31: Al último piso

Programa Explorer

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Cris caminaba solo, varios metros por delante del resto del grupo. David había dedicado los últimos diez minutos a intentar hablar con él, pero era totalmente en vano.
Scott permanecía callado a su lado, Gwen y Jim caminaban juntas, Zoe y Sara se turnaban para ayudar a Ángeles —que estaba empezando a debilitarse—, Ashley llevaba a Ariana de la mano, Fran estaba apartado, Daniel y Samuel iban como planeando algo, y Alex estaba por detrás de ellos, como tratando de escuchar.
Tras otros cinco silenciosos minutos, encontraron la puerta que daba acceso a las escaleras. La atravesaron sin mediar palabras, y comenzaron a subir, sin interrumpir la sequía de conversaciones.
A Tony le dolían las piernas.
Se sentía como en educación física, en el colegio, cuando el entrenador les ordenaba subir corriendo las gradas de la cancha de futbol; a pesar de que no las subían corriendo, eran tantas que le agotaron de la misma forma.
Estuvieron frente a la puerta que conectaba las escaleras con el interior del último piso, y Samuel les ordenó que aguardaran. Con la voz por lo bajo, Samuel dijo:
—Que quede claro de una vez, por Dios, que no vamos a entrar al lugar disparando como locos; sólo mataremos a los necesarios, y a los demás les sacaremos información. Tal vez podríamos averiguar qué significa Ariana para ellos.
—Hablando de Ariana… —dijo Ashley. Tony volteó a mirar inmediatamente—, creo que debería quedarse aquí fuera. O sea, no quiero que presencie… todo eso.
Tony estaba a punto de apoyarla cuando…
—Tampoco es buena idea que Ángeles entre —dijo Scott—.  Mírenla.
Ángeles estaba apoyada de Scott, con la mirada fija hacia el suelo. Trató de hacer una seña, pero se rindió a mitad del intento.
—Bueno —dijo Samuel—, alguien se tendrá que quedar aquí con ellas dos.
—Yo lo haré —se ofreció Jim, muchísimo antes de que Tony pudiera siquiera decir algo.
Hubo una muy clara razón por la que Tony, a pesar de no querer que ella se quedase sola, no protestó, aceptando que Jim ocupara ese lugar; no quería parecer el chico pesado que siempre quiere estar defendiendo y protegiendo a su chica, es decir, si por el fuera y si la situación lo ameritase lo haría, pero estaba más que claro que Jim sabría cuidarse por sí misma.
Scott dejó a Ángeles recostada de una pared. Tony miró a la pequeña Ariana, que seguía tomada de la mano de Ashley unos cuantos escalones más abajo, e inmediatamente notó su expresión… tal vez de temor.
Se le acercó, se agachó a su altura, y le dijo:
—¿Te pasa algo? —Ariana negó con la cabeza. Ashley también se agachó junto a ella— Dime la verdad —insistió.
—Tony… No quiero que me dejen aquí.
—¿Por qué no? Vas a estar bien. Todos queremos protegerte.
—No todos —dijo la niña, con la mirada fija en algo.
Tony se fijó en qué era lo que observaba, y se percató de que tenía los ojos sobre Fran, obviamente refiriéndose a él.
Tony tragó saliva. A pesar de todo, aparentemente Ariana había oído la conversación.
—Bueno, pero igual lo haremos, igual te protegeremos.
La niña cerró los ojos. Se pasó ambas manos por el cabello, y luego, con una voz muy débil y casi quebradiza dijo:
—Tengo… mucho… miedo.
Tony y Ashley se miraron mutuamente.
—Oye, está bien tener miedo, es normal —dijo Ashley—, pero no te vamos a dejar sola, estarás con Jim, ella va a cuidar de ti igual que nosotros.
—¿Sabes lo que es el miedo? —Ariana negó con la cabeza—. Es la respuesta natural ante lo desconocido, pero no por eso tiene que dominarnos. No se trata de dejar de sentir miedo para hacer las cosas, sino de aprender a hacer las cosas sin dejar de sentirlo.
Ariana se quedó pensativa. Pareció entenderlo.
—Ven conmigo —dijo Tony, poniéndose de pie nuevamente—. Te llevaré con Jim.
Tony le extendió la mano y ella la tomó. Subieron las escaleras hasta donde estaba Jim tratando de hablar con Ángeles.
—Ella es Jim. Ella va a cuidarte mientras nosotros... hablamos con las personas que estén aquí —dijo Tony.
—Sé lo que harán a esas personas —dijo Ariana, dejándolos aturdidos a ambos.
—Hola, Ariana —dijo Jim lanzándole una sonrisa, y obviamente, tratando de no prestar atención al comentario anterior—. Yo voy a estar contigo todo el tiempo, ¿sí?
—¿Lo ves?
Ariana pareció aceptarlo por fin, y el temor desapareció completamente de su mirada.
Todos se veían muy ocupados preparando sus armas, y Samuel estaba lo suficientemente distraído hablando con Daniel.
Entonces, Tony se llevó a Jim a un lugar lo suficientemente apartado para poder hablarle con total tranquilidad.
—¿Pasa algo? —Preguntó ella.
—Quería hablarte de Ariana —inició—. Esta niña… tiene algo que ver con todo. Lo sé.
—¿A qué te refieres? —Inquirió Jim.
—A todo esto, Jim. La OMSA, el Programa, el Nuevo Mundo…
—Tony, mírala bien. Es sólo una niña. ¿Cómo podría estar relacionada con cosas como estas?
—No lo sé, pero tampoco sé por qué le borrarían la memoria a una pequeña, ni por qué la tendrían escoltada.
