso instante en el que se presentase.
La actividad que llevó a cabo Tony durante toda la caminata se dividió en cuatro pasos; 1)Caminar;  2)Mirar alrededor; 3)Consultar el cronómetro; 4)Volver al paso uno.
Nadie hablaba, nadie se miraba entre sí. Sólo caminar.  
Fijó su vista en el horizonte en una de las veces que llevaba a cabo el paso dos, y se percató de la débil silueta de montañas, o no sabía si se trataba de alguna otra cosa. Quería creer que eran montañas.
El cronómetro decía que llevaban dos horas y dieciséis minutos caminando, pero Tony sentía que estaban en el mismo sitio desde los treinta minutos.
Acordaron detenerse a descansar. Tony sentía sus piernas palpitar y los dedos de sus pies adoloridos. Tal vez no llevarían ni la mitad del camino, pero ya no quería continuar encerrado en los mismos cuatro pasos.
Sin embargo las horas habían transcurrido más normal de lo que habría imaginado, tal vez demasiado normal.
No seas pesimista —se dijo a sí mismo—. Piensa en otra cosa. Hum, paso dos, mira a tu alrededor.
E intentó ejecutar el paso dos, pero se quedó a medias.
Sara estaba sentada con la vista perdida en algún punto del cielo. Tony no pudo evitar detallarla con más cuidado; sus ojos eran de un azul verdoso que nunca antes había visto. Su rubio cabello se mecía al compás del débil viento que se desplazaba por el desolado lugar. Sus mejillas, antes pecosas y sonrosadas, ahora también tenían heridas y raspones leves.
—¿De verdad estudiaba esta chica en el colegio de Geralldia? —Se preguntó Tony en pensamientos.
Pero no pudo encontrar respuesta… Porque Sara ahora lo miraba a él.
Sus miradas se encontraron, y Tony no estaba seguro de si podría dejar de mirarla ahora. Ese azul… no era normal, no era humano. Esa valentía que la caracterizaba tampoco lo era. ¿Qué era Sara? Una chica hermosa, obviamente, pero ¿qué había más allá? ¿Ocultaría algo ese salvaje mar verdoso que era contenido por el iris de sus ojos? ¿Siquiera lo sabría algún día?
Era imposible saberlo, tal como era imposible saber qué sucedería cuando encontraran el lugar que buscaban.
No pudo concentrarse en unos ojos como esos. Se sintió avergonzado luego de fijar él también su mirada en un punto indefinido.
Idiota —se dijo.
Quitó el envoltorio a una de las barras de cereal y empezó a comerla. No sabían tan mal como Scott decía, pero tampoco sabían tan bien como Alex hacía parecer.
Unos diez minutos después según el cronómetro de Tony, Samuel dijo que debían continuar y todos obedecieron.
El sonido de las pisadas volvió, al igual que el intenso aburrimiento.
Tony caminaba al frente mientras se preparaba para realizar nuevamente sus pasos del uno al cuatro, pero un sonido ajeno a las pisadas hizo que se alarmara. Un golpe seco sobre la tierra.
Alba había dejado escapar un grito leve tras oírlo.
Tony se volvió rápidamente, y vio un cuerpo tendido sobre la tierra seca, como si le hubieran arrancado la esencia vital de forma instantánea.
Alba palideció. Ashley y Fran se acercaron y sacudiendo su inmóvil cuerpo gritaban:
—¡Javier, chico, despierta!
Pero no obtuvieron respuesta, y Tony sospechó que no la obtendrían por más que insistieran.

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