32: La fórmula

Programa Explorer

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Las balas iban y venían. Tony creía nunca haber visto tan elevado número de agentes.
Corría de un lado a otro cubriéndose detrás de escritorios y archiveros destrozados, y disparando ráfagas antes de cambiarse de escondite.
Las baldosas seguían siendo igual de resbaladizas. Tony se desplazaba rápidamente por un pasillo por donde había visto a una horda de agentes. Recargaba su arma sobre la carrera.
Dobló con el arma en ristre, y se encontró con la misma cantidad de agentes que había visto, pero estaban de cara hacia él.
—¡Joder! —Dejó escapar.
Una lluvia de balas se liberó en su contra, pero gracias a los cielos tuvo tiempo de saltar al otro lado del pasillo. Trataba de espiar, pero a duras penas tenía tiempo de asomar el arma y hacer algunos disparos antes de ser atacado.
—¡Necesitamos una Ángeles! —Escuchó Tony, sin siquiera entender, ni saber quién lo había dicho.
—¡¿Qué?!
—¡Que necesitamos a una Ángeles!
En ese momento vio a David, oculto tras una planta decorativa del otro lado del pasillo, soltando disparos hacia un recodo que Tony no alcanzaba a ver.
—¡¿Una Ángeles?!
—¡Sí! —Afirmaba David—. Es la única que tiene granadas, ¿no?
Entonces, Tony recordó cómo Ángeles había utilizados granadas en distintas ocasiones, y lo mucho que había ayudado.
Se descolgó la mochila, sacó un par de granadas, y tras lanzarle una a David, quitó el seguro de la otra y la tiró por el pasillo al que había estado disparando, casi al mismo tiempo en que David lo hacía con el pasillo del que provenía.
Ambas detonaciones fueron ensordecedoras. Tony no tardó en asomarse, pero todos los agentes habían acabado muertos.
David le hizo señas, y luego de recoger su mochila, Tony y él corrieron en busca de más agentes por eliminar.
Aún podían oír detonaciones, pero no encontraban agentes.
El lugar que, hacía unos minutos era sereno y limpio, ahora estaba convertido en un sumidero de sangre y cadáveres.
—Ya no se oye nada —dijo David, y era cierto.
Corrieron al lugar en el que había comenzado el enfrentamiento, y allí encontraron a varios de sus amigos; Ashley, Samuel y Gwen caminaban entre los cadáveres.
—¿Ganamos? —Preguntó David.
—Pues así parece —aseguró Gwen—, pues no creo que haya más agentes. Dios, no sé de dónde salen tantos.
Continuaron. Doblaron en un par de pasillos más y encontraron a Scott y Cris registrando los cadáveres en busca de municiones. Más adelante estaban Daniel y Fran abriendo las puertas aseguradas y registrando las habitaciones, y un poco más allá estaban Alex, Zoe y Sara, que al parecer llevaban un rato en busca del grupo.
—¿Han encontrado algo? —Preguntó Tony.
—Sólo habitaciones vacías —respondió Daniel, meneando la cabeza—. Es como si supieran que veníamos y hubieran ocultado todo.
—Bueno, entonces no pongan tanto empeño. Sólo den una vuelta e iremos a la próxima —dijo Samuel.
—¡Aún tiene que haber alguien, fíjense bien!—Gritó Fran.
—¿No viste a cuánta gente matamos? —Intervino Daniel—. Samuel dijo que diéramos una vuelta, si encuentras a alguien, mátalo y asunto resuelto, y tú no eres quien da órdenes, no tienes que estar gritando a todo el que se te atraviese, a alguien podría no gustarle y darte tu merecido.
—¿Estás amenazándome?
Fran dio un par de pasos al frente y encaró a Daniel. Ambos eran muy altos y corpulentos, no apetecía meterse en una pelea entre esos dos.
—¡Cállense ambos! —Les gritó Samuel apartándolos uno lejos del otro, demostrando que él si se atrevía a meterse—. Lo menos que necesitamos ahora son conflictos entre nosotros. Es cierto que este tipo tiene rato portándose extraño pero no voy a permitir que se peleen como niños mientras perdemos el tiempo.
Fran bufó y se dio vuelta.
A Tony le parecía muy extraño todo; podría ser que la radiación estuviera afectando la mente a Fran, pero él no había quedado inconsciente como Javier.
¿Tal vez afectaba a todos de forma distinta?  
No lo sabía. Sólo era otra pregunta que resonaría en su mente durante las próximas horas y le causaría más dolores de cabeza.
Se dispersaron para, como dijo Samuel, “dar una vuelta”. Sara iba con Tony.
—¿Tú crees que haya algo más? —Le preguntó ella.
—Bueno… no creo que hayan puesto a tantos agentes aquí para nada.
—Pues… tiene sentido para mí.
Por primera vez en mucho rato, alguien le creía.
—Y si alguien se escondió, definitivamente fue por aquí —añadió Sara.
Habían llegado a un pasillo que no tenía cadáveres. Tenía forma semicircular, con ventanas del lado derecho. Había tres puertas del lado izquierda antes de que el pasillo finalizase.
—Tenemos que ir por los demás —dijo Tony.
—Sencillo —Sara liberó dos disparos hacia el techo—. Ya vendrán.
Ambos se acercaron a la primera puerta.
—Bueno, esto no lo podremos derribar ni en mil años —dijo ella.
Tony no necesitó preguntar para saber que ese comentario se debía a que la puerta no era una puerta común y corriente; era metálica, aparentemente con muchísimos mecanismos de seguridad que no podrían burlar con facilidad.
El resto del grupo no tardó en llegar, y tras mirar la puerta con algo de detenimiento, llegaron a la misma conclusión que Sara.
—Este panel de aquí debería abrirla —observó Zoe señalando un panel que había a un lado de la puerta.
—No, no es tan fácil, este es un lector de tarjetas —dijo Sara.
—Genial —soltó David—, ahora alguien tiene que volver y encontrar una tarjeta entre todo aquel montón de gente muerta.
—Tal vez no —dijo Gwen—. Todos los que enfrentamos eran sólo agentes, apuesto a que ninguno tendrá lo que necesitamos. El único que lucía distinto era al que vimos primero.
—Bueno, iré a buscarla —se ofreció Sara, y sin esperar aprobación alguna, se encaminó en busca de la supuesta tarjeta.
—Acompáñala —le ordenó Samuel a Scott, y este la siguió a paso veloz.
Tony estaba algo inquieto; la última vez que dos personas se separaron del grupo, uno de ellos había acabado muerto.
Sentía que algo no iba bien. Trataba de no pensar en ello, pero el presentimiento siempre volvía.
Se acercó a las ventanas que estaban del lado derecho del pasillo, y observó a través de ellas. Sentía que llevaba días sin mirar el exterior.
—Tienen que estar bromeando —soltó Tony al percatarse de lo que había en la lejanía. Los demás se acercaron.
Más o menos a unos dos kilómetros de distancia, el suelo árido y baldío se volvía arena que se extendía unos doscientos metros hasta juntarse con lo que Tony menos esperaba encontrarse: El mar.
El ambiente y la situación sólo le daban un aspecto frío y tenebroso, pero no quedaba duda de que era el mar, pues las olas acariciaban la arena de la orilla.
—Al menos los morks tienen una linda playa —dijo David, pero casi nadie rió.
—La encontramos —escucharon decir a Sara.
Todos se volvieron a mirarla. Sara venía mostrando su mano izquierda en la que llevaba una tarjeta muy parecida a una identificación.
—¿Hubo algún problema?
—Nada fuera de lo común.
Se acercó a la puerta y puso la tarjeta sobre el lector. El panel emitió una luz verde y la puerta empezó a correrse al lado derecho.
El interior se iluminó de inmediato.
Se encontraron con una habitación bastante amplia y ordenada. Era muy parecida a aquella en la que habían visto al primer irradiado en la base central la noche del escape.
También había una cabina muy parecida a la que se encontraron en aquella habitación.
Tony se acercó al panel que parecía controlarla. Tony tecleó hasta que una extraña luz roja se encendió en el interior, y sin lugar a dudas era la misma luz roja que vieron en las lámparas del departamento de pruebas de radiación NW.
