Cap 32

Averno (YAOI)

visibility

152.0

favorite

2

mode_comment

0


Unas semanas más tarde Edgar volvía al hospital tras recibir el aviso de que su hijo ya estaba estable y podía volver a visitarlo. La operación había resultado un éxito y los médicos no harían preguntas sobre los órganos que les habían mandado... solo quedaba esperar a que Mat regresara a su vida normal.
 
Entró por la puerta acompañado de uno de sus guarda espaldas y de Shun, ambos bien trajeados. Seguidos de miradas miedosas e indiscretas subieron a la habitación y sin cruzar palabra con nadie entraron en el cuarto de Mat. Estaba tumbado en su cama ligeramente inclinada para tener una mejor visión y no tener que incorporarse por su cuenta, en cuanto escuchó la puerta abrirse y ver a su padre aparecer le dio una de sus sonrisas sarcásticas.
 
-Matthew...- Edgar se sentó en el sillón individual que había junto a su cama y sus acompañantes se quedaron en la entrada esperando pacientemente.- ¿Tienes idea de los problemas que me has causado estas últimas semanas?- Su tono era tranquilo pero amenazador al mismo tiempo, se puso las manos en el mentón mientras apoyaba los codos en las rodillas. Mat perdió la sonrisa.
 
-No fue mi culpa.-tenía la voz ronca y bastante extraña.
 
-Claro que no, nunca es culpa de nadie... Pero no solo hemos tenido que deshacernos de un cadáver que han terminado encontrando, también estoy pidiendo favores que no tendría por qué pedir. –La mirada de Edgar era helada. Mat no podía ni mirarlo a la cara, estaba concentrado en la sábana blanca que le tapaba hasta la cintura.
 
-Ya te he dicho que...
 
-Sé lo que estás pensando, "todo es culpa del tipo que me disparó, si no hubiera aparecido, yo lo hubiera solucionado todo" Tonterías, solo habrías matado a más gente descuidadamente... Con esa actitud solo conseguirás que un día de estos te maten a ti.- Sacó un cigarro sin encenderlo, después de todo, estaban en un hospital.- No tienes que preocuparte por ese hombre, no tardará mucho en morir, créeme.
 
Mat se encogió un poco, humillado y totalmente herido en su orgullo pero bien sabía que no tenía nada que hacer contra su padre. Apretó los puños y miró hacia la puerta, donde estaba Shun, se sorprendió al verlo pero a la vez le molestaba.
 
-¿Por qué no lo has matado a él?- señaló a Shun con el mentón.
 
-Oh, ¿eso?- se levantó del asiento y fue hasta Shun, le hizo ladear la cabeza a ambos lados con una mano.- Es uno de tus daños colaterales, aunque ha resultado ser un buen perro y es bastante útil, hará todo lo que le ordenen sin rechistar.- le soltó la cara y la mirada perdida de Shun aún se hizo más evidente. Mat sin embargo lo miraba escéptico.
 
- ¿Estás seguro?-sonrió un poco burlón.- Podría estar engañándote.
 
-Ja, no lo creo.- su risa falsa y seca le dio escalofríos a Mat.
 
En ese momento el guardaespaldas recibió un mensaje por el pinganillo y se acercó a Edgar para comunicárselo, Edgar revisó su reloj fugazmente y después miró a su hijo, sin decir nada pero diciéndolo todo.
 
-Tengo que irme pero dejaré al perro para que te haga compañía,- abrió la puerta de la habitación pero se giró en el último momento.- si necesitas algo solo pídeselo.- cerró la puerta, seguido del guarda espaldas.
 
Mat suspiró molesto por la reprimenda pero en el fondo lo comprendía y miró a Shun fijamente durante unos minutos, tenía la cabeza ligeramente inclinada y la mirada ausente pero se mantenía en la posición que le habían indicado sin hacer el más mínimo ruido. Pensó en lo que le había dicho su padre y de todas formas le sobraba el tiempo así que...
 
-Hey, pardillo- Shun se acercó un poco con paso lento dejando a Mat distinguir las pequeñas cosidas y moretones que tenía a la vista, producto de alguna paliza.- Tráeme algo para comer, la comida del hospital es una mierda.
 
Le dio la orden sin confiar demasiado, Shun se dio media vuelta y salió de la habitación mientras Mat se entretenía pasando canales en la vieja televisión que apenas transmitía cinco. Cuando ya había dado treinta vueltas a la cartelera de telebasura, Shun entró cargando con una bolsa del restaurante italiano de la esquina y se la entregó. Mat se sorprendió a pesar de habérselo ordenado él mismo, sabía más o menos lo que hacía su padre pero no que tuviera ese tipo de resultados.
 
-¿Ho...?- Un montón de ideas se agolparon en su mente pero aún no se fiaba del todo así que probó otra táctica.- Así que sigues siendo igual de imbécil... ¿Acaso ya te cansaste de ser el lameculos de Dan? Ah, no, que lo traicionaste.- No obtuvo ninguna clase de respuesta, y suspiró un poco decepcionado.- Realmente solo sirves pera este tipo de cosas, ¿eh? Eres casi peor que ese cabrón.
 
Al recordar a Dan su mente se llenó de él y sus recuerdos en la cama, todos sus lamentos y resistencia, el movimiento de sus caderas, como le apretaba... No pudo evitar calentarse con aquellas visiones mentales y la cosa se puso alegre por ahí abajo pero justo a su lado tenía la solución andante.
 
-Pardillo, pon el pestillo de la habitación.- Shun así lo hizo, todo con su expresión ausente y movimientos algo ralentizados.- Ven y arregla esto.- se señaló al paquete que abultaba un poco en las sábanas, oprimido por el peso de éstas.
 
Shun se acercó y sin titubear retiró las sábanas, liberando el miembro de Mat, dejando ver los vendajes de las operaciones y su hinchada erección. Enseguida empezó a masajearlo con firmeza, casi como si lo estuviera limpiando pero no tardó en llevárselo a la boca. Sin dudas Mat estaba teniendo una de las mamadas más extrañas de su vida, no era desagradable pero sí demasiado robótico, no parecía ni humano. Casi agradeció el correrse al fin y no cabía duda en que no repetiría, le ordenó que se limpiara y sacó su teléfono, tras pasar un rato introduciendo claves de seguridad al fin entro en la transmisión en directo de la arena.
 
Desde la primera vez que su padre le llevó a aquel lugar quedó hechizado por aquellos combates y lo habían inspirado para convertirse en lo que era, un luchador duro y talentoso. Rara vez se perdía un combate y adoraba votar por los conflictos, su opinión tenía un peso considerable en la comunidad así que aún estaba más encantado de ser parte de todo eso. Esta vez era un curioso combate en equipo contra un oso y aquello prometía. Mientras tanto Shun se sentó a su lado en silencio, escuchando los alaridos del oso y los gritos de los luchadores haciendo eco en aquella fría habitación de hospital.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo