38: El fin del Programa

Programa Explorer

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La vio caer.
Segundo a segundo se intensificaba el terror que sentía, el mismo terror que ella reflejó con la mirada antes de que la oscuridad se la tragase por completo.
—No…
Las lágrimas comenzaron a escaparse de sus ojos y a deslizarse por todo su rostro.
Sintió como la ira le inundaba el alma. Se sentía igual de vacío que antes de pelear con Samuel, pero el dolor de la pérdida le era inevitable.
La había dejado morir. Una vez más, él lo había permitido.
Cris lo haló hacia atrás antes de que él también cayera por el acantilado.
Tony quedó tirado de espaldas. Cris aparentemente quería decir algo, pero no sabría qué.
La perdió.
Por fin la había tenido, y la perdió.
Todo era su culpa. Él lo había estropeado.
—Tony, levántate.
Luego de secar sus lágrimas, se apoyó de las palmas y se levantó. Muchos guardias armados se les acercaban desde la base.
Tony logró erguirse, aunque cansado, adolorido, devastado.
Caminó hacia los guardias, y alzó las manos.
En una situación normal, sus amigos le habrían dicho algo, pero Tony sabía que ellos también estaban conscientes de la desventaja que tenían.
Tendrían que aceptar sus destinos. Tendrían que rendirse ante lo incierto.
 
Su mente se quedaba en blanco cada vez que intentaba aceptar que su muerte llegaría pronto. Era como decirle a un niño que dejase de llorar porque sí. Tony, en el fondo, no quería rendirse ante lo incierto. No quería otorgarle la victoria después de tanto, pero tampoco sabía cómo hacerle frente.
Dudaba mucho si de verdad había obrado como le había correspondido obrar. No sabía cuál era el rumbo de la línea ahora, ni a dónde le llevaría.
¿Cómo enfrentar a lo incierto entonces?
Pude haber sujetado a Jim —pensó—. Pude evitar ese disparo que mató a Zoe. Pude haber reaccionado a tiempo y salvar a Scott. Pude haber pensado con más rapidez y salvar a Alba… ¡Podría haberlos salvado a todos!
Sin la necesidad de girarse para mirar, Tony sabía que sus amigos también habían alzado las manos, y caminaban detrás de él, pero era como si él no estuviera allí.
Continuaba debatiendo consigo mismo, tratando de encontrar la respuesta, intentando descubrir si la puerta por la que quería salir nunca había existido, o si estaba frente a él.
Caminaban por los pasillos principales de la destrozada base central, siendo apuntados por decenas de armas.
—¿Cambiaría algo el hecho de haberlos salvado a todos? —Se preguntó.
Tampoco podría saberlo con exactitud.
Tal vez no. Tal vez si Alba, Scott, Daniel, Zoe y Jim siguieran con vida, simplemente se hallaran en la misma situación también, caminando a través de oscuros pasillos impregnados de putrefacción y suciedad, encaminados silenciosamente hacia sus inminentes finales, pero a pesar de eso, sí habría una diferencia; estarían juntos.
Como había dicho Cris, sólo sería una situación más que debían enfrentar, otra fase del Programa en la que, aunque no saldrían con vida, seguirían estando juntos.
Entonces,  ¿a qué le llevaba ese pensamiento? ¿A la culpabilidad? ¿Al deseo de haber hecho las cosas mejor para ahora poder sujetar la mano de Jim mientras ambos aceptaban a lo incierto? ¡No, por supuesto que no! Ese pensamiento lo llevaba a creer que habría una forma de continuar con la pelea, porque los sacrificios nunca son en vano, y si tantos habían dejado sus vidas en el camino, esa sería razón para continuar. Esa sería razón para buscar una manera de continuar con la lucha hasta en el último segundo.
Si la incertidumbre va a ganarnos, entonces que sea luchando hasta el final, no al rendirnos.
Las enormes puertas de la sala central se encontraban abiertas de par en par. Se adentraron y caminaron entre la maquinaria destrozada y alguno que otro cadáver.
Frente al lugar en el que debería encontrarse la barrera translúcida que separase la sala central de la brecha, estaba el muy despreciable Richard.
—¡Qué gran espectáculo! —Exclamó dando aplausos cuando los vio llegar—. Fue una increíble manera de acabar con esos fallos. Es una pena que no aprovechen ese potencial.
—¿Fallos? —Cuestionó Alex, al parecer todavía sin entender que hablaba de los morks.