Esto emite radiación NW —pensó Tony—. Así crearon a aquel irradiado en la base.
—Miren esto —dijo Ashley llamando su atención.
Sostenía una hoja de papel con algo escrito a mano. Lo leyó en voz alta:
Richard, me emociona informarte que el irradiado de nivel dos ha sido un completo éxito. Justo como pediste, las balas comunes no pueden hacerle daño, y tiene un factor de regeneración excepcional.
He hecho que se ocupe de los chicos que escoltaban a los proyectos, Ariana y Denise, ya que los que no fueron transformados, querían volverse en nuestra contra.
También te aviso que Denise está actuando de manera extraña desde el borrado de memoria.Te avisaré de cualquier otra novedad.
Albert
—Nombran a Ariana y a otra niña... ¡Y sí les borraron la memoria! —Exclamó Ashley.
Sin embargo, Tony no había terminado de procesar toda la información; recordó la nota que tenía uno de los monitores, que decía que se habían encargado de que “los proyectos fuesen escoltados como se debe”, y en esta nota nombraban a Ariana y a otra niña llamada Denise como, “los proyectos”. Si Richard sabía de la existencia de Ariana, quería decir que sí era importante como Tony había supuesto, y además confirmaban sus sospechas del borrado de memoria.
También hablaba de “los chicos que escoltaban a los proyectos” como “los que no fueron transformados”. Eso daba explicación al cadáver y al irradiado que llevaban uniformes muy parecidos a los que vestían ellos; La OMSA antigua había llevado a otros chicos al Nuevo Mundo a que protegieran a los proyectos, pero estos quisieron rebelarse a sus jefes, y acabaron muertos.
Ahora podía entenderlo todo.
Pero esa firma… Albert… De algo le sonaba…
A Tony se le vino a la mente la conversación que tuvo con Ariana referente a cómo había sido su llegada al Nuevo Mundo…
Ariana sólo recordaba a su padre, y dijo que su padre se llamaba Albert.
Entonces el padre de Ariana, encima de ser miembro de la OMSA antigua, conocía a Richard, y ella era alguna especie de proyecto importante para ellos. Ya no había dudas.
Sin embargo, Ariana no mencionó a ninguna Denise.
—Nos... observan —dijo Cris atemorizado, interrumpiendo el análisis de Tony—. De alguna manera nos observan.
—¿De qué hablas? —Preguntó Tony. Cris le entregó una fotografía en la que se veían ellos mientras se defendían de los morks.
—Definitivamente tiene que haber más gente aquí, y Ariana ha de ser muy importante —dijo Gwen, admitiendo por fin que Tony tenía razón.
—Hay dos puertas más. Vamos por la siguiente —dijo Sara.
Todos salieron rápidamente, y Sara abrió la puerta de la misma manera que la anterior.
Entraron en fila. Esta vez no se encendió ninguna luz, por lo que tuvieron que iluminar cada uno por su cuenta.
Tony no tardó darse cuenta en que…
—Aquí no hay nada.
Y era que literalmente no había nada. ¡Absolutamente nada! Sólo era una habitación de color blanco.
—Bueno… entonces a la siguiente —dijo Gwen.
Pero antes de que alguien pudiera salir, la puerta se cerró automáticamente.
—¡¿Pero qué...?!
Sara se acercó al panel que había por la parte interior, pero no podía abrirla.
—¡Maldita sea, nos atraparon! —Exclamó Fran.
Tony miraba a todas partes esperando que algo saltase de la nada y explicase la situación, hasta que…
—¡Miren, las rejillas de ventilación! —Exclamó Cris.
De las muy delgadas rejillas empezaba a colarse un extraño gas de color blanco.
Todos empezaban a entrar en pánico.
Cuando el gas se hubo esparcido por todo el aire de la habitación, y cuando ya no pudieron seguir evitando aspirarlo, todos comenzaban a caer, uno a uno.
Tony deseaba que sólo estuvieran inconscientes, y supo que era así, cuando él mismo se vio tendido en el suelo, luchando contra una somnolencia casi incontrolable.
