Capítulo 26.

Ignis (Pars #1)

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La pasión recorría mi cuerpo tan rápidamente que me hacía temblar y recuperar toda la felicidad que él mismo, al irse, se llevó. James me abrazó la cintura con firmeza y yo metí mis manos en su cabello, envolviendo mis dedos en la seda de sus mechones. Abrí mi boca para dejar a su lengua pasar y profundizamos el beso de una manera tan íntima que ningún chico antes había podido conseguir. Todos mis sentidos estaban pendientes al chico de ojos rojizos que me estaba besando ahora mismo, el mismo chico que me gusta en todos los sentidos de la palabra.
Él metió una de sus manos dentro de mi abrigo y gemí contra sus labios. ¡Oh, por dios, qué magnífico! Era el mejor sentimiento que había tenido en mucho tiempo y quería vivirlo todos y cada uno de los días de mi vida.
Nos separamos unos segundos a tomar aire porque mis pulmones estaban reclamándolo con ansias y extrañé sus labios al segundo. Apoyé mi frente en la suya, sin mover mis manos de su sedoso cabello.
--Por dios, Madison --balbuceó él y tomó una gran bocanada de aire--. Joder. La mejor sorpresa que he recibido en mucho tiempo.
¿James hablando así por mí? Ya lo he visto todo en esta vida.
Me entraron unas ganas irrefrenables de reír a carcajadas. Apoyé mi frente en su pecho, sin poder controlar la sonrisa que tenía en el rostro. Estaba tan contenta que podía ir saltando por ahí y cantando canciones cursis en un prado de flores. ¡Besé a James!
Y, admitámoslo, él y su beso me volvieron loca.
--Mierda, viene alguien --susurró él de imprevisto. El miedo me azotó, me separé de él con una velocidad increíble y él me sonrió--. Hablaremos de lo que acabamos de hacer después, y no quiero que finjamos que ha sido un beso cualquiera.
Asentí, ya que mucho no podía hablar por la conmoción que estaba sintiendo ahora mismo. Me ruboricé. Él tenía razón: los besos de James me habían dejado en un estado de shock y necesidad de más que era como una humillación.
Los pasos (que no escuchaba por estar pensando en... ya saben) se escucharon cada vez más y James se puso en posición defensiva entre mí y el lugar de donde se oían. Luego miró para atrás un segundo, sonrió con picardía y me dijo algo que me hizo sonrojar incluso más (como si eso fuera posible).
--Podría acostumbrarme a verte todos los días ruborizada así por mí.
Escondí la cara entre las manos y él rió, cuando llegaron las personas. Ahí volví a mirar a mí escudo humano King y lo vi destensarse y alejarse de mí, así que levanté un poco más la cabeza y vi a Belu y a Nick mirando todo con el ceño fruncido.
--¿Mad? --me llamó Belu y toda la seriedad de su cara se transformó en una sonrisa de oreja a oreja.
--¡Madison! --exclamó Nick y abrió la boca con sorpresa.
--¡Chicos!
Fui corriendo hasta ellos y los abracé con todas mis fuerzas. Belu se puso a reír.
--¿Cómo nos encontraron? --inquirí, separándome de ellos.
--Los Pars tenemos el poder de sentir cuando está cerca a alguna persona que apreciamos. Es una buena manera de saber si realmente te importa alguien --explicó Belu y asentí.
Nick se arrimó a James y le dijo algo en español. Su hermano negó con la cabeza y le respondió otra cosa inentendible a mis oídos de manca.
--¿Así que sabes del Gobierno? --me preguntó Belu, volviendo la vista de su hermano a mí. Deduje que de eso hablaba James.
--No mucho --contesté para no alarmarla con mi ya no tan exagerada ignorancia.
Nick se separó de James con un poco de miedo. Tenía unos movimientos de alguien nervioso, por lo que supe que algo malo iba a decir.
--Como sabrán, el Gobierno está persiguiéndonos. Están investigando ciudad por ciudad, pueblo por pueblo y casa por casa a ver cuántos Pars se encuentran --advirtió él y se despeinó el pelo--. Ahora mismo, su mira es Eaton. Estamos siendo amenazados por ellos semana tras semana y si nos agarran... Dios sabe lo que harán --suspiró y me miró a mí--. Tenemos que estar preparados ante todo, nunca sabemos cuándo... harán algo.
--¿Por qué están investigando Eaton ahora? --interrogué, y los tres hermanos me miraron con rareza--. Digo, hay algo o alguien que tendría que haberles dado la pista.
Me sentía como Sherlock Holmes con esas acotaciones.
--¿Recuerdas el incidente de hace dos semanas? Como contraatacamos, les dimos la pista inmediatamente de que aquí se encontraban Pars.
Asentí. Tenía en la punta de la lengua la pregunta "¿Y por qué lo estaban investigando y mandaron a sus secuaces en ese momento?", pero no era el momento de hacerla: Nick parecía bastante tenso y no quería agregarle dudas mentales raras.
Igual ya sabía que era por un impostor, así que qué más daba.
--Madison, sólo por las dudas: ¿sabes cómo se visten los hombres del Gobierno? --inquirió Nick y pegué un salto por haber estado pensando en otras cosas.
--¿Traje y maletero blanco?
--Casi. Recuerda que siempre llevan un auricular bastante caro a donde vayan --afirmó y asentí.
--Ah, por eso me quisiste sacar del bar aquella vez --hice memoria a dos o tres meses atrás, cuando salí con Nick y él se había puesto todo nervioso por ver a un señor así. Los tres me dirigieron una mirada de incomprensión total--. ¿Recuerdas el día en el que salimos a tomar algo? Viste a uno de ellos.
--Ah. Es verdad --alargó el monosílabo y me sonrió, aunque se notaba la tensión de lejos--. Él era uno de ellos, es verdad --nos quedamos unos segundos en silencio y él negó con la cabeza--. Tenemos que ir a un lugar seguro ahora, no podemos seguir charlando. Todos los Pars se están refugiando porque ellos están viniendo.
--Mierda, Nick, podrías haber dicho eso primero --lo insultó James y me tomó de los hombros. En menos de tres segundos ya me había empujado detrás de él y se ponía a la defensiva.
Un Aqua estaba parado ahí y estaba a punto de atacar a James. De hecho, podría haberlo herido porque reaccionó muy lento, pero no pasó porque una silueta apareció detrás del atacante. Esta ahorcó al tipo y lo dejó en el piso.
Era Alex.
--¡Alex! ¡¿Lo mataste?! --me horroricé.
--¡No! ¿Por quién me tomas? Está desmayado nada más --aclaró y yo me calmé un poco.
--¡¿Y cómo me encontraste?! --dudé y él se encogió de hombros.
--Cuando salía del bosque, fui atacado por un Terra, entonces volví a ver si podías defenderte. Como sea: salgamos cuanto antes de aquí, que corremos mucho peligro --me dijo y yo me acerqué unos pasos hacia él. Le echó un vistazo a mis amigos y frunció el ceño--. ¿Qué esperan? Vamos. Nos matarán.
--¿James? --lo insté, pero él seguía con ese ceño fruncido inspeccionando a Alex.
Por dios, qué pesados son los hombres y su falta de confianza.
--No me voy a ninguna parte --soltó y arqueé una ceja--. No me fío de él.
--Qué mala suerte, porque yo sí que lo voy a seguir --le avisé y me fijé a ver qué hacían Nick y Belu. La chica se unió a nosotros.
--Es un Ictus, ¿verdad? --señaló James y yo asentí.
--Evidentemente. Si quieren, pueden no venir con los dos Ictus y quedarse a su propia suerte, pero les recuerdo que en momentos de guerra es necesario hacer alianzas poco comunes.
Nick, aunque no muy confiado, también se arrimó. James, rodando los ojos, fue obligado hacerlo también.
--Vamos --declaré y empezamos a correr.
El viento incrementaba de manera violenta con cada paso que dábamos. Las hojas de los árboles se sacudían velozmente cuando pasábamos a su lado. Ya no había sólo una Ictus: éramos dos, por lo que haríamos el doble de estruendo.
--Entraremos un poco al bosque para tomar otra salida más segura --avisó entre jadeos Alex--. ¿Alguien se opone?
Nadie hizo el mínimo ruido, así que seguimos corriendo. Supuse que a James no le gustaba un pelo la idea, pero no se le ocurría nada más que seguirla.
Era verdad eso de que los Pars corrían mucho más rápido que los humanos corrientes: mis compañeros de curso siempre me tuvieron envidia por ello. Era la materia en la que mejor me iba, con música.