—Así es. Fallos. Esas criaturas no son más que tropiezos en nuestra búsqueda de la perfección del ser humano.
—Espera, espera, tengo una duda —dijo David levantando la mano—. ¿No se suponía que el Nuevo Mundo ya se encontraba plagado de ellos? Quiero decir, ¿engañaste a la OMSA actual para ocultar que tú los creaste, o no los creaste y quieres atribuirte tal cosa?
Richard apretó la mandíbula.
—El tiempo funciona de una forma muy compleja, David —Tony se sorprendió al darse cuenta de que conocía su nombre—. Albert y yo iniciamos con la idea en el 2025, lo que sería el presente para ustedes, y comenzamos a trabajar en la fórmula que le daría al ser humano capacidades más allá de las que nos ha otorgado la mediocre evolución natural. Entonces, al atravesar la brecha, se crea una pequeña paradoja, en la que nosotros en el pasado no pudimos perfeccionar la fórmula al haber estado ausentes, y los sujetos en los que se administró, acabaron siendo fallos, o morks, como los denominaron Lilith y los suyos, y se reprodujeron y ahora habitan el caótico planeta. Es algo un poco complicado de comprender
—Ay, por favor. ¿No se les ha pasado por la cabeza que si no les ha funcionado con nadie es porque no sirve para nada su asquerosa fórmula?
—Bueno, Cris —Tony volvió a sorprenderse—, el hecho de que seas un lure, no quiere decir que la fórmula no funcione. En lugar de eso, nos ayudarás a tomar en cuenta una que otra imperfección en ella.
—¡Juro que voy a usar esta cosa para matarte si me vuelves a llamar así! —Gritó Cris, mostrándole a Richard los filosos dedos.
—Ha sido un placer charlar. Abran la brecha —dijo Richard dándose vuelta.
—¡Richard! —Lo llamó Tony. Este se dio vuelta con fastidio—. ¿Por qué puedes abrirla ahora y antes no? ¿Qué tienes ahora que antes no?
Richard sonrió con suficiencia.
—Es una muy buena pregunta —Richard extendió un brazo a uno de sus acompañantes, como pidiendo algo. Estos se apresuraron, y le entregaron un objeto plateado que Tony conocía muy bien—. Esta pequeña hacha, por ejemplo. ¿Ves este insignificante logo de acá? En el interior, posee un chip que desbloqueará la entrada; es uno de los protocolos que se emplearían en el Programa para asegurar el regreso de los explorers, y no del personal antiguo de la OMSA. ¿Brillante, cierto?
—¿Entonces tú ideaste el Programa?
—¡Por supuesto que lo he ideado yo, hijo! Por algo fue un plan tan perfecto. Todo esto ha sido necesario.
—¿Entonces siempre supiste que todo acabaría así? ¿Siempre supiste que del otro lado de la brecha no habría más que esto, en lugar del futuro brillante que prometías?
Richard pareció ofendido.
—Yo quería hacer avanzar a la humanidad —dijo él—. Cuando me encontré con el Nuevo Mundo, supe lo que debía hacer, lo que en realidad haría avanzar a nuestra civilización. ¡Un nuevo comienzo! La brecha nos condujo a donde nos tenía que conducir, nos indujo la revelación, pero sólo algunos pocos pudimos entenderlo; no necesitábamos curas para los débiles que enfermaban, no necesitábamos parar los desastres que se llevaban millones de vidas, ¡no necesitábamos nada de eso! ¡La Colisión era lo que realmente necesitábamos!
Los partidarios de Richard aullaron emocionados.
—Y está por comenzar. ¡Abran la brecha!
Los empujaron hasta estar más allá de la aún destruida barrera de seguridad. Tony no pudo evitar recordar el momento en el que llegaron al Nuevo Mundo.
Las muertes de Robert y Carol pasaron fugazmente por su cabeza.
Volvió la mirada a la gente de la sala y divisó a Samuel entregando el hacha de Tony a una mujer, ésta la llevó hasta una especie de escáner y pasó precisamente la parte en la que Richard había señalado la existencia del chip
Por todo el lugar se escucharon los chirridos y pitidos de toda la maquinaria comenzando a trabajar.
Frente a ellos se materializó aquella pared de vivos colores que costaba trabajo mirar fijamente. La entrada a la brecha se había abierto otra vez.
—¡Ustedes irán primero! —Les gritó Richard desde atrás.
Tony esperaba estar muerto para ese punto de la historia.
¿Por qué querrían enviarlos primero? ¿Tal vez para que alertaran de su llegada?
Tony se volvió hacia sus amigos dijo:
—¡No cuenten nada de esto! ¡Finjan que acabamos la misión con éxito!
Aunque algo confundidos, todos aceptaron.
Los primeros en entrar fueron Sara y Gwen, cargando a Ashley que aún estaba inconsciente. Luego fueron Alex y David, cargando a Ángeles. Cris le miró, hizo una señal afirmativa, y echó a correr hasta ser tragado por los colores de la brecha.
Tony miró una vez más en dirección a la sala.
Miró a Richard, y luego a Samuel.
Caminó de espaldas, y cerrando los ojos con fuerza, se dejó caer hacia atrás, siendo absorbido por la brecha.
Tal y como él lo recordaba, sintió su cuerpo flotar, aunque no sentía su propio cuerpo. No alcanzaba a ver más que aquellas luces y colores revoloteando violentamente a su alrededor. Se sentía mareado, aunque tampoco podía sentirlo. Se desplazaba a gran velocidad, si era que se podía decir que se estaba desplazando, hasta que de un momento a otro, todo volvió a la normalidad.
Comenzó a recuperar sus sentidos y todo a su alrededor se materializaba, incluso él.
Se encontró nuevamente en la sala central, pero en esta, la barrera de seguridad estaba entera, la maquinaria, intacta, no había cadáveres, ni putrefacción, y sobre todo, no estaba Richard.
Habían regresado al presente.
El lugar se encontraba abarrotado de personas corriendo de un lado a otro.
La barrera de seguridad se abrió, y decenas de personas entraban apresuradamente.
Tony, que intentaba luchar contra su gran mareo, sintió que lo sujetaban entre varias personas. Lo recostaron de algo —tal vez de una camilla— y sentía que lo desplazaban. Una cegadora luz a centímetros de sus ojos. Alguien estaba junto a él.
—¿Puedes escucharme? —Le dijeron.
Era una mujer. Tony asintió débilmente.
—¿Cuál es tu nombre?
—T-Tony.
—Muy bien Tony, ¿me puedes decir qué año es? —Preguntó la misma mujer.
—2025.
Además de aquella mujer, también alcanzaba a oír muchas voces mezcladas a su alrededor, ajenas a la conversación que él mantenía con la mujer que tenía al lado, diciendo cosas como:
—Lleven a esos dos a Cuarentena.
—¡Necesito sutura!
—¿Puedes hablar?
—¿Qué es lo último que recuerdas?
—¿Han completado la misión?
Tony imaginó que todas esas preguntas se las hacían a sus amigos, que se encontrarían en la misma situación que él.
—¿D-Dónde están mis amigos? —Preguntó él.
No le respondieron. Continuaba escuchando la voz como de cientos de personas. No alcanzaba a ver claramente, sólo sentía que lo movían en aquella camilla.
—¿Lograron completar la misión? —Le preguntaron, y esta vez estaba seguro de que era a él.
—Sí —afirmó—. El Programa terminó.
Escuchó muchísimas voces más.
Tony se sentía agotado, y con el remolino de voces, todo a su alrededor se desvanecía.
No, no ahora —se dijo a sí mismo—. No te duermas… No te duermas…
Pero aquello no bastó para mantenerse despierto.
Cayó en una espesa bruma que parecía consumirlo todo, y se encontró atravesando un túnel, corriendo a ciegas en la oscuridad.
Oía ruidos, de criaturas horripilantes que le acechaban. Risas, de personas dementes que jugaban a ser titiriteros.
Corría a todo lo que sus piernas le permitían, hasta que por fin logró percibir la luz al final del túnel. Se apresuró, y salió por fin de aquella oscuridad, pero la Geralldia en la que estaba no era la suya, ya que esa Geralldia estaba totalmente en llamas. Sentía que todos le odiaban, que todos le señalaban, que todos le culpaban de cada uno de los males ocurridos para que todo acabase de aquella forma.
Encuentra la puerta, Tony. Encuentra la puerta. —repetía una y otra vez en su mente.
En la lejanía, se alzaba la silueta de una gran catedral. Tony corrió hacia ella, evitando el caos que envolvía a la ciudad.
Cuando estuvo justo al frente, empujó la puerta de la misma hasta que esta por fin cedió.
¿Esta era la puerta? —Se preguntó a sí mismo.
El interior estaba completamente despejado, excepto por una persona, que le extendía ambos brazos al final de la catedral.
—¡Jim!
Tony trató de correr hacia ella, pero el trecho que los separaba cada vez se hacía más y más largo. Se estaba alejando, y tenía que alcanzarla.
—¡Espérame, Jim!
Ella continuaba allí, inmóvil, extendiéndole ambos brazos, esperando a que él fuera y la abrazara una vez más.
Su cuerpo cada vez pesaba más. Estaba fatigado de tanto correr, pero no podía dejarla esperando, tenía que alcanzarla.
La oscuridad se arremolinó y se hizo más espesa, tragándose toda la catedral, y la imagen de Jim.
—¡No!
Tony cayó el suelo, y la oscuridad arremetió contra él.
Se despertó sobresaltado y casi cae de la cama en la que ahora se encontraba.
Lo primero que sintió fue las heridas por todo el cuerpo, dolor muscular y su estómago rugir. Luego se percató de que su uniforme había sido reemplazado por algo un pijama limpio.
Tenía las heridas suturadas. Al parecer lo habían limpiado, porque ya no olía a putria.
Se levantó de la cama esforzándose un poco.
Exploró la habitación y no consiguió nada de relevancia.
Tony se preguntó qué habría pasado con respecto a Richard y la OMSA antigua, pero supuso que no habría sucedido demasiado, ya que no oía ni detonaciones, ni alarmas, ni nada que indicase que algo anduviera mal.
Tony volvió a la cama y se sentó.
Sin poder evitarlo, quedó inmerso en los horribles recuerdos del Nuevo Mundo por unos minutos.
Pensaba mucho en Jim, y en la pesadilla que acababa de tener.
Escuchó cómo abrían la puerta.
—Qué gusto verte con vida, Tony.
Lilith entró. Como cosa rara, no traía nada en las manos, nada que indicase por qué estaba allí en realidad.
—Y seguir con vida es un gusto que no todos gozan.
Tony ya había decidido que no diría nada acerca de Richard. Se suponía que tenían que fingir que el Programa había sido llevado a cabo al pie de la letra.
—Lamento que no todos hayan logrado sobrevivir.
—¿Cuántos días han pasado desde que nos fuimos? —Preguntó Tony, desviando el tema anterior.
—Te sorprenderá escuchar, que no ha pasado ni siquiera un solo día.
Tony sintió que lo tomaban de broma, y Lilith al notar eso, continuó diciendo:
—Verás, el Nuevo Mundo y el nuestro no son dos realidades que se encuentran a la par, por lo tanto el tiempo allí no transcurre en simultáneo con el de aquí. Quizá aquella gente con la que ustedes se encontraron haya vivido años allí, mientras que aquí sólo han pasado un par de horas o viceversa.
—¿Entonces cuánto tiempo pasó?
—Quizá unos diez o quince minutos —respondió ella—. Ese era el desafío; no sabríamos si volverían dentro de treinta segundos o de treinta años. Pero justo ahora hay otras cosas de las cuales preocuparse.
—¿Eh? ¿Qué pasa ahora?
—Bueno… es un poco complicado.
Tony miró a Lilith fijamente, y parecía preocupada, cosa que acabó preocupando a Tony también.
—Ahora la entrada a la brecha no puede cerrarse.
Tony sintió su corazón dar un vuelco.
Él sabía a qué se debía todo aquello, pero no podía decirlo. Tenía que continuar guardándose el secreto.
Tony, a parte de la preocupación de Lilith, también notó que ella intentaba como sacarle información, como si ella sospechara del secreto que él guardaba.
No estaba seguro de cómo lograría hacer frente a todo aquello; Richard y su gente saldrían de la brecha en cualquier momento, sólo para que la Colisión fuese completada, cosa que no debían permitir, y tampoco podrían contar con el apoyo de la OMSA actual, ya que ellos, al ver que no habían completado el Programa como dijeron, los tacharían de traidores.
Era tan complicado y peligroso que Tony supo que no podría planificarlo todo por su cuenta.
—Necesito reunirme con mis amigos.
Ella guardó silencio unos segundos y luego dijo:
—Está bien. Sígueme.
Tony se levantó de la cama y caminó detrás de ella. Salieron de aquella habitación.
—Primero deberías cambiarte —dijo Lilith.
Lo condujo entonces a la misma armería en la que había estado el día antes de marcharse al Nuevo Mundo —que en realidad habría sido ese mismo día, pero que para ellos era hacía tanto—. Tony entró, y vistió nuevamente un uniforme de explorer.
Resultaba extraño llevarlo sin estar rasgado ni oler a putria.
