Una casa de ensueño

Psicología de amor

visibility

298.0

favorite

1

mode_comment

0


Empezaba a oscurecer cuando salieron del restaurante, se había quedado una tarde bastante agradable en la que se podía ver tanto el Sol, que iba desapareciendo poco a poco; como la Luna, que cada vez se iba imponiendo más en ese cielo color anaranjado espectacular. Se subieron al coche y se dirigieron a la casa de Collins, que estaba a media hora de allí.
 
Pasaron el camino en silencio, sin mencionar palabra, tan solo escuchando la música y dirigiéndose alguna que otra mirada furtiva cuando el otro no miraba. El viaje se hizo un poco monótono, quizás síntoma del empacho y del cansancio.
 
 
—Esta es mi casa Isis, —dijo Brown señalando un chalet inmenso y precioso.
 
Era espectacular, la entrada estaba colmada de árboles y plantas multicolor bien arregladas y de un gusto exquisito sobre un césped impoluto, sobre él se bifurcaban dos caminos; uno que seguía hasta el inmueble y otro hacia el garaje. Tomó el desvío de la derecha para ir a aparcar.
 
En el trayecto al garaje Isis se percató de muchos detalles; el jardín tenía un pequeño pozo de piedra muy elegante y una carpa blanca y alta con una mesa enorme y muchas sillas, al lado, cómo no, de una barbacoa también tallada en piedra, más adelante se topó con una larga piscina con luz dentro del agua, protegida en una habitación de cristal y escoltada por numerosas hamacas. Era definitivamente una casa de ensueño.
 
 
Finalmente, llegaron al aparcamiento, un garaje muy coqueto que Brown abrió con un mando, sin la necesidad de bajarse del coche, podrían caber perfectamente ocho vehículos en su interior. 
 
Dejaron el Porsche dentro y accedieron a la casa por una pequeña puerta que comunicaba ambos habitáculos. 
 
—Te enseñaré la casa primero y luego te indico donde te instalarás.
 
—Sí, por favor, porque me da que yo sola por aquí me perