Desgarrando la noche

Psicología de amor

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(Diez años después)
 
El reloj, sobre la pequeña mesa de noche de madera de roble, marcaba las dos de la madrugada. Todo estaba en silencio, había tranquilidad en las calles, pues el mundo dormía y no había ni un solo bullicio que fuera cómplice de lo que estaba por venir. De repente, en la distancia, se empezó a escuchar un ligero y acompasado sonido del motor de un coche, apenas audible por el o
oído humano. 
 
Isis descansaba apacible debajo de una manta de plumón pese a ser verano y hacer un calor infernal. Solo asomaba el pelo de entre el amasijo revuelto que tenía por cama. Su rostro, debajo de su "escudo protector", se mostraba bello, de rasgos fuertes; grandes ojos verdes rasgados, pequeña nariz y una boca de labios prominentes, su pelo largo y ondulado moreno le caía desordenado por la espalda; todo ello iba acompañado de una delicada y bien marcada silueta, tenía buen cuerpo, de los que quita el hipo; sin duda, era una belleza natural, imponente, como el de una antigua amazona. Sin embargo, últimamente, parecía una guerrera abatida, pues su cara mostraba ligeras sombras moradas síntoma de las "caricias" de su marido.
 
¡Cricl, Cricl! Empezó a sonar una y otra vez el tintineo de las llaves forzando la entrada de una cerradura que parecía inexpugnable.
 
—¡Isis! ¡¿Es qué no oyes que estoy tratando de abrir la puerta?! ¡Hip! ¡¿Qué tengo, que gritarte para que me abras?! ¡Hip! ¡Siempre me tienes que hacer pasar vergüenza y tengo que hacer el ridículo con los vecinos por tu culpa para que me hagas caso! ¡Hip! ¡Ven ya Isis! —Bramó Steeve como pudo entre la ebriedad y el hipo.
La pobre y desolada Isis abandonó así su "fuerte" para acudir a la llamada de su primitivo marido, no obstante, puso la mejor de sus caras, con esa sonrisa deslumbrante que tenía, aunque algo apagada ya por temor a las casi seguras represalias que vendrían a continuación.
 
Aún así, cautiva de ese mundo de depresión, miedo y desesperación, ella creía en el fondo que era feliz y que todo iría a mejor cada día, pero los días iban pesando como losas y el tormento la perseguía, se encontraba atrapada en una espiral de la que no podía, no sabía o no quería salir…
 
De camino a la puerta Isis iba repasando qué decir y cómo actuar (“saludar con cariño pero con tono bajo pues vendrá resacado. Darle un beso en los labios y un abrazo, sin apretar demasiado…” se dijo mentalmente). Y, así, uno tras otro, se le agolpaban los pensamientos hasta dar con el modus operandi que creía correcto para la situación que estaba por venir.
—Hola cariño, ¿qué tal lo pasaste? —Dijo casi susurrando.
 
—¡Quita coño! —Gritó Steeve empujándola.       —¡Llevo cinco ¡hip! minutos ¡hip! en la puerta! ¡¿Estás sorda o qué?! —gritó él exaltado.
 
 —No mi amor, perdona, es que estaba dormida y al principio no te escuché y desde que te oí bajé corriendo a recibirte. —Continuó Isis entre temblores.
 
—¡No más excusas Isis, me tienes harto! ¡Hip!  —Esta vez sus ojos se inyectaron en sangre y se tornaron coléricos.
 
Entonces Steeve le cruzó la cara a su mujer como era ya costumbre últimamente, haciéndole un corte en el labio del que goteó un pequeño hilacho de sangre, que le bajó por la barbilla y goteó en el suelo. Esta, llorando y lamiéndose la herida con su lengua, se disculpó por todo, una vez más, y acompañó, escalera arriba, a su torpe y desaliñado esposo con el fin de que su ruda cabeza no acariciara el suelo.
 
Una vez  llegados al dormitorio, lo instaló en su cama, lo arropó y le dio el inmerecido beso de buenas noches. Él se quedó dormido rápida y plácidamente mientras ella se quedó en vela. Se taponó la herida del labio con un pañuelo mientras observaba una foto de cuando eran pequeños, lo que le hizo recordar muchas cosas, todas ellas positivas, lo que le alentaban a continuar a su lado, pues llevaban juntos toda la vida y conocía su otra faceta, la de esa buena persona, detallista, atenta y cariñosa que tanto le gustaba (“esto seguramente sería solo una mala racha”, se repetía a simisma una y otra vez).
 
 
Finalmente se recostó a su lado y lo contempló con ojos cariñosos (“que adorable y frágil parecía así”, pensó). Entonces se giró hacia el lado opuesto a él, para no molestarlo y continuó llorando en silencio hasta la mañana siguiente desconsolada, mientras imaginaba una vida mejor, como en el pasado, no muy lejano, donde él era diferente, donde él la acariciaba, donde él la amaba… Recordó cuando él la defendió de unos niños en el colegio que siempre se burlaban de ella por llevar gafas, fue ese mismo día, en ese mismo instante, cuando se enamoró profundamente de él, nadie hasta ese entonces, en el colegio, se había preocupado por ella. Pues Isis solo era la chica rara de gafas y la sabelotodo, el objeto fácil de las burlas y, entonces, había llegado él, el chico nuevo y guapo a defenderla. Sumida en esos pensamientos terminó sucumbiendo al sueño, cuando quedaban apenas unas horas para el amanecer.
  • LisaClasbenLynn-image LisaClasbenLynn - 23/07/2019

    Isis me hace enojar pero al mismo tiempo no me puedo enojar porque no conozco su historia y quiero conocerla y tecnicamente ella es la victima de abuso y no debería culparla pero me dan muchas ganas de gritarle un "amiga, date cuenta". Por otra parte, esto se esta poniendo interesante. Me recuerda un poco a mi novela favorita.

  • LisaClasbenLynn-image LisaClasbenLynn - 23/07/2019 place

    Aaaaah! Que tan fuerte tienen que pegarte una cachetada para sacarte sangre? o que tan dañado tienes que tener el labio para que una cachetada te saque sangre? Ya me empute con este wey...

  • LisaClasbenLynn-image LisaClasbenLynn - 23/07/2019 place

    Chale! Conozco a mucha gente que esta así

  • GerardoOssorio-image GerardoOssorio - 17/04/2019

    Muchas gracias Luk. Es mi primera novela espero que te guste??????

  • Luk-image Luk - 16/04/2019

    narras chido xd

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