Capítulo 29.

Ignis (Pars #1)

visibility

283.0

favorite

0

mode_comment

0


Corrimos unos treinta segundos hasta que encontramos el lago y, aunque Belu paró y dejó a Alex en el suelo, James no lo hizo.
--No nos podemos quedar aquí. Ellos vendrán en cualquier momento y no podemos permitirnos seguir perdiendo tanta energía --sentenció y Belu negó con la cabeza, nerviosa.
--Alex recibió dos tiros en la pierna y utilizó muchísima energía para no ser atacado más veces y detener las balas. Se va a morir desangrado --razonó ella y James negó con la cabeza.
--No tenemos que arriesgarnos a morir por este chico que nos condujo a nuestras propias pesadillas.
--No lo hizo apropósito. Nos avisó que había gente y se sacrificó por nosotros --salté en su defensa, ambos chicos me miraron y yo divisé a mi amiga--. Yo estoy del lado de Belu. Digo, Nick no tiene energías ni para despertarse y debe estar inmensamente dolorido por el... lo que quiera que haya sido eso.
Belu hizo una mueca de disgusto.
--Podemos sanarlo en casa --argumentó James.
--Eso podríamos hacer si se tratase de ti. Nick evidentemente no es tan fuerte y tiene menos capacidad para aguantar el dolor --suspiré y el chico siguió mirándome. Su hermano seguía envuelto por el fuego--. Mira, no puedo soportar verlo sufriendo. Esta es la segunda vez que pasa.
James suspiró y se revolvió el pelo.
--Entonces tú ve a hacer guardia y yo los curo --le ordenó James a la rubia y ella negó con la cabeza.
--Apenas tienes energía y a mí se me da mejor la curación que a ti. Déjame a mí y tú tómate el descanso.
Belu, con el truco del agua, acostó a Alex y a Nick en el agua y se puso a curar al primero. Una vez James había dicho que a ella se le daba bien la curación, así que sabía que se encargaría de ellos bien.
James, quien parecía muy cansado, tuvo que ceder ante nosotras dos y se puso a hacer guardia.
Con la adrenalina apagada, yo me hice un ovillo lejos de todos y me puse a llorar. Había matado, de eso estaba segura. Maté a mucha gente cegada por el odio que sentía. Sólo porque James había sufrido yo podría haber acabado con toda la población de la Tierra, y eso era una simple mierda.
Cuando atacaba, casi no pensaba en Belu y Nick. Pensaba en James, en que tenía que salir vivo de esa. Él me traicionó, mintió y dio todos mis datos a los enemigos más influyentes de los Pars. Me odiaba por haber matado por él y seguirlo queriendo como si nunca hubiera hecho nada.
El nudo en la garganta no se deshizo y mis pensamientos deprimentes tampoco. La culpa que sentía era inimaginable. Podía haberme ido sin montar todo el revuelo que había montando, arriesgando las vidas de la gente que me importaba y de las que no conocía también.
Era una asesina y un monstruo. ¿En qué me había convertido?
Solté un sollozo afligido y noté la mirada de alguien en mi nuca. Como estaba de espaldas, no sabía quién podía ser de los dos, aunque presentía que era el chico.
El chico por el que maté a gente.
Y casi tuve ganas de vomitar al darme cuenta de que, si pudiese rebobinar el tiempo, lo haría de nuevo. Lo haría miles de veces si supiese que nadie de mis amigos murió.
Que James no murió.
Las lágrimas me cayeron con mas fuerzas y abrí mis ojos. Saqué mis brazos de mis piernas dobladas y me miré las manos. Estaban un poco más pálidas de lo normal, pero eran mis manos. Eran las manos con las que había acabado con las vidas de gente que probablemente tenía familia en su casa esperándolos a cenar... y jamás volverían. Sus hijos les preguntarían a sus esposas cuándo llegarían y estarían toda su vida sin saber qué les pasó.
Gruñí y me mordí tanto el labio para no gritar que sentí el sabor metálico de mi sangre en la boca. Escuché unos pasos y vi a mi mejor amiga sentarse a mi lado.
--¿Estás herida? --me preguntó y no le respondí. Sentía dolor en el brazo, un dolor nada comparado con el que sentía en el interior. Belu me inspeccionó el cuerpo y vio que el abrigo negro que usaba estaba manchado en mi brazo izquierdo--. ¿Te dispararon?
No lo sabía, así que Belu me sacó el buzo y se horrorizó viendo mi brazo.
--Te dispararon dos veces, una en el hombro y la otra en el antebrazo. Ven, levántate y acércate al agua. Voy a curarte...
--No necesito que me cures --espeté y suspiré, tratando de suavizar el golpe--. No gastes más energías...
--Yo puedo curarla. Te mereces tú el descanso ahora, Belu. Ya curaste a Nick y al Ictus.
James se acercó y me miró fijamente.
--No necesito que me curen --sentencié y Belu me dirigió una mirada amenazante. James enmudeció en un segundo.
--Pues vamos a curarte igual, así que cállate --espetó Belu.
--No...
--No discutas, Madison. No tenemos tiempo de quedarnos aquí --me recordó ella y fue como una patada el tono que usó.
Por una vez, ella era la madre de la situación.
Solté un suspiro y me moví un poco para dejar a James ver mi brazo bien. Era contra toda regla que yo lo dejase tocarme nuevamente, pero supongo que no podía evitarlo.
Belu se levantó, me sonrió con disculpa y se fue a hacer patrulla cerca de los chicos desmayados. Su pelo rubio estaba completamente mojado por su sudor y enmarañado hasta las raíces.
James parecía que se le había comido la lengua el gato. No decía nada mientras tomaba mi brazo y yo gruñía por el dolor punzante que había estado omitiendo. Él estaba siendo delicado en exceso, moviendo sus manos con lentitud y determinación para no lastimarme.
Dios, esto no tendría que estar pasando.
Mi acompañante abrió la boca como para hablar, pero luego la cerró y creó en mi brazo un fuego color dorado que hizo que se me saltaran las alarmas.
--¡¿Qué coño haces?! ¡Vas a quemarme! --salté y él frunció el ceño, más triste aún que antes.
Una parte de mí sabía que él no me haría daño. Lo conocía: siempre le pisé el freno y lo hacía enojar, y, sin embargo, yo seguía aquí. Cuando él estaba dispuesto a herir a alguien, lo hacía.
Pero la otra parte no estaba tan segura.
--Te estoy curando, Mads --murmuró y eso me partió el alma que ya tan destrozada estaba.
No dije nada, así que él siguió curándome. El fuego azul era tan reconfortante que me sentía como si estuviera apoyando el culo en una estufa en un día de invierno. Estuvimos como dos o tres minutos así, él más concentrado que nadie y yo a su lado, sintiendo como el dolor se desvanecía con las creencias de que James querría hacerme daño apropósito.
Cuando terminó, nos levantamos y fuimos a casa rápidamente, con ambos chicos volando al lado nuestro. Cuando llegamos a un punto en el que podría haber personas corrientes pudiendo mirar, los bajamos y los llevamos en brazos.
Bueno, los bajaron y los llevaron. Yo no participaba.
Cuando llegamos a lo de los King, pusieron a Nick en un sillón de tres plazas, acostado, y a Alex en uno de una para él solo. James estaba muerto, así que se despatarró en otro sillón mientras cerraba los ojos.
Yo fui a la cocina y me quedé con Belu tomando un poco de agua. Iba a quedarme ahí hasta que supiese con certeza que Nick estaba despierto y bien, y luego me iría de aquí.
Belu, aunque me dirigía miradas compasivas, estaba muerta y con muchas ganas de dormir.
