30: "Nivel dos"

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Tony se sentó en el suelo, esperando a que su pulso se normalizara de nuevo.
—Quiten esa cara —dijo Cris al ver que todos estaban igual de sorprendidos—. Aun no estaba totalmente muerto como para que se sorprendan tanto.
—La próxima vez haz algo distinto, ¡pudiste haberme matado! —dijo Ashley.
—También estoy feliz de verte —respondió Cris. Luego fijo su mirada en Ariana y antes de que pudiera preguntar, Tony dijo:
—Se llama Ariana. Ashley y yo la encontramos en el piso anterior. 
—Hola, amiguita —le dijo Cris con una mueca graciosa. Sin embargo, Ariana no rió.
—Ahora, ¿cómo se supone que nos encontraste? —Preguntó David.
—Hace rato que desperté. Alex me ayudaba a caminar, y cuando le dije que había visto a Javier bajar, no me creyeron, por lo que me separé de ellos —Cris señaló al techo—. Todos los demás están en los pisos superiores.
—Subamos —dijo Tony—. Es en el último piso donde está la gente que buscamos —dijo Tony.
—¿Cómo lo sabes?
—No lo digo yo, lo dice Ariana, ¿verdad?
Ariana asintió.
—¿Qué haremos con este? —Preguntó David.
—Pues dejarlo ahí, ¿qué esperabas? —Respondió Cris.
Nadie opinó. Ashley no dejaba que Ariana mirara el cadáver de Javier.
Todos subieron en silencio.
Tony estaba aliviado, pero sin embargo, no estaba tranquilo. No porque le hubiese afectado la muerte de Javier, sino por todo lo contrario; porque no le había afectado en lo absoluto.
Justo antes de que muriera, sentía que no quería que sucediera, y cuando ya había sucedido, no sintió remordimiento alguno. ¿Le estaba pasando algo malo? ¿Era todo una consecuencia de la contaminación del odio y la sed de venganza?
No quería volverse un monstruo sin sentimientos. Esa idea le aterraba.
—¡Ahí están! —Oyó de pronto, y se sobresaltó.
Estaban caminando por un largo pasillo del cuarto piso de la base y él ni siquiera había reparado en ello. Scott se acercaba desde el otro extremo del pasillo.
—Disparos, disparos, disparos y más disparos —decía Scott, que a estaba a un par de metros. El resto del grupo empezaba a saltar a la vista al doblar en el recodo del que provenía Scott—. Separarnos fue una idea increíblemente ridícula —Tony se sintió bien de que alguien se hubiera dado cuenta de ello— ¿Alguna novedad?
—Ah, sí —dijo David de inmediato—; encontramos a Javier.
—¿Dónde está? —preguntó Alba, con cara que era mezcla de sorpresa, preocupación y ansiedad.
Todos se quedaron en silencio, pero Cris, sin ningún tipo de sutileza dijo:
—Lo maté.
Alba palideció. Todos los demás quedaron algo impactados. Ashley fulminó a Cris con la mirada.
—Estaba enloqueciendo. Quería matarnos —dijo Ashley, acercándose a Alba para consolarla—. Ya no había nada qué hacer.
Alba dio un manotazo a Ashley justo cuando esta iba a sujetarla y se marchó corriendo con lágrimas en los ojos. Cris bufó y la siguió.
—Quiero que apartes un poco a Ariana, luego te contaré a ti lo que hablaré con ellos —le pidió Tony a Ashley. Ella aceptó, y se llevó a Ariana a unos cuantos metros lejos del grupo.
—Supongo que ahora nos explicarás de dónde salió esa niña —saltó Fran mucho antes de que Tony tuviera oportunidad de hablar.
—Sí, justo eso quería hacer.
Tony contó cómo la habían encontrado, contó el relato de Ariana acerca de su llegada a la base de pruebas, sus sospechas de que Ariana podría ser importante y sobre todo, contó a sus amigos que la gente subía siempre hasta el último piso.
—¿Qué importancia podría tener para la OMSA? Es sólo una niña pequeña —opinó Daniel.
—La OMSA antigua busca la Colisión, ¿cierto? Están locos de remate. Quién sabe por qué la quieran —añadió Ángeles.
—Yo no creo que sea importante —dijo Gwen.
—¿Tú qué crees, Samuel?
Tony vio a Samuel con la mirada perdida.
