Capítulo 31.

Ignis (Pars #1)

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Sentía que jamás me había sentido tan demacrada en mi vida. Realmente. James me había curado, pero igualmente eso no te daba toda la energía que perdiste.
Tuve que obligarlo a él a tirarse en el sillón largo con amenazas incluso. Él quería que yo lo hiciese, me decía que yo me merecía más estar ahí; pero me negué con rotundidad y me senté en el sofá para una persona que nadie ocupaba. Al final, él tuvo que ceder.
Mi madre estaba parada cerca mío y estaba pensativa. Belu se sentó a los pies de James con una botella en la mano, bebiendo de vez en cuando. Y Nick estaba apoyando tranquilamente su culo en el apoyabrazos de mi asiento. Todos estaban fatigados, pero James se llevaba el premio. Nick parecía el más enérgico.
No pasamos mucho tiempo tirados de esa manera, sólo cinco minutos. Nadie sabía cómo empezar la conversación que teníamos que tener, y que estaba claro que sería muy vergonzosa para James.
--¿Alguien quiere agua? --inquirió Belu, levantando el recipiente con el líquido.
--Por favor --asentí y me lo tiró por los aires.
Le di un sorbo y sentí el placer recorrer mi garganta. Dios, tenía muchísima sed. Ni me había dado cuenta. Hacer... lo que había hecho era bastante cansador y, como cualquier actividad física, te dejaba con una necesidad de beber que era exagerada.
--Sinceramente... pensé que iban a actuar de mala manera con nosotros, chicos --comentó mi madre de repente y yo dejé la botella en el suelo.
--Ese era el plan, señora Carter --suspiró James y me rompió el alma el tono de perro mojado con el que lo dijo.
--Dime Amy, James, por favor. Nos conocemos ya bastante como para que me sigas tratando de "usted".
--Vale --murmuró él y volví a tomar aire--. Me comporté como un imbécil (sepas disculpar mi mala palabra), Amy. Estoy arrepentido de todas y cada una de mis acciones contra ustedes de estos últimos meses. Como ya sabrás, el objetivo principal era traicionarlos, aunque afortunadamente ahora estamos de su lado --él miró a Nick, claramente preocupado--. Al menos, nosotros tres.
--En realidad, no sabemos cómo se tomarán esto nuestros padres --afirmó Nick y tanto yo como mi madre asentimos.
Yo creo que sí lo sabía, y esperaba que estuviese en lo correcto.
--Vale --ella se volvió a mí con un mal ocultado terror--. Mad, debemos irnos a casa ya a avisarle a David lo que pasó. Y también tengo que buscar a Sean a la universidad antes de que le pase algo...
--¿Estás segura de que puedes manejar? Digo, pareces cansadísima --me expliqué y ella frunció el ceño.
--Estoy bien, cariño. Me he enfrentado a situaciones miles de veces peores que esta --comentó, y luego se dio cuenta de algo--. ¿Te sientes tú bien como para venir, Mad?
Hice una mueca porque no tenía ganas de viajar una hora en total para ir a la universidad de mi hermano, pero tampoco quería arriesgarme a que le pasase algo. Me levanté a regañadientes del sillón y perdí el equilibrio de una manera torpe e idiota. Ella me tomó antes de que tocase el suelo y me miró con clara ansiedad.
--Madison puede quedarse en casa bajo nuestro cuidado, Amy --sugirió Nick y quise agradecerle.
--¿Eso está bien para ustedes, chicos? No queremos estorbar...
--Seguro, ella siempre es bienvenida aquí --aseguró Belu y nos sonrió--. Nuestros padres no vendrán hasta la tarde, así que puede quedarse...
Mamá asintió y me ayudó a volver a sentarme en el sillón.
--Vale, muchísimas gracias por echarle un vistazo y por ayudarnos antes con la pelea --sonrió ella y nos dio un beso a los cuatro. Luego se despidió con un rápido "adiós" y se fue corriendo literalmente.
Miré a Nick porque se estaba levantando del brazo del sillón y se dirigía a las escaleras.
--Voy al baño. Tanta pelea Pars me dejó con la vejiga explotando.
Él se fue y Belu también se paró. Se desperezó, se rascó el mentón y miró la puerta de la cocina.
--Tengo hambre. Esto de luchar a muerte contra el Gobierno me ha dejado hambrienta.
Con mi risa de fondo ella se largó, cerrando la puerta. Supe al segundo que lo hizo a propósito y me encontré agradeciéndole internamente. Presentía lo que pasaría ahora estando sola con James, y eso hizo volar mi pulso hasta puntos desconocidos.
