Capítulo 30.

Ignis (Pars #1)

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Volví a la sala y me encontré con Nick charlando con su hermana, quien parecía cansada hasta los huesos. Me dio una pena increíble, aunque también sabía que el estado de Belu era un reflejo del mío. Tomé aire profundamente en un intento de ganar fuerzas y me acerqué a ellos. El chico arqueó una ceja, preguntándome lo siguiente:
--¿A dónde se fue?
Bajé la vista y por el rabillo del ojo vi que él también lo hizo.
--No lo sé. Conociéndolo... puede estar en cualquier parte --murmuré, levantando la vista. Ahí vi que Belu crispó los labios.
Al ver su cara de decepción, mis ojos se llenaron de lágrimas. Ambos me abrazaron apenas lo notaron y yo me encargué de llenar el hombro de Nick de lágrimas. Estaba desolada, dolida y me sentía patética por lo fácil que le había sido engañarme.
Le costó dos sonrisas, una invitación a bailar y tres paseos hacerme cambiar de parecer con él. Era estúpido cómo caí ante eso, lo débil que fui y lo jodidamente cegada que estaba. Todo me pasaba por querer ceder ante sus palabras y caricias, por pensar que él era diferente.
Y, gracias a eso, terminé sintiéndome atraída hacia él y gustando de su malditamente preciosa mirada, aun cuando era obvio que algo con él no cuadraba.
--Está enojado, Mad --afirmó Belu y me separé. Ella seguía con esa mirada compasiva que tan poco me gustaba pero que sabía que no podía controlar--. Pero no contigo, ni con el Gobierno...
--Sí que está enojado con el Gobierno --la corrigió Nick--. No hacen más que cagarle todo.
Nick cuando quería podía ser un autentico listillo.
--Okay, no sólo está enojado con el Gobierno --suspiró ella, que tan poco aguantaba ese lado de su hermano--. El caso es que está muy enojado consigo mismo, le decepcionó pensar lo que era capaz de hacer para llegar a creer que estábamos protegidos --afirmó--. Él creía que estaba haciendo lo correcto para salvar a su familia y... bueno, y luego se encariñó contigo y se dio cuenta de que hacía imbecilidades.
Tragué saliva, tratando de no llorar y acompasar mis pensamientos. Necesitaba un claro descanso de toda esta basura Pars.
--¿Y cómo sabes eso? Se supone que no estabas a la corriente de todo --cuestioné y ella me sonrió con pena.
--Es mi hermano mayor. Puede que no de sangre, pero lo conozco desde que tuve un día de edad. Soy capaz de leerlo, a él y a Nick, en cualquier situación.
Tomé una bocanada de aire y el castaño me puso una mano en el hombro, apretándolo con suavidad.
--Ven, te llevamos a casa. Necesitas dormir, recuperar energías para poder enseñarnos esa bonita sonrisa mañana y asimilar todo lo que pasó estos días --me dijo y asentí, intentando sonreír para él. En consecuencia, sólo me salió una mueca.
Tenía que pensar qué hacer después del ataque. Quería planificar todo al detalle para no cagarla más de lo que ya lo había hecho y dejado hacer.
Y quería también llorar a todo pulmón, dejarme abrazar por mi madre y despotricar contra James con Sean todo el día. Necesitaba los consejos de mi padre y volver a mi vida anterior, aunque eso fuese imposible.
Nos levantamos del sillón y nos dirigimos al auto de los tres hermanos. Su familia tenía dos de estos: uno para los padres y uno para ellos. Aunque tuvieron bastantes disputas y peleas cuando lo compraron hace dos años, los hermanos ahora lo sabían usar por turnos y resignarse si alguien se lo había llevado.
Me subí al coche, con Nick en el volante y Belu de copiloto. El viaje fue silencioso aparte del sonido leve del motor. Yo no sabía qué decir para no llenarles la cabeza de pensamientos de mierda, así que me obligué a guardar el desahogo para cuando esté refugiada en los brazos de mi madre.
Unos minutos después, Nick se estacionó a una cuadra de mi casa. Apagó el motor, tomó aire, miró a su hermana y ambos se dieron la vuelta.
--¿Qué pasa? --inquirí y, aunque tuve la necesidad, no recalqué el hecho de que no habíamos llegado a mi casa aún.
--Queríamos avisarte que... no tienes que salir mucho de casa --pidió Nick y bajó la mirada.
--Sí, y mañana te llamaremos para ver tu estado de salud --la ayudó Belu, frunciendo los labios.
Asintió y vi cómo Nick negaba con la cabeza. Era obvio que algo más quería decirme, pero le costaba mucho.
--Mad, yo... lo siento --soltó, mirándome a los ojos. Yo fruncí el ceño--. Realmente pensé que la única opción que teníamos para salvarte era... ignorándote. Y Belu no supo nada nunca, porque...
--Porque era muy peligroso para ella --lo ayudé, él asintió y me dieron ganas de poner los ojos en blanco al recordar que eso habían hecho conmigo toda la vida--. Lo entiendo, Nick. Yo no habría hecho lo mismo probablemente, pero lo entiendo.
Él asintió y se volvió al volante, sosteniéndolo con fuerza. Belu volvió a suspirar y me miró.
--Y Mad... realmente no quiero que me odies por decirte esto, pero...
--Escúpelo --la insté y ella asintió.
--James no es una mala persona.
Aparté la mirada, sin querer escucharla.
--Puede que se haya comportado como un capullo de los grandes y que lo que hizo da vergüenza, pero él ha cambiado. Sé que no me crees, pero yo no hablo por hablar --hizo una pausa--. Él antes de conocerte era un chico reservado, ofensivo y sombrío; excepto cuando estaba con su familia. No exagero tal decir que te habló educadamente por primera vez y ¡pum!, quedó prendido en ti. Sonreía mucho, insultaba menos y se quedaba pensativo muchas más veces.
--Estaba siempre colgado mirando por la ventana y, cada vez que le preguntábamos, cambiaba de tema y se ponía a hablar de sinsentidos --lo corroboró Nick--. Cuando hablaba de ti estos días, sus ojos se iluminaban y el tono que usaba... estaba como si estuviera soñando despierto.
Me costaba creer que estuviese tan cambiado por mí. La gente no modificaba su personalidad sólo por una persona a la que odiaban desde hacía años... Simplemente era imposible, me negaba a creerlo.
--Y sabemos que ya no está a favor de los actos que hizo en el pasado, que abrió su mente y que aprendió de sus errores --comentó Belu--. Entonces, ¿cuál es el por qué de sus actos, si lo único que alteró su vida fue que tú entrases en ella?
--Eso no importa --murmuré y supe que había utilizado un tono muy brusco, porque Belu y Nick se miraron con alerta--. Chicos, hablaremos de esto mañana, los tres necesitamos descansar y sinceramente no me creo capaz de escuchar más explicaciones por hoy.
Belu no tenía ganas de dejarme ir con estas ideas, pero tuvo que ceder ante mi seriedad. Nick me condujo a casa, nos despedimos y yo entré. Mamá se levantó rápidamente del sillón y me abrazó.
--¿Cómo te fue con Colin, Mad? ¿Por qué volviste luego de volver de su casa? Iba a preguntarte, pero te fuiste y ahí llegó Alex. Le pedí que viese qué pasaba y que se presentase a ti. Él venía porque era la persona que iba a entrenarte y habíamos quedado en que vendría alguna vez de improvisto a casa para explicarte cómo sería practicar tus poderes con él, aunque supongo que ya lo sabes --me explicó y yo fruncí los labios.
--Sí, me explicó. Es un chico muy simpático --aseguré y ella asintió muchas veces, totalmente convencida de ello--. ¿Dónde está Sean?
--En la cocina.
Tomé a mi madre de la mano y subí hasta mi habitación arrastrándola. Nos encerré y me tiré en mi cama, soltando lágrimas que bajaban con rapidez por mi rostro. Le conté todo lo que había pasado hoy: desde el beso con Colin, el encuentro con Alex, las palabras de James, la aparición de Belu y Nick, la charla con el Gobierno y hasta la pelea.
