37: Recta final

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Poco a poco, Tony sentía como todo volvía tomar forma a su alrededor.
Algunas piezas no encajaban; estaba muy tranquilo, pero sentía que no debería estarlo.
No recordaba del todo lo que había sucedido. Sus recuerdos eran borrosos y desordenados. ¿Qué había visto antes de desmayarse? ¿Por qué se había desmayado? No lo sabía, pero sabía que algo andaba mal.
Sentía un vacío en su pecho que le decía que algo había salido terriblemente mal. Algo... algo le gritaba lo que había sucedido, pero él no lograba recordarlo.
Hasta que de pronto... recordó sus ojos llorosos, su abdomen inundado de sangre, su cuerpo tembloroso.
Una punzada le atravesó la cabeza, como si se la estuvieran taladrando.
—¡Zoe! —Gritó al despertar.
El rostro de Jim fue lo primero que vio al saltar nuevamente al mundo real.
—Tranquilo, tranquilo —decía ella intentando calmarlo.
Tony se esforzaba por respirar despacio. Ya entendía a qué se debía el vacío en su pecho.
—¿Cómo te sientes?
—Muy... mareado —dijo él, para no decir "mal".
—Se te pasará en un momento —dijo ella, con una tranquilidad fingida en la voz.
Tony se tomó un momento para mirar a su alrededor; estaban en un bus en movimiento.
Él se encontraba recostado sobre dos asientos, con la cabeza sobre las piernas de Jim.
—¿Dónde están los demás? ¿A dónde nos llevan?
—Ey, tranquilo. Todos están aquí.
Tony se levantó con cuidado, y se asomó por encima de los espaldares de los asientos. El resto de sus amigos estaban dispersados por todo el bus.
—Parece que nos llevarán a la central, Tony.
Tony se recostó nuevamente.
—Así todo empezó y parece que así todo terminará; en un maldito bus.
Jim le sujetó la mano. Tony la miró. Sus ojos irradiaban esa esperanza de siempre, esa que no tenía idea de cómo era que no se apagaba y que siempre se le contagiaba, pero no sabía a qué iba esa esperanza; dentro de poco estarían acabados.
—Quiero hablar con los demás.
Tony se levantó y vio en el fondo a Cris, a David y a Alex. Más adelante estaban Gwen y Ángeles, mientras que Sara se encontraba junto a Ashley, ambas mirando hacia el nocturno cielo que parecía no cambiar jamás.
Había una barrera que separaba la parte de los pasajeros con la del piloto. Del otro lado de la barrera habría un par de guardias. Tony caminó hasta el fondo y se sentó junto a sus amigos.
—Entonces, así acabaremos —dijo David—. De nuevo en un autobús, de camino al mismo lugar. Sólo que esta vez sí sabemos exactamente lo que va a pasar.
Todos estuvieron un largo rato en silencio.
—Hemos enfrentado a la OMSA todo este tiempo —dijo Cris, a quien la piel escamosa ya le llegaba desde los dedos hasta cubrir parte de su cuello—, en todas estas situaciones que parecían que acabarían con nuestras vidas, y aunque nos hayan quitado a algunos en el proceso, logramos llegar hasta acá. Esto es otra situación de esas, tenemos que enfrentarla. Enfrentémosla juntos.
—Sé que no llevo mucho tiempo conociéndolos, pero se han convertido en mis mejores amigos —dijo Alex—, nunca habría imaginado que viviría cosas como estas y no creo que existan mejores personas que ustedes para haberlas vivido.
—Rubiecito, no importa cuánto tiempo haya pasado desde que nos conocimos, lo importante es que te mantuviste firme hasta el final. Eres digno de admirar.
Las chicas se acercaron a escuchar la conversación
—Aún recuerdo la cara de David cuando no podía caminar la noche del escape —dijo Alex. Todos rieron levemente.
—Es increíble que sólo David haya terminado lastimado en esa explosión —se unió Jim.
—Sin duda alguna, la suerte te acompaña —dijo Sara, reflejando ironía.
Todos rieron un poco nuevamente.
—Increíble es que estemos camino a nuestra ejecución y aún podamos reírnos —dijo Gwen.
—Quizá en unos minutos estemos todos juntos otra vez. Quién sabe. —dijo Ashley.
