Cap 33

Averno (YAOI)

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-Entonces... ¿Qué clase de poder tienes tú, Dorian?- Dan lo miraba sentado desde la cama mientras jugaba con un trozo de tela que se había desprendido de la misma.
 
-Mmmm supongo que soy físicamente superior a cualquier otro humano y también soy bastante viejo jajajaja- se rascó la cabeza algo nervioso, chocándose con sus propios cuernos pero su risa era encantadora.
 
Dan no se había despertado hace mucho pero el haber visto a Dorian al otro lado del cristal le tranquilizaba, no había mucho que hacer allí y el poco tiempo que pasaba consciente lo empleaba para charlar con él. Dorian era sumamente amable por no mencionar su obvio atractivo físico, cada vez que lo miraba una sensación cálida le invadía el pecho... siempre le dirigía a Dan una radiante sonrisa sin importar las condiciones y aquello se agradecía, aunque solo fuera para olvidar un momento al infierno que se enfrentaban.
 
-Venga ya, no puedes ser demasiado viejo...- lo miró pensativo- Tendrás... ¿veinticinco? ¿treinta?
 
-Oh, me alagas.- se retiró un mechón de pelo castaño de la cara, estaba bastante complacido con la respuesta de Dan.- Nací hace más o menos quinientos años, durante la inquisición española... No pongas esa cara, me haces sentir más raro de lo que ya soy.
 
-Vale, vale pero ¿los cuernos a qué vienen?- se señaló la cabeza como si Dorian no supiera donde los tenía- Pareces alguna clase de cosplayer y eso en el mejor de los casos.
 
-Nací con ellos y solo me han traído problemas- agarró uno de los enroscados y oscuros cuernos, que sobresalían de entre su pelo ahora desordenado y dejó su brazo colgando con pesar.
 
-Lo lamento por tu madre.- Dorian lo miró sorprendido por el comentario pero no tardó en estallar en carcajadas.
 
-Jajajaja la verdad es que yo también.
 
Un guardia entró rápido como el rayo en la habitación y le dio unos golpecitos en la puerta a la celda de Dorian, intercambiaron unas miradas que parecían tener un significado oculto y Dorian se acercó para que lo dejara salir. Nada más poner un pie fuera el guardia le enganchó una cadena metálica considerablemente gruesa en el collar negro que poseía, Dorian ladeo la cabeza para darle un último vistazo a Dan, sus ojos suplicantes casi le gritaban que no se marchara pero no tenía otra alternativa, siguió al guardia por el camino que ya estaba acostumbrado a recorrer cada mes desde hace aproximadamente dos años.
 
Caminaban por los pasillos recibiendo miradas de todo tipo y por diferentes clases de personas, desde odio a lujuria pero Dorian no mostraba interés por ninguna. Los pasillos a cuanto más ascendías más lujos tenían, pasando por ambientaciones orientales exóticas, estilos modernos minimalistas, irreales y fantásticos... todo seguramente valorado en unos cuantos millones de dólares.
 
El guardia se detuvo en la última puerta del pasillo, una doble de roble elegantemente ornamentada que se mostraba como la entrada de la suite más lujosa del edificio, llamó a la puerta y tras un claro "Adelante" el hombre se limitó a dejar pasar solo a Dorian.
 
-Dorian...- Aaron salió a recibirlo vistiendo únicamente un albornoz y llevando consigo una copa de champagne y su sonrisa sugerente.- Ve a la ducha.
 
Dorian sin dirigirle la palabra pasó rápidamente al baño de la habitación y consiguió desprenderse, aplicando un poco de fuerza bruta, de la rudimentaria cadena metálica que no hacía más que entorpecer sus pasos. No tenía mucha ropa que quitarse así que se colocó bajo el chorro de agua caliente que no tardó en empaparlo por completo, aunque Dorian se limitaba a mirar el plato de la ducha inexpresivo.
 
Pocos minutos después salía con una toalla blanca alrededor de la cintura, Aaron por su parte lo esperaba sentado en un sillón mientras bebía de su reluciente copa. Dorian se acercó hasta dejar una distancia prudente entre los dos que Aaron no tardó en acortar más, derramó un poco de su champagne por el pecho de Dorian y paseó su lengua lentamente por donde había pasado el preciado líquido.
 
-Sabes... Estoy muy feliz...- Aaron se pegaba a Dorian excitado, intentando pasarle algo de su entusiasmo a base de caricias.- Por fin ha caído la torre más alta y a un precio mucho más bajo del que pensaba, bueno, a veces la fortuna está de mi parte.- acarició su quijada y le dio un profundo beso- Dale las gracias a Dan de mi parte, sin él no habría sido posible la operación...- notó como Dorian se tensaba al escuchar el nombre del chico, Aaron se separó un poco mientras arqueaba una ceja.- Venga ya, ¿acaso no has aprendido nada, en serio?
 
-Déjalo fuera de esto.- Dorian fue tajante, el tono duro de sus palabras y la indiferencia de su rostro dio un escalofría a Aaron.
 
-Mmm esa mirada es igual a la que tenías hace dos años... me encanta.- Aaron volvió a besarle con voracidad.- En ocasiones me gustaría devolverte a la arena.
 
-Dime cómo está él.
 
-Ya sabes cuál es el precio... vamos a la cama.
 
Aaron tiró de uno de sus cuernos hasta tumbarlo encima de él besándolo de nuevo, enredando sus dedos entre sus cabellos... Se zafó del albornoz con impaciencia y también le quitó la triste toalla a Dorian, dejándolo únicamente con el collar negro de su cuello. Dorian comenzó con su rutina laboral, lamía sus pezones mientras introducía uno de sus dedos bien lubricado en su entrada y rápidamente pasó a lamer y succionar su erguido miembro, intentando ahorrarse todo el tiempo posible y queriendo terminar cuanto antes, moviendo sus dedos de arriba abajo y consiguiendo fuertes reacciones. Aaron por su parte gemía y reía casi sin control, dejando la espalda de Dorian llena de surcos rojos de los que de vez en cuando corría un hilo de sangre que se juntaba con el sudor, se lo estaba pasando en grande.
 
-¡Dámelo ya, no aguanto más!- Aaron no le estaba suplicando, le estaba ordenando entre gemidos.
 
Dorian no se lo pensó demasiado, sacó sus dedos y se introdujo de una sola estocada. Mientras Dorian le agarraba las piernas y se las separaba, Aaron arqueaba la espalda hasta quedar apoyado solo en sus hombros, estirando los brazos hasta tocar el cabecero de la cama... Dorian comenzó con las embestidas fuertes y profundas, tal y como le gustaba a Aaron pero llegados a ese punto ya no les quedaba mucho tiempo antes de terminar.
 
Con estremecimiento, Aaron se corrió y tras quedar un poco aturdido por el placer le siguió Dorian pero este permaneció estático. Se tumbó a su lado para dejarle espacio y deseando volver a su celda con Dan, el despeinado Aaron con la respiración entrecortada se incorporó para sacar un paquete de cigarrillos del cajón de la mesita de noche, sacando uno y encendiéndolo para darle una profunda calada.
 
-Bueno, Kai sigue vivito y coleando por lo que el trato sigue en pie- Aaron le dio otra calada al cigarro- Después de todo este tiempo aún no me creo que te comprometieras a la obediencia absoluta a cambio de la libertad de ese chico...
 
-Cállate, no es de tu incumbencia...- Dorian se sentó en el borde de la cama, recogiendo sus bóxers negros del suelo para irse cuanto antes.
 
-Ya, ya... Simplemente te daré otra advertencia- Aaron le abrazó por el cuello- No te encariñes con Dan, solo te darás disgustos y no queremos eso, ¿verdad?- le acarició la mejilla coqueto- No sé cuánto durará por aquí, está dando bastantes beneficios pero también me están haciendo ofertas por él... Aaah pero de él no quería hablarte aunque también le incumbe.- se apoyó en su espalda, mirando el techo mientras cruzaba las piernas en el colchón.- Mañana tendremos la pasarela mixta, explícale de que se trata para que no fastidie nada y esta vez tú formarás fila con los encadenados, últimamente hemos perdido a muchos luchadores gracias a algunos elementos nuevos.
 
-¿Y de quién crees que es la culpa?- Dorian se giró algo molesto con su tono indiferente hacia todas las personas que seguramente había matado indirectamente.
 
-Jejeje no te pongas así... Olvídate de todos ellos.- Aaron tiró de Dorian hacia atrás, dejándolo boca arroba sobre la cama.- Oye, ¿te apetece otra ronda? No me respondas, la respuesta es sí... quieras o no.
 
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La luz de la luna traspasaba los cristales del gran ventanal para terminar derramándose por unas sedosas sábanas blancas que cubrían hasta la cintura de los integrantes de la espaciosa cama. A un lado una joven delicada de cabellos rubios y al otro un chico atlético de piel bronceada... ambos sin pulso, apenas unos minutos atrás habían exhalado su último aliento de vida. Edgar en el centro, sosteniendo un vaso cargado de vodka con hielo, satisfecho con el banquete del que había disfrutado y teniendo en mente el evento que se acercaba.
 

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