Mamá me dio consejo a todo lo que le dije sin dudarlo dos segundos.
--Me siento horrible, ma --confesé y ella me abrazó llena de compasión--. Y no sólo por la traición de James, si no también por saber que he matado gente sin inmutarme, por las revelaciones de Regina, por saber que estuve a poco de perder a mis amigos... ¡hasta por el puto beso de Colin! --exclamé, ganándome una mirada acusatoria de mamá por gritarle en el oído.
--¡Pero no tienes que sentirte mal por el beso! --aseguró mamá y yo fruncí el ceño.
--¿Por qué no? Se supone que Colin es el chico perfecto: inteligente, guapo y divertido, aparte de artístico. ¿Por qué no me gusta?
--Tal vez porque no es el chico perfecto para ti, porque ambas sabemos que hay otro chico que sí lo es --me guiñó un ojo.
--Pues resulta que ese chico del que estamos hablando me hizo llegar a pensar que era alguien honrado y digno de todo lo bueno de este mundo, cuando lo único que hizo fue apuñalarme en la espalda.
--Mi vida... Estoy segura de que James estaba muy asustado por perder a su familia y no se paró a pensar en las consecuencias de sus actos --susurró, meciéndome en sus brazos--. Después de todo, los estaban amenazando de muerte y eso sólo lo hizo entrar en pánico. Pero no me malentiendas: lo que hizo es penoso, cariño; pero él da la impresión de saberlo y arrepentirse de ello --aseguró y yo asentí--. Y, aparte, parece que le gustas en serio.
--¿Tú crees? Porque a mí no me da la impresión.
--Mad, cariño, todos vemos cómo te mira cuando tú no estás prestando atención --me dijo, apartándome para sonreírme y limpiarme las lágrimas--. Parece bobo. No te quita los ojos de encima. A Sean mucha gracia no le hace.
Solté unas risas y, de pronto, me di cuenta de que esa información mucho no me servía por lo hijo de puta que había sido. Volví a llorar y ella me volvió a abrazar con todo el amor materno que tenía.
--¿Qué se supone que tengo que hacer ahora con él, entonces?
--Ver cuál es su siguiente movimiento --respondió y su seguridad me abrumó--. Si te ignora o te trata mal por haberte enojado con él, hasta luego. Si hace lo que sea para recuperarte... ya sabes, puedes perdonarlo. Pero tienes que estar cien por ciento segura de que sus sentimientos son reales y no una tapadera para dañarte más.
Luego de eso, yo le agradecí a mamá con toda la fuerza que me quedaba y me dormí justo después de lavarme los dientes y ponerme el pijama.
El molesto sonido del celular me despertó a todo volumen a la mañana siguiente. Bueno, "mañana". Ya era la una según el reloj, por lo que muy temprano no era.
Bufé sonoramente y me fijé quién me estaba llamando. Era mi padre. ¿No debería estar él en casa, si trabaja a la noche?
--Hola, pa --lo saludé.
--Hola, Med --pude escuchar su sonrisa desde mi lado de la línea--. ¿Sabes si me dejé la billetera en casa? Estoy en el mercado y no la encuentro.
--¿Dónde me fijo? --le pregunté y él me fue dando indicaciones mientras yo recorría las habitaciones. Llego un punto en el que nos dimos por vencidos.
--La buscaré en el auto. Esto es muy humillante --gruñó y se rió luego.
--Sí, lo es --me uní a sus risas--. Voy a colgar, que no he comido. Mándame un mensaje si la encontraste, yo seguiré revisando.
--Vale. Te quiero, Med.
--Te quiero más.
Le corté y me vestí. Me perfumé, me puse un abrigo y me peiné. Después bajé las escaleras para ir a la cocina pero distinguí una silueta en el suelo del patio. Fruncí el ceño, prestando atención y vi a mi madre.
¿No estaba trabajando? ¿Qué le pasaba?