Escuchamos unos gruñidos y un bostezo.
--Hola --murmuró la persona en cuestión.
Alex se había despertado.
Nosotras dos fuimos corriendo hasta él y, cuando lo vimos, daba envidia. Parecía el hombre más tranquilo y sano de toda la Tierra, más comparándolo con el James que estaba tirado en el sofá frito.
--¿Cómo te encuentras? --dudó Belu y, aunque la respuesta era obvia, había que hacerle esa pregunta.
--Bastante bien --hizo un gesto de poca importancia con la mano--. ¿Ustedes?
--Muertas --me adelanté a Belu y él asintió.
--Lo siento por eso --murmuró y se miró el reloj--. Mierda. Se hizo tardísimo. Yo... debo irme.
--Ve tranquilo. Nos mantendremos en contacto --avisé y él asintió.
Acto seguido: desapareció por la puerta. Bueno, si Nick estaba tan bien como él, me alegraba mucho.
Belu soltó un suspiro y se sentó a los pies de su hermano del medio. Mi pensamiento dejó de tener sentido: Nick estaba frito y parecía muerto, aunque respiraba bastante bien.
Me senté en el sillón de enfrente de Nick, que estaba al lado del de James. Él no había dejado de mirarme en ningún momento, poniéndome muy incómoda. Su hermana, al ver la situación, se excusó y se fue corriendo de ahí. Qué oportuna, ¿verdad?
Yo lo ignoraba, con mi mirada puesta en el gemelo que se había alejado de mí para protegerme y había pensado que lo había conseguido. No sabía si tenía que estar enfadada con él o no porque, aunque él sabía del tema y se lo calló, siempre me quiso ayudar.
--Cada vez que estaba fuera de casa, desaparecido o escondiendo mi localización, estaba encontrándome con empleados del Gobierno, contándoles... todo --tragó saliva y esta vez sí dirigí mis ojos a los suyos. Traté de mantenerme fuerte como una roca, porque no quería seguir llorando por él--. Me retracté al ver tus marcas de nacimiento, o más bien llamadas Marcus.
»Me retracté, Madison. Me retracté por ser el peor imbécil del mundo contigo ese día y tuve que matar a todo el que quisiera... herirte. No quería ser más la persona que causaba tu sufrimiento, así que tuve que causar el suyo.
Mi cara se arrugó al oír eso. ¿Tenía que asesinar con frecuencia? Su vida tenía que ser horrible si era así.
--El trato del Gobierno era muy jodidamente simple y a la vez horroroso: o darles tus... datos, o matar a toda mi familia --me contó y yo sentí mis ojos aguándose--. En aquel momento no creía en las terceras opciones, no como ahora.
--¿Cuándo...? --carraspeé--. ¿Cuándo aceptaste el trato?
--Dos días antes de la invitación a la discoteca. Nick se enteró la tarde anterior --afirmó y yo me encogí en el asiento--. El pobre realmente creía que el Gobierno se olvidaría de ti si él te ignoraba. Se sentía horrible y, aparte de tener sus planes fijos en mantenerte a salvo, se sentía culpable por hablarte sabiendo la movida que había --comentó y aquello me había dejado sin aire--. Lo estaba pasando muy mal sin ti en su vida y se podía apreciar unas semanas después de que empezara a ignorarte, que tenía más ojeras que antes y más andares de depresivo.
Asentí y tragué saliva. No sabía qué pensar.
--Yo soy el caso de uno entre mil chicos que le cuenta todo a sus padres. Ellos son... eran mi mayor fuente de apoyo --carraspeó y pude ver que también se sentía traicionado--. Nunca pensé que lo usarían en mi contra.
James guardó silencio. Todo empezaba a cobrar un poco de sentido con cada palabra que pronunciaba, aunque seguía habiendo cabos sin atar que no podía reconocer.
De cualquier manera, nunca pensé que Jacob y Johanna me detestasen tanto como para darles toda mi información a las autoridades. Entendía que era por protección, pero yo era la mejor amiga de sus hijos y no había hecho nada malo.