Justo al terminar, se dirigió a los estantes de armas y tomó un cuchillo fácil de guardar.
Salió de la armería, y Lilith continuó guiándolo.
Tony respiró profundo y dijo:
—Lilith… ¿cuándo fue la última vez que viste a mi padre?
La mujer lo miró por unos segundos, y luego volvió la mirada al frente.
—Hace dos meses, justo después de que el Programa Explorer fuese aprobado. Justo después de eso, Richard se opuso rotundamente al cierre de la brecha y amenazó con exponer al mundo la verdad, por lo que él con varios de sus simpatizantes fueron enviados al Nuevo Mundo.
—¿Y qué me dices de Albert y su hija?
Lilith se detuvo en seco. Lo miró confundida. Tony de inmediato supo que no había medido sus preguntas.
—¿Cómo sabes sobre la hija de Albert?
Tony saco el cuchillo, lo posó sobre la garganta de Lilith y la empujo hasta la pared más cercana.
—Ni se te ocurra gritar.
—Tony, tú no eres un asesino.
—¿Ah, no? Te sorprendería lo mucho que puede cambiar alguien en lo que para ti parecieron quince minutos.
—¿Qué demonios quieres?
—Llévame con mis amigos, y más te vale no intentar nada raro —le ordenó.
Tony la mantenía amenazada con el cuchillo en el costado, mientras ambos caminaban a través de los pasillos desolados de la base.
Lilith se detuvo frente a una puerta.
—Están aquí.
—¿Qué esperas? Ábrela.
Lilith sacó una tarjeta y la pasó sobre un escáner a la izquierda de la puerta. Éste emitió una luz verde y la puerta comenzó a abrirse.
Tony empujó a Lilith al interior de la habitación sin siquiera mirar dentro.
—¡Tony! ¿Qué sucede?
David se había acercado corriendo.
Tony quitó las sabanas de una de las camas  más cercanas y comenzó a atarle las manos a Lilith.
—La brecha no se cierra, Richard y su gente podrían llegar en cualquier instante, tenemos que prepararnos.
—¡¿Richard?! —Reaccionó Lilith.
—¿Todos están aquí? —Preguntó Tony a David que era el único a quien había puesto atención.
Levantó la vista y se encontró a Alex que apenas asomaba la cabeza desde lo alto de una litera. Del otro lado de la habitación estaban Ashley, Sara y Gwen.
—No sabemos dónde están Cris y Ángeles. Todos despertamos aquí —respondió David. Tony volteó violentamente a Lilith haciéndola quedar boca arriba y luego se posó sobre ella, con el cuchillo en alto.
—¿Dónde están? —preguntó casi a gritos.
Lilith no respondió.
Tony repitió la pregunta pero ella se negaba a decir algo.
Sintió aquella ira acumularse en su pecho una vez más. Clavó el cuchillo en el hombro de la mujer.
Lilith gritó de dolor. Tony repitió la pregunta.
—¡Están en Cuarentena!
—¿Cómo llegamos allí?
—¡Hay mapas por toda la base, idiota!
Tony le retiró el cuchillo y se puso de pie. Empujó el cuerpo de Lilith hasta la litera y le quitó las sabanas a la parte de arriba para amarrarla de allí.
—Iremos a la armería y luego por Cris y Ángeles —dijo él por encima del hombro.
Se levantó cuando terminó y ya todos se encontraban de pie frente a la puerta. Tony le quitó a Lilith aquella tarjeta que había utilizado para abrir la puerta.
Salieron de la habitación y corrieron de vuelta a la armería en la que Tony había estado hacía unos minutos.
Todos entraron y comenzaron a vestirse y a armarse exageradamente apresurados.
Tony tomó un hacha similar a la que tanto había utilizado en el Nuevo Mundo. Buscó una mochila y metió todos los explosivos y granadas que pudo.
Por ultimo tomó un rifle, y el resto de sus amigos ya estaban preparados.
Tony estuvo a punto de decir algo, pero antes de tener oportunidad, un temblor sacudió el suelo bajo sus pies y casi los derriba.
—El mundo se está yendo por la cañería, tenemos que encontrar la forma de cerrar esa cosa antes de que se complete la Colisión.
El sismo cesó y salieron disparados de la armería.
Gwen consultó uno de los mapas, y echó a correr para que los demás la siguieran. De vez en cuando se detenía un par de segundos para comprobar que iban en dirección correcta y continuaban.