No te duermas, no te duermas, no te duermas —se decía a sí mismo una y otra vez tratando de permanecer consciente de la situación.
Sus párpados parecían pesar más de lo habitual y sentía que casi no podía moverse.
Tony vagamente miró a su derecha; Alex y Daniel, totalmente dormidos.
A su izquierda; Scott zarandeaba con debilidad a Zoe, tratando de mantenerla despierta.
Apenas, pero pudo notar que la puerta volvía a abrirse. Quiso levantarse pero su propio cuerpo parecía ignorar sus órdenes. Entraron muchas personas, pero Tony estaba demasiado entorpecido como para distinguir cuántas eran.
Su percepción era demasiado imprecisa.
Aparentemente lo sujetaban entre varias personas, otra puerta se abría, muchas voces, muchas manos, muchos ojos.
Sintió un pinchazo, y casi dio un salto.
Estaba ahora atado a una silla, en una habitación completamente distinta a la anterior.
De inmediato pudo notar que el pinchazo que había sentido había sido una jeringa, y casi entra en pánico justo antes de que…
—No te angusties, Tony, sólo fue un poco de adrenalina —dijo un hombre. Tony creyó reconocer su voz.
Había aproximadamente quince personas yendo de un lado a otro. A su izquierda se encontraba Cris atado a una silla igual a la de él y a su derecha el resto de sus amigos.
—Cuánto me alegra verlos otra vez.
Era aquel hombre de la OMSA antigua, de cabello blanco y ojos claros, el mismo que dio la orden de que asesinasen a los vulnerables. El culpable de las muertes de Robert y Carol.
—¿Quién demonios es usted? —Escuchó decir a Samuel.
—Samuel —respondió el hombre—. Tu padre, Richard, me ha hablado mucho sobre ti. Él es muy amigo mío. Me resulta muy extraño que no sepas quién soy yo.
—Si te lo pregunté es porque no tengo idea, genio —Volvió a decir Samuel, aunque no con el mismo tono fuerte de siempre, esta vez sonó un poco nervioso.
El hombre observó a Samuel, como intentando leer su mente.
—Me llamo Albert.
Las alarmas se encendieron en la mente de Tony, aunque aún no podía controlar su cuerpo al cien por ciento.
Ahí estaba Albert, el padre de Ariana, el creador del irradiado que asesinó a Alba.
Tony estaba consciente de lo importante de la situación y se esforzaba concentrarse para no perderse ningún detalle, pero una pregunta muy interesante le azotó los pensamientos:
¿Cómo había llegado Albert a la base de pruebas sin tener que encarar antes a los morks? Y sin lugar a dudar tendría que haber hecho un trayecto muy largo al igual que ellos, y Albert no tenía pinta de haber caminado ni un kilómetro.
—¿Dónde está Richard? —Preguntó Samuel.
—Eso no debe preocuparles ya, aunque insisto en que deberías saberlo, Samuel —respondió Albert por encima del hombro.
Se encontraba a la izquierda de la habitación, frente una mesa preparando algo.
—Ustedes, los explorers, son las armas definitivas. Y vaya que son buenos, sobre todo los que hicieron frente al irradiado de nivel dos con el que los hicimos toparse, y cómo olvidar el encuentro con los fallos ¡Qué espectáculo! Lástima que no todos hayan salido ilesos de allí. En fin, todos tienen un potencial increíble, pero todos pueden mejorar.
Tony no sabía si había oído bien, pero había llamado «fallos» a los morks.
Sentía que estaban tratando de confundirlos con algún fin. La manera en la que Albert hablaba no era común.
Albert se volteó sujetando una jeringa que contenía un espeso líquido de color amarillo en el interior.
—Permítanme presentarles al futuro de la humanidad —dijo haciendo referencia a lo que fuera que sostenía en sus manos.
Tony tenía un muy mal presentimiento.
—Esta fórmula está creada para perfeccionar al ser humano, ¿cómo? A base del cruce de ADN de distintas especies.
—Ay, aquí va el científico loco —escucharon decir a Cris—. Mira, no sé si hayas visto alguna película en tu vida, pero esto nunca ha funcionado.
