33: Transformación

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La situación no pudo haber tomado un rumbo más inesperado.
Tony se había olvidado por completo de Jim y Ángeles, y ahora su pánico era más intenso.
Sólo eran dos, y encima tendrían que proteger a Ariana, ¿realmente acabaría bien todo aquello?
Las personas que quedaban en la habitación salieron de ella a grandes zancadas, mientras que Albert caminaba de un lado a otro como sin saber qué hacer.
—Va a matarme, va a matarme, va a matarme —repetía Albert.
En ese momento, como para empeorar las cosas, Cris comenzó a agitarse violentamente en la silla, como si estuviera sufriendo una epilepsia.
Cris gritaba. Las venas y arterias de todo su cuerpo estaban preocupantemente hinchadas.
Albert se quedó paralizado observando.
—Esto... no está bien —dijo con la voz inundada en terror.
—¡Voy... a... matarte! —Gritó Cris, con un gran tono de locura.
Albert corrió despavorido y se perdió por el hueco de la puerta.
Cris continuaba sacudiéndose, hasta que rompió la correa que inmovilizaba su mano derecha.
—¡¿Pero cómo…?!
Con la misma mano libre, rompió las correas restantes como si se tratase de nada. Inmediatamente echó a correr hacia el exterior de la habitación, sin siquiera detenerse a mirar al resto de sus compañeros.
El quebradero de cabeza se había multiplicado por mil; Cris ahora era mitad mork o algo así, los guardias estaban persiguiendo a Jim y a Ángeles, podrían encontrar a Ariana, Albert había escapado, aún no sabían nada de la ubicación de Richard y encima de todo eso, ellos aún estaban atados a una silla.
—¡Aquí están!
Tony salió de golpe de sus pensamientos.
Jim entró a la habitación mientras cambiaba el cartucho de su arma. Detrás de ella entró Ángeles, pero no alcanzó a ver a Ariana.
—No tardarán en llegar otra vez. Hay que darse prisa —dijo Jim a Ángeles.
—Si conservara ambas manos sería más sencillo —bromeó ella.
Extrañamente, Ángeles parecía más firme ahora que cuando la dejaron con Jim.
—¿Dónde está Ariana? —preguntó Tony cuando terminaron de liberarlo.
—Se quedó escondida en las escaleras. Estará bien —respondió Jim.
—¡¿Qué?! —respondió Tony. Sintió una ola de ira mezclada con temor.
—Cálmate Tony. Primero busquemos a Cris y asegurémonos de que Albert no se escape —sugirió Samuel.
—¡Ay, por favor!
Sin querer soportar las palabras de sus amigos diciéndole lo poco probables que son sus conjeturas, salió disparado del lugar sin mirar a atrás.
Corrió por el pasillo curvado esquivando un gran número de cadáveres, algunos heridos de bala, y otros con cortes brutales.
Entró rápidamente a la habitación del gas y entró sin respirar demasiado por precaución. Todas sus pertenencias estaban allí. Tony reconoció su mochila por esa pequeña hacha de mano que colgaba de un lado. La tomó con prisa, recogió una pistola —que estaba seguro que no le pertenecía— y salió de allí para no perder más tiempo.
No había guardias vivos, sólo cadáveres por aquí y por allá, acompañados de manchas y salpicaduras de sangre esparcidas por todas las paredes.
Se encontró por fin con la puerta que daba a las escaleras, y esta estaba abierta de par en par. Tony se estremeció. Atravesó la puerta y sus temores se hicieron realidad; Ariana no estaba allí.
Lo que pudo notar fue un largo rastro de putria que bajaba por las escaleras. Se sintió la persona más demente del mundo, pero decidió comprobar a dónde le llevaba.
Bajaba las escaleras saltando, tratando de ganar algo de tiempo, hasta notar que el rastro se adentraba al tercer piso. Atravesó la puerta y lo primero que vio fue el mutado cadáver de Javier, que por poco lo hace vomitar.