Y la idea de que él tenía los ojos cerrados y ese aura pacífica que lo rodeaba empeoró mis nervios.
Con movimientos patosos, caminé hasta él y me senté a los pies de su sillón. Apenas tuve fuerzas para hacerlo, pero era casi una obligación fijarme en cómo estaba. Yo estaba en medio de una batalla en mi interior: me debatía si tocarle la cara y hacerle abrir los ojos, o dejarlo en esa posición tan sosegada que me producía tanta ternura. Me decanté por la primera opción, deslizando mis dedos por su mejilla con toda la lentitud que reuní en aquel momento. Él esbozó una sonrisa dulce y me derritió por dentro.
--Este es el momento perfecto para despertar al príncipe de un beso --murmuró sin apenas mover los labios. Yo me reí, sin darme cuenta de que me estaba inclinando lentamente hasta dejar mi cabeza a escasos centímetros de la suya.
--Ya te gustaría ser un príncipe --susurré y él ahí sí que abrió los ojos, dejándome completamente embobada con semejante belleza.
El color de sus ojos podría confundirse tranquilamente con el negro absoluto de la noche. Parecía tan relajado y feliz que su tranquilidad se contagió a mi cuerpo también. Esbocé la sonrisa más grande que había recordado tener en mucho tiempo y todo se debía al chico que estaba enfrente mío.
Tuve un deseo de besarlo irrefrenable, pero no podía pasar un segundo más sin decirle lo que tenía que decirle. No me lo guardaría ni un instante más, porque a cada minuto que pasaba sin soltarlo me quemaba más el pecho.
--Gracias, James --le acaricié más su perfil y me sorprendió su cara de confusión--. Sin ti, sin tu sacrificio... probablemente estaría muerta. Y no hablo sólo de hoy, la otra vez también...
--Es mi deber, Mads. Yo siempre te protegería --me interrumpió con suavidad y colocó sus manos en mi cintura, juntándome más a él--. No tienes que agradecerme. Es mi deber mantenerte a salvo. Yo te metí en todo este embrollo.
--No es cierto. Tarde o temprano iba a enterarme de lo de los Pars, tú sólo les ahorraste el trabajo a mis padres.
--Exacto: mientras yo no estaba en tu vida, tú eras feliz en tu ignorancia. Tu madre se encargó de ocultarte tu mundo y estabas a salvo. Llego yo...
--...y me entregaste lo que siempre quise: la verdad. --completé, y él apretó su agarre. Yo me acerqué un poco más a él--. Bueno, la verdad y un poco de dolor, pero uno necesario.
--Precisamente por eso soy un idiota --se maldijo y yo tuve que pararlo.
Apoyé mis labios sobre los suyos, casi mareándome al estar tanto tiempo cediendo al deseo. Él se incorporó y me acercó más a él. Yo uní mis manos en su nuca, enredando mis dedos sobre su fantástica cabellera. Reprimí un gemido cuando deslizó sus manos por mi espalda, enviándome electricidad por todo el cuerpo. El beso era tan jodidamente perfecto que tuve ganas de continuarlo hasta el fin de mis días.
Su lengua se introdujo en mi boca y esta acarició la mía. Me sentía que estaba tocando el paraíso. La sensación que sentía en el estómago podía compararse a quinientas mariposas siendo liberadas y repartiendo electricidad por toda mi anatomía. Él lamió mi labio y ahí interrumpí la conexión, apoyando mis manos sobre sus mejillas. Lo miré a sus hermosos ojos.
--Eso es lo que me gusta de ti: que siempre ves el lado bueno de las personas, aunque sean unas mierdas --declaró y yo sonreí.
--Y eso es lo que me gusta de ti: que en el interior seas tan modesto --él bajó la mirada y yo lo hice con mis manos, aunque luego lo envolví en un abrazo--. Vamos, te perdono. Todo lo que hiciste lo hiciste por tu familia y ya me confirmaste que te arrepentías.
Él se inclinó en el sillón, conmigo en sus brazos. Nos quedamos mirando a un punto en la sala mientras él me acariciaba con movimientos circulares la espalda. Era placentero esto de estar a su lado y decidí que era mi lugar favorito en el mundo. Los masajes que hacía hacían mis ojos pesar, pero tenía que hacerle una última pregunta:
--¿Lo volverías a hacer? --dudé, dirigiendo mi vista a la suya.
Él se quedó un momento escudriñándome, a mí y a todos mis gestos. Él me sonrió, aunque parecía más serio que nunca.
--Si tuviese la certeza de que acabaría así, en mi sillón, contigo en brazos... Lo volvería a hacer, Madison. Lo volvería a hacer una y mil veces.
 
Fin.
Editado 6/1/18.

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