Corrí hasta ella y salí de la casa, notando con fuerza el viento de noviembre. A su lado, le puse una mano en el hombro. Ella tenía el pelo enmarañado, las manos tapándose la cara y soltaba sollozos desesperanzados que me dieron mucha pena.
--¿Ma? ¿Qué pasa? --me preocupé y ella se destapó la vista para verme. En ese momento se pareció tanto a mí que me dio mucho miedo--. ¿Por qué no estás trabajando?
--Nada, Mad... me he tomado el día libre...
--¿Por qué?
--No he dormido mucho y no sentía tener fuerzas para ir.
--¿Por qué? --repetí y ella se quedó callada--. Por favor, dime. Nunca faltas al trabajo. Quiero ayudarte --la insté y ella suspiró, cansada.
Sus ojeras delataban el insomnio que había sufrido esa noche. Llorar le daba una imagen más vulnerable y aniñada, y perdía su aura maternal y sabihonda que siempre llevaba a todos lados. Se veía tan frágil que sentí una necesidad de protegerla.
Al obtener su silencio en respuesta, tuve que esforzarme para no presionarla más para que hablase.
--Sabes que sólo quiero lo mejor para ti, Mad, ¿verdad? --me preguntó y yo fruncí el ceño, pero asentí. Claramente: ella era de las madres casi inexistentes que confiaban en ti para hacer lo que sea y te amaba pasase lo que pasase. Era consciente de lo tremendamente suertuda que había sido al tenerla a ella y a papá como progenitores, siempre fiándose de mí a pesar de lo de Christian--. Y nunca pude dártelo.
--¿A qué te refieres?
--Mira lo que pasó ayer, cariño --suspiró y yo la abracé--. Casi te matan. No puedo perderte así, Madison. A ninguno de los dos. No podría soportarlo, no otra vez.
Apreté el agarre y escondí mi cara en su cuello, demostrándole sin palabras que no estaba sola y que no me había ido a ninguna parte. Cuando me aparté de ella, se levantó y me obligué a hacerlo también. Se limpió las lágrimas, me sonrió y me pidió que vayamos dentro porque tenía hambre. Nos preparamos unos sándwiches de queso y salame, y nos los zampamos, el silencio inundando la habitación.
--¿Quieres hablar de lo que te pasó, ma? --interrogué y ella me volvió a sonreír.
--Está bien, pero quiero salir a tomar un respiro. Hace mucho que no vamos a caminar juntas y creo que ambas nos merecemos despejarnos.
--¡Claro! --exclamé, corrí a ponerme el abrigo y las zapatillas, y salimos.
Empezaba a hacer mucho frío, saliéndose de lo normal teniendo en cuenta de que había sol y estaba dándome en la cara.
--¿Un paseo por el centro está bien? --me preguntó.
--Por supuesto. El centro es lo más lindo de Eaton.
Caminamos en silencio por unos minutos, aunque luego la preocupación por mi madre me invadió y tuve que preguntarle.
--¿No pudiste dormir ayer por lo que te conté?
--Sí, Madison. Me angustia mucho saber que estuve diecisiete años escondiéndote tu verdadera naturaleza por miedo y, justo cuando te enteras, ya eres atacada. No te lo dije para evadir estos problemas. No quería que el Gobierno viniese a lavarte el cerebro con sus estupideces... --ella suspiró y negó con la cabeza--. Ellos, sobre todo Regina, son muy buenos persuadiendo gente. Viven de ello, más o menos. Nunca caigas ante sus manipulaciones.
Fruncí el ceño.
--¿Cuántas veces...? --tragué saliva--. ¿Cuántas veces te escapaste del Gobierno? --dudé y ella me sonrió.
--Mi vida se basa en despistar y escapar del Gobierno --me miró--. No escapé tantas veces del edificio en sí, sino que, cuando me venían a buscar, me las apañaba para matarlos a todos --comentó con tanta simpleza que me horroricé--. Odio acabar con una vida como nada en este mundo, pero tenemos que aprender a hacerlo. El Gobierno manda a sus secuaces a matarnos si no cooperamos, y cooperar es incluso peor que luchar y perder la vida. Tenemos sangre Carter y eso nos hace miles de veces más fuerte que otro Pars --me explicó, dirigiendo su vista al frente--. Y voy a utilizar ese gen para salvar a la mayoría de vidas inocentes y a terminar con la de gente como esa.