—¿Samuel?
De inmediato respondió nerviosamente, y Tony notó que no estaba con la mirada perdida; había estado mirando a Ariana.
—N-no lo sé. No sabría decir si es importante o no. Quién sabe. Igual deberíamos llevarla con nosotros. Es demasiado pequeña para valerse por sí misma en un lugar así.
Tony notó algo extraño en el habla de su hermano.
—Es peligroso llevarla —dijo Fran—. No estamos jugando con muñecas, estamos matando gente.
—¿Y es menos peligroso dejarla aquí? —Reaccionó Gwen—. Mira, mira, estoy convencida de que no es importante, pero sigue siendo un ser humano, ¡y es apenas una niña! Si tú no quieres llevarla porque no estamos “jugando con muñecas” —Gwen hizo una mueca y dibujó comillas en el aire con los dedos— entonces eres tú quien debería quedarse aquí.
—Cuida tu boca, niña —respondió Fran.
—¡¿Disculpaaa?! —Reaccionó Gwen.
Tony pudo sentir la tensión del ambiente.
Samuel se interpuso en medio de ambos.
—Okey, okey. Ya fue suficiente. Ariana va con nosotros —dijo Samuel.
—Al fin y al cabo no era algo que debía someterse a votaciones. Creyesen lo que creyesen, Ariana vendría de todas formas —dijo Tony.
—Bueno, ¿nos vamos? —Preguntó Samuel.
—Aún no —respondió Gwen—. Aún faltan Cris y Alba.
—Entonces que alguien vaya a buscarlos.
—Jim y Tony irán —dijo David de golpe. Tony lo miró con severidad y este esbozo una sonrisa burlona.
—Está bien —dijo Tony— Ariana, se queda con Ashley.
Tony y Jim se encaminaron por el pasillo por donde se habían perdido Alba y Cris.
—Deberíamos dejar de separarnos tanto —dijo él.
—¿Hablas de nosotros dos, o del grupo en general? —Le respondió ella con una sonrisa.
—Hablo de cualquier separación que implique posibilidades de morir.
—Es muy poco probable que alguien muera. Estamos bien preparados para todo esto.
—Yo no diría que estoy muy preparado para separarme de ti.
—No hablaba de ese tipo de separaciones.
Tony iba a decir algo más, pero divisó movimiento al final del pasillo por el que caminaban.
—¿Viste eso?
—Sí —afirmó—. ¡Cris, Alba!
Nadie acudió.
Ambos corrieron, y al doblar en el recodo divisaron a Cris corriendo… pero sólo a Cris.
—¡Ey! —Gritó Tony. Cris se detuvo y ellos tuvieron oportunidad de acercarse.
—¿Dónde está ella? —Preguntó Jim.
—¡No lo sé, no la encuentro! 
Casi por instinto, los tres echaron a correr por los pasillos de todo el piso, sin encontrar un solo indicio.
—Increíble —se quejó Tony—, un problema tras otro. 
Jim estaba a punto de decir algo, tal vez acerca de su actitud pesimista, pero oyeron una ráfaga de disparos, demasiado nítida y cercana.
—¡Debe ser ella! —Exclamó Cris y corrió como un demente.
Tony y Jim lo siguieron.
Correr por los pasillos de baldosas resbaladizas era más difícil de lo que parecía. Tony se esforzaba para no caer.
Cris se detuvo en seco inesperadamente, Tony y Jim lo imitaron. No porque hubieran decidido detenerse porque sí, sino porque la escena era tan difícil de digerir, que se robaba toda la atención de sus cerebros.
Alba atacaba frenéticamente a un irradiado que parecía estar más mutado de lo que ya habían visto antes.
Medía unos tres metros de altura y estaba bastante hinchado, tanto que daba la impresión de que podía explotar en cualquier momento. De su espalda brotaban muchísimos tentáculos, con púas sobresalientes de cada uno.
—¡Alba, sal de ahí! —Gritó Jim, justo cuando Tony y ella alzaban sus armas.
—¡No le afectan! —Gritó ella, esquivando las púas y los manotazos del monstruo— ¡Los disparos no le afectan!
Tony no supo cómo podría ser posible algo como eso.
—Eso lo veremos —dijo Cris.
Apuntó su rifle directamente a la cabeza del irradiado. Liberó varias ráfagas de disparos, pero este ni siquiera sangró. No le afectaron en nada.
