Confesiones y propuestas

Psicología de amor

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Isis se quedó completamente muda durante largo tiempo tras la pregunta, pensando si contarle o no sus problemas. Finalmente, infundida por la fuerza de la diosa y haciendo honor a su nombre, decidió sincerarse.
 
—Pues… bueno, a ver como empiezo… Conozco a mi marido desde la guardería y llevamos de novios muchos años, desde que yo tenía quince, es decir, hace justo catorce años y me casé con Steeve cuando cumplí los diecinueve. Al principio era todo cariño, amor, detalles... Pero lleva cosa de dos, tres años, que se juntó con unos amigos nuevos y siempre sale de fiesta y llega bebido a casa... y... —Quedó de nuevo enmudecida, sin poder articular palabra alguna.
 
—Tranquila, Isis, vas muy bien. Ten la certeza que de aquí no saldrá nada, que tu no quieras que salga, no tengas miedo. Y toma, bebe un poco agua para que puedas seguir hablando. —Le dijo tendiéndole un vaso.
 
Isis se lo bebió entero de un sorbo y continuó:
 
—De acuerdo… A parte de eso siempre llega cansado del trabajo, porque es muy duro lo que hace… Y… claro entre una cosa y la otra…. Pues ese cariño y amor han sido ¡snrrr! (se sorbió los mocos) sustituidos por otros sentimientos que muchos denominarían violencia, las caricias que antes me daba, ahora me destrozan la cara, los besos que recibía ahora cortan mis labios... Los detalles solo llegan cuando mi cuerpo está resentido de su amor... (empezó a llorar desconsoladamente). Ya no sé qué hacer, siempre le perdono todo y sigo adelante pensando que irá a mejor… Y creo de verdad que irá a mejor, seguramente esté exagerando las cosas y la mayoría sean por mi culpa, pero es que no sé que hacer… —De nuevo, rompió a llorar.
 
—Entiendo, ¿y has pensado en irte a vivir a otro sitio y denunciarlo? Porque no puedes permitir todo esto y no creas ni por un instante que tú eres la culpable. Todos podemos fallar en algún momento de nuestras vidas pero nadie merece que le hagan esto. —Dijo señalándola.
 
—No, el pobre... al final Steeve es buena gente y no quiero que le pase nada, por eso no lo denuncio... lo que... Se ha juntado con quien no debía... —Continuó llorando.
 
—Isis, piénsalo bien, con quien se junte no es excusa para golpearte, piensa que quien te quiere no te lastima así, quien te quiere te cuida y protege, todo lo demás no es amor.
 
—Puede que tengas razón... Pero, ¿a dónde voy? No tengo trabajo ahora mismo por la crisis, ¿de qué voy a vivir?
 
—Comprendo tus preocupaciones, ¿no tienes algún familiar con el que puedas instalarte por el momento?
 
—Bueno podría irme con mis padres, aunque no los quiero preocupar y he perdido el contacto con ellos desde hace años. Además, hasta que no se me vayan los golpes no me gustaría ir con ellos, mi padre es muy bruto y no sé lo que sería capaz de hacer.
 
—Entiendo, pues si esos son los problemas, no te preocupes. Déjame pensar qué podemos hacer…
 
Salió de la habitación e Isis escuchó como hablaba en la distancia por teléfono pero no entendía muy bien sobre qué era la conversación. Después de haber terminado y haber colgado el móvil y, tras meditarlo durante un instante, Robert entró de nuevo y continuó hablando:
 
—Bueno, podemos hacer una cosa si te parece bien, no quiero que pienses mal, igual me precipito y esto es una locura. Pero, ¿qué te parece si mientras se te curan los hematomas y si me permites el atrevimiento, te vienes a mi casa? tengo una habitación de invitados y tendrás tu libertad ahí, incluso no tendremos casi que vernos si así lo prefieres.
 
—Pero, ¿y no te traerá problemas? No quiero molestar.
 
—No te preocupes, esa habitación la suelo reservar para estos casos, es la de invitados, así que no es molestia. —Dijo mintiéndole para convencerla y que no pareciera pretencioso o que iba con dobles intenciones.
 
—Bueno… De acuerdo, no tengo muchas más opciones, gracias. —Aceptó aún con la duda.
 
—Y en cuanto al trabajo, necesito una niñera para mi hijo, tiene cinco años y, ahora en verano, no tiene con quién quedarse, mi mujer (se encargó bien de gesticular y enmarcar bien la palabra “mujer” despejando así toda duda de intencionalidad) anda en un largo viaje de negocios y yo solo tengo tiempo por la tarde-noche por lo general para estar con él, así que me vendría de perlas que te encargaras de él y de mi preciado Golfo, que últimamente no puedo sacarlo lo suficiente de paseo. Si quieres, claro, además, al peludo se vio que le gustaste. —Rió quitándole hierro al asunto y rebajando la tensión.
 
—¡Ah, perfecto! Sí, me gustaría mucho, no tengo hijos pero me encantan los niños y tu perro es un amor. Muchísimas gracias de verdad Robert, nunca podré pagarte esto.
—No es nada, de verdad. A cambio, solo te pido una cosa, que cuando te sientas fuerte te pienses ir a denunciarlo, por favor, es por tu bien, si necesitas apoyo yo mismo te acompañaré.
 
    —Ummm… Lo pensaré, aunque no puedo prometerte nada, pero al menos lo pensaré, te lo debo.
 
 
Continuaron hablando durante un rato más sobre temas triviales con el fin de que Isis se despejara un poco de la terapia. Hasta que se hizo la hora de comer, entonces el señor Collins le invitó a un restaurante cercano al parque donde se habían conocido. Ella aceptó, aunque tenía el estómago encogido y no sabría si podría comer algo.

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