--O sea, podrías matar a Nick y a James --interpreté y ella me volvió a sonreír.
--No, porque se retractaron. Dar segundas oportunidades es lo que nos hace ser humanos. Estoy segura de que ellos se la merecen.
Aunque estábamos hablando de los dos chicos, ambas sabíamos que nos referíamos solo a uno.
Un ruido ensordecedor nos sacó de nuestro ensimismamiento y venía del bosque, a nuestra derecha. Miré a mi madre y un instinto me dijo que vaya a ver qué estaba pasando.
Un escalofrío me recorrió desde la punta de los pies y tuve ganas de abrazarme incluso más al abrigo. Había alguien que me importaba ahí, aunque no sabía quién. Algo dentro de mí me gritaba que corriese lo más rápido que pudiese a ver la situación.
Miré al bosque y vi unas luces rojas, verdes y azules saliendo por las copas de los árboles.
--¡Parece una pelea Pars! --exclamé y luego tosí, dándome cuenta de que lo había gritado--. ¡Vayamos a ver qué pasa! --susurré y ella negó con la cabeza.
--No, nos volvemos a casa. No puedes pelear si ni siquiera sabes cómo invocar tus poderes --murmuró, tomándome del brazo y dirigiéndome una mirada amenazante.
--¡No, ma, te lo ruego!
--Es mi última palabra, jovencita. Nos vamos a casa --sentenció.
--Ma, no sé cómo explicarlo... pero siento que hay alguien ahí que está en peligro. Alguien... de los nuestros.
Ella empalideció, algo pareció hacerle clic en la cabeza y asintió, completamente nerviosa.
--El trato es este: vamos, nos escondemos, nos fijamos si hay alguien conocido y, si no lo hay, nos vamos corriendo.
--¿Y... si lo hay? --tartamudeé y ella bajó la mirada un segundo, aunque luego la subió y me miró con determinación.
--Te quedarás todo el tiempo atrás mío y nos iremos cuánto antes.
Asentí y entramos en el bosque, con ambos pulsos volando por los aires. Mamá había tomado una posición defensiva en un segundo y se movía con una gracilidad única que nunca había visto antes. Ella tenía las manos arriba preparada para cualquier ataque que pudiera venir y me miraba de reojo de vez en cuando, como para comprobar que seguía siendo la cuerda y prudente Madison.
Un grito atronador nos hizo quedarnos en nuestras posiciones un segundo, yo eché un último vistazo a mamá y salí corriendo. El que gritaba...
Estaba segura de que había sido...
Llegué al escenario y casi me morí ahí mismo. En un segundo que pareció el más largo de mi vida, vi cómo James estaba en el suelo casi agonizando... casi como un cadáver. Muchos Pars, tanto Terra, como Aqua, como Ignis estaban lastimándolo con poderes extraños que no sabía reconocer, pero sí entendí lo mucho que herían.
Un Aqua me miró y sonrió con todos sus dientes. Sentí el miedo palpándose en todos y cada uno de los centímetros de mi cuerpo. El chico codeó a uno de sus compañeros Ignis y él me miró también.
--¿Vino a salvarte tu noviecita? ¿Voy a tener que matarla ahora, o esperamos a que te vea morir antes? --escupió este y James me miró. El terror invadió su rostro y tensó su casi inerte cuerpo.
Él iba a salir con vida de aquí aunque sea el último jodido acto que haga en la vida.
--No, pedazo de deficiente, ella es Madison Carter. Es ella a quién debemos llevar --le dijo una Terra y James trató de volver a atacarlos... en vano. No podía levantar los brazos siquiera.
--Y la mujer que está detrás de ella debe ser Amy Carter, ¿verdad? --preguntó una y todos volvieron a sonreír--. Este es el mejor dos por uno que vi en mi vida.
Sentí que empezaba a temblar, no sabía si por la impotencia y frustración que sentía, o por el miedo de que le hiciesen algo malo a ella también.
--Ay, pensé que ya habían superado esto de buscarme... Es que he matado a tantos de ustedes que algún día tendrían que aprender la lección, ¿verdad? --sonrió esta vez mi madre y algunos empezaron a sentir tanto enojo que me dijo que esa afirmación era tan real que no debería haber sido dicha.
A la mierda.
--Si me permiten... --formuló ella, moviendo el brazo con tranquilidad y echando a todos a volar lejos de James. Cresta, nadie exageraba cuando dijeron que ella era fuertísima.
Yo corrí hasta el chico en el piso y apoyé mis manos en su cara. Le levanté levemente la camiseta y tuve ganas de vomitar. Estaba hecho basura, con todo el estómago lleno de sangre y moretones de colores que no había visto nunca en el cuerpo humano.
Mis ojos se llenaron de lágrimas mientras le tapaba el vientre y un chico Ignis volvió a hablar.
--Ya no te reirás cuando veas cómo el Gobierno te saca todo lo que posees, no sólo a tu hijita adorable --murmuró y escupió--. Ve despidiéndote tu marido, porque cuando lo matemos...
Ella soltó unas risas que enmudecieron a todos. Había algunos que realmente sabían lo poderosa que ella era y querían escapar, y sin embargo también se hallaba el típico tonto que pensaba que la mataría sin esforzarse en lo más mínimo.
--¿Matarlo? Me pareces un chico muy ingenuo, bebé... --se mofó mi madre y yo fruncí el ceño.
--Los Pars sabemos cuáles son las familias con sangre prodigiosa porque aparecen en los libros de historia --susurró James y mi madre seguía hablando--. Y el Gobierno debe haberles dejado en claro que es tu familia la que... quieren.
--Sh, no hables --ordené, poniéndole por un segundo el dedo en la boca y arrepintiéndome--. No hables, ¿okay? Voy a sacarte de aquí. Sólo... no hables.
Una chica se hartó de la charla e hizo un poder que parecía un láser gordo, apuntando a mamá. Ella lo esquivó con una facilidad innata y se puso a volar, haciendo todos poderes geniales cómo levantar trozos grandes de tierra y pegarles con ellos. Yo disparaba a los despistados en cualquier parte del cuerpo y protegía con mi cuerpo a James a la vez.
Un par de chicos se dieron cuenta de que yo estaba participando en todo y empezaron a atacarme. Yo me paré delante de mi amigo y empecé a lanzar volando a gente, a acogotarlos con agua y a tratar de pegarles con una rama que estaba controlando por los aires.
Sí, los ataques parecían geniales, pero no eran tan poderosos porque no tenía coordinación y habían muchas personas a la vez que querían herirme. No podía controlarlos a todos. Una Aqua me tiró una bola de líquido al brazo y sentí un escozor y un dolor auténtico que me hizo soltar la rama (que afortunadamente calló sobre un chico, desarmándolo por unos segundos). La rabia empezó a apoderarme y decidí que mejor que atacar con un pedazo de madera sería atacar con personas.
Tomé a una chica que parecía muy tonta para darse cuenta de nada y la usé como arma. Empecé a pegarles a todos con ella, causándole heridas gravísimas de las que le costaría recuperarse. Luego, cuando vi que no servía más, la lancé por los aires y entendí que la había matado.
Sentí otra punzada horrible de dolor en la pierna y caí. La gente se aprovechó de mi estupidez y empezaron a atacarme por todos los ángulos: brazos, cabeza, estómago, pecho, pies...
Dolores agudos me inmovilizaron y de pronto sentí que algo calentito me rodeaba. Después, que volaba. ¿Tan poco podía controlar mi furia?
Miré hacia abajo y vi el halo de fuego violeta que me estaba envolviendo. Mierda, mierda, mierda...
--¡¡James!! --chillé, presa del pánico.
¡Estaba usando sus últimas fuerzas para salvarme!
No iba a permitírselo.
--¡Suéltame! --vociferé y empecé a moverme como si una vida dependiese de ello. Y así era, de forma retorcida.
Empecé a alejarme del lugar de los actos y traté de emplear viento para soltarme sin lastimar a James, pero era imposible. Él me tenía acorralada y se estaba sacrificando por mí. Y lo peor es que los Pars estaban ganando porque eran como quince y nosotros éramos dos inocentes chicos y una adulta muy confiada que pensaban que iban a ganarle a semejante lío de personas.
--¡James! ¡Madison! --oí y dejé de tirar porque reconocí la voz de esa chica--. ¡¿Amy?!
¡Era Belu! ¡Oh, mi dios, era Belu! ¡Y detrás de ella estaba Nick!
Mi felicidad por su aparición duró dos segundos, porque me di cuenta de que ahora ellos estaban en peligro también.
Sentí cómo el fuego cedía y me tiraba al suelo en un golpe seco. El dolor en el culo y espalda me distrajo por unos segundos, pero luego me levanté como un rayo y corrí de nuevo hasta James. Mis dos mejores amigos y mi madre luchaban sin cesar ni un segundo.
--James --lo llamé. Él tenía los ojos cerrados y su respiración era irregular... y casi inexistente--. Oh, dios mío, James. Ni te atrevas a... Abre los ojos, James --susurré, sintiendo como me escocían los ojos--. James, te lo suplico. No...
No mueras.
Cerré los ojos con fuerza mientras sentía las lágrimas caer. De pronto, una mano me tocó la cara con suavidad y me la limpió con sus largos dedos.
--James... --musité, abrí los ojos y él me dedicó la sonrisa más hermosa que había visto en mi vida.
--No puedo prometerte que viviré a partir de este día, Mads, pero te prometo que, si eso pasa, me encargaré que seas feliz día a día sin importar las circunstancias.
No llorar se volvió una tarea imposible.
Solté un sollozo y una herida dentro de mí se abrió. No iba a ser la típica imbécil que dejaba que sus seres queridos sufriesen en sus narices, sin hacer nada al respecto.
--Eres preciosa, Madison --susurró y sus ojos se cerraron--. Morir viéndote es todo un placer.
--No, no, James. No digas eso. ¡Ni se te ocurra dejarme! --chillé, presa del terror.
Lo tomé en brazos y supe que no podría llevarlo hasta el lago, no esta vez. Me faltaban fuerzas para siquiera dejar de lamentarme por todo, ¿e iba a arrastrarlo?
A pesar de esos pensamientos, intenté levantarlo unas veces más. Estaba fracasando estrepitosamente y me odiaba por ello.
Lloré contra su cabello cuando me di cuenta de que era imposible sacarlo de ahí y puse toda mi concentración en no dejarlo morir, como si con eso lo impidiese. Los golpes y ataques parecieron dejar de hacer ruido por un instante. El mundo se paró y todo a mi alrededor dejó de dar vueltas. Sólo estábamos él y yo, y los rugidos de aire que parecían estallarnos en cada extremidad de nuestros ahora débiles cuerpos humanos. No quería abrir los ojos, porque eso significaría ver la realidad de que James, el chico del que evidentemente estaba enamorada y sin el que no podría vivir, estaba muerto. No quería abrir los ojos para ver su cuerpo inerte y pensar que, aunque habíamos cometido miles de errores, ahora no podría besarlo, ni decirle que me importaba muchísimo, ni verlo a sus perfectos ojos rojizos.
Porque no eran marrones a secas, eran marrones rojizos. Y no era un color feo, como Belén dijo una vez. Eran un color lleno de vida, de emociones, de profundidad. Era un color tan bello como los amaneceres de un día de otoño, tan bello como el cabello castaño de una persona al sol, tan bello como las plumas de las alas de algún ave exótica que nadie conoce. Ese color era el más completo y lleno de vida que había visto jamás, aunque de primeras podía causar una impresión errónea.
¿Cómo había podido odiarlo, si él me había salvado?