--Me importaste muchísimo desde aquel día del baile --aseguró y yo tuve ganas de blanquear los ojos. Claro, por eso me vendía--. No quería reconocerlo ni para mis adentros. Me sentía tan patético desarrollando amistad en mi... trabajo.
Se rascó la nuca y eso no mejoró la situación de mierda.
--Pero nunca te mentí con lo que te comentaba de los poderes de los Pars ni con su información --advirtió--. Y tampoco sé qué hace el Gobierno con sus presas.
Eso me dejó incrédula y boquiabierta.
--O sea... ¿me vendías a ellos sin siquiera saber qué me harían? --exclamé con histeria. Estaba pasmada. No me lo creía. ¡Ni que fuera terrorista, sabes!
Oí unos movimientos en el sillón de enfrente y vi que Nick estaba abriendo los ojos.
--¡Belu, Nick despertó! --exclamé para que luego no nos diga que no le avisamos y para escapar de la situación de mierda que estaba viviendo.
Belu bajó corriendo. Los dos hermanos se acercaron a él y lo pusieron al tanto de la situación, porque había estado desmayado la mayoría del tiempo.
Yo quería llorar pero sentía como si no tuviese lágrimas, como si mi cuerpo en vez de tener setenta por ciento de agua tuviera cero. Sentía que me sofocaba ante cualquier calor y que me convertiría yo en la desmayada de la sala.
Tenía que salir de ahí.
Me fui a la cocina a por otro vaso de agua y cerré la puerta para que no me oyesen desgarrarme. Unos segundos después entró el gemelo más desesperante de los dos y se sentó en una silla mientras yo me servía la bebida, sin querer mirarlo otra vez.
--Lo que tenían en la mano los guardias es oro --me comentó él--. El oro para los Pars es como la plata para los hombres lobo. El dolor que produce en nosotros es...
Y luego se calló. Su grito a todo volumen volvió a mi mente. Me hizo estremecer y quise darle un abrazo y reconfortarlo...
Pero no lo haría.
--Belu nació en la forma del mes en Francia unos meses luego de nosotros --relató y me extrañé. ¿Qué tenía que ver una cosa con la otra?--. Nuestros padres la vieron en el suelo y la llevaron rápidamente a una montaña nevada en el que le cayó un copo de nieve. Eso le dio el poder de la nieve y es extremadamente inusual. Sólo fue registrado ocho veces en la historia, ya ves.
O sea, Belu era especial, tanto que gente como ella sólo fueron vistas ocho veces en la vida.
Me dieron ganas de silbar e ir a acosarla a preguntas, pero me mantuve firme. Tomé de mi vaso y lo dejé en la pileta para lavar.
Tenía que hacerle la pregunta que tenía en mente ya:
--¿Por qué me dices todo esto?
Él me miró firmemente a los ojos y notaba determinación en los suyos, aparte de compasión y arrepentimiento.
--Porque no volveré a mentirte o a esconderte cosas otra vez --afirmó con solemnidad.
Eso fue otra patada en el estómago. Sabía que él me apreciaba tal vez un poquito, pero no podía volver a tener la relación que teníamos antes.
La había cagado. Y yo no daba segundas oportunidades a quienes no se lo merecían.
--Lo siento, James --balbuceé, tonta a causa de las lágrimas que se arremolinaban con salir--. Lo siento en serio, pero no podemos seguir viéndonos porque... porque la has cagado. Tú y tus padres me han hecho sentir horrible y me han traicionado. Todo lo que me digas es inservible.
Él asintió con la cabeza y soltó una risa desdichada sin gracia alguna.
--Lo sé --murmuró y lo último que supe de él es que se había marchado descontento con todo.
 
Editado 29/12/17.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo