40: Enfrentando a lo incierto

Programa Explorer

visibility

144.0

favorite

0

mode_comment

0


Resultaba inquietantemente sorprendente que estos lures, increíblemente formados y quietos, no parecían tener intenciones de atacar.
Se veían tan cuerdos como Cris.
Continuaban llegando personas. Treinta. Cuarenta. Cada vez más. Pero lo que Tony notó, por encima del preocupante número de personas, fue que Samuel estaba allí, con Ariana en los brazos.
Probablemente habría luchado a muerte con sus deseos de correr de frente a él y golpearlo hasta descargar toda la ira que sentía, pero ver que Richard se abría paso hacia el frente evitó que Tony se viera en esa necesidad.
—Bueno, me parece que nos han ahorrado el trabajo de matar a los débiles del lugar —dijo Richard—. Ustedes son el único obstáculo ahora. Ha llegado su fin.
Tony se sintió asqueado.
Le resultaba increíble que un padre fuera capaz de matar a su propio hijo sólo para sacarle del camino.
Todo parecía haber llegado a su final, una vez más.
Ese sentimiento de tener a la muerte rozándole la piel y el alma, contaminando el aire que respiraba, impregnándolo con su amargura, ya se le había hecho costumbre.
Por alguna razón no sentía miedo, había visto a la muerte reflejada en los ojos de sus más cercanos amigos y había visto cómo se los había arrebatado de la manera más horrenda jamás imaginada. No sería muy diferente ahora que se lo llevaría a él.
Tony miró a la izquierda y vio a Cris, David y Gwen. Miró a su derecha y vio a Sara, Alex y Ashley. Ángeles había desaparecido.
Con su mano derecha le estrechó la mano a Sara, y con la izquierda hizo lo mismo con la mano de Cris. Sus amigos repitieron el gesto hasta quedar todos tomados de las manos.
—Adelante —dijo Tony—. Estamos listos.
Richard rió sonoramente e hizo una señal. Varios lures —que estaban lo suficientemente cuerdos como para llevar armas— les apuntaron.
Tony sintió cómo sus amigos apretaban sus manos. Cerró los ojos y pensó en sus amigos muertos, en su madre, en todas aquellas personas a las cuales nunca tuvo la oportunidad de ver más. También se le vinieron a la mente todos los acontecimientos vividos antes y durante el Programa.
Valió la pena —se dijo a sí mismo y puso su mente en blanco.
Ya era hora de partir.
Tony escuchó la primera detonación. Luego de un instante, supo que ese disparo no había dado consigo, y habría pensado que uno de sus amigos había muerto de no ser porque la multitud de miembros de la OMSA antigua murmuraban, como si algo demasiado inesperado hubiera sucedido.
—¡Que a nadie se le ocurra disparar! —Escuchó gritar a alguien. Alguien a quien no habría esperado escuchar.
Tony miró nuevamente, sorprendido por lo que oía.
Samuel sostenía a Ariana y le apuntaba a la cabeza con un arma, mientras que Richard yacía en el suelo con una herida de bala en el hombro izquierdo. Todos los lures habían pasado a apuntarle a él.
—¡¿Qué es lo que haces, Samuel?! —Preguntó Richard reflejando dolor en la voz.
—¡Fuiste un idiota al creer que iba a estar de tu lado, Richard! ¡Diles que bajen sus armas o voy a dispararle! ¡Sin ella no podrán lograr nada y lo sabes!
—¡¿El muy imbécil estuvo fingiendo todo este tiempo?! —Reaccionó Cris.
Tony tampoco daba crédito a lo que sus ojos veían… bueno, a lo que su ojo veía.
Aún se le hacía difícil asimilarlo. Estaba estupefacto.
Un temblor invadió toda la sala e hizo que todos perdieran casi por completo el equilibrio.
—¡Estos malditos sismos me tienen hasta el tope! —Escuchó gritar a David.
Repentinamente, de la brecha surgió una onda  que hizo volar a todos los presentes, y redujo la barrera de seguridad a pedazos.
Tony y sus amigos aprovecharon todo aquello para dispersarse por toda la sala, mientras que los lures corrían asustados por el sismo; parecía que, a pesar de todo, no estaban completamente cuerdos.
Unos pocos —los que tenían armas— corrieron en busca de los chicos, y tal vez de Samuel y Ariana, que habían desaparecido luego del temblor.
Tony en algún punto del vaivén había perdido el rifle, por lo que se vio obligado a empuñar el hacha que había tomado de la armería.
Espió y divisó a Alex, Ashley, David cubriendo a Cris de los disparos mientras él luchaba cuerpo a cuerpo contra un par de lures.
Miró hacia la brecha y fácilmente se dio cuenta de que no lucía de la misma forma; en vez de colores infinitos e interminables, podía verse la sala central de la base central del Nuevo Mundo.
—¡La Colisión! —pensó Tony, alarmado.
Se levantó de su escondite y corrió.
No tardó en toparse con un lure. Esquivó un zarpazo, y sin darle oportunidades de recuperarse clavó el hacha en el pecho de la criatura con todas sus fuerzas.
El golpe fue efectivo pero no suficiente, así que mientras el monstruo agonizaba por la herida, Tony se abalanzó sobre ella y lo hirió hasta que dejó de moverse.
Continuó su carrera mientras que desde lejos, sentía cómo sus amigos lo cubrían y seguían disparando eliminando guardia tras guardia.
Esquivó un par de piezas de metal destrozado, pasó por encima de muchos ordenadores apilados, evitó pisar los cadáveres del personal asesinado por la explosión y rodeó la maquinaria chispeante, cuando fue embestido por un lure que pareció salir de la nada.
Tony cayó de espaldas y su arma quedó a unos cuantos metros de él. Ya estaba lejos del alcance de las balas de sus amigos.
Se sentía sin escapatoria, pero justamente cuando el lure alzó sus filosos dedos, fue atravesado por una enorme púa.
La herida salpicó a Tony por todo el cuerpo. El cadáver del monstruo cayó a un lado y le reveló quién había salvado su vida: Ángeles, de quien se había olvidado por completo.
—Te dije que podía controlarlo —dijo ella mirándolo fijamente.
—G-gracias.
—Apresúrate, Tony.
Tony se dio vuelta, recogió el hacha y echó a correr una vez más.
Ya tenía una ruta definida para llegar hasta la entrada a la brecha, cuando un muy inoportuno temblor se desató. Tony perdió el equilibrio.
—¡Ay, no puede ser!
Daba la impresión de que la estructura no tardaría demasiado en venirse abajo.
Debido al temblor, los disparos cesaron por un momento y Tony vio a Sara surgir de la nada y correr hacia la entrada de la brecha.
Tony no pudo evitar sentir un impulso que lo llevaría a correr como un loco tras ella, pero alguien lo tomó del brazo. Gracias a los cielos, no se trataba de una amenaza.
—¡Deja que ella se encargue! —Le gritó Samuel.
—¡No voy a perderla a ella también! —Le respondió.
De inmediato se percató que Samuel mantenía a Ariana presionada contra su pecho.
En ese momento, por primera vez en diecisiete años de vida, Tony vio a Samuel llorar.
—¡Y yo no voy a perderte a ti! —Gritó su hermano, reflejando en su mirada un profundo dolor—. Perdóname todo este teatro, pero era necesario para que saliéramos con vida y salvar a Ariana.
—¿Por qué no me dejaste matar a Richard?
—¿Estás loco? ¡Te habrían matado a ti y a todos tus amigos si lo hacías!
Tony sintió su corazón estrujarse. Todo ese odio que había sentido por Samuel, y él sólo estaba tratando de salvarle.
—Perdóname por ocultártelo… ¡pero yo siempre supe sobre los planes de Richard! Él trataba de comunicarse conmigo. Me hablaba sobre el Programa, sobre la Colisión y el Nuevo Mundo que quería crear, pero siempre traté de evitarlo. Pensé que estaba demente. Nunca conté nada ni a mamá ni a ti porque quería protegerlos. No pensé que todo fuera a salirse todo de control.
Tony por fin comprendió todo.
Entendió por qué Samuel desde un principio quiso convencerlos de que encontrar a Richard era la solución, por qué fingió ser uno de ellos y todo lo demás.
No necesitó proponérselo para perdonarlo.
Una gran parte de su odio ya no estaba.
Tony miró a Ariana y luego volvió la mirada a Samuel.
—Cuídala bien.
Samuel soltó su brazo y Tony echó a correr sin pensar ni mirar atrás. Escuchó cómo algunas balas daban a su alrededor, pero por suerte ninguna llegó a alcanzarlo.
Al llegar frente a la brecha dio un simple salto y en un instante, sin necesidad de que su percepción se distorsionara por completo, ya se encontraba en el Nuevo Mundo.
Miró en todas direcciones, y no lograba divisar a Sara por ninguna parte.
Corrió más allá de la destartalada barrera de seguridad y de inmediato pudo verla tecleando por aquí y por allá.
Se acercó y ella al verlo le gritó:
—¡Tu hacha, rápido!
Tony la lanzó y ella la atrapó sin problemas. La pasó por aquel escáner y luego volvió a teclear en uno de los tantísimos paneles. Era increíble cómo ella parecía saber lo que hacía.
—¿Funcionó?
—¡Sí! —Afirmó ella—. Ya desbloqueé el acceso, ahora tengo que desactivar la función que evita el cierre.
Sara se movía de un panel a otro, luego pasaba a un teclado, y nuevamente a un panel, y así sucesivamente
—¡Tenemos compañía! —Exclamó ella.
Tony volvió la mirada y se encontró con dos lures. Sara le devolvió el hacha  mientras que la adrenalina se apoderaba de él.
Las criaturas echaron a correr hacia él y Tony nunca se había sentido tan eufórico.
Cuando estuvieron cerca, él se adelantó a atacar con un golpe al rostro del primer lure.
Dio al blanco pero no fue suficiente, mientras que el segundo le lanzaba un zarpazo al torso, logró apartarse para que no lo hiriera de gravedad. Se armó nuevamente y le atacó sin apuntar demasiado. Le asestó en el pecho y la criatura soltó un quejido que dejó sus oídos zumbando justo antes de desplomarse. Con el rabillo del ojo, Tony alcanzó a percibir al primer lure poniéndose de pie con esfuerzo, aunque bastaría con otro ataque para que éste cayera muerto.
El segundo lure aún agonizaba, por lo que Tony se lanzó sobre él y comenzó a herirlo sin control. Al pecho. Al abdomen. Al rostro.
Sintió como lo halaban hacia atrás.
—¡Cálmate ya! —Era Sara— ¡Ya está hecho, tenemos que irnos!
Tony se levantó y ambos salieron disparados en dirección a la brecha.
Lograron pasar y volvieron al presente en un momento. Lo primero que Tony alcanzó a ver fue a Ángeles y a Cris luchando contra varios lures al mismo tiempo.
—¡Encuentra cómo cerrarlo de este lado! —Dijo Tony a Sara.
Ella asintió y se ocultó de los disparos mientras se perdía en la inmensidad de la sala. Tony corrió también y buscó a los demás con la mirada. No tardó en comprobar que todos se encontraban aún con vida, así que se dispuso a encontrar a Richard.
Se mantenía oculto de la balacera sin dejar de desplazarse.
Iba a acabar de una vez con su demente padre y completar su venganza, aquella que tanto anhelaba.
No le costaba demasiado trabajo deshacerse de los lures que se cruzaban en su camino. A no ser por uno que parecía haberse metido una gran sobredosis de la fórmula.
Mediría por lo menos dos metros de altura, y tenía el cuerpo tan hinchado como un fisicoculturista.
Miró a Tony, y pareció notar la presura que llevaba, porque no dudó en lanzarse contra él. Tony, con el hacha en la mano y el corazón latiendo más rápido que nunca, se echó a un lado en el momento justo para no ser embestido.
El lure chocó contra la maquinaria, y Tony aprovechó de atacarle. Hirió su muslo, y apenas tuvo tiempo de sacar el hacha de la herida cuando el monstruo contraatacó con una patada hacia atrás que lo mandó rodando unos cuantos metros.