¿Cómo podía yo seguir de pie sabiendo que estuvo en mis manos ayudarlo esta vez, pero sólo lloré contra su hombro?
¿Cómo podría yo vivir a partir de ahora sin su sonrisa burlona, sin sus preocupaciones exageradas?
No quería abrir los ojos porque no quería enfrentarme a una vida sin ver los suyos.
--¿Mads? --percibí y me negué a creer que era él.
No podía ser él. Él... estaba muerto. Yo lo dejé morir.
Apreté su cabeza contra mi pecho y seguí derramando mil y un lágrimas, aunque sabía que no cambiaría nada.
Esa no era su voz, yo lo perdí.
--Mads... tranquila. Soy yo. Estoy bien --musitó la voz del chico que me volvía loca.
Abrí los ojos, preparándome para lo peor. Eso tenía que ser una ilusión, porque eso es lo que les ocurre a las personas que pierden a seres queridos. Estaba alucinando, porque él ya no estaba ahí, lo sabía.
Dirigí mi mirada hacia abajo y vi sus infinitos ojos marrones rojizos. Traté de espantar el llanto, pero me fue la tarea más jodida del mundo. Él levantó el brazo y me tocó la cara con cuidado. Sus dedos apenas presionaron mi piel, haciéndome cuestionar si esto realmente estaba pasando, y se encargó de limpiar las lágrimas que caían por mis mejillas.
--¿James? --lo llamé y mis oídos pitaron.
--Me salvaste la vida, Madison --aseguró y yo negué con la cabeza--. Me curaste con tus poderes Ictus. Me curaste, Mads. No sé si sabes cuán difícil es hacer eso.
Yo seguía mirándolo como si esto fuera una mentira, porque tenía que serlo. Lo dejé en el suelo. No podía ser real...
--Eres la persona más buena que he conocido en mi vida.
Yo negué con la cabeza y solté unas risas incrédulas, mientras acercaba mis manos de porcelana a su antes demacrado rostro y lo acariciaba, como cerciorándome de la veracidad de este momento.
--¿Cómo puede ser esto real? Yo te dejé ir, ¿acaso estoy inconsciente y esto es sólo un sueño?
Él me apartó un mechón de la cara y me hizo cosquillas al ponerlo detrás de la oreja.
--Esto no es ningún sueño. ¿Eres consciente de que me salvaste la vida, Madison Jones? --me preguntó y yo negué otra vez.
--No pude haber sido yo... Yo creí que...
--La desesperación que debes haber sentido fue probablemente la razón por la que pudiste curarme sin práctica --una sonrisa tímida cruzó su rostro--. Creaste un aire dorado y... fue fantástico.
Lo seguí mirando fijamente hasta que sentí a dos personas corriendo a ver a su hermano. Belén y Nick lo observaron con una incredulidad palpable. Luego, me inspeccionaron a mí.
--¡Madison, eso fue increíble! --saltó la chica, abrazándome de repente. El gemelo la copió.
--¡Es la segunda vez que nos salvas la vida, Mad! --gritó él, riendo--. ¡Eres genial!
--Ella es mucho más que eso. Ella es... irreal --ronroneó James y mi felicidad podía alcanzar niveles desconocidos.
--Lo que acabas de hacer es espectacular, Mad, nunca antes visto --me palmeó la espalda mi madre, quien apareció de repente--. Estoy muy orgullosa de ti. Vamos ya a casa, chicos, antes de que aparezcan más de ellos.
--¿Ya han matado a todos? --pregunté.
--A la mayoría, algunos escaparon --contestó mi madre.
Asentí y noté que apenas me podía parar. Ahí Belu me curó al ser la menos afectada por la batalla, aunque quedé bastante débil. Mi madre me ayudó a mantenerme en pie y, cuando James se levantó, también puso su granito de arena: me pasó un brazo por debajo de los hombros y me ayudó a caminar así.
Y fuimos a lo de los King de esa manera, yo siendo plenamente consciente de lo suertuda que era por seguir teniéndolo en mi vida.
 
Editado 5/1/18.

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