28: Inocencia corrompida

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Sus ánimos se renovaron.
Era más que evidente que no se hallaban en la mejor situación, con Cris y Javier inconscientes y Ángeles gravemente herida, pero no tenía que haber lugar para el pesimismo, ¡no! Era hora de actuar.
Cuando estuvieron cerca, todos concordaron en que ese tenía que ser el mismo hospital de la Ciudad de Geralldia.
Scott y Gwen se acercaron a ellos para ayudarlos con Cris.
—Vayan ustedes adelante —dijo ella. Tony y David se pusieron al frente.
El portón estaba abierto de par en par, aunque el mecanismo parecía funcionar a la perfección.
La mayoría las armas levantadas, alertas a cualquier cosa que pudiera surgir. El ambiente era pesado.
Algo no iba del todo bien en ese lugar.
Llegaron frente a la puerta doble que daba con el interior de la base.
David se decidió a entrar justo cuando desde atrás escucharon algo bastante inesperado.
Alguien tosía. Pero no era tos normal. Era una tos por la que resultaba inevitable no sentirse incómodo.
Javier tosía, y justo antes de que Alba intentara acercarse, comenzó a sacudirse violentamente. Alex y Daniel lo soltaron de inmediato.
Mientras él parecía sufrir una epilepsia, Alba trató de acercarse de nuevo y Daniel se lo impidió. Javier se detuvo. Alba iba a decir algo pero Daniel la interrumpió diciendo:
—Ni lo pienses.
Se acercó lentamente, lo tomó del cabello y le levantó la cabeza.
Tony sintió una punzada en el estómago al ver la gran cantidad de putria que brotaba de la boca y la nariz del chico, dejando en evidencia lo enfermo que estaba debido a la radiación.
—Ya no hay nada que podamos hacer —dijo Samuel—. Dentro de poco se habrá vuelto un irradiado más —hizo una prolongada pausa—. Acabemos con esto. 
Samuel sacó su pistola y echó a caminar hacia él. Tony se alarmó.
—¡¡No lo hagas!! —gritó Alba.
—¿Prefieres tener que matarlo más tarde? —Le respondió mientras volvía su mirada fría hacia ella.
En esa mínima fracción de tiempo Javier se levantó súbitamente, empujó a Daniel y echó a correr hacia las puertas de la base.
—¡No... estoy... enfermo! —Exclamó mientras corría.
David trató de bloquearle el paso pero Javier lo golpeó y lo tiró a un lado.
—¡Maldita sea, ahora alertará a quienes estén allí dentro! —Se quejó Scott.
—Sigámoslo —reaccionó Tony y se adentró en el edificio sin pensarlo dos veces.
Los demás no tardaron en precederle.
Se encontraron entonces con un lugar muy distinto a la primera base.
La sala principal estaba bien iluminada y no muy desordenada, había un largo pasillo al fondo que llevaba más al interior y por el lado izquierdo se accedía a las escaleras. El suelo era de baldosas blancas y negras, haciéndolo parecer un tablero de ajedrez.
—Sera muy difícil encontrar a ese tipo, pero no parece haber mucha gente para alertar —dijo Samuel.
En el primer piso no había nada de relevancia, por lo que acordaron continuar con el siguiente.
Sus pasos en la escalera eran como tambores que resonaban por todo el edificio. Parecía estar completamente vacío.
Abrieron la puerta que conectaba a las escaleras con el segundo piso, y de inmediato el olor a putrefacción los envolvió.
—Ya se me hacía raro no ver esto —dijo David.
Había muchos cadáveres, tal como al salir de la sala central; desmembrados, mutados, asquerosos.
—Hay algo extraño aquí —observó Sara—. Estos cadáveres son recientes, lo que los mató debe estar cerca.
—Sepárense, griten en caso de encontrar demasiados —ordenó Fran.
Todos estuvieron de acuerdo y se dispersaron por todo el lugar para inspeccionar, mientras que a Tony le parecía una idea ridícula.
Aun así, no quiso protestar, y en silencio, fue con Ashley por un pasillo que ninguno de sus compañeros había seguido.
—Esta base no me desagrada del todo —dijo ella.
Anduvieron varios minutos plácidamente hasta dar con un gran charco de sangre. El charco se extendía y se extendía, como si hubieran arrastrado a un cadáver por el suelo.
Casi por instinto —por un muy tonto instinto— decidieron seguir el rastro, sabiendo que eso no les llevaría a nada agradable.
—Bueno, al menos sólo es un cadáver —dijo Ashley tapándose la nariz.
Un cadáver, como todos los demás. Pero lo que resultaba extraño era que…
—¿Tiene un uniforme… como el nuestro?
Su rostro era irreconocible, pero sin duda el uniforme era exactamente igual al que ellos llevaban. Su anatomía develaba que se trataba de una chica, pero ninguna que les resultase familiar.
—Supongo que la OMSA antigua también tendría uniformes de estos —quiso concluir Tony. Quería pensar que se trataba de algo como eso.
Entonces, empezaron a abrir puerta por puerta, sin ningún resultado. Todas eran habitaciones vacías.
Llegaron casi al final del pasillo. Sólo dos puertas más. Tony abrió una de ellas e iluminó con una linterna. Desplazó la luz por toda la habitación y no vio nada de interés.
—Aquí tampoco hay…
Tony se quedó a media frase. Había escuchado algo dentro. Se volvió rápidamente y divisó movimiento.
—¿Qué fue? —Preguntó Ashley desde afuera.
—¡Vi algo! —Exclamó Tony mientras tomaba su hacha con la mano que tenía libre. Ashley entró tras él.
Caminó con lentitud, se asomó detrás de un estante volcado con el hacha en alto, listo para atacar, pero se encontró con algo totalmente inesperado.
Inesperado no por peligroso, por horripilante ni nada de eso, sino porque sería completamente inesperado encontrar a una pequeña niña en un lugar como ese.
Lo primero que vio fueron sus ojos cafés, inundados de inocencia y temor. Sus mejillas estaban cubiertas de suciedad y lágrimas. Su cabello castaño brillaba con la luz de la linterna. Estaba sentada en el suelo, con las piernas acurrucadas contra el pecho y envueltas con sus brazos. Una niña, de unos seis o siete años de edad. 
Tony no sabía cómo reaccionar. Miró a Ashley y notó que se encontraba igual de atónita que él.
—Ho-hola —tartamudeó Tony, aun sin saber exactamente lo que debía hacer— ¿Estás bien?
La niña no se movió.
—Déjame ayudarte —dijo y le extendió la mano.
La pequeña seguía sin moverse. Apenas pestañaba.
—No vamos a hacerte daño —añadió—. Me llamo Tony y ella es Ashley, ¿cuál es tu nombre?
Tras unos largos segundos, la niña por fin dijo:
—Ariana.
—Qué bonito nombre, Ariana, pero necesito que vengas con nosotros, es muy peligroso que te quedes aquí tú sola.
—¿Ustedes también van a enloquecer? —Preguntó Ariana, y Tony sintió una punzada de horror.
¿Qué habría visto Ariana? ¿Habría estado tan cerca de la muerte como él? ¿Una pequeña e inocente niña, viviendo todo eso?
—Espera, Tony, pueden haber más niños por aquí —dijo Ashley.
—¡No! ¡No la busquen a ella! —Exclamó Ariana.
—¿Eh?
—Tranquila, no pasará nada. ¿Hay más niños por aquí? —le preguntó Tony.
—Ella ya no es una niña —musitó Ariana. 
Tony y Ashley se miraron al mismo tiempo con la misma expresión de confusión y miedo.
—Iré a buscar en las habitaciones que faltan —dijo Ashley—. Quédate con ella.
Ashley salió de la habitación ignorando las palabras de Tony. De nuevo, lo ignoraban.
Tony contuvo la rabia y se quedó tratando que Ariana comenzara a confiar en él. 
Pasaron varios minutos; Ashley no volvía y Ariana se negaba a ir con Tony.
—Vamos, todo va a estar…
Sonaron dos disparos. Tony se alarmó. Ariana abrió los ojos de par en par.
—Ariana, tenemos que ir afuera. Voy a protegerte de lo que sea que aparezca, pero necesito que me acompañes a ayudar a Ashley.
La niña pareció comprender la gravedad de la situación, porque por fin se puso de pie, y aceptó que Tony la sujetase.
Ariana se aferró de la espalda de Tony, y él con una mano la sujetó, y con la otra mantenía el arma levantada.
La única puerta por la que no habían entrado estaba abierta. Tony se lanzó al interior sin pensarlo dos veces.
Olía mal, pero no como la putria, era otro olor. La habitación estaba mucho más desordenada y destruida que las demás.
Ariana había empezado a temblar. Parecía que trataba de decir algo.
—Ey, Ari, ¿qué pasa?
—Es... Es... Es ella.
Tony sacó su linterna como pudo, e iluminó justo el lugar que Ariana indicaba. La luz le reveló una imagen realmente aterradora, incluso para él: Otra niña, quizá un poco mayor que Ariana, pero definitivamente entendió por qué Ariana decía que ya no era una niña.
Tenía toda la ropa ensangrentada, varios dedos mutilados. Su cabello… parcialmente arrancado y sus ojos dejaban en evidencia que ya no le quedaba ni una gota de inocencia.
Pero lo que más causaba terror era su rostro, o lo que quedaba de él; no tenía mandíbula… ni dientes… ni lengua.

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