Se puso de pie lo más rápido que pudo, y esperó a que el lure se lanzara al ataque de nuevo. Tony esquivó una patada e hirió su costado. Se agachó a tiempo para evitar un zarpazo y tuvo tiempo de herir su abdomen. Se escabulló por entre sus piernas y al estar detrás dio un salto y clavó el filo del hacha en la parte superior de su espalda. El lure se estremeció de dolor.
El hacha, por el peso, comenzó a desplazarse hacia abajo, haciendo mucho más largo el corte. El monstruo trataba de alcanzar a Tony, pero la herida fue demasiado grave como para que continuase con vida.
Tony retiró su hacha, y miró el descomunal cuerpo del lure, con un larguísimo corte que atravesaba toda su espalda, justamente a la mitad.
Gwen había aparecido.
—Yo venía a… ayudarte —dijo, observando atónita el cadáver del lure —. ¿Lo hiciste tú solo?
—Sí, y ese corte en la espalda estaba completamente planeado, ¿queda claro?
Gwen puso cara de asco y se marchó. Tony también se dispuso continuar con su búsqueda, hasta que al pasar junto a un par de piezas de metal que estaban recostadas de una pared, notó que había alguien detrás, como tratando de ocultarse.
Tiró las piezas al suelo, y dejó a Richard completamente al descubierto.
—¿Vienes a devolver el favor? —dijo él—. Anda, hijo, hazlo. Demuéstrame que no serás débil al menos en esto.
Tony volvió a sentirse asqueado, pero esta vez no por Richard, sino por sí mismo; dejó que la sed de venganza lo consumiera y en vez de estar luchando y ayudando a sus amigos a sobrevivir, estaba tratando de saciar su egoísta deseo de ver morir a los culpables de toda aquella desgracia.
Se agachó frente a él y le dijo:
—Todos estos años pensé que en mi vida no me enseñarías nada, pero no es así; me enseñaste algo muy valioso.
Richard lo miró a los ojos.
—No importa cuánto mal te haga el mundo, no dejes que te roben tu esencia y tus ganas de salvarlos a todos, porque a veces sólo tú puedes hacerlo —Tony se levantó—. Esta vez seré mejor que tú, y siempre seré mejor que tú.
Levantó su hacha y se la clavó en el hombro derecho. Richard dio un grito desgarrador.
Otro temblor.
Las paredes se agrietaban. La maquinaria estaba descomponiéndose.
La estructura del lugar finalmente había cedido y se estaba viniendo abajo.
Se puso de pie como pudo y divisó a David mirando de un lado a otro. Cuando éste logró verlo, comenzó a señalar hacia la barrera de seguridad y Tony entendió la idea de inmediato; la estructura ahí parecía ser más consistente.
Era su única alternativa, ya que la ruta a la salida era demasiado riesgosa. Tony echó a correr intentando no caer.
Los lures corrían de un lado a otro. Parecían haber entrado en un estado de pánico total. Tony vio a todos sus amigos corriendo en dirección a la zona de seguridad donde se encontraba la brecha aún abierta, excepto a Sara.
Se dio vuelta y la encontró en el mismo lugar que en el Nuevo Mundo, tecleando de un lado y de otro.
—¡Sara! —Le gritó. Ella volteó a mirarlo y Tony sólo le lanzó el hacha.
—¡No es necesario, era para desbloquear el acceso del otro lado!
—¡Sólo inténtalo!
Sara pasó el hacha por el escáner. La entrada a la brecha comenzó a lanzar destellos cegadores y el temblor se hizo más fuerte.
—¡No sé qué hice, pero parece que funciona!
Ambos echaron a correr a todo lo que sus piernas les permitían.
Esquivando escombros y monstruos en pánico, Tony y Sara se dirigían a la zona donde ya se encontraban el resto de sus amigos y la brecha centelleante a tan solo unos metros detrás de ellos.
Lograron llegar sanos y salvos, pero Tony de inmediato supo que no eran todos.
