Capítulo 28.

Ignis (Pars #1)

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--Okay, Madison. Ya no puedes hacer más preguntas, se ha acabado el tiempo --declaró Regina y el miedo me pegó con su invisible bota en el estómago--. Tú decides: o vienes con nosotros, o los matamos a los cinco.
Ambas sabíamos que me sacrificaría por los King, sean quienes sean ellos realmente. En algún momento ellos fueron mi única fuente de felicidad, y evitaría su muerte a toda costa. No se merecían todo este tormento del Gobierno, aunque yo quisiera creer que uno en particular sí lo hacía.
Pensar en Belu muerta... me daba muchas... Y perder a Nick...
Y, aunque me jodiese, también moriría antes de ver sucumbir a James.
No me dejaría llevar sin estar cien por ciento segura de que ellos (y Alex) se marcharían sanos y salvos a su casa. Si no, yo creo que puedo pelear un poco contra ellos y luego escapar. Suerte que todos estos guardias son humanos corrientes y no Pars musculosos y rápidos.
El recuerdo de James gritando a todo volumen me dio un escalofrío que me llegó hasta lo más hondo de mi corazón.
Regina sabía perfectamente que yo negociaría con ella, así que no se sorprendió cuando lo hice:
--Yo me voy con ustedes sólo si mantienen a los cuatro --los señalé vagamente-- vivos. Sin ningún tipo de molestia o tortura.
Ella me sonrió con un cinismo y maldad, y no apartó la vista de la mía ni un segundo. No sabía si aceptaría, si nos masacraría a todos con un chasquido de dedos, o si me torturaría por preguntarle semejante cosa. ¡Mierda, no sabía si cumpliría siquiera su parte del trato!
Vi que Nick se despertaba y parecía infinitamente perdido. Él no se merecía esto.
Finalmente, ella asintió y pude ver de reojo el gesto de impotencia que hacía James. Me miraba como si me hubiese vuelto loca y advertí que iba a librarse y amenazar a todos con sus muertes.
--Trato hecho --murmuró ella y se acercó un poco a mí, hasta quedar a tres pasos a mi derecha--. Pero ¿cómo sé que tú harás tu parte del pacto sin rechistar?
Un escalofrío me subió por todo el cuerpo mientras los peores suplicios se me pasaban por la cabeza.
--Compréndeme, Madison. Debo cerciorarme de que ahora trabajamos en el mismo bando.
Los cuatro guardias trabajaron a la vez: les presionaron el material en el estómago y escuché los gritos en vivo y en directo. Sus alaridos me debilitaron y exaltaron, y sentía cómo si me estuviese muriendo en carne propia. No podía dejar que les hicieran tanto daño.
--¡Déjenlos en paz! ¡Cooperaré! --creí que dije.
Reuní todas las fuerzas que tenía y creé una bola de viento tan grande que empujé a los cuarto monos que los sostenían para atrás. Cuando los contemplé, no pude sacar el cuadro de mi mente.
--Camina, Madison. Nos vamos --me había dicho Regina, pero yo no dejaba de inspeccionarlos.
La rabia se apoderó de mí al ver a Alex, quien tenía la mirada perdida en algún punto de la arboleda. Belu estaba llorando en silencio y notaba que quería acercarse a alguno de sus hermanos, aunque no quería llamar la atención. Nick se volvió a desmayar y...
James trataba de levantarse y no paraba de susurrar algo, observándome con su gesto teñido de angustia. Sabía que estaba desolado, podías descifrarlo en sus hermosos ojos color marrón rojizo que nunca dejaron de impresionarme, incluso cuando estaba vendiendo mi alma al diablo.
Mi enojo fue en aumento al escuchar el lamento de Belu al ver a Nick. Empecé a temblar y noté que Regina se alejaba con toda la calma del mundo de mí, aunque sin abandonar su postura elegante y calmada.
Sentí un sudor asquerosamente satisfactorio cayendo por todo mi perfil y sentí que todos a mi alrededor temblaban. Los guardias, moviéndose con mucho sigilo, empezaron a sacar sus armas de fuego (que, mierda, no había visto pero era obvio que tendrían) y Regina los paró a todos con un movimiento de manos.
Mierda, la Ictus parecía ella con ese control sobre todos.
--Lo hice para asegurarme, Madison --repitió y yo fruncí el ceño, mirándola cada vez más enfadada--. Tú habrías hecho lo mismo.
Sí, claro. Y también habría matado a su hijo, pero, hey, ¡sólo para asegurarme!