Tuvimos que doblar mucho para evitar las partes del bosque como el lago o los lugares donde se hacían las fiestas, porque eran muy abiertos y cualquiera iría ahí. A los cinco minutos de carrera, Alex paró en freno y nos susurró:
--La única salida que tenemos es pasando estos árboles de aquí --murmuró, señalando estos a diez pasos de nosotros--. Yo iré primero y si hay alguien, gritaré y ustedes saldrán corriendo ¿okay?
--¿Eso no es un poco arriesgado? --inquirió Nick.
--Nunca dije que mi método sería fácil.
--Hazlo, entonces --contestó por todos Belu.
Ella, igual que yo, estaba sudada hasta las pestañas.
Alex asintió y, adoptando una posición alerta, se acercó lentamente. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Cuando él entró al escenario, empezó a gritar.
--¡Corran!
Corrí mi vista a James, quien estaba seriamente asustado.
--Nos vamos --murmuró con su voz más firme.
--¡No! --exclamé en un susurro--. ¡Él nos está salvando y nosotros lo dejamos! ¡¿A quién mierda se le ocurre?!
--A mí, Madison. Nos...
Pero James se interrumpió a sí mismo y empezó a chillar de dolor. Nick lo copió, y Belu empezó a soltar improperios a todo volumen. Escuché cómo se le rompía la voz. Me di vuelta y vi a cuatro tipos atrás nuestro, tres agarrando a mis acompañantes y uno sonriéndome.
--Tienes dos opciones: o cooperas, o los torturaremos. Tú eliges --me advirtió y sentí mi respiración fallar.
Levanté mis manos en señal de rendición. Los tipos nos llevaron con las manos agarradas con fuerza por las suyas y, si alguno se trataba de escapar, los torturaban con algo pequeño que no podía distinguir desde aquí. Entramos en el lugar donde había entrado anteriormente Alex y el terror se coló y fluyó en mi cuerpo como si se tratase de mi propia sangre.
Era un espacio abierto no muy grande libre de árboles. En un semicírculo se paraban unas ocho personas (tres enfrente mío, cuatro a mi derecha y el hombre que tenía a Alex a mi costado izquierdo), todas con una sonrisa peligrosa en su cara. Los atacantes que tenían a mis amigos se acomodaron al lado del de Alex y los cuatro, todos sincronizados, le apoyaron algo en el cuello a los chicos. Ellos aullaron de dolor pero cuando pararon Alex, apenas me vio, intentó acercarse a mí. Le volvieron a presionar la cosa en el cuerpo. Ahí sí que se dejó de mover.
¿Por qué sólo tomaban a los chicos y no a mí? ¿Qué es lo que tienen que decirme?
Todos eran hombres de traje en la sala excepto una mujer que me sonreía especialmente con maldad. Debía tener unos cincuenta años, vestía un vestido gris hasta las rodillas y tenía el pelo de un color grisáceo que le quedaba bastante bien. Tenía los ojos marrones a secas y todas las facciones de su cara estaban elegantemente impuestas, haciéndola una mujer guapa para su edad. Sus dientes estaban bastante cuidados y sus orejas eran demasiado pequeñas para el resto de su cara. Algo que llamaba la atención en su cara era una cicatriz que tenía en su mejilla izquierda que le recorría desde debajo del ojo hasta el final de su cara. Era alta, delgada, esbelta y la notaba como una señora fría y difícil de manejar gracias a su belleza afilada.
Ella estaba al medio del semicírculo, así que intuí que era como la... ¿jefa?, la que mandaba ahí. Ella hizo un gesto para alguien detrás mío y me fijé disimuladamente para quién era: tres hombres, serios como la guardia de la reina de Londres, estaban a unos pasos de mí.
--¿Quieres ver a tus amigos sufrir? --dijo uno de estos y negué con la cabeza. Alex volvió a tratar de acercarse, aunque el objeto brillante volvió a hacerlo gritar--. Entonces tendrás que quedarte callada y no hacer nada de lo que te podrás arrepentir en el futuro.
Traté de acercarme a Alex, pero el guardia me miró a los ojos y le acercó el objeto nuevamente, aunque sin llegar a tocarlo. Me sobresalté y alejé. La mujer rió a todo volumen.
Mierda, estábamos atrapados. Atrapados, atrapados; no había escapatoria para nosotros.
--Hola, Madison --fueron las primeras palabras de la... jefa y la volví a mirar. ¿Cómo mierda sabía mi nombre?--. Soy Regina Fisher, una de las mayores autoridades del Gobierno de los Estados Unidos. Trabajo en un departamento desconocido para ojos y oídos mundanos: el Departamento de Investigación y Regulación de los Pars.
Regina empezó a caminar con toda la lentitud del mundo alrededor mío, cada paso inspeccionando cada uno de los detalles de mi cara y cuerpo. Cuando dio la vuelta entera, se paró enfrente mío y me volvió a sonreír.
--Ay, querida... has sido muy ingenua en confiar ciegamente en los King --se "apiadó" de mí y yo ahí sí que fruncí el ceño y dejé de mostrarme sorprendida.
--¿Disculpe? Creo que no la estoy entendiendo --fue lo primero que le dije y ella rió.
--Ellos son traicioneros, Madison --me confesó y yo le leí la mirada. Parecía divertida, pero no parecía estar mintiéndome--. Desde hace siglos y siglos, los King no cambiaron nunca.
--¡No la escuches, Mad! ¡Trabajan en el Gobierno! --vociferó James, desgarrando sus cuerdas vocales. Miré con horror cómo lo hacían gritar aún más con el objeto brillante con el que lo torturaban. Era una pequeña piedra, dorada y no parecía dolorosa (me equivocaba).
--Como es lógico, James --obvió Regina, aunque yo ya no le prestaba atención--. Yo misma se lo hice saber.
Los aullidos de James me desesperaban, como cuando alguien te está ahogando y llegas a un punto en el que ya no te queda aire en los pulmones. Los gritos no paraban y me estaban desesperando tanto que empecé a temblar. Le eché un vistazo sin parar de moverme hacia atrás y adelante, y me arrepentí al segundo: él estaba muy débil en el piso sin poder hacer nada al respecto.
Tenía que ayudarlo. Corrí hacia él, aunque a mitad de camino los guardas me atraparon. Me volvieron a llevar para atrás, sin soltarme. Traté de usar los poderes, pero sentía tanta impotencia que me fue imposible.
--¡Paren ya! --exclamé, aunque nadie me escuchó--. ¡Por favor!
Un viento horrible empezaba a empujar a la muy zorra de Regina, pero ella seguía ahí, inmutable. Sudé como una deportista. Empecé a derramar lágrimas de frustración, tristeza y terror. Quería que parasen.
En un momento, escuché que los alaridos perdían intensidad. Le dirigí la mirada y noté que James estaba tratando de no gritar, aunque le costaba muchísimo. Y lo hacía para que yo no me asustase. Empecé a negar con la cabeza con rapidez, sin dejar de balancearme para atrás y para adelante.
--Por favor --murmuré, con miles de escalofríos recorriéndome la anatomía.
Haz que pare, por dios. Un calor abrasador me quemó las manos y supe que era un poder que estaba deseando usar, mas no sabía cómo. Tratando de zafarme de los hombres, me tiré para adelante y unas ráfagas de aire inhumanas tiraron al maldito imbécil que tenía la piedra y lo torturaba. James se quedó en el piso, casi al borde del desmayo.
Como todos observábamos a James, vi de reojo cómo Nick trataba de escaparse. El guardia que lo cuidaba fue corriendo hasta él y le dio con el objeto brillante en la nuca con mucha intensidad. Cayó al suelo, desmayado. Chillé y el hombre lo arrastró hasta atrás.
¿Nick?
--¡Llévenme a mí! --saltó Belu de la nada y yo la miré con horror--. ¡Déjenlos ir y tómenme a mí!
Los hombres rieron y tuve que agradecer mentalmente que no la lastimaron luego de eso.
Regina hizo otro gesto de manos a los hombres detrás mío y me soltaron. Yo sentía tanta rabia y frustración que estaba empezando a temblar incluso más que antes. Eché un vistazo a James. Él seguía ahí, mirándome fijamente. Aparté mi mirada y se la dirigí a Regina, quien seguía sonriendo. Trató de acercarse a mí, pero yo inmediatamente me puse en posición de defensa y le tuve que sonreír yo esta vez.
--Si te acercas a mí o a mis amigos otra vez, tengo que advertir que correrá sangre... y no será la nuestra.
Como escucharon: Madison Jones, alias la mojigata, amenazando a una de las mayores autoridades de Estados Unidos. No me lo creía ni yo, vaya.
--Madison, no queremos herirte --mintió sin pudor y con mucha seriedad ella, lo que me hizo arquear una ceja y borrar la sonrisa--. Sólo lo haremos si no cooperas.
--¿Y qué es lo que tengo que hacer? --le pregunté.
--Es simple: venir con nosotros --sentenció y yo fruncí el ceño.
--Sólo si me cuentas la verdad antes.
Ella asintió y rió.
--Te pareces mucho a tu madre --sonrió. ¿Cómo conoce a mi madre?--. Eres muy testaruda y sabes bien cómo persuadir a la gente. Me gusta eso --comentó y dio otra vuelta alrededor mío. Cuando terminó, me miró de frente y asintió otra vez--. Te contaré todo.
Sentí mi corazón dar un vuelco. Sabría la verdad ahora, después de meses y meses de haberla pedido a todo el mundo. Bueno, siempre y cuando no me esté mintiendo en la puta cara. De cualquier manera, yo era todo oídos. ¿Qué me contaría? Estaba emocionada y aterrorizada a la vez.
--Mira, Madison, te dejaré algo en claro primero --cruzó sus brazos--. James, el mismo chico que está tirado en el suelo por decir estupideces, se metió en muchas peleas con otros Pars por ti. Es evidente que te aprecia al menos un poco.
¿Más de las que ya habíamos tenido? ¿Qué coño? ¿Cuándo...?
--¿Qué?
Eché un vistazo a James, pero estaba ausente. Su tristeza me partió el alma. Suspiré y volví a ver a la mujer.
--Pero no tenemos que quitar el hecho de que tu familia sabía lo que decía cuando te advertían que James y los King en general no eran buenas personas con las que juntarse --añadió y el miedo empezó a crecerme en el estómago--. Sí, Madison: son malvados. Nadie te mintió. Bueno, James lo hizo, pero eso es otro tema.
Se regodeaba de mí. Quería matarla. No sólo maltrataba a mis seres queridos, sino que se reía mientras lo hacía.
--Tu familia, los Carter... déjame decirte que tienen unos antepasados impecables --vi cómo Belu levantaba su cabeza con confusión y sorpresa al saber el apellido de mi madre--. Son héroes. Ellos ayudaron a proclamar la paz en las dos guerras Pars que hubo, protegían a los Pars nacidos de la forma mensual, fueron grandes gobernadores entre los Pars y, cada vez que habían peleas entre humanos corrientes y Pars, ellos las detenían rápidamente. Aunque... son muy... --carraspeó y se irguió para parecer más orgullosa de lo que era--. Se escapan muy rápido.
»Tu madre es especialmente importante para nosotros porque es mucho más fuerte que sus ancestros y mucho más escurridiza para salir del Gobierno. Tu hermano murió y se sacrificó por tus padres para "salvarlos del Gobierno" --hizo el gesto de comillas con las manos, tuve muchas más preguntas y noté cómo James se sorprendía en su lugar--. Pero todo eso no importa ahora.
»Nadie en tu familia salió siendo un humano corriente, todos son Pars. Si sabes aunque sea un poco de los Pars, sabes que eso es un caso extremadamente extraño e infrecuente: los niños suelen heredar o uno o ninguno de los poderes, y en ciertos casos como mucho dos. Lo normal en tu familia habría sido que uno de los tres heredase los dos poderes y que los otros dos habrían salido o humanos corrientes o con un sólo poder.
»Aparte, los Carter y las escasas familias similares tienen una facilidad para emplear sus poderes casi inexistente en las otras familias Pars. Dime, Madison: ¿cuando te enojabas usabas tus poderes sin práctica alguna y sin darte cuenta siquiera? --me preguntó y, aunque no le respondí, ella sabía que era así--. Eso pensaba.
»Debes entender lo fuerte que eres, tú y tu familia. El Gobierno desconoce completamente este tipo de sangre, y tenemos la obligación de investigar y estudiarla. Eso es lo que tu familia nunca entendió: no les haremos daño. Lo que hacemos es contribuir a un bien mayor.
Fruncí el ceño, sin apartarle la mirada. Crucé mis brazos y adopté una posición decidida.
--¿Y por qué me cuentas esto? --le pregunté.
Ella sonrió y mostró unas arrugas que no había podido ver antes.
--Porque tu sangre es tan pura y benéfica que te convierte en una de las híbridas más importantes del mundo.
 
Editado 28/12/17.

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