Nunca se habían sentido tan cortos de tiempo; cada segundo que transcurría era irrecuperable. Tendrían que actuar lo más rápido posible o la vida de todos los vulnerables del mundo se vería acabada.
—Llegamos —dijo Gwen de pronto.
Detuvieron la carrera justo al doblar en un recodo que daba con un pasillo que culminaba en una puerta doble.
Había muchos anuncios que indicaban que había que ingresar a la zona con las medidas de seguridad adecuadas, y que sólo había acceso para personal autorizado.
Tony sacó la tarjeta de Lilith y la pasó sobre el panel en la pared. El panel emitió un pitido y una luz verde.
Alex empujó las puertas.
El lugar era extrañamente parecido a aquella habitación del último piso de la base de pruebas en el Nuevo Mundo, donde le habían administrado la fórmula a Cris, pero esta era muchísimo más espaciosa.
Había cadáveres de morks y de irradiados atados sobre camillas por toda la habitación. Aparentemente estaban siendo estudiados, pues era claro que les habían llevado a cabo autopsias.
También había cabinas que contenían irradiados y morks con vida. La luz tenue y el mal olor sólo ayudaban a dar más ambiente de terror al lugar.
—¡Ayuda! —Escucharon desde el otro lado de la habitación.
Corrieron al lugar de donde había provenido el grito y se encontraron con Cris atado a una camilla.
—Tienes que dejar de perderte, torpe —le dijo Tony. Cris esbozó una débil sonrisa— ¿Cómo te sientes? —preguntó mientras con la ayuda de David comenzaba a desatarlo.
—Ya no te preocupes por eso —respondió él—. Escuché a un tipo decir que la fórmula se anuló y sólo afectó una parte. No seguiré volviéndome loco.
—Eso es un alivio —dijo David.
Ciertamente, era un alivio.
—Ángeles está por allá —dijo Cris cuando terminaron de desatarlo, señalando hacia su izquierda.
Zigzaguearon entre las camillas y los cadáveres malolientes hasta el lugar en que Cris había señalado. Y allí la encontraron, pero de no ser porque Cris se los había indicado, no la habrían reconocido.
Su piel estaba pálida. Sus vasos sanguíneos se distinguían a simple vista, de un color marrón inusual. Sumado a todo eso, su brazo cortado había mutado por completo; en su lugar ahora se encontraban una larga y amenazante púa, muy similar a las del irradiado de nivel dos.
—No... No puede ser —musitó Sara.
—Ya no hay nada que podamos hacer —dijo Gwen—. Tenemos que irnos.
Tony, todavía sin digerir la imagen, se dio media vuelta. No quería abandonarla, pero lamentablemente, como dijo Gwen, no había nada que ellos pudieran hacer.
—¡Esperen! —Escucharon desde atrás. Se detuvieron en seco—. P-puedo seguir... p-puedo con esto…
—No podemos dejarla —dijo Tony.
Todos guardaron silencio.
Sin esperar ni necesitar aprobación de nadie, Tony se dio vuelta y regresó con Ángeles.
No se explicaba por qué, pero a pesar de su mal estado físico, parecía conservar la cordura. Era algo que nunca había visto. Comenzó a desatarla y Cris se acercó a ayudarlo.
Luego de liberarla, entre los dos la ayudaron a ponerse de pie.
Cris se posó a su derecha y se pasó el brazo sano por encima de los hombros para ayudarla a caminar.
En ese instante, todas las camillas comenzaron a sacudirse de un lado a otro y el suelo bajo sus pies se tembló muchísimo más fuerte que la vez anterior.
Los morks y los irradiados dentro de las cabinas se descontrolaron totalmente y comenzaban a azotar el vidrio de las cabinas que los separaban del exterior.
—¡Dejen de mirar, tenemos que salir de aquí! —Exclamó Ashley a sus espaldas.
Echaron a correr intentando no caer. Podían oír cómo poco a poco los vidrios de las cabinas se agrietaban.
Lograron salir a tiempo, y Tony cerró las puertas. Volvió a pasar la tarjeta sobre el escáner para bloquearlas, pero inesperadamente, el cristal de la ventana de la puerta voló en mil pedazos.
Varios fragmentos se le incrustaron en el ojo izquierdo. Se llevó una mano a la cara y perdió el equilibrio por el persistente temblor. Cayó de espaldas.
Sintió como su sangre le llenaba las manos y encima de todo aquello, escuchaba cómo las criaturas en el interior de la habitación arremetían salvajemente contra las puertas.
Si éstas llegaban a ceder, estaría perdido.

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