Tony respiró profundo. Recordó a Zoe… a Scott… a Alba…
—Sólo espero que si hay otra vida o tenemos otra oportunidad, estemos todos juntos otra vez —dijo Tony.
Todos se miraron y algunos esbozaron leves sonrisas. También hubo lágrimas.
David alzó la vista, miró algo a través de la ventana y dijo:
—Nuestro momento se acerca.
Tony se levantó y miró a través del cristal; podía ver los enormes muros de la Base Central a unos doscientos metros de distancia.
Estaba seguro de que habría dicho algo, de no ser por un golpe seco contra la parte izquierda del bus, tan fuerte que este perdió un poco el control.
—¿Y ahora qué? —Soltó Cris.
Todos se apresuraron a mirar por la ventana: Del costado del bus, había varios morks con los puntiagudos dedos incrustados en el metal, mientras que una horda de ellos corría detrás del vehículo a toda velocidad.
—¡¿Es en serio?!
Tony corrió hacia la parte delantera y comenzó a golpear la barrera que los separaba de la parte del conductor.
—¡Abran la puerta, hay morks aquí detrás!
A él se unieron David y Sara, los tres pedían a los guardias que los ayudasen.
Escuchó vidrios romperse. Volvió la vista y divisó a uno de los morks tratando de meterse por la ventana.
—¡Cris!
—¡Claro, torpe, claro! —Respondió Cris, corriendo hacia la ventana— ¡El monstruo contra los monstruos!
—¡No eres un monstruo, eres un lure!
Volvió a concentrarse en la barrera y se dio cuenta de algo; si esas personas estaban armadas, no podrían hacerles daño, pues seguramente tendrían órdenes de llevarlos hasta la base central con vida, porque de no ser así, ya les habrían disparado desde el otro lado.
—¡Derribemos esta porquería! —Les dijo a David y a Sara. Estos, algo sorprendidos, aceptaron.
Dieron varios pasos hacia atrás, y corrieron hacia la barrera. Tony estrelló el costado de su cuerpo contra la barrera al mismo tiempo que David y Sara.
Los tres cayeron del golpe al otro lado. Trató de levantarse de inmediato, pero uno de los agentes lo apuntaba con un rifle.
Instintivamente tiró un golpe al frente para quitarse el arma, y al sujeto se le escaparon varios disparos.
—¡No puede ser, mató al chofer! —Gritó David.
Tony miró, y el chofer ahora estaba tirado contra el volante. Aún había dos agentes de pie. David se tiró contra uno, y el otro estaba reincorporándose luego de esquivar las balas.
Sara lo puso de pie con esfuerzo, y justo cuando David le había arrebatado el arma a uno de los agentes, y justo cuando Tony se dispuso a tomar el control del autobús, el cadáver del chofer se deslizó hacia la derecha, moviendo el volante. Este giró con demasiada fuerza hacia el lado izquierdo, y el vehículo se volcó.
—¡Mieerdaaaaaaa! —Gritó David.
Tony se sujetó del asiento del piloto, y Sara trató de aferrarse a él pero sus brazos se resbalaron. El autobús giraba y giraba sobre sí mismo. El metal crujía y se despedazaba a su alrededor.
Sintió cómo por fin se detenían.
—¿Sara, David? ¿Están bien?
—Sí —escucho decir a Sara aunque poniendo algo de esfuerzo en la voz.
—Estoy vivo, ¿eso cuenta? —Escuchó a David. Sintió algo de alivio.
—¿Cómo están allá atrás? —Preguntó alzando la voz.
—Ángeles y Ashley están inconscientes —Escuchó a Alex—. Todos los demás estamos bien. Algunos morks murieron, pero aún habrá muchos.
—Tenemos que salir de aquí, rápido —dijo Tony mientras se levantaba.
Los guardias estaban inconscientes, pero definitivamente el chofer estaba muerto.
—Sostén esto —dijo David lanzándole el rifle a Tony. Sara recogió el otro. David trataba de encontrar la manera de abrir la puerta que ahora estaba en el lugar en que tendría que estar el techo, mientras quienes se habían quedado en la parte trasera del bus se acercaban a ellos.
Cris ayudaba a Alex a levantar a Ángeles. Sara se apresuró para ayudar a Gwen a cargar a Ashley.
David consiguió destrabar la puerta. Dio un salto y salió. Tony fue el siguiente, y luego ambos sacaron a Ashley al exterior. La recostaron sobre el metal del bus.