Emanaba un olor repugnante y parecía no haber parado de mutar. Se esforzó por no detallarlo, y continuó.
—¡Ariana! —Gritaba Tony mientras corría, guiado por el rastro de putria— ¡Ariana!
—¡Tony! —Alcanzó a oír en la lejanía.
La adrenalina estalló en su interior. Sin duda, era la voz de Ariana. Abandonó el rastro de putria y echó a correr a toda su capacidad intentando encontrar el origen del sonido.
Dobló en un recodo y vio a la niña acurrucada en un rincón, detrás de un escritorio destrozado. Su expresión de terror que lo decía todo.
Ella al verlo señaló a su derecha, y Tony vio a aquella niña sin mandíbula que habían visto en el segundo piso cuando encontró a Ariana, aparentemente buscándola.
Tony sintió que el mundo corría a cámara lenta.
Antes había decidido que no podía matar a esa niña, considerando el hecho de que alguna vez había sido una criatura inocente, una niña que había sido merecedora de una vida como le ha llevado cualquier otro niño, pero algo cambió esta vez.
Esta vez eso no le importaba, no parecía afectarle. A Tony no se le pasó por la cabeza que tal vez sentiría remordimiento de matar a una pequeña niña que, aunque sin humanidad, alguna vez fue tan inocente como Ariana.
No le importaba. No le afectaba.  
Tony levantó su pistola inmediatamente.
—¡Cierra los ojos!
Ariana obedeció, y la otra niña pasó a mirarle a él.
Sólo es un monstruo más —pensó.
Tony dejó escapar cuatro disparos, y los cuatro impactaron con el pequeño cuerpo.
Corrió hacia Ariana, que permanecía con los ojos cerrados, la cargó y la sacó de aquella horrenda escena.
Al doblar en el primer pasillo, la colocó en el suelo. Tony creyó haberlo comprendido.
—¿Esa era Denise?
Ariana asintió.
—Gracias por salvarme, Tony —le dijo ella—, pero tenemos que ayudar a tu amigo.
—¿Cuál amigo? —Preguntó Tony, confundido.
—El que estaba persiguiendo a mi papá.
Tony comprendió entonces dónde estaba Cris; había estado persiguiendo a Albert.
—Mi papá trató de llevarme con él cuando me encontró en las escaleras, pero yo no quería ir con él, hasta que uno de tus amigos apareció y le cortó un brazo —Tony se quedó helado—. Tu amigo me dijo que me escondiera, pero ella me encontró y me persiguió hasta aquí.
—Tranquila, ya ella no va a asustarte más, ¿está bien?
—Tony, no quiero quedarme con mi papá —Ariana se acercó a la oreja de Tony—. Me sacan mucha sangre —musitó—. Quiero irme con ustedes.
—Está bien, irás con nosotros. Ahora tenemos que encontrar a mi amigo y nos iremos de aquí.
La niña asintió. Tony se la colocó por detrás y comenzaron a caminar.
Si Tony estaba en lo correcto, aquel rastro de putria sería de Albert —lo que explicaría su falta de cordura— a quien, por lo que había dicho Ariana, Cris había cortado un brazo. Tony sintió un escalofrío de tan sólo pensarlo.
No fue difícil volver a encontrarlo. Tony aceleró un poco el paso.
—¿Escuchas eso? —Ariana asintió.
Tony creía escuchar algo como metal siendo golpeado constantemente, y ciertamente, la sangre conducía al mismo lugar de donde provenía el extraño sonido.
Al doblar en un recodo se encontró con Cris, con la espada salpicada de sangre, dando patadas a una puerta metálica similar a la de las habitaciones del último piso.
Sorprendentemente, la puerta había sufrido daños.
—¡Cris! ¿Qué haces?
—¡Ayúdame a derribar esta cosa! —exclamó él y continuó pateando la puerta.
Tony se agachó junto a Ariana y le dijo:
—Apártate un poco, necesito hablar con él.
Ella asintió y se quedó de pie a unos diez metros. Tony se acercó a Cris
—Tal vez con un explosivo podamos derribarla, pero no entrarás a atacarlo como un demente, primero tenemos que sacarle información.
—¡Mira lo que me hizo, Tony! —Gritó Cris mientras mostraba a Tony su mano izquierda.
Sus dedos se habían vuelto puntiagudos y la piel estaba volviéndose escamosa.
—¡Me estoy convirtiendo en una de esas cosas!
—Tal vez podamos pararlo si conseguimos la manera de volver al presente, pero no podremos volver si sólo le matas.
Cris pareció bajar la guardia.
—Dame una de esas cosas —dijo Cris mientras extendía su mano y pasaba la mirada a un punto indefinido.
Tony se descolgó la mochila y sacó otro de los explosivos y su detonador.
Cris lo puso frente a la puerta y ambos se alejaron lo suficiente para no ser alcanzados por la explosión.
—Uno... dos... ¡Tres!
Tony presionó el detonador y la bomba explotó con un fuerte sonido. Los rociadores anti-incendios no tardaron en activarse.
Sentir agua corriéndole por el cuerpo y empapándole el cabello resultó agradable, después de todo.
Tony le pidió a Ariana que se quedase afuera, y luego él y Cris entraron.
Albert se encontraba en una silla tratando de detener la hemorragia por una horrible herida al nivel del hombro derecho; Cris le había amputado todo el brazo.
Tony normalmente habría sentido náuseas o algún tipo de incomodidad, pero no sintió nada, aparentemente se estaba volviendo inmune a ese tipo de sensaciones por alguna razón.
—Albert —dijo Tony con un tono de voz firme—, vas a tener que decirnos todo lo que queremos oír, o te irá mucho peor.
—Púdranse... ¡Púdranse!
Cris se acercó y se insertó los dedos en la herida. Albert soltó un horrible quejido de dolor.
—¡Dinos donde está Richard!
—¡Está en la base del oeste! —gritó.
Cris dejó de torturarlo.
—Vaya, eso fue sencillo —dijo Cris.
—Denise; háblame de ella.
—¡Denise no me importa! —Exclamó—. Le administré la fórmula para comprobar si estaba lista, pero no lo estaba, y ella sólo se convirtió en un pequeño monstruo.
—¿Y sólo la dejaste vagando por todo el edificio?
—¡Te dije que no me importaba! Y Ariana sabría defenderse de ella si se la llegase a encontrar.
Tony y Cris se miraron mutuamente.
¿Ariana sabría defenderse? ¿En serio Albert hablaba de Ariana?
—Ariana sólo es una niña, Albert.
—¡Ah! Había olvidado el borrado de memoria. Mierda. Lo he arruinado todo —dijo, comenzando a sollozar—. Todo ha sido culpa mía.
—¡Esto! —Se unió Cris mostrando sus dedos—. ¿Cómo lo revertimos?
—La fórmula no es reversible —sentenció Albert, mirando a Cris con desprecio—. Sólo seguirás transformándote hasta que tu cuerpo llegue al límite, asqueroso lure.
—¿Lure?
—Así son denominados los individuos en los que la fórmula tiene un efecto negativo, mientras están sufriendo su transformación definitiva a fallo, o lo que ustedes llaman, mork.
Tony sintió que si continuaba hablando acerca otras cosas, sólo lograría que Albert se desviara más y más de lo que a él le interesaba.
—Ahora explícame —continuó Tony— ¿Cómo fue que llegaste tú aquí tan rápido?
Albert guardaba silencio.
—¡Habla! —Exclamó Cris amenazando con herirlo de nuevo.
—¡Por los túneles subterráneos! —Respondió asustado— ¡Hay túneles subterráneos que unen a las bases entre sí excepto con ésta!
—¿Cómo los encontramos?
—Tienen que llegar a la base de controles satelitales, cerca de aquí. Caminen junto a la costa y será fácil encontrarla.
—Gracias, Albert —dijo Cris.
Luego levantó la espada y la hundió en el pecho del hombre, acabando instantáneamente con su sufrimiento.

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