29: Protector

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Ariana abrazaba fuertemente la pierna de Tony.
Él no tenía idea de cómo debía actuar.
¿Debía disparar? ¿Debía huir? No podía decidirse por una o por otra.
Se preguntaba qué clase de monstruo sería capaz de asesinar a un niño, cosa que no sabía, pero definitivamente estaba seguro de que él no lo era. No. No se trataba de cobardía, se trataba de que él no era así. No sería capaz de tal atrocidad.
Claro que era evidente que ya no era un ser humano, pero no podía evitar pensar que alguna vez, esa había sido una niña inocente y alegre. El sólo hecho de imaginarse cómo podría haber vivido, feliz, tranquila, despreocupada, lo volvía incapaz de hacer algo en su contra.
Su frustración se fusionaba con el terror que le causaba la imagen. Sentía su pecho y su cabeza a punto de estallar. No lo soportaba ni un instante más. Se dio vuelta, corrió fuera de la habitación y tiró la puerta detrás de sí.
—¿Dónde está Ashley? —Preguntó Ariana.
—Ya la encontraremos —le respondió, sin poder sacarse de la mente la escena anterior.
Corría a todo lo que sus piernas le permitían, y aún no encontraba ningún indicio que lo ayudase a encontrar a Ashley, lo que hizo que se preocupara aún más.
Tony apretó los ojos en medio de la carrera. La rabia y el odio se intensificaron en su pecho.
La OMSA. Habían sido ellos.
Eran los culpables.
¿Ni siquiera se detuvieron al saber que les arrebataban el derecho a una vida plena a seres inocentes y conscientes de lo que les rodea? ¿Saber que no tendrían una vida tal como otros cientos de millones, como ellos que ni siquiera son merecedores de la misma?
Y entonces se hizo una promesa más; no permitiría que la OMSA tocase a Ariana, así de simple.
—¡Vi algo por allí! —Exclamó Ariana, sacándolo de su ensimismamiento.
La niña señalaba hacia las escaleras.
Tony se detuvo de golpe y recuperó el aliento. Bajó a Ariana de sus brazos y sujetó su arma por precaución y caminaron con lentitud.
—Quédate detrás.
—Tony... —dijo Ariana mirando hacia el suelo con una expresión de terror que hizo que sus tripas se revolvieran— ¿Vamos a estar bien?
De pronto Ariana no parecía tan joven.
Tony se arrodilló frente a ella, y seleccionando con cuidado sus palabras dijo:
—Muchos días feos me han hecho entender que mientras te quedes junto a alguien en quien puedas confiar, ningún monstruo podrá hacer daño a ninguno.
—Pero... pero yo no tengo a nadie.
—Ahora sí —dijo él. Tony se señaló a sí mismo—. Te acabo de conocer, pero te voy a sacar de aquí, y si algún día te separas de mí, te iré a buscar. No importa a dónde.
La mirada de la niña se iluminó. Era la primera vez que la veía sonreír, y no quería que esa sonrisa se apagase jamás. Se volvería su protector fuera cual fuese el precio, siempre y cuando volviera a ver esa sonrisa.
La sonrisa de un niño; la más pura de todas.
Tony sentía que ni el mal olor impregnado por cada rincón de la base, ni el aire seco del exterior podía ennegrecer su esperanza ahora.
Siempre habrá esperanza si hay razones para continuar. ¡Siempre! Y razones para continuar de pie tenía de sobra.
Tony se subió a Ariana a la espalda, y ella se aferró de sus hombros, de manera que podía sostener con total libertad su arma, y proteger a Ariana al mismo tiempo.
Continuaron con el camino en silencio. Tony subía los escalones con algo de esfuerzo. No podía negar que estaba cansado.
El siguiente piso no era para nada distinto al anterior.
—He visto gente subiendo por aquí —dijo Ariana—. Siempre suben todos hasta el último piso.
—Eso ayuda mucho, pero primero tenemos que encontrar a mis amigos —Ariana asintió con la cabeza y comenzaron  de inmediato a explorar el lugar con cautela.
De la nada, Tony sintió curiosidad; ¿cómo habrían terminado niños en todo aquello? ¿Por qué los enviaron al Nuevo Mundo junto con todos los demás?
Nada parecía tener mucho sentido.
—Ariana, ¿cómo llegaste aquí?
—No… no recuerdo bien. Recuerdo un bus… y varias personas… y este sitio. Nada más —respondió ella.
—¿Venías con tus padres? 
—Mis padres… Sólo con mi papá… No sé quién es mi mamá… No, no me acuerdo de ella —dijo ella—. Mi papá me dijo que me escondiera aquí y unos chicos que estaban en la puerta no me dejaban salir. Después empezaron a pelearse… ellos… —Ariana hizo una pausa, con la mirada perdida—. Ellos enloquecieron.
Tony sintió su pecho helarse en un instante.
—Mi papá me dijo que volvería cuando el mundo estuviera listo para mí, pero no puedo recordar nada más.
Algunas preguntas en la cabeza de Tony desaparecieron, pero dejando mil más en su lugar.
¿El mundo listo para ella?
Ni siquiera se atrevía a establecerse una teoría a sí mismo a base de eso.
Sabía entonces que Ariana había visto enloquecer a quienes la resguardaban. Probablemente miembros vulnerables de la OMSA antigua.
—¿Cómo se llama tu papá?
Ariana se quedó pensativa una vez más. Aparentemente le costaba mucho recordar. 
—A-Albert… Se llama Albert.
 —¿No conocías a los chicos que estaban afuera? 
—Ariana titubeó—. N-no... Bueno, no lo sé. Creo que sí, pero no lo recuerdo.
Tony estaba desconcertado. ¿Cómo podría Ariana no recordar nada de su pasado? No recordaba a su madre, le costaba recordar el nombre de su padre.
¿Se trataría eso del supuesto borrado de memoria del que hablaba Lilith? Aun así no tendría sentido hacerlo en una niña tan chica.
Justamente cuando Tony decidió no hacer más preguntas que implicasen los recuerdos de Ariana, se toparon con un irradiado que caminaba dando traspiés al doblar en un pasillo. Tony bajó a Ariana justo antes de continuar.
—Quédate aquí y no mires —dijo a Ariana en voz baja.
Se desplazó en silencio hasta estar a unos tres metros de él, apuntó y de un solo disparo hizo volar sus pútridos sesos a lo largo del silencioso pasillo.
Bajó el arma, y mucho antes de que el monstruo se desplomase, Tony notó que…
No me jodas. Este también viste igual a nosotros.
Se agachó a mirar, tapándose ambas fosas nasales. Parecía que este había sido un chico alguna vez, pero antes de que fuera capaz de sacar más conclusiones…
—¡¡Tony!! —Escuchó gritar a Ariana, claramente aterrorizada.
Se levantó de un salto. Sus zapatos patinaron sobre la putria desparramada sobre las baldosas cuando echó a correr. Se lanzó sin pensarlo con el hacha en alto al doblar en el recodo del pasillo en que Ariana se había quedado.
Ariana estaba justo donde la había dejado, pero había alguien más, alguien a quien él asesinaría. Aún no había visto quién era, pero sabía que debía atacar, sólo tenía que atacar y Ariana estaría a salvo.
—¡Cálmate, Tony! ¡Soy yo! —Exclamó esa persona, sujetando el brazo de Tony, justo a tiempo para detener el ataque.
Tony soltó un suspiro de alivio inmenso.
—Dios. Casi me matas de un susto, David —dijo Tony.
—Y tú casi me matas de un hachazo, hombre, ¿qué es peor? —Dijo, dando un paso atrás— ¿Y ella?
—Se llama Ariana —respondió Tony—. La encontré con Ashley en una habitación del piso anterior —se acercó a David—. Debe ser resistente y muy importante. Creo que le borraron la memoria —musitó.
—¿Por qué harían algo así? Sólo es una niña.
Tony se encogió de hombros.
—¿Dónde está Ashley? —Preguntó David.
—Lo mismo me pregunto yo. Salió a ver si conseguía más niños y no le he vuelto a ver. ¿Dónde están los demás?
—Me separé de Jim y Alex cuando huíamos de un grupo de irradiados. Tengo un rato explorando este piso y no he visto nada fuera de lo común. Escuché un disparo y vine aquí.
—Entonces sigamos al próximo, tenemos que encontrarla —dijo Tony.
Se encaminaron entonces a las escaleras para continuar con la búsqueda. Realmente no parecía haber nada fuera de lo común. Llegaron y se dispusieron a subir los escalones cuando...
—No-se-muevan —dijo una voz quebradiza detrás de ellos.
Se volvieron lentamente con la sangre helada y de inmediato se percataron de la situación. 
Un chico con el cabello grasiento, el rostro demacrado y los ojos transmitiendo locura en todo su esplendor les apuntaba con un arma.
Tenía restos de putria resbalando por el mentón. Por sus mejillas chorreaban lágrimas. Desprendía un olor repugnante.
Javier, de quien no sabían desde que entraron al edificio, le rodeaba el cuello a Ashley con un brazo manteniéndola de cara a ellos. 
—¡Ashley! —Exclamó Ariana.
—¡Cállate! —Gritó Javier inundado en locura mientras pasaba a apuntarle con el arma a la inocente niña.
Tony se colocó frente a Ariana de inmediato dijo:
—Tranquilo. Nosotros no vamos a matarte. Samuel se retractó, sabemos que puedes recuperarte. No estamos en tu contra —dijo Tony, pero nunca se había sentido tan hipócrita.
Sabía que ya no había vuelta atrás para Javier. Estaba enfermo. Sólo quería hacer tiempo para encontrar alguna manera de asesinarlo sin poner en riesgo a nadie.
—No lo entiendes, Tony… ¡Lo que quiero es matarlos a todos! 
Tony se sintió mal.
Aunque Javier no fuese tan preciado para él, era un ser humano, y él ya no podría salvarlo. Ya no tendría chances de hacer nada. De verdad tendría que matar a una de las personas con las que había hecho vida durante toda su estadía en la central de la OMSA.
—Tienes que controlarte, Javier. Puedes ser más fuerte que esto.
Ariana temblaba de miedo. David estaba inquieto. El rostro de Ashley estaba enrojeciendo. Tony sudaba.
—¡Estás mintiendo! ¡Ustedes van a matarme para nada, porque jamás saldrán de este mundo! —Javier lloraba sonoramente—. Esta gente no los dejará escapar, no lograrán nada. Deberían simplemente no hacer nada… ¡Pero siguen insistiendo! —Ahora parecía molesto—. ¡Son unos idiotas! ¡Tú eres un idiota, Tony!
Su dedo temblaba sobre el gatillo. Su brazo entero se tambaleaba por el aire de un lado a otro y no dejaba ver con exactitud a quién le apuntaba. Ashley intentaba golpearlo, pero parecía no sentir nada.
A Tony no se le ocurría nada. No sabía cómo salir de ello. No podía ver la puerta por la que quería salir en esa ocasión. Temía moverse y que Javier disparara a ciegas. No iba a sacrificar a ninguno de sus amigos para sacar al resto con vida, pero tampoco quería morir. En el fondo tampoco quería que Javier muriera, pero no había de otra. ¡Algo tenía que suceder! Y si no se le ocurría nada a tiempo…
—Ustedes creen que saben lo que hacen, pero no —Javier comenzó a reír a carcajadas—, ¡yo soy quien sabe lo que hace! Yo… yo los mataré y luego… —lentamente, Javier colocó el cañón sobre su sien, dando a entender sus intenciones—… luego acabaré con todo. Ya no habrá nada de qué preocuparse.
Javier apuntó al frente de nuevo, y luego el sonido de un disparo invadió el aire.
Tony sintió una explosión de terror en todo su cuerpo. Se le vinieron a la cabeza todas las promesas que había hecho y los rostros de todos sus amigos.
El deseo de haber abrazado a su madre una vez más y un dolor imaginario perforándole en distintas partes del cuerpo… pero era sólo eso; imaginario.
En un instante Tony supo que el disparo no había dado con él, ni con David, ni mucho menos con Ariana. Ashley se veía aterrorizada, pero no porque algo le hubiese pasado a ella.
Javier se desplomó.
Tony, incrédulo, caminó hasta su cadáver y se percató de inmediato de que tenía un agujero de bala a un lado de la cabeza. Sus sesos desperdigados por el suelo le causaron arcadas y dudó si algún día recuperaría el apetito.
Miró a su izquierda y supo de una vez de dónde había provenido el disparo que había acabado con el demente chico. 
Quedó completamente atónito al ver a quien menos esperaba ver, sosteniendo un arma con una mano mientras que con la otra se sujetaba el abdomen.
—Te dije que ese chico no me daba buena espina. Deberías empezar a escucharme, torpe.

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