Cap 30

Averno (YAOI)

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El sonido metálico de la puerta despertó a todos, incluyendo a Dan y Dorian, los gritos de los guardias dándose órdenes unos a otros aclaraban que no era un cliente y Dan se aproximó hasta la puerta de su celda con curiosidad.
 
Los guardias estaban cargando a un chico inconsciente que no había visto antes hacia las duchas, sin dudas era un recién llegado pero había algo extraño en la urgencia con la que estaban llevando todo. Poco después lo sacaban de las duchas con nada más puesto que el maldito collar que a Dan le había cortado la yugular hace unos días pero el chico no había corrido su misma suerte y parecía estar bien... Lo dejaron en la celda contigua, donde antes había estado el desaparecido Yerik... que ya todos daban por perdido. Dan esperó a que todos los guardias salieran de la habitación y se acercó al cristal.
 
-Dan, ¿sabes si está consciente?- Dorian también se pegó a su cristal intentando ver algo pero desde esa distancia era complicado.
 
-Al menos respira... ¡Espera! Está despertando...- Dan dio unos golpecitos intentando llamar su atención, bastante inútiles considerando el grosor del cristal.- ¡Hey, tú!
 
El chico ladeó la cabeza en dirección de sus gritos con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido, muy confuso y nada más ver el desnudismo de Dan se puso en pie y se alejó lo máximo que pudo mientras farfullaba cosas ininteligibles pero tras calmarse un poquito por fin pudo hablar, más o menos.
 
-¿P..p... por qué estás desnudo?- lo señaló acusador.
 
-Mírate primero, tú también lo estás...- Dan se cruzó de brazos y miró a Dorian mientras este se encogía de hombros reído.
 
-¡Joder!- se tapó como pudo con las manos y se acercó un poco al cristal.- ¿Qué es este lugar? ¿Cómo he llegado aquí? ¿Y quiénes sois vosotros?
 
-Tranquilo, tío, los problemas de uno en uno, por favor... Para empezar, yo soy Dan y el tipo de la cornamenta es Dorian.- Dan lo señaló y Dorian saludo amigable.- El resumen general es que estamos aquí como mercancía, ellos deciden qué hacer con nosotros y es imposible salir de aquí...- el chico miró el suelo desconsolado.- y... ¿cuál es tu nombre, si puede saberse?
 
-M..me llamo Jos...- Apenas le salió un hilo de voz.
 
-¿Recuerdas como llegaste aquí?- Dan le hablaba con un tono muy amable, comprendiendo su dolor y confusión.
 
-Lo último que recuerdo es estar recogiendo en el laboratorio después de una clase en el instituto, no había nadie porque era última hora y todos se habían ido a casa dejándome todo el trabajo a mí... pero después me desperté aquí.- Jos se frotaba los ojos intentando tragarse las lágrimas.
 
-¿Crees que te han traído aquí por alguna razón?- Dorian empezó a preguntar pensativo.- Quizás alguien que te guarde rencor o....- Jos negó con la cabeza enérgicamente.
 
-¡Es imposible, jamás hice nada malo!- Se lanzó a la puerta de su celda con desesperación.- ¡Sáquenme de aquí, tiene que haber algún error!- golpeaba con la suficiente fuerza como para hacer sangrar sus puños.
 
La voz de Aaron en el pasillo charlando alegremente con alguien puso a todos en guardia excepto a Jos, que seguía clamando su inocencia de un crimen inexistente. Aaron entró acompañado de otro hombre mayor con bata y cara de pocos amigos y nariz aguileña al cual Aaron le pasó una carpeta conduciéndolo hacia las celdas. Pasaban por delante de ellas a la par que el viejo miraba los archivos y negaba para sí mismo hasta llegar a la celda de Jos... este suplicaba que le sacara de allí y repetía la retahíla de argumentos inútiles que les había dado a Dan y Dorian... Desplegó los datos y le dio el visto bueno a Aaron. El viejo continuó examinando mientras los guardias sacaban a Jos de allí pero su búsqueda terminó rápido, repitió la señal en la celda de Dan y lo sacaron, con bastante dificultad ya que era bastante más fuerte que el otro muchacho.
 
-¡No!- Dan se sacudía, intentando escapar de los guardias.- ¡Mierda, soltadme!
 
-¡Dan!- Dorian golpeaba el cristal y lo rallaba con los cuernos, haciendo otro esfuerzo inútil.
 
El viejo cerró la carpeta y salió sin decir nada, siguiendo a Aaron.
 
Jos caminaba aliviado pensando que lo sacarían de allí, mientras tanto Dan trataba de tirar a los guardias contra las paredes intentando escapar y ralentizar su avance, Jos lo miraba extrañado pero seguía al viejo y al elegante Aaron sin rechistar totalmente ingenuo.
 