Volteó y se dio cuenta de que tenía razón; Samuel corría con Ariana en sus brazos, mientras el edificio a su alrededor se caía a pedazos.
Todo sucedió muy rápido, pero Tony pudo verlo todo con unos detalles y una precisión increíbles.
Incluso la zona que ellos creían que no cedería al colapso del edificio, comenzó a desmoronarse, justo a las espaldas de Samuel.
Poco a poco fue quedando atrapado tras la nube de polvo y dentro en unos instantes los escombros los arroparían a ellos también.
La última reacción de Samuel fue lanzar a Ariana por los aires hasta aterrizar contra el pecho de Tony, quedando él, irreversiblemente atrapado bajo los restos del edificio.
Tony perdió el equilibrio y se desplomó hacia atrás. Apretó a Ariana.
Esperaba chocar contra sus amigos, o caer contra el suelo, pero sólo se sintió caer a un vacío infinito.
Esperaba el peso de los escombros caer sobre él. Estaba preparado para enfrentar el final y dar su último suspiro de vida, pero no.
No pasó nada de lo que él esperaba que pasara. En lugar de todo eso, sentía su cuerpo como… flotar.
Ariana ya no estaba en sus brazos.
Era igual a los viajes a través de la brecha; aquella sensación de no poder sentir nada.
Lo distinto esta vez era que no sentía que se movía a velocidades extremas, sólo sentía una infinita paz.
¿Estaría muerto? Quizás.
Esa era la explicación más lógica, pues también sentía como cuando estás apunto de dormirte, de caer en un profundo sueño, y estar a gusto con ello.
Entonces pudo relajarse.
Se le vinieron a la mente las muertes de todos sus amigos y la reciente muerte de Samuel.
Su madre, a quien no pudo volver a ver desde aquella mañana en que salió corriendo tarde al colegio.
La mirada aterrorizada de Jim al caer por el acantilado y el tembloroso cuerpo de Zoe antes de morir.
No quería más tristeza, era el final y no podía irse con esos recuerdos:
Recordó su primer beso con Jim. Recordó las risas con Cris, David y Scott. La felicidad que sintió cuando Samuel lo encontró en la base aquella noche. Las conversaciones con Sara. La sonrisa de Ariana que sólo alcanzó a ver unas pocas veces.
Sí, eso sí valía la pena repetirlo, y si tuviera que volver a vivir lo malo cientos de veces, por volver a experimentar todos esos agradables ratos con las personas que él amaba, lo haría sin pensarlo dos veces.
Resonaron en su cabeza aquellas palabras que dijo a sus amigos en el autobús de camino a la base central en el Nuevo Mundo:
«Solo espero que si hay otra vida o tenemos otra oportunidad, estemos todos juntos otra vez»
Resonaron esas palabras una y otra vez dentro de su cabeza… Sí, al parecer estaba teniendo noción de lo que era su cabeza.
Poco a poco todo parecía tomar forma de nuevo.
¿Estaría llegando a algún lugar?
No lo sabía, y en realidad tampoco le interesaba mucho.
Podía distinguir su cuerpo y su entorno; se le hacía familiar y abrumadoramente acogedor.
Abrió levemente los ojos y se dio cuenta de que podía ver perfectamente con ambos. Su cuerpo tampoco dolía, ni por heridas ni por dolor muscular, pero lo más extraño fue el lugar en que se encontraba…
Su habitación.
¿Cómo había llegado de nuevo allí?
¿Todo... había sido un sueño?
¿Quizá una pesadilla?
No lo sabía, pero allí se encontraba. Tony miró sus manos y toco su rostro, no podía creer que fuera real, pero así parecía ser.
Intentó convencerse a sí mismo de que todo había sido un sueño y acalló las voces de su cabeza que resonaban una y otra vez con las mismas palabras: «Otra vida» «Otra oportunidad» «Juntos otra vez».
Con un poco más de esfuerzo, consiguió evitar pensar en términos como «La Colisión», «Ser Perfecto» y «OMSA»
Finalmente, el confundido Tony consiguió conciliar el sueño, con la esperanza de pasar el mal trago de toda aquella pesadilla.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo