35: Túneles subterráneos

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Tony sintió su corazón dar un vuelco. Su estómago se revolvió como nunca antes y dudó si podría volver a comer alguna vez.
A pesar de lo pequeño del lugar, habría unas ciento cincuenta personas, algunas parecían caminar sin rumbo, otras se encontraban sentadas como delirando y otros simplemente yacían en el suelo inmóviles, todos cubiertos por llagas, heridas y putria brotándoles por todos los orificios faciales.
Ni siquiera el hecho de estar iluminándolos directamente parecía molestarles. Ninguno de los ocupantes del lugar parecía prestar atención a los recién llegados.
Tony miró a sus amigos, precisamente a Sara que fue a quien había visto por última vez con Ariana; ésta estaba cubriendo los ojos de la pequeña. Incluso a ellos, que habían pasado por tanto, les resultaba difícil de digerir.
¿Por qué estarían allí todas esas personas? ¿Enviarían allí a todos los miembros que perdían la cordura debido a la radiación? A Tony se le hacía extremadamente difícil convencerse a sí mismo de una razón válida para acumular a tan alta cantidad de personas en un lugar como ese.
—¿Qué esperan? Hay que entrar —musitó Scott, ya que el resto del grupo se había quedado inmóvil.
Todos empezaron a caminar tratando de no hacer ruido ni mucho menos tropezar con alguna de aquellas personas. Tony no soportaba el mal olor que emanaba de todo el lugar. Cada vez sentía más ganas de vomitar las barras de cereal que había comido hacía un rato.
Paso a paso fueron atravesando la habitación principal.
Al dar con la pared del fondo, doblaron hacia la izquierda. Tony divisó un par de puertas; una del lado izquierdo, la más cercana, y otra al fondo.
Scott se acercó como pudo y tomó la manilla de la primera puerta, intentando no hacer ningún movimiento brusco. La abrió, y esta emitió un chillido escalofriante.
Al entrar, se encontraron con una habitación amplia, con ordenadores hasta más no poder y maquinaria muy parecida a la de la sala central de supervisión.
—No creo que algo funcione —dijo Sara en voz baja.
—Vayamos a la próxima.
Salieron de la habitación de controles y continuaron al fondo, a la única puerta restante que había a la vista.
De la puerta, estaba recostada una mujer con pinta de estar inconsciente, y digo inconsciente porque había algo que les hacía sospechar que no estaba muerta. Tal vez era por la desconfianza que les habían incubado todos los hechos que habían atravesado, o tal vez sólo era otro presentimiento de Tony.
Scott se estiró hasta sujetar la manilla, y tras accionarla, comenzó a correrla lentamente, de manera que la mujer iba cayendo hacia atrás, hasta quedar completamente en posición horizontal.
La mujer no ninguna señal de vida, por lo que Scott hizo un ademan con la cabeza para que lo siguieran, pero tan solo al dar un solo paso dentro de la oscura habitación, la mujer pareció resucitar con un demonio en su interior.
Dio un grito, los músculos de su demacrado rostro se contrajeron y dio un salto hacia Scott. Le tomó sujetó ambas piernas y le clavó los dientes en la pantorrilla derecha.
Sin poder evitarlo, Scott soltó un grito de dolor, perdió el equilibrio y cayó hacia el interior de la habitación. La oscuridad de la habitación  pareció tragárselos a ambos mientras los gritos dementes de la mujer y los de Scott parecían alejarse.
Tony iluminó el lugar por detrás de ellos; todos los dementes los miraban fijamente. De inmediato supo que la situación se había salido completamente de control.
—¡Entren de una vez! —Exclamó Tony.
Todos se apresuraron a correr dentro de la habitación y todos y cada uno de ellos soltaban un grito después de perderse en la oscuridad, y la voz con cada segundo se hacía más lejana.
Cuando ya todos habían entrado, fue cuando Tony atravesó la puerta, la cerró de un golpe. A través de un rectángulo de vidrio en la parte superior de la puerta, Tony podía ver cómo los dementes se aglomeraban. Sujetó la linterna con los dientes mientras aseguraba la puerta.
Inesperadamente, la misma ventana saltó en pedazos unos instantes luego de que encontrase el seguro de la puerta. Unas manos lo sujetaron de la ropa y lo atrajeron hacia la puerta.
Tony se esforzó por no ser presa del pánico. No tardó en encontrar el mismo cuchillo que había utilizado en su enfrentamiento con los morks, lo desenfundó y lo hundió en el pecho a quien fuera que lo hubiera tomado a través de la ventana.
Se impulsó hacía atrás para liberarse y perdió el equilibrio.
Esperaba impactar contra el duro suelo pero en lugar de eso, su cuerpo continuó deslizándose cuesta abajo por una especie de rampa, entendiendo así por fin, por qué escuchaba a sus amigos gritar y luego alejarse cuando entraban.
Luego de unos treinta segundos fue que sintió su cuerpo detenerse dolorosamente contra el suelo. De inmediato sintió a alguien que lo tomaba de un brazo y lo ponía de pie.
—¿Por qué tardaste tanto? —Preguntó Zoe mientras lo ayudaba a incorporarse.
—No importa —respondió Tony—. ¿Todos estamos aquí?
—No tenemos idea de donde estará Scott. Gwen corrió a buscarlo y Cris la siguió.
—Entonces vayamos —dijo Tony.
Recogió su linterna y se puso a caminar, pero se vio interrumpido por el hecho de que había dos rutas distintas.
—Ese es el problema —dijo Daniel—. No sabemos por dónde se fueron.
Tony sintió que el pánico comenzaba a inundar su interior. Debía haber alguna pista, lo que sea, algo que les indicara por donde se habían ido.
—¿Qué es ese sonido? —Preguntó Daniel, sacando a Tony de sus pensamientos.
Agudizando el oído, se escuchaba como un enjambre que venía desde la rampa por la que habían caído hacía unos segundos y cada vez se hacía más cercano.
Tony creyó comprender lo que sucedía. Daniel se acercó a la rampa.
—¡Quítate de ahí, hay que correr! —gritó Tony.
Nadie pareció comprender. En unos segundos, uno de los dementes de arriba cayó por la rampa y aterrizó sobre Daniel.
Ambos forcejeaban y antes de que alguien tuviera la oportunidad de disparar, el demente le mordió la tráquea.
Ashley disparó y el hombre cayó al piso muerto. Samuel se acercó para auxiliar a Daniel.
—¡Está muerto!
En eso aterrizó por la rampa una mujer, luego otro hombre y así sucesivamente.
—¡Dije que hay que correr! —Gritó Tony justo después de quitar el seguro de una granada.
La lanzó a los pies de los dementes y todos sus amigos echaron a correr.
Sabía que acabaría con algunos, pero no sería suficiente para detenerlos a todos. Allí arriba había demasiados.
Tony vio cómo Sara cargaba a Ariana, y eso fue suficiente para él.
No esperó más, no pensó más, y corrió tras ella.
Los túneles no eran más que pura oscuridad interminable.
Escuchaba muchos pasos, jadeos y quejidos.
Oían a los dementes gritar desde atrás, cosa que los incentivaba mucho más a continuar con la carrera.
Tony no alcanzaba a ver ni su propia nariz y los fuertes latidos de su corazón amenazaban con fracturar su esternón.
Sentía escalofríos por todo el cuerpo.
Pensamientos iban y venían. Tony no sabía por qué en un momento así, pero se vino a su mente las imágenes de Javier apuntándole totalmente ido de la cabeza, Alba siendo asesinada por el irradiado y Daniel sangrando por la garganta.
Sintió un miedo terrible a que sus amigos siguieran muriendo sin que él pudiera hacer algo al respecto.
—Tenemos... tenemos que parar... —fueron las palabras que lo sacaron de sus pensamientos.
Tony frenó en seco y comenzó a buscarse algo para iluminar, pero alguien encendió una linterna antes de lo esperado.
Era Alex. Sara había sido quien pidió que todos se detuvieran. Llevaba a Ariana en brazos.
—¿Por cuánto hemos corrido?
—Quizá unos diez minutos.
—Desde aquí retrocederemos poco a poco. Si algo se acerca, lo matamos, así de simple —propuso Tony.
Se detuvo a mirar al grupo que se encontraba allí y se percató de algo que ni se le habría pasado por la cabeza; sólo se hallaban allí David, Sara, Alex y Ariana
—¿Y los demás?
—Deben haber tomado la otra ruta —dijo David.
Tony se pasó las manos por el cabello. Sudaba a raudales.
Temía enormemente que algo les pasara a los demás… o que ya les hubiese pasado.
—No tenemos mucho tiempo —les recordó David—. Será mejor que nos movamos de nuevo antes que se aparezcan esas cosas otra vez.
Todos sacaron linternas y tomaron sus armas, preparados para lo que fuera. Sara caminaba al frente con Ariana mientras que Tony junto con David y Alex cubrirían la ruta por donde vendrían los dementes.
Se desplazaban lo más rápido posible cuando el primer hombre saltó a la vista.
—Comenzó la fiesta —dijo Alex.
Disparó y le asestó en la cabeza. Apresuraron el paso. Los próximos minutos serían infernales y tenían que llegar lo más rápido posible a sus destinos para salir de una vez de aquella pesadilla.
Se apareció esta vez una mujer, corriendo a toda máquina. Tony no tardó en reaccionar y la hizo caer de espaldas con dos disparos.
A medida que avanzaban se aparecían más y más dementes. A veces en grandes grupos, otras veces sólo uno o dos. —Parece que ya no hay más —dijo David luego de que eliminaran a un grupo de más o menos diez, y que no se escucharan más alaridos lejanos.
—No lo digas muy fuerte —respondió Tony—. La última vez que hablaste terminaste invocando a quince irradiados de la nada.
Alex echó a reír.
—Creo que esta vez no serán irradiados —dijo Sara desde adelante.
Todos voltearon a mirar y presenciaron una espantosa escena como ya se estaba haciendo costumbre.
Había unos diez morks completamente desmembrados y cortados a pedazos,  esparcidos a lo largo de unos quince metros. Sara le tapó la cara a Ariana.
—No quiero ni pensar qué cosa hizo esto —dijo David.
A Tony se le hacía algo familiar ese tipo de escena.
—Probablemente haya sido Cris.
—Son demasiados morks para que haya sido una sola persona —dijo Alex.
—Ya vieron cómo actúa desde que la fórmula lo convirtió en un lure. Realmente no me sorprendería.
—Sólo continuemos —interrumpió Sara.
Todos estuvieron de acuerdo.
Tony estaba nervioso. ¿Y si Cris había perdido ya la cordura? A pesar de tratarse de morks, la escena era demasiado sangrienta. Las palabras “lure” y “mork” rebotaban y rebotaban en su mente.
Continuaron la caminata a paso rápido. Tony sentía que tenían una eternidad recorriendo esos túneles.
—¡Silencio! —Ordenó Sara de repente—. ¿Escuchan eso?
Todos guardaron silencio y prestaron atención; se escuchaban lloriqueos.
Tony tenía un mal presentimiento. Alex se adelantó y comenzaron a desplazarse con cautela.
A unos veinte metros lograron distinguir algo.
Alex iba a apresurarse a disparar, pero Tony lo detuvo. Algo le decía que no se trataba de un demente.
Se acercó con cuidado y cuando estuvo lo suficientemente cerca, se percató de que era Gwen, de espaldas a él arrodillada en el suelo. Echó a correr sin pensar.
—¡Gwen!
Ella volteó con el rostro inundado en lágrimas, se levantó de golpe, corrió hacia él y lo abrazó.
—T-Tony... Está m-muerto... —dijo ella entre sollozos— ¡Los morks lo mataron!
Tony sintió una punzada en el estómago. Iluminó el lugar donde Gwen se encontraba arrodillada hacía unos segundos y vio a Scott… tan ensangrentado y herido que estaba irreconocible.
Tenía la ropa rasgada, el rostro rasguñado, el torso perforado en distintos lugares.
Sintió su corazón ser atravesado por una fría púa. Se desplomó junto a él y rompió en llanto.
Tony se sentía desgarrado. Scott era su amigo desde hacía tanto tiempo.
Había muerto de una forma tan horrible, tan inhumana, ¿por qué? Por su culpa.
Todo era culpa de Tony. Si no hubiera permitido que lo acompañaran, tal vez sólo él habría muerto. Pudo evitarlo todo, y no lo hizo. Él estaba permitiendo que todos murieran.
David abrazaba a Gwen, ambos inundados en llanto, mientras que Tony seguía arrodillado junto al cuerpo sin vida de su amigo.
—Scott... —dijo casi en un susurro, con la voz quebrada.
—Tenemos... tenemos que irnos —dijo David tratando de contener su llanto.
Tony se levantó. A pesar de no querer abandonarlo, ya no había nada que hacer, le costaba aceptarlo pero lamentablemente era así.
Tony tomó su mochila y su arma y se las colgó de los hombros.
Echaron a caminar en silencio durante unos quince minutos, hasta que Tony tuvo suficiente espacio en la mente para razonar de nuevo.
—Gwen —dijo rompiendo el abrumador silencio—. ¿Cómo fue que pasó?
—Cris y yo nos lo encontramos tratando de sobrevivir a una oleada de morks. Cris se apresuró para intentar salvarlo, pero eran demasiados.
Gwen sollozó de nuevo.
—Para cuando logramos matarlos, ya Scott estaba demasiado herido. Cris explotó en rabia y corrió a buscar a la mujer que lo había hecho caer por la rampa sin siquiera saber si aún estaba viva o no. Fue la última vez que lo vi.
A Gwen se le hizo imposible seguir hablando. Tony no se equivocó al sospechar que la escena de los morks había sido obra de Cris, pero lamentablemente tampoco se equivocó al sospechar que se le estaba yendo la cabeza cada vez más.
Continuaron la caminata en silencio.
El sonido de las pisadas y los sollozos de Gwen rompían el sepulcral silencio.
—¿Qué creen que sea eso? —Preguntó Alex de pronto.
Tony lo miró, y Alex señaló hacia el frente. Se distinguía un mínimo destello de luz rojiza.
Aceleraron el ritmo de la caminata.
A medida que fueron acercándose se dieron cuenta de que se trataba de una lámpara en el techo.
Allí el pasillo por primera vez cambiaba de dirección, doblando a la izquierda y quedando de frente a una rampa similar a aquella por la que habían caído para acceder a los túneles.
—Parece que llegamos —dijo David.
Todos subieron por la larga rampa mientras que a Tony sus instintos le decían que ese lugar no sería agradable por alguna razón.
Subieron por completo y quedaron de frente a otra puerta.
Alex, quien estaba por delante, la abrió y antes de al menos tener oportunidad de mirar, se encontraron con unas veinte armas apuntándoles fijamente.
Entre varios guardias sujetaban a Cris mientras le apuntaban a la cabeza.
—¡Arriba las manos! ¡Todos!
No tuvieron más alternativa que obedecer.
Se acercaron varios guardias y los desarmaron completamente. Una vez más, los habían capturado.
Uno de los guardias se acercó y tomó a Ariana de un brazo. La niña se aferró a Tony con fuerza y se negaba a ir con él.
—¡Déjala en paz! —Exclamó Tony.
El guardia le asestó un golpe en la cara con la culata de su arma y lo tiró al suelo. Tony escupió sangre.
Alex lo ayudó a incorporarse. Se sintió un inútil al dejar que se llevaran a Ariana.
Los hicieron caminar fuera de esa habitación, doblaron en un par de pasillos y pasaron a través de unas puertas dobles que conducían a un enrome recinto en el que había vehículos de todo tipo y decenas de guardias. Era imposible que consiguieran liberarse.
—¿Cómo rayos habrán conseguido traer todo esto hasta aquí? —Preguntó Alex.
—Parece que esta gente no tiene límites —dijo David.
Caminaron hasta un espacio libre en el que habían varias personas arrodilladas en fila mientras los guardias los vigilaban, pero no eran sólo personas de rodillas, era el resto de sus amigos.
—¡Chicos! ¡Están bien! —Gritó Ashley.
A todos los hicieron formarse de la misma manera, arrodillados en fila. Tony quedó junto a Ángeles.
—¿Cómo te sientes? —Le preguntó a la chica.
—Aún estoy cuerda —Le respondió— ¿Qué pasó con Scott?
—Ya era demasiado tarde.
Ángeles pareció comprender y bajó la mirada en señal de tristeza.
Tony miraba de un lado a otro. El lugar era exageradamente grande. Era como juntar la Forja y la sala central.
Contabilizó a sus amigos, e inmediatamente notó que el único que faltaba era…
—¿Dónde está Samuel?
—Pues...
Aparentemente no sabía si debía hablar.
—¿Qué pasa? —Insistió Tony, preocupándose cada vez más.
Varias personas se posaron frente a ellos. Tony deslizó la mirada por cada uno de ellos, hasta detener en su hermano mayor.
—¡¿Qué?!
—Está con ellos —dijo Ángeles—. Nos guió por el túnel, y cuando estuvimos aquí, nos hizo esperar en la habitación mientras él dijo que iría a comprobar que no hubiera nadie, pero lo que hizo fue enviar a los guardias.
Tony no podía creerlo. Tenía que ser un error. No podían estar hablándole en serio.
—Vaya, Tony —dijo una de los hombres frente a ellos, justamente el que estaba junto a Samuel—. Cuanto has crecido.
Tony no le había detallado, pero lo reconoció de inmediato. No sabía si sentir más odio hacia Samuel o hacia él, pero indiscutiblemente sintió su sangre hervir al ver frente a él a Richard, su padre, el ex director de la OMSA.

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