Tony pudo observar que Alba sí le hacía heridas pequeñas con los cuchillos que llevaba.
—¡¿No le afectan las balas pero los cuchillos sí?!
Cris tiró a un lado su arma, se descolgó la mochila y mientras buscaba algo, Tony alcanzó a oírlo murmurar “Y todos me decían loco por traer esto”. De su mochila sacó un objeto largo y negro. Lo sujetó por uno de los extremos, y tras mirar el logo de la OMSA grabado en él, fue que Tony se percató de que se trataba de una especie de espada.
—Bueno, a hacerlo a la antigüita —dijo Cris luego de un bufido—. Con una espada, y máximo esfuerzo.
Tony no estaba seguro de dónde había escuchado una frase similar.
Cris corrió, aparentemente ignorando por completo el peligro que significaba acercarse a un irradiado como ese.
Piensa en algo, piensa en algo, piensa en algo —se decía a sí mismo—. ¡Demonios, Tony, piensa en algo!
Cuando Cris estuvo suficientemente cerca, el irradiado le atacó con uno de los tentáculos. Éste describió un arco en el aire con el arma, y la púa del extremo del tentáculo fue a parar del otro lado del pasillo, dejando un gran rastro de putria por toda su trayectoria sobre las baldosas.
—¡Lárgate! —Le dijo Cris a Alba, poniéndose delante de ella en el momento justo para bloquear otro ataque del irradiado.
—¡Igual tenemos que matarlo, no me voy a mover de aquí! —Le respondió ella.
Cris pareció irritado, y lanzándose contra el monstruo con toda aquella ira, hundió toda la espada en su cuerpo. La criatura chilló tan fuerte que a Tony le dolieron los oídos. Cris retiró la espada para esquivar los ataques ahora más violentos del irradiado, y Tony vio con claridad cómo la herida volvía a cerrarse luego de unos segundos.
—¡Ya sé! —Pensó, victorioso.
Se descolgó la mochila, y mientras buscaba en ella gritó:
—¡Cris, hay que hacerlo explotar!
—¡¿Todo lo resuelves con explosiones, Tony?! —Exclamó como respuesta.
—¡Cuidado! —Gritó Jim.
El monstruo lanzó un manotazo a Alba. Ésta puso ambas manos al frente, y sus cuchillos quedaron incrustados en la palma del irradiado. Cris se apresuró, y con un solo corte hizo que la mano entera de la criatura cayera lanzando chorros de putria a más no poder.
Tony ya casi no soportaba el olor.
—Suficiente, me harté —dijo Jim, mientras se amarraba el cabello—. La tomaré prestada —añadió, llevándose el hacha de Tony.
Tony continuó preparando los explosivos, mientras Jim corría, sumándose al ataque contra el irradiado.
—¡¿Qué se supone que haremos?! —Preguntó Cris, mientras observaba sorprendido cómo las heridas del irradiado sanaban.
—¡En cuanto esté herido, le pondremos el explosivo dentro! —Contó Tony por fin.
Se levantó con el explosivo en las manos, dispuesto a acercarse por fin, pero algo pasó.
Un grito de dolor. Dos gritos de horror. Mucha sangre.
Una de las púas del monstruo atravesaba el pecho de alguien. Tony se quedó paralizado.
El tentáculo se sacudió, sacudiendo también el cuerpo de la persona que había sido herida.  Luego la lanzó violentamente a lo largo de todo el pasillo.
El cuerpo se deslizó sobre las baldosas, dejando sangre a raudales a su paso, y fue a parar a los pies de Tony.
Los ojos de Alba habían quedado con la misma expresión de terror que habría tenido justo antes de morir atravesada por la púa.
Ahora Jim corría de vuelta.
Cris descargaba su arma sobre el monstruo utilizando la ira como combustible.
Tony no era capaz de moverse.
—¡¿Qué rayos es esa cosa?! —Escucharon gritar a alguien desde atrás.
Todos habían llegado por fin a la escena. Algunos se acercaban.
—¡No disparen, las balas no lo dañan! —Gritó Jim, mientras arrastraba el cadáver de Alba.
Tony sentía que no podía seguir soportando aquello.
Había sido culpa suya. Lo sabía.