Llegaron a una habitación bastante amplia donde Dan pudo reconocer al doctor que le había atendido cuando había llegado, los miraba con tristeza... Los guiaron a unas mesas metálicas con un gran foco en el techo y los ataron de pies y manos a ellas. No tardaron en añadir un par de correas que les rodeaban el pecho y la cadera. Aquello pintaba mal, muy mal, no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que estaban en una sala de operaciones clandestina, incluso el ingenuo de Jos se había dado cuenta. Aaron salió junto a los guardias de la habitación, despidiéndose del viejo con la mano y este rápidamente se cambió de ropa normal a la de cirugía llamando al médico, que acudió sin remedio.
 
-¡Hijo de perra, suéltame!- Jos estaba histérico y muy asustado, no paraba de gritar y patalear ahora que se daba cuenta de lo equivocado que estaba.
 
-¡Te mataré!- La rabia de Jos contagió a Dan, ya estaban atrapados, así que daba igual...
 
-Comenzaremos la cirugía ahora mismo.- La voz áspera del viejo no transmitía ninguna confianza. Sacó un rollo de cinta aislante de uno de los cajones de un escritorio que había al fondo de la habitación y cortó dos trozos para pegarlos rápidamente sobre las bocas de los chicos.- Así mejor.
 
-Emmm doctor...- el médico se adelantó con el material un poco inquieto.- ¿no debería preparar primero la anestesia?- El viejo lo miró con sorna.
 
-No es necesaria.
 
Tanto Dan como Jos gritaban ahogados por la cinta y se revolvían sin resultados al escuchar aquello pero el viejo comenzó a cortar.
 
El alarido ahogado de Jos fue terrible, sacudía la cabeza con desesperación mientras el viejo continuaba su trabajo, Dan podía ver perfectamente como sacaba los diferentes órganos y se los entregaba al médico, uno por uno... Jos ladeó la cabeza para mirarlo con lágrimas en los ojos, muy asustado, lleno de dolor y poco a poco Dan pudo ver como perdía color y por ende, su vida llegaba a su fin... y lo agradecía, en aquel lugar te alegrabas de que tus compañeros murieran pronto.
 
El viejo suspiró y se dio la vuelta. La visión que daba era de pura pesadilla, un cirujano cubierto de sangre con una mirada extremadamente fría con un bisturí peligrosamente cerca... Dan respiró hondo y cerró los ojos con fuerza.
 
Sintió perfectamente el bisturí clavarse entre sus clavículas, bajaba suavemente hasta el ombligo, dejando una línea sangrante en la que introdujo sus dedos sin compasión. Cortó un par de veces más para que la capa superficial de músculos no le estorbara y la sujetó con unos separadores que dejaban al descubierto todos sus órganos. Dan se tambaleaba en la línea de la consciencia mientras su cuerpo convulsionaba débilmente y segregaba saliva a más no poder.
 
El viejo en seguida localizó todo lo que necesitaba y comenzó a cortar.... Primero el pulmón derecho, luego el estómago y el hígado y finalmente... el corazón. El médico terminó de clasificar los órganos con disgusto y se los fue a llevar a Aaron, se despidió del doctor con un movimiento de cabeza y se marchó, sabía cómo había conseguido Aaron la ayuda de aquel hombre y no se quedaría a verlo.
 
 
El viejo se quitó los guantes y la mascarilla y los lanzó al suelo con impaciencia, se acercó al escritorio y encendió un mechero de alcohol con una plataforma metálica volviendo a la mesilla de materiales, cogió una de las bandejas nuevas y sacó un bisturí de su bolsita descontaminada, se colocó delante del cadáver de Jos y seleccionó mentalmente todas las partes que deseaba para posteriormente comenzar a cortarlas y depositarlas en la bandejita. Los músculos de las piernas, brazos, abdomen y por último, la lengua, quedaron totalmente saqueados y mutilados, el viejo no podía estar más satisfecho y una vez en el escritorio se dedicó a colocar los trozos de carne sobre la plataforma metálica del mechero... estaba cocinando. Se sirvió a sí mismo los trozos en cubertería de primera mientras bebía vino centenario con un valor de miles de dólares, lo estaba disfrutando.
 
Para el segundo plato se dirigió a la mesa de Dan, donde atacó primero al cuello, le dio la vuelta al cuerpo y continuó por la espalda. Pero una vez cocinado y servido, el viejo se llevó una sorpresa un tanto extraña... aquella carne sabía vieja, muy vieja, sabía reconocer las carnes mejor que nadie y no se estaba equivocando. Escupió lo que tenía en la boca y se llevó sus cosas, indicándoles a los hombres que custodiaban la puerta que ya había acabado todo.

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