El ambiente era seco, y estaba tan quieto que daba miedo. Tony observó a su alrededor; estaban a unos veinte metros del acantilado. A unos cien metros al este podía ver la base central, y a otros cien metros del lado contrario, los morks, corriendo hacia ellos.
—Apresúrense, corran a la base —dijo Tony.
—¡¿Qué?! —Reaccionó Gwen, que ya había salido del bus—. Tenemos una oportunidad de huir, ¿y vamos a ir de cara hacia ellos?
—¡Mira hacia allá, Gwen! —Añadió Tony señalando a los morks que se acercaban—. ¡Hemos sobrevivido de milagro todo este tiempo! ¡Allí dentro pensaremos en algo!
Gwen apretó la mandíbula, pero no tuvo más remedio que aceptar. Cris saltó al suelo desde arriba y luego entre él y David bajaron a Ashley.
—Sara, tú conmigo —dijo Tony. Ambos corrieron sobre el bus hasta el borde trasero, y desde allí comenzaron a disparar certeramente hacia los morks.
Mientras más mataban, más se apresuraban estos. Sesenta metros. Cincuenta metros. Cuarenta metros.
—Están demasiado cerca, bajemos.
Ambos saltaron desde el borde, rodaron sobre el árido suelo y continuaron disparando mientras se alejaban.
—¡Falta poco!
Sólo quedaban unos diez morks.
Tony tenía a uno en la mira, pero cuando accionó el gatillo, no pasó absolutamente nada.
—¡Ya no tengo munición! —Exclamó.
Sara lo miró con preocupación,
—¡Alto, Sara! ¡No dispares más! —Escucharon decir a Alex desde atrás.
El resto de sus amigos se había detenido, a unos veinte metros de ellos, esperándolos. Jim se acercaba también.
—¿Estás loco? ¡Los morks van a matarnos! —Respondió Sara.
—¡Confía en mí y dame el arma!
Sara dudó. Era obvio que estaba confundida, pero no le quedo alternativa que entregarle el arma
—¡Detrás del autobús! ¡Rápido! —Exclamó Alex.
Al parecer Alex tenía una idea y Tony confiaba en él. Los tres corrieron detrás del autobús, hasta que Alex se detuvo.
—Aléjense un poco.
—¿Te volviste loco? ¡Vámonos ya! —Exclamó Tony.
Alguien sujetó a Tony del brazo. Era Jim.
—¡Tony, hay que irnos! —Exclamó ella.
—¡Alex, lo que vayas a hacer hazlo ya!
—¡Aún no! —Gritó Alex, mientras apuntaba a la parte de abajo del bus, que al estar volcado, podía apreciarse por completo.
—¡Jim, vete! —Le dijo Tony.
—¡No sin ti!
—¡Tony, vamos! —Gritó Sara.
—¡¡Alex!!
—¡Falta poco!
—¡El chico está demente, Tony, larguémonos! —Exclamó Sara.
Jim no dejaba de sujetar a Tony.
—¡Les dije que se fueran de aquí! —Gritó Alex, con un tono de voz que Tony nunca lo había oído utilizar.
Los morks comenzaron a trepar por encima del bus.
—¡Aleeeeeeex!
Sucedieron varias cosas casi al mismo tiempo: Primero, un mork saltó hacia Alex, que era quien estaba más cerca, luego, Alex disparó, pero no fue al mork, después, el bus explotó, y por último, los cuatro salieron disparados por los aires por la onda expansiva.
Tony rodó por el suelo arenoso, se aferró con los dedos al suelo para detenerse, haciéndolos sangrar. Quedó a unos peligrosos dos metros del acantilado.
Levantó la mirada, asustado; todos los morks estaban calcinándose, la idea de Alex había funcionado. Sara estaba tendida a unos diez metros, Cris la estaba ayudando. Alex estaba aparentemente inconsciente, Gwen corría hacia él, sólo faltaba...
—¡Jim!
Jim no se había detenido, e iba... en dirección al acantilado. Tony se arrastró usando brazos y piernas, poniendo toda la energía restante en su cuerpo.
Se estiró todo lo que pudo.
Pudo alcanzarla, rodeó su muñeca con sus dedos... pero no fue suficiente.
Se le resbaló. No pudo sujetarla. No pudo salvarla.
Jim cayó al acantilado.

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