Las lágrimas escapaban de sus ojos, pero no era sólo por tristeza o dolor… eran lágrimas de ira. Ira hacia sí mismo por no haber actuado a tiempo, por haber permitido que muriera, por no haber sido capaz de moverse con más rapidez, por haber sido tan idiota.
Casi con completa claridad, podía volver a escuchar a Javier escupiéndole “¡Tú eres un idiota, Tony!” una vez más.
Sintió una explosión de odio creciendo desde su estómago hasta su garganta.
—¡¡Jim!!
Ella volteó a mirarlo, y Tony alzó la mano. Jim entendió de inmediato y le lanzó el hacha. Éste la atrapó sin complicaciones. Echó a correr hacia el monstruo, sin el más mínimo miedo a morir.
—¡¡Cris!!
El chico volteó. Tony estaba bastante cerca.
Cris se hizo a un lado, y Tony le lanzó el explosivo. Justo cuando lo atrapaba, Tony estaba saltando hacia el irradiado.
Clavó el hacha en lo que sería su pecho. El monstruo chillo una vez más.
—¡¡Ahora, rápido!!
Cris hundió su espada por completo en uno de los costados de la criatura. La retiró y casi de inmediato, introdujo el brazo entero con el que sostenía el explosivo.
Entonces, Tony apoyó ambos pies sobre el cuerpo del monstruo, sujetó con fuerza su hacha y se impulsó hacia atrás. El hacha cedió y Tony salió disparado un par de metros de distancia del irradiado, cayendo de espaldas contra las baldosas.
El monstruo parecía no tener muchas intenciones de atacar. Sólo se quejaba sonoramente.
Cris lo halaba con el brazo lleno de putria.
—¡Levántate, ¿qué esperas?!
Se esforzó por no resbalar por tanta sangre y putria y ambos corrieron en dirección opuesta por el pasillo. Tony buscaba el detonador por todo su cuerpo pero no lo conseguía.
—¡No sé dónde lo dejé!
—¡Ay, no me jodas!
Levantó la mirada y lo vio sobre la mochila en el mismo lugar donde la había dejado.
—¡No puede ser, viene tras nosotros! —Dijo Cris.
El irradiado se acercaba con una velocidad que no era propia de su hinchado y poco atlético cuerpo.
Tony tomó la mochila, el detonador y continuó su carrera. El resto del grupo los esperaba al final del pasillo.
Faltaba poco. El irradiado estaba muy cerca. No sabía si iban más rápido sus piernas o sus latidos cardiacos.
Justo en cuanto doblaron, Tony presionó el detonador. El estruendoso sonido de la explosión, el mal olor, y la gran cantidad de putria que había ahora por todas las paredes del pasillo del que provenían, dejaba en evidencia que la idea había funcionado.
Tony se dejó caer. Miró la putria que había por las paredes, el techo, el suelo e incluso unas cuantas salpicaduras sobre su ropa, y recostó la cabeza.
—Limpieza… en el piso cuatro… por favor.
Quería recuperar el aliento, pero no quería levantarse. Se sentía mal.
El llanto de sus amigos por la muerte de Alba lo hacía sentir mucho peor.
Ashley no dejaba que Ariana mirase. Fran, Daniel y Samuel estaban apartados.
Tony sintió cómo la tristeza le invadía, como millones de insectos que devoraban sus órganos internos.
Cris estaba de rodillas junto a su cadáver. Sus lágrimas eran silenciosas. Se deslizaban por sus sucias y heridas mejillas, y nada más. Sus ojos la miraban fijamente.
—Maldita OMSA —musitó, con más serenidad de la que Tony podría creer posible.
Se le acercó, pasó una mano sobre sus párpados para cerrarlos y luego dijo:
—Perdóname.
Tony podía escucharlo, por estar todavía tirado en el suelo.
—Ni siquiera debí haberte dejado venir. Fui un novio pésimo.
—Tenemos que continuar —dijo Samuel, todavía sin moverse de donde estaba.
Tony sintió rabia hacia Samuel una vez más. ¿Por qué tenía que ser tan insensible?
Sin embargo, Cris se levantó, y echó a caminar en dirección opuesta.
Scott se acercó a Tony y lo ayudó a levantarse.
—Apestas a putria —le dijo.
Mientras todo el grupo se alejaba, Tony se preguntaba si el rumbo de la línea en realidad marchaba como tenía que marchar, y si él estaba obrando como tenía que obrar, porque lo incierto iba ganando, y con ventaja.

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