39: Antigua versus actual

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Tony sentía como por centésima vez, que ese sería su fin.
Su ojo dolía, sin duda lo había perdido. El suelo se sacudía, como si no quisiera que Tony se levantara para salvarse. Las puertas crujían, dando sus últimas señales de firmeza.
Sin embargo, dicho sentimiento no duró tanto, ya que en menos de lo que habría creído posible, Tony sintió cómo lo ponían de pie.
—¿Por qué insistes en morirte? —Escuchó decir a David.
—Cállate y muévete —Escuchó también a Alex.
Tony sentía que no podía abrir los ojos, a pesar de tener sólo uno herido. Los golpes a las puertas a sus espaldas se oían cada vez más violentos.
Tuvo la misma idea de siempre, aunque en su estado no podría llevarla a cabo por su cuenta.
—¡La mochila! —Exclamó—. ¡Hay explosivos en la mochila!
Sus amigos parecieron entender. Uno de los dos —Tony no sabría cuál, pues no podía ver— abrió la mochila que traía sin descolgársela.
—¿Por qué siempre traes tanto? ¿Pensabas volar la base entera? —Escuchó decir a Alex.
—¡Vas a hacer que nos maten a los tres, apresúrate!
David le quitó a Tony la mochila.
—Concéntrate en correr —le dijo David—, nosotros te guiaremos.
Y así fue, Tony corrió a ciegas, y cuando sus amigos le indicaron, doblaron hacia la izquierda y se detuvieron.
Tony se dejó caer.
—Detónalo —le dijo Alex a David.
—No, no aún.
—¿Vas a esperar que salgan?
—¡Aún no voy a detonarlo, sólo les ayudaría a salir!
—¡Si salen de ahí van a matarnos!
—Cállate, rubiecito.
Tony se esforzó por abrir su ojo sano y alcanzó a ver a David espiando hacia el pasillo del que provenían, mirando atentamente hacia Cuarentena. Alex también miraba, pero no la concentración que a David le sobraba a Alex le faltaba. Estaba realmente nervioso.
Pudo oír las puertas crujir con más intensidad que antes, y luego un gran enjambre de bramidos y alaridos, y acto seguido, una ensordecedora explosión se desató desde el pasillo por el que David y Alex espiaban. Los dos se pusieron a cubierto. Tony sentía sus oídos zumbando.
—¡Dios, no lo puedo creer! —Exclamó, aunque aún no podían oír con claridad.
—¡¿Qué pasa?!
—¡Las ideas de Tony siempre funcionan! No les recomiendo mirar. En serio da asco.
Tony exhaló.
—Son unos idiotas.
—No es mi culpa que ahora te parezcas a Thor luego de pelear contra Hela —bromeó Alex—. Ya ponte de pie, tenemos que encontrar a los demás.
Alex y David ayudaron a Tony a incorporarse, y corrieron por la misma ruta que habían seguido para llegar hasta Cuarentena.
Tony podía ver con el ojo derecho, pero la herida en el izquierdo le ocasionaba un dolor nunca experimentado. Trataba de ignorarlo, pero era casi imposible no pensar en que sólo puedes ver por un ojo.
Al doblar en un recodo, se encontraron con Ashley, Gwen, Sara, Cris y Ángeles que venían de vuelta.
—¿Qué estaban haciendo? —dijo Ashley al verlos—. ¡¿Y qué le pasó a Tony?!
—Una pequeña complicación —dijo Alex.
Sara se le acercó a Tony.
—Déjame ver eso —le dijo ella— ¿Puedes abrirlo?
—No te preocupes, ya me acostumbré. Si Thor pudo contra Hela con un solo ojo, yo podré con esto.
—Tony, Thor no venció a Hela —le corrigió Alex.
—¿Ah, no? Bueno… entonces olvídenlo. Sigamos.
Se pusieron de nuevo en movimiento. Los temblores eran constantes; a los minutos de que uno desaparecía, el otro le seguía con mucha más intensidad.
Tal vez sería eso señal de que la Colisión estaba iniciando.
Casi podían sentirse en una base del Nuevo Mundo, por lo desolada que estaba. No había guardias, no había personal de ningún tipo por los pasillos. No había nadie.
Tony se sentía eufórico. Quería venganza, desde lo más profundo de su ser. Sentía que sólo así estaría en paz.
Doblaron en el último recodo y se encontraron con las puertas de la sala central abiertas de par en par. Tan solo espiando, en su interior se podía ver a decenas de personas moviéndose de un lado a otro.
—Esto es lo que haremos —comenzó a decir Tony—. Tomaremos uno de los detonadores y el explosivo lo dejaremos dentro de la mochila con todos los demás. Lanzaremos la mochila entera y los haremos detonar para crear una distracción. Después entraremos disparando a los guardias que queden. Jason debe saber cómo podemos cerrar esa cosa.
Todos parecían estar de acuerdo. David se descolgó la mochila, Alex sacó uno de los detonadores y la volvió a cerrar.
—Adelante entonces —dijo Gwen.
Ya todos estaban listos para la acción. Tony sentía su corazón muy acelerado; todo el personal restante de la OMSA actual se encontraba allí dentro, mientras que Richard, Samuel y toda aquella gente demente de la OMSA antigua llegarían en cualquier momento.
La batalla decisiva sería allí.
Alex echó a correr por el pasillo de cara a la puerta de la sala central. Aprovechó el impulso de la carrera para lanzar la mochila entera. Se tiró a un lado se tapó los oídos y presionó el botón del detonador.
Dentro de la sala se desató una enorme explosión, más grande que cualquier otra que hubieran ocasionado alguna vez. A parte de casi ciego, ahora Tony se sentía casi sordo.
Distinguió que Gwen les ordenaba que se levantaran. Tony, sin poder escuchar con claridad, se levantó y corrió al interior de la sala central, acompañado por sus amigos.
El lugar había acabado muy destruido luego de la explosión. Había cadáveres por todas partes, y no parecía que hubiera guardias, por lo que no tuvieron necesidad de disparar a nadie.
—Busquen a Jason —ordenó Gwen.
Todos se dispersaron por la destrozada sala en llamas.
Tony vio personas que seguían con vida, pero heridos de tanta gravedad que no tardarían en fallecer.
Caminó hasta el fondo de la sala y se quedó mirando fijamente hacia la entrada a la brecha: Se imaginó a la OMSA antigua entrando repentinamente por allí. Sintió algo de nervios, pero también sintió deseos de que lo hicieran.
—M-Mar-tinez —escuchó decir a una voz temblorosa a su izquierda.
 Era Jason, tendido en el suelo con quemaduras por todo el cuerpo. Tony se agachó a su lado.
—¿Sabe cómo cerrar la brecha?
—D-del otro l-lado... Cierren… C-ciérrenla.
—Está bien. Lo haremos, lo haremos. 
Tony se puso de pie y justo cuando se dispuso buscar a sus amigos, Jason lo tomó de un tobillo causándole un gran susto.
—E-espera —dijo, con algo más de fuerza que antes— Louis. L-Louis. El coronel... está... está e-enf-fermo.
Lentamente, volvió a recostarse… y justo después dejó de moverse.
Tony levantó de nuevo la mirada y observó a todos sus amigos que se encontraban perplejos, a tan solo unos pasos de él.
—Ya lo oyeron, habrá que encontrar la manera de cerrarla del otro lado.
—Hay que hacerlo de ambos lados —dijo Sara—. Creo que la función que está evitando el cierre está del otro lado. Si desactivamos esa función, entonces habrá que volver a este lado y contenerla por fin.
—Tiene… tiene sentido —añadió Gwen.
—Bueno, entonces eso será lo que haremos, pero tenemos que hacer un plan para cuando…
Unas alarmas que Tony y sus amigos ya habían escuchado una vez comenzaron a retumbar por toda la sala. El ambiente fue adornado por las características luces rojas titilantes de aquellos momentos.
Tony estaba seguro de que algunos ya comprenderían lo que sucedería, pero aun así, no pudo evitar gritar:
—¡La gravedad!
Tanto los cadáveres que había dejado la explosión, como los restos de la maquinaria destrozada, comenzaron a flotar, sin nada que los sostuviese o manejase.
Tony se sostuvo de un barandal que tenía cerca, y al mirar detalladamente a sus amigos, notó con alivio que todos habían logrado sujetarse de algo.
—¡Ya comenzaba a extrañar esto! —Gritó David, tratando de hacerse escuchar bajo el ruido de tan fastidiosas alarmas.
Tan solo unos quince segundos fueron suficientes para que la gravedad volviera a su estado original. Todos fueron atraídos por la tierra nuevamente.
Tony se levantó lo más rápido que pudo y ayudó a sus amigos a incorporarse también.
—¡Sara, cierra la barrera de seguridad! —Ordenó Tony.
Sara se puso en movimiento y se dirigió a unos controles cercanos y comenzó a teclear hasta que la barrera comenzó a moverse.
—¡Alex, cierra la entrada!
El chico se dirigió corriendo hacia las puertas de la sala central para cumplir con la orden.
—¿Qué pasa Tony? —Le preguntó Ashley.
—Jason dijo que el coronel estaba enfermo, y en todo este tiempo no hemos visto ni a un solo guardia, lo que quiere decir que podrían llegar en cualquier momento, y si Richard con sus locos llega al mismo tiempo, sería un lío tenerlos a todos disparando. La barrera y la puerta nos darán algo de tiempo.
Todos se alistaban. Tony deseó haberse guardado algunos explosivos. Deslizó su mirada por cada uno de sus amigos, hasta detenerse en Ángeles; no se le veía muy bien.
—Oye, ¿te sientes b…?
Tony no pudo siquiera terminar la pregunta, cuando Ángeles vomitó un raudal de putria.
—P-puedo c-controlarlo —decía la chica cada vez que tenía tiempo de respirar entre una vomitada y otra. Gwen y Ashley la sostenían.
Tony habría pensado en que había sido un error llevarla, pero no tuvo tiempo de quejarse de sus acciones ya que un sismo de gran magnitud se desató bajo sus pies, sacudiendo toda la maquinaria y amenazando con tirarles la base encima.
Desde la brecha surgió un destello de luz, luego dos más. En el suelo frente a la entrada estaba lo que parecían ser tres personas.
—¡Están comenzando a llegar!
Después de unos instantes, Tony notó que esas personas… no eran precisamente personas.
Se levantaron como bestias y embistieron contra la barrera translucida, como intentando derribarla.
Eran lures.
—¡Mierda, hicieron más Crises! —Dijo David de broma—. Por suerte tenemos a uno de esos de nuestro lado.
—No soy tan monstruo como ellos —dijo Cris mirando fijamente a los otros lures, y Tony notó que era cierto.
Casi todo el cuerpo lo tenían cubierto por aquella piel áspera y escamada. No aparentaban poseer humanidad o cordura de ningún tipo. Parecían estar a un par de minutos de pasar de ser lures a ser completamente morks.
Mientras éstos golpeaban y arañaban el cristal que los separaba de Tony y sus compañeros, oyeron un estruendo proveniente de la entrada de la sala, como de una explosión. Luego otro igual. Ligeras vibraciones acompañaban a cada estruendo.
—¡Están bombardeando la entrada! —Exclamó Gwen.
—Cris, David y Ashley, encárguense de esas cosas —dijo Tony señalando a los lures—. Los demás cubriremos la entrada.
Un grupo se quedó frente a la barrera, esperando a por los lures, y otro fue a para al otro extremo de la sala, justo frente a la puerta de entrada.
Los monstruos embestían contra la barrera salvajemente.
Más y más bombardeos contra la entrada.
El ambiente era tensión pura.
Lo siguiente que se escuchó fue el sonido de los cristales de la barrera rompiéndose. De inmediato lo siguió una ráfaga de detonaciones; desde la puerta, un último estallido fue lo que se oyó justo antes de que la puerta cediera parcialmente.
Le siguió otra lluvia de balas, pero esta provino desde fuera. Tony, Gwen, Sara y Alex se pusieron a cubierto a tiempo. Era hora de la batalla.
Los disparos volaban desde todas partes y hacia todas partes.
De un lado se escuchaba el caos de la lucha contra los monstruos que habían salido de la brecha y del otro la balacera que lanzaban los restantes miembros de la OMSA actual.
Tony se encontraba escondido tras una mesa volcada junto a Alex.
—¿Dónde están las chicas? —Preguntó Tony a Alex por encima de todo el bullicio del tiroteo.
—¡No lo sé! —Respondió él— ¡Debimos guardar granadas!
Tony miraba de un lado a otro y pensaba en una manera de distraer a sus atacantes para tener una oportunidad de contraatacar, pero lo siguiente que escuchó fue suficiente:
—¡Por allí! ¡Vi un irradiado! —escuchó gritar a una de las personas que disparaban.
Seguramente se referían a Ángeles, así que debían actuar rápido.
—¡Ahora, Alex!
Ambos chicos se levantaron de golpe y comenzaron a disparar a la masa de gente una ráfaga de balas que acabaría al menos con un cuarto de los atacantes, antes de que los demás se pusieran a cubierto.
Se levantaron y corrieron para cambiarse de lugar. Tony miró por la habitación y rápidamente divisó a las chicas ayudando a Ángeles a esconderse y más por detrás vio a David y a Ashley disparando a uno de los lures, mientras que Cris le hundía salvajemente el cuchillo a otro de ellos.
—¡Muévete, Tony! —Le gritó Alex mientras lo halaba de un brazo, sacándolo de su leve estupor.
Se agacharon tras otra cobertura. Alex espió por un lado.
—Desde aquí no podremos disparar, tenemos que movernos a otro lugar.
Tony y Alex preparaban una vez más su corrida cuando un sismo más fuerte que todos los demás que habían experimentado con anterioridad invadió el lugar y les imposibilitó siquiera intentar levantarse.
Había polvo cayendo desde el techo de la sala y la estructura parecía comenzar a debilitarse. Poco a poco el temblor fue cesando.
Tony se sintió sin alternativa, tendría que jugar una última carta. Le explicó a Alex lo que debía hacer. Él se negó al principio, pero se vio obligado a acceder.
Entonces, Tony se puso de pie y levantó las manos.
—¡Alto! —Exclamó mirando hacia la gente de la OMSA.
—¡Tony! ¡¿Qué estás haciendo?! —le gritó Sara desde el otro lado de la sala. Tony la ignoró.
—¡No disparen! —Volvió a decir.
En ese momento dejó caer su arma al suelo. Supo que si no fueran a escucharlo, ya le hubiesen disparado sin pensar.
Esperaba que Alex llevase a cabo su parte del plan. Respiró hondo y continuó:
—No tenemos porqué matarnos entre nosotros. Un ejército de locos llegará a través de esa cosa para matar a todos los que se les opongan. Tenemos que evitarlo juntos.
—¿Cómo sabemos que ustedes no están con él? —Dijo una voz entre la multitud.
El coronel echó a caminar hacia Tony, pero no lucía para nada igual a la última vez que lo vieron. Su rostro estaba demacrado. Caminaba con algo de esfuerzo. Se veía como si su piel estuviera en proceso de descomposición.
—¿Cómo es que estas tan enfermo? —Preguntó Tony.
—Por el mismo motivo que Carlos se volvió un demente, niño; porque la Colisión ha empezado desde el preciso momento en que la brecha se abrió. Lo único que hemos hecho ha sido retrasarla. ¡Por eso la gente enferma y muere sin explicación alguna! ¡Por eso las placas tectónicas del planeta están moviéndose como si alguien jugase con ellas! ¡Por eso el clima causa estragos donde le da la regalada gana! —El coronel se vio obligado a detener sus palabras debido a una fuerte e incontrolable tos—. Richard. Todo fue culpa de Richard. Se suponía que éramos sus colegas, que éramos quienes estaban con él en todo esto.
—¿Entonces por qué ustedes no están con él justo ahora? —Preguntó Tony, todavía un poco confundido.
—¿Eres idiota, verdad? ¡Pues porque nosotros no somos resistentes! Sabíamos que Richard nos sacaría de los planes, pero lo que no sabíamos era que la Colisión siempre había sido su plan original. Quisimos hacer algo al respecto, pero antes de que pudiéramos actuar, hace dos meses, tu padre amenazó a la Organización, sabiendo que lo enviarían al Nuevo Mundo, pero dejó el Programa Explorer bien diseñado para que la idiota de Lilith lo ejecutase, y él obtendría lo que quería; la reapertura de la brecha para lograr así la Colisión que tanto anhelaba.
—Sigo sin entenderte —continuó hablando Tony—, ¿por qué no te vengas de él y ya? Cerremos la brecha y luego se encontrará la manera de evitar la catástrofe.
—Si los efectos de la radiación me han hecho esto ya, no quiero imaginar qué hará si esto se sigue postergando. Lo que quiero decir es que ese idiota tuvo razón en decir que la Colisión era inevitable.
El coronel se sacó un arma de la cintura y apuntó a Tony, haciendo que él se quedara helado. Había sido una mala idea.
—No hay tregua, Martínez.
Cris y David gritaron, pero antes de que disparara, una ráfaga de balas se desató desde atrás de la multitud de guardias.
—¡Sal de ahí, idiota! —Le gritó Sara.
Tony reaccionó y corrió hacia donde había dejado el arma tirada, la recogió y se cubrió de nuevo. Todos sus amigos disparaban sin cesar a la masa de guardias que poco a poco disminuía.
Tony se levantó y se unió. Los guardias no sabían cómo reaccionar, y no tenían a dónde correr; estaban acabados.
En poco tiempo, ya habían acabado con todos. Era un milagro, su idea suicida una vez más había dado resultados.
Tony respiró profundo y se sentó en el suelo. Vio a Sara acercarse.
—Gracias por… —Iba a decir Tony, pero no pudo terminar. Y no, no por algo bueno. Sino por una fuerte bofetada que le dio Sara en la mejilla derecha.
—¡¿Quieres dejar de hacer que casi te maten?!
—Lo siento, pero al menos funcionó, ¿verdad?
—Eres un idiota, Tony —dijo ella y luego lo abrazó.
—Eh, chicos —Escucharon avisar a David.
Todos se acercaron. Louis seguía con vida, aunque gravemente herido.
—No... podrán... evitarlo —dijo con su último aliento antes de quedar inmóvil.
Tony respiró hondo. Le dolía todo el cuerpo y el dolor de su ojo aún no se apagaba.
—No podemos perder más tiempo —dijo—. Tenemos que ir a cerrar la brecha del otro lado.
—Eso es una locura —respondió Gwen.
Ese comentario dio paso a una gran ola de disyuntivas. Todos decían al mismo tiempo cosas como:
—A cada instante aumentan los sismos. Este lugar nos caerá encima.
—Si alguno de nosotros atraviesa la brecha, se encontrará con un ejército, no habrá oportunidades.
—Tenemos que hacer un plan.
—¡No hay tiempo para hacer un plan!
Pero Tony no tuvo chaces de argumentar algo, porque él se sintió inundado por el pánico cuando un destello proveniente de la brecha fue percibido por su único ojo funcional.
Tony corrió hacia la barrera, y todos sus amigos lo siguieron.
Él esperaba encontrarse con una que otra persona, pero no. Su pecho se heló al ver a aquella multitud de pie frente a la brecha.
Y lo peor no era que los superaban enormemente en número… lo peor era que todos eran lures.

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