—El borrado de memoria es sólo una conjetura, Tony —dijo Jim. Parecía querer hacerle cambiar de parecer.
—A duras penas puede recordar el nombre de su padre, Jim, y este edificio es lo único que recuerda. Es como si no hubiera vivido nada fuera de los muros de este mugroso hospital —Tony suspiró—. Tú no me crees, ¿verdad?
—Sí, claro que te creo, pero… es que es muy poco probable.
—Bien —dijo Tony, tratando de salir de una vez por todas del tema—. Olvídalo, sólo… cuida bien de ella, porque aunque no signifique nada para la OMSA como piensan todos ustedes, significa mucho para mí ahora.
—Estaremos bien —le respondió ella, a secas.
Tony sólo se dio media vuelta, y se apartó de ella para prepararse.
Mientras preparaba su arma, sus explosivos y fijaba bien el hacha de su mochila, no pudo evitar sentirse tan ignorado.
Con que lo oyeran al menos, bastaría. Con que sencillamente lo considerasen una posibilidad, y tomaran en cuenta que podrían descubrir algo valioso con ello, sería suficiente, pero no.
El único que parecía creer que Ariana podría significar algo, era Samuel, y él se estaba comportando de una manera tan insensible e insoportable, que a Tony le daría igual si él pensara lo contrario. En realidad, lo que le afectó fue que Jim no le creyera.
Ya estaba acostumbrado a ser llamado conspiranoico por Gwen, a que Scott le dijera que estaba exagerando las cosas cada vez que hablaba  sobre los desastres naturales, a que Cris y David ni siquiera le prestasen atención cuando tocaba ese tipo de temas, pero a lo que no estaba acostumbrado era a que lo ignoraran de esa forma.
Y justamente cuando pensaba que Jim le oía y le servía como apoyo cuando todos los demás decidieran apartarse, ella también estaba dudando de él.
Tony decidió bloquear sus pensamientos justo cuando Cris se sentaba frente a él para limpiar la espada que había usado contra el irradiado.
—¿Cómo te sientes? —Preguntó Tony, algo dudoso.
—No quiero recordarlo —le respondió—. Quiero centrarme en lo que debemos hacer aquí y nada más. Si sigo pensando en ello acabaré bajando las escaleras y besando su cadáver. No vuelvas a preguntarme por el asunto, por favor.
Tony estuvo a punto de decir otra cosa, para desviar la conversación, pero Scott dijo:
—Ya vámonos.
Todos asistieron. Pasaron a través de la puerta que separaba las escaleras del último piso en menos de cinco segundos y la volvieron a cerrar.  
El lugar se encontraba totalmente iluminado, no había cadáveres, ni mal olor ni mucho menos algún tipo de desorden.
Caminaron lentamente por precaución. Al doblar por el primer pasillo, Tony vio a alguien de espaldas, era un hombre.
No se veía como un irradiado, debía ser un resistente. Tampoco parecía estar armado.
Samuel hizo señas para que nadie intentase nada, y comenzó a acercarse al sujeto en silencio, tal vez para inmovilizarlo o tomarle como rehén, pero…
—¡Quieto! —Gritó Fran.
El sujeto volteó a mirar.
—¡Fran, idiota! —Reaccionó Samuel.
—¡Ya están aquí! —Gritó el hombre, como tratando de alertar a alguien más— ¡Los explorers! ¡Ya nos encontraron!
El sujeto echó a correr por el pasillo sin dejar de gritar.
Todos se quedaron paralizados. Nadie parecía saber qué hacer, pero justo cuando Samuel iba a correr tras el hombre, tres disparos rasgaron el aire.
Las tres balas dieron con la espalda del hombre mientras corría, y este no tardó un segundo más en caer al suelo sin vida.
Tony volvió su mirada, y vio a Fran con la pistola en alto, dando respuesta a quienes se preguntasen quién había disparado.
—¡¿Qué demonios te sucede?! —Le espetó Samuel al mismo tiempo que le quitaba la pistola de las manos.
—¿Y crees que tu idea era mejor? ¡Por favor, Samuel! ¡Este lugar es matar o morir!
Tony estaba seguro de que Samuel estaba a punto de golpear a Fran; se le enrojecieron hasta las orejas, apretó la mandíbula y los puños. Eran señales de que lo golpearía
Lo sabía. Lo haría. Sólo necesitaba un instante más… pero en un instante más, sucedió otra cosa.
Cinco guardias doblaron por el pasillo quedando de cara a ellos.
—¡Cooperen o mue… —iba a gritar uno de los guardias.
Y digo que iba, porque no pudo terminar su frase.
Cris liberó una ráfaga de balas que acabó con la vida de los cinco en segundos.
—Esto se salió de control —dijo Daniel— ¿Y ahora, Samuel?
Samuel se apartó de Fran. Miró a su alrededor. Parecía querer establecer una nueva estrategia, y estaba a punto de decir algo cuando un numeroso grupo de agentes se unía a la escena desde distintos lugares.
Samuel tomó su arma y todos lo imitaron. Esa corta fracción de tiempo fue suficiente para que, en lugar de decir su seguramente muy complicada estrategia, gritara:
—¡Improvisen!
Y las balas empezaron a rasgar el aire.
Tony sintió temor; una de sus amigas ya no estaba, y desde que eso había sucedido fue que notó lo fácil que puede llegar la muerte. Un momento están a tu lado, y al otro ya ni siquiera respiran.
De ahí en adelante fue que pudo darse cuenta de que lo único que se necesita para morir, es estar vivo.

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