Albert pareció ignorar a Cris por completo, y continuó:
—Toda especie tiene cosas buenas, cosas que las hacen únicas, cosas… que deberían tener los humanos. Los lagartos pueden regenerar partes de su cuerpo, las hormigas pueden levantar hasta diez veces su propio peso, algunas aves tienen una visión extremadamente aguda, y otro centenar de características que no quiero dedicarme a nombrar.
Tony escuchaba a Albert, pero al mismo tiempo se dedicaba a buscar una manera de que salieran ilesos de aquel lío.
—Nuestros constantes intentos por alcanzar la perfección fueron los que dieron lugar a los fallos. Pero, evidentemente, nadie llega a la cima sin dar tropiezos.
—¿Entonces esto quieren? —Interrumpió Tony, tratando de ganar tiempo—. ¿Ese será el Nuevo Mundo que lograrán luego de la Colisión? ¿Quieren volver a los humanos que resten unos monstruos dementes?
—La fórmula original no afectará el racionamiento del individuo, sólo sus características y funciones biológicas, pero… esta no es la fórmula original. Esta se ha modificado para hacerlos completamente obedientes.
—¡¿Qué?!
 —Si no querían ayudarnos por la buena, entonces lo harán por la mala —finalizó Albert.
—¡No te me acerques! —Gritó Cris, estremeciéndose sobre la silla.
—Sujétenlo —ordenó Albert.
Entre dos personas le sujetaron la cabeza y Albert se colocó por detrás de Cris. Todos le gritaban que se detuviera.
Tony alcanzó a mirar como Albert posó la jeringa sobre el cuello de Cris y comenzó a inyectarle el líquido amarillo que ésta contenía.
Cris gritó como si estuviese siendo torturado, como si estuviese siendo sometido al peor dolor que podría experimentar un ser humano.
Albert volvió a la mesa en la que se encontraba antes.
El rostro del chico se enrojeció de una forma muy inusual.
—¡Cris! ¿Puedes oírme?
Pero Cris no dejaba de gritar. Se sacudía con una fuerza impresionante.
El pánico de Tony se multiplicó cuando se percató de que Albert se acercaba con una nueva jeringa, pero esta vez se dirigía a él.
—¡Detente de una vez!
Tony comenzó a sacudirse de un lado a otro, tratando de liberarse de alguna milagrosa forma, pero las mismas dos personas le sujetaron la cabeza.
Tony sintió el frio de la aguja en su cuello y un leve pinchazo.
Todos los acontecimientos pasaron por su cabeza de una forma extraordinariamente rápida; las notas que tenían los monitores, todo lo que le había dicho Ariana, la nota dirigida a Richard, el testimonio de Albert, y suficiente información para que Tony encontrase en el momento justo la manera de salvarse.
Sin pensarlo más gritó:
—¡¡Tenemos a Ariana y a Denise!!
Transcurrieron un par de segundos de completo silencio y Tony supo que su intento desesperado por salvarse había dado resultados.
Sus amigos lo observaban sorprendidos. Cris parecía haber quedado inconsciente.
—¿Mi... hija? ¡¿Mi hija?!
Albert se colocó frente a Tony con el rostro inundado en furia.
—¡¿Le hiciste algo a mi Ariana?!
Albert le asestó un puñetazo en la mejilla izquierda a Tony y sintió que el dolor se expandió por toda su cabeza.
—¡No le hemos hecho nada! —exclamó.
—No te creo... ¡No te creo! Esto no debía pasar... ¡Va a matarme en cuanto lo sepa!
Albert parecía haber enloquecido.
Sus ayudantes parecían querer ayudarlo, pero éste golpeaba a quien se le acercara mientras caminaba de un lado a otro con los ojos como platos.
—¡Vas a decirme dónde están, o si no…!
—¡Señor!
Un agente había irrumpido en la habitación. Todos los presentes se volvieron a mirarle.
—¡¿Qué demonios pasa?!
—¡Tenemos problemas, ya hay ocho bajas!
—¡¿Otra vez se le salieron de control los irradiados?!
—No, señor —el agente señaló al grupo de chicos—. Ellos no son todos. Aún hay dos chicas afuera.

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