Volví a mirar al chico que se suponía que tenía que odiar pero estaba lejos de ello. Estaba más muerto que antes, con esa mirada de desesperación total.
Y esa simple conexión que tuvimos me hizo perder completamente los estribos.
Ya no sentí los pies en el suelo. Una nube blanquecina me tapó la vista y presentí que estaba volando. Los gritos de las personas a las que quería seguían atormentándome y me hacían levitar un poco más. Pude escuchar a todos poniéndose alertas y montando un revuelo. Oí golpes, patadas, pasos que corrían. Regina murmuró algo de que no me disparen para matar, porque me necesitaban viva.
Había desatado el desastre.
Ya ni me importaba, lo único que tenía en mi cabeza eran las ansias de venganza, porque cada una de las punzadas de dolor que habían sentido Belu, Alex, Nick y James vendrían de vuelta hacia ellos, y peor.
Mataría si era necesario. Ese no era un problema.
Sentí unos ruidos ensordecedores y unas punzadas de dolor luego que fueron reprimidas por el enojo. Oí que Belu soltó un grito horrorizado. Escuché pisadas corriendo de un lado al otro y gruñidos de parte de James.
Su grito volvió a resonar en mi cabeza y me quise tapar los oídos. Sentía todo el dolor, y a la vez nada. Sentía que podía moverme y volar por las nubes, y a la vez que estaba atrapada en el aire. Quería lastimar a todos los que lastimaron a James.
A todos.
Sentí como si alguien me desgarrase una parte de mi cuerpo, de mis extremidades. Sabía que algo estaba saliendo de mí, aunque no descifraba el que. Entre todo el blanco pude distinguir mis dos brazos extendidos para adelante, en la posición que se usa para apartar a alguien.
Eran mis brazos, eso lo sabía. Lo que no entendía era por qué eran tan largos y por qué se extendían cada vez más y más hasta llegar a puntos inhumanos. Estaban completamente blancos y brillantes, y en un punto fijo (a un metro de mí) se separaron por la mitad. Una parte fue hacia arriba y la otra hacia abajo, y me envolvieron. Había creado como una esfera alrededor mío, protegiéndome de las balas.
¡Un escudo! ¡Había creado un escudo!
¡Y el escudo no era de viento: era de agua! Entonces ¿por qué mis extremidades no estaban azules?
Tal vez era casi transparente, pero como estaba blanca (por eso de ser Ictus), eso afectaba mucho. Tenía sentido.
Me quedé completamente embobada viendo lo único que distinguía: la burbuja rara que me protegía.
Escuché un chillido ensordecedor de parte de Alex. Eso me devolvió adónde me encontraba ahora mismo: una batalla entre humanos armados y Pars medio-débiles. Tenía que tocar el piso y ayudar a los chicos, ¡ellos habían estado expuestos a esa... cosa y no tendrían que estar luchando ahora!
Empecé a reconocer sombras fuera de la burbuja perfecta que había creado. Algunas se movían con mucha rapidez y otras se quedaban inmóviles enfrente mío con algo largo extendido hacia mí. Enfoqué más mi vista y noté que eran brazos. Ellos tenían algo y lo apuntaban hacia mí, con horribles ruidos que pasaron inadvertidos para mí en mi momento de rabia intensa.
Pistolas. Tenían pistolas, y era obvio que ya las usaron.
Mi enojo fue en ascendente cuando mi escudo cedió un poco por las balas. Volví a cegarme y empecé a devolverle los tiros, salvo que los míos eran bolas y, a pesar de ser sólo de viento y de agua, lastimaban un huevo.
Quería herirlos tanto, hacerlos sufrir de tal manera que ya no tendrían ganas de meterse en la vida de nadie.
Disparaba tanto que era como si me estuviera arrancando partes de mí misma. Mi sangre fluía junto a mis ansias de matar a todos y cada uno de esos guardias.
Y a Regina... a ella le estaba guardando un momento maravilloso para hacerla rogar por su miserable vida, así deja de meterse en la mía.
Sin darme cuenta, los ataques me estaban tirando para atrás. Había llegado a un punto en el que distinguí a dos figuras menos corpulentas que todas las que había notado, haciendo unos ataques semejantes a los míos. Oí un leve gemido y una maldición que salía de unos labios muy masculinos. Descifré en todo el blanco una figura cayendo y una de las que estaba a mi lado se acercó a ella con prisa. Descubrí una sombra tirada en el piso realmente cerca de mí y casi me llevé una mano a la boca del horror.
Esos pectorales, ese pelo, esa nariz. Era James.
No, no podía ser James. Él era fuerte como una roca. No podría haberse quedado en el suelo frito de ninguna manera. Seguiría luchando, tirado en el piso, de pie o en el aire.
Debía, tenía que ser Nick.
Presa de la preocupación y la adrenalina, dejé de volar sin darme cuenta y volví a tener mis pies en el suelo. Ahí estaba uno de los gemelos, completamente desmayado. Lágrimas que no sabía que acumulaba comenzaron a bajarme por las mejillas y sentí la impotencia alcanzar hasta el punto más recóndito de mi cuerpo.
Esto no podía volverle a pasar.
Un instinto me hizo acercar mis estirados brazos hasta su cuerpo, sólo para comprobar si estaba bien, si seguía respirando; cuando algo increíble sucedió: mi escudo dejaba de ser sólo protección mía para ser nuestra. Mía, de Nick y del hombre que estaba a mi lado, quien, al echarle un vistazo, comprobé que era el otro gemelo y estaba incendiándose.
Y, a pesar de estar concentrado de cojones, me dirigió una diminuta sonrisa en agradecimiento.
Volví a mi tarea de atacar con una mano, mientras con la otra me aseguraba de que no se cayese el escudo. Afortunadamente, aunque las balas no podían traspasar la extendida burbuja, nosotros sí podíamos mandar nuestros regalos al otro lado.
Reconocí a Belu a la izquierda de James, alzando un cuerpo inerte. Abrí mi boca con horror al deducir que era Alex. Se metió con rapidez dentro de la protección y dejó al chico en el piso.
No iba a dejar que se muriesen. Ni de coña.
--¿Cuánta distancia hasta el lago? --pregunté, todavía enviando bolas de agua (el único ataque que me salía).
--Unos cuantos metros a la derecha --me informó el ardiente James, sin separar la vista de los atacantes--. Mínimo doscientos.
Tenía un plan en mente; desde luego no perfecto, pero era algo.
Me acerqué hasta Nick, todavía con un brazo manteniendo el escudo arriba, e hice un esfuerzo tremendo sólo para colocarle la mano debajo de la espalda. Esto era jodidamente complicado. Si apenas me podía levantar a mí misma, ¿cómo lo levantaría a él?
La desesperación empezó a comerse todas y cada una de mis punzadas de enojo, y traté de levantarle la espalda. Lo hice moverse un poco, pero, por supuesto, no era nada comparado a la enorme distancia que tenía que hacer.
Alex era más menudo que Nick, tal vez tenía que probar suerte con él.
Pasé por detrás de James para llegar hasta el desmayado Alex. Respiraba, así que estaba bien.
Belu me echó una mirada y vi que estaba completamente empapada en su propio sudor. Una incógnita se le cruzó por la mirada pero fue interrumpida cuando la burbuja flaqueó un poco.
Mierda, esto ni siquiera se sostiene bien. Nos queda poco tiempo.
Me empeñé más en levantar a Alex a mi lado y se podía apreciar a la perfección el hecho de que él era mucho más liviano. De un par de tirones, pude acercarlo un poco a Nick pero se me caía cada dos por tres.
Esto era jodidamente difícil y no teníamos tiempo de seguir luchando.
Como el blanco en mi visión había desaparecido, pude ver al otro lado de la protección y vi a muchos hombres muertos, pero como cinco otros levantados y enojados. Mierda. Nos matarían en cualquier momento.
Había que hacer algo más que tirar bolas de fuego o de agua como si no hubiera un mañana. Teníamos que distraer a los guardias y salir corriendo.
Tomé aire y salí del escudo por la esquina derecha, la más alejada de James. Miré a mis atacantes con desafío al saber que me necesitaban con vida y les sonreí. Escuché a James maldecir y a Belu gritar un poco. Inspirándome en un programa de televisión que veía cuando era pequeña, levanté la pierna y la apoyé con fuerza en la tierra, creando una grieta en el suelo que nacía desde debajo de mis dedos hasta las plantas de los pies de todos nuestros enemigos, tirando a algunos por el cielo.
--¡Tomen a Alex y Nick y salgamos corriendo! --chillé, con la adrenalina pegándome duro. Ellos no se movían--. ¡Hagan el truco aquel para levantar a la gente y vayámonos!
James y Belu estuvieron confundidos durante unos instantes, pero luego fuego y agua salieron de sus manos y envolvieron la cintura de los dos chicos. Belu transportaba a Alex y James a Nick. A los guardias les mandé un poco de viento para que se distrajesen y, con último vistazo, salimos pitando.
Y la idea de que nos perseguirían y encontrarían no paró de atormentarme en ningún momento.
 
Editado 29/12/17.

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