36: Traición

Programa Explorer

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La mirada de Tony estaba fija en su objetivo. Sus latidos cardíacos, levemente acelerados. Su mente, trabajando a mil por hora. Sus esperanzas, quién sabe en dónde.
Después de tantos años, de tantos peligros, de tantos misterios, por fin se encontraba frente a frente con Richard, el hombre responsable de que él y todos sus amigos hubieran acabado en todo aquello. El verdadero culpable de todas y cada una de las muertes, pero Tony no sabía si era más grande el odio que sentía por él, o el innegable dolor que le causaba la traición de su hermano mayor.
Todo encajaba; la actitud insensible y desinteresada que había adoptado, la manera en la que había mirado a Ariana, las palabras de Albert; Tony se sentía un completo torpe por no haberlo notado antes.
Él podría haber previsto todo aquello, pero se había concentrado más en los misterios que lo rodeaban, que en los peligros que estuvieron siempre a su lado.
Se confió demasiado. A pesar de siempre haberlo llevado en la cabeza, Tony no entendió hasta ese momento lo importante que resultaría la lección de Robert; la desconfianza por precaución.
Uno de sus compañeros se había vuelto en su contra, y vaya que sabría mejor que nadie cómo acabarle. Si con el simple hecho de estar en el bando contrario ya dolía más que cualquier herida que podría causarle algún irradiado.
Tendría que haber dudado de todo en su momento, y nada de eso habría pasado. Tal vez no habrían acabado atrapados. Tal vez ninguno de sus amigos habría muerto.
Y lo peor del caso era que su hermano se atrevía a mirarle a los ojos, expresando una completa frialdad, dejando en evidencia lo poco le importaba, y Richard parecía deleitarse de todo aquello; la tensión entre Samuel y Tony, la posición de desventaja de los explorers, su aparentemente inevitable victoria, y sobre todo, de que por el momento nada amenazara con arrebatarle aquella sonrisa inundada de sadismo y placer.
—Tony, acércate —ordenó Richard.
Tony no se movió.
Miró con cuidado a su alrededor; todos sus amigos tenían la cabeza gacha.
Derrotados. Desesperanzados. Abatidos.
Concentrando todas las fuerzas que le restaban, Tony logró ponerse de pie. Richard sonreía, y Tony sentía que le odiaba más que nunca.
Fusionó ese odio tan venenoso y contaminante con la ira por las muertes de Scott, de Daniel y de Alba, más la culpabilidad de haber tenido que dejar morir a Javier. Añadió la insoportable imagen de Robert y Carol siendo asesinados, y aquella cólera incontenible causada por el recuerdo de su madre.
Tanta negatividad resultante de las mezclas de todas las desgracias que le habían rodeado no le causó determinación, aquel remolino de desdichas no encendió en él ninguna chispa, no hizo que surgieran fuerzas de donde no había, no atrajo una idea milagrosa para que él y sus amigos se salvasen, no dio forma a la puerta por la que quería salir, porque no quería salir por ninguna puerta. No quería hacer a un lado las opciones con resultados negativos.
Ariana ya no estaba, ¿de qué valía esforzarse?
¿Por qué lucharía ahora?
Sólo por una cosa. La única cosa que le había movido en realidad; la venganza.
Tony se sintió vacío.
Tan vacío que su temor se esfumó por completo. Tanto que, esa chispa que le impulsaba siempre a continuar, a querer mantenerse con vida por razones nobles, ya no estaba. Había desaparecido.
Tony, más erguido de lo que podrían creerlo capaz en un momento como ese, caminó hasta tan sólo un par de metros de distancia de Richard y su comitiva.
—Dime, Tony, ¿te unirás a nosotros en la creación del Nuevo Mundo?
Tony rió.
—Esto es lo que somos, hijo —continuó Richard—. Somos líderes, somos la parte fuerte de la raza humana, la única parte merecedora de habitar la nueva tierra.
—Su concepto de "fuertes" me da asco. En serio. De ser posible vomitaría ahora mismo, pero hay algo que me causa mucha curiosidad —Tony señaló a Samuel—. ¿Se supone que ahora tienes el puesto de Albert, el tipo al que matamos en la base de pruebas? Porque vaya, tienes que desempeñarte mejor que él. Nos dijo demasiadas cosas que tal vez no deberíamos saber.
—¿Asesinaste a Albert? —Reaccionó Richard.
—Sí, le matamos. Y también nos contó sobre la fórmula, los lures, y Ariana y Denise. ¡Por cierto! ¿No hay problema con que haya matado a Denise, verdad?
La sonrisa de Richard poco a poco se desvanecía, y el placer que reflejaba antes se transfería a Tony.
—Sólo te voy a decir una cosa, Richard —Tony volvió a señalar a Samuel—; si vas a trabajar con este, asegúrate de que esté en tu bando, porque mira qué buen actor fue todo este tiempo.
Samuel dio un paso al frente y le asestó un puñetazo en la mejilla.
Tony perdió el equilibrio y cayó de frente. Escupió más sangre.
Dirigió la mirada a sus amigos, todos continuaban con la mirada baja a excepción de Fran, que aún de rodillas, gritaba insultos a Samuel, diciéndole muy claramente lo sucio y traidor que era, pero con palabras un poco más… soeces.
—Samuel —habló Richard—. Ese vulnerable.
—Espera, ¡no!
Un momento fue suficiente para que se liberaran tres detonaciones.
Tony vio a Fran cayendo de espaldas, acallando completamente sus gritos. Samuel tenía la pistola en alto, apuntando al lugar en que unos cuantos segundos atrás, se hallaría el decadente Fran.
—¡Desgraciado!
Tony quiso levantarse una vez más, pero al tan solo intentarlo, Samuel se adelantó con un rodillazo en el estómago y otro puño al mentón.
La sangre le rodó por el mentón y las mejillas.
—¡Era... tu amigo!
Se esforzaba por recuperar el oxígeno. Limpió los alrededores de su boca con torpeza, y trató de ponerse de rodillas para intentar levantarse nuevamente, cuando Richard comenzó a gritar:
—¡Todos ustedes tienen la oportunidad de formar parte del Nuevo Mundo! ¡La nueva evolución del ser humano está aquí y seremos nosotros, los resistentes!
Todos los integrantes de la OMSA antigua que permanecían en la base, y sobre todo la comitiva de Richard, aplaudían eufóricos.
Samuel, seguía muy serio, mirando a Tony con frialdad.
—¡La radiación NW es la forma en la que la naturaleza juzga a quienes no son aptos! ¡Forjemos un mundo sin lugar para débiles y hagamos de la raza humana una especie verdaderamente superior! ¡¡Crearemos al Ser Perfecto!!
Ser Perfecto… Aquello llamó mucho la atención de Tony.
—¿Entonces qué nos harán a nosotros? ¿Matarnos?
Tony logró ponerse de pie por fin. Samuel lo miró con fastidio.
—No ahora —dijo Samuel—. Ustedes morirán junto a los débiles.
—¡¿Y por qué no me matas tú ahora, cobarde traidor?!
Samuel frunció el entrecejo y dio un paso hacia Tony. Inmediatamente pudo notar que tenía intenciones de desenfundar el arma, por lo que él también se puso en marcha. Se lanzó hacia Samuel, y justo cuando este trató de apuntarle, sujetó el cañón y lo empujó hacia arriba con una mano, mientras con la otra golpeó el mentón de su hermano mayor.
Sin soltar el arma, se colocó por detrás rodeándole el cuello con el brazo libre. Samuel golpeaba su torso con el codo.  Inesperadamente, Samuel desequilibró a Tony al mover su pie izquierdo al dar una patada hacia atrás. Tony se aferró con fuerza a su cuello y ambos cayeron.
La pistola cayó a unos palmos de Tony, pero tenía todo el peso del cuerpo de Samuel encima. Algunos agentes tenían intenciones de intervenir.
Antes de que él pudiera intentar algo, empujó a su hermano con la fuerza de ambas piernas. Rodó hacia atrás y tomó la pistola. Se puso de pie y apuntó a Samuel.
—¡Alto todos! —Gritó Richard. Todos los agentes se detuvieron en seco.
—¡Un solo paso y le vuelo los sesos!
Frente a él, Samuel se incorporaba lentamente, sin quitarle la vista de encima.
Un poco más a la izquierda; Richard lo miraba como esperando que hiciera algo.
Por detrás de él, sus amigos observaban atónitos
Tony miró a su hermano, furioso. Sólo tenía que halar el gatillo. Así de sencillo sería.
Lo miró a los ojos… y giró el cuerpo un poco más hacia la izquierda.
Apuntó a Richard.
—¡¡No!!
En el preciso instante en el que haló el gatillo, Samuel lo tacleó, evitando que matase a Richard, pero Tony igualmente pudo escuchar una detonación. 
Se quitó a Samuel de encima como pudo, y se dio vuelta queriendo asegurarse de no haber herido a quien no debía… pero descubrió que eso era exactamente lo que había hecho.
Dejó la pistola en el suelo y corrió hacia la fila en la que permanecían sus amigos. Tony se arrodilló junto a su cuerpo agonizante, con esa gran mancha de color rojo empapando su abdomen.
Su rostro estaba inundado en lágrimas.
—¡No, no, no, tú no!
La envolvió con sus brazos. Podía sentirla temblar. Quizá de miedo.
—Quédate conmigo. ¡Escúchame! No puedes irte. ¡No puedes irte!
El resto de sus amigos también lloraba, pero no se movían de sus lugares.
—No me dejes tú también —rogaba Tony, aunque ya era imposible hacer algo más.
Las lágrimas se escaparon de sus ojos.
Tony no sabía si sus sentimientos e intereses estaban regresando, o si sólo se estaba acumulando más odio en su pecho.
Ya casi no temblaba. Ese destello de vida estaba escapando de sus ojos. Su respiración se hacía cada vez más rápida.
Lo último que pudo escucharla decir fue…
—A-Antony…
Y Zoe no se movió más. No tembló más. No respiró más.
Se había ido.
Otra fría púa le atravesó el pecho.
Tony secó sus mejillas con cuidado, y cerró sus párpados con suma delicadeza justo antes de colocarla con cuidado en el suelo y levantarse.
Se dio vuelta, y un gran grupo de agentes se dirigía hacia él. 
Se lanzó contra el primero, y tras detener dos ataques, le golpeó la tráquea y este cayó al suelo.
El segundo intentó derribarlo, pero luego de caer arrodillado tras un fulminante golpe en los genitales, Tony torció su cuello.
El tercero le amenazó con un cuchillo peligrosamente largo, y justamente cuando intentó su primer ataque, sujetó su brazo y se lo arrebató al darle un codazo en el rostro, seguido de una herida mortal en el abdomen.
Con el mismo cuchillo rasgó la garganta del cuarto, le hirió el ojo izquierdo al quinto y apuñaló al sexto justo en el corazón, pero antes de tener oportunidad de pensar cómo acabaría con el séptimo, el octavo y el noveno —que eran los únicos tres restantes que se habían atrevido a acercarse—, uno le sujetó desde atrás, el otro le quitó el cuchillo y el último se encargó de asestarle un puñetazo tan fuerte en la sien, que Tony dejó de forcejar inmediatamente, perdiendo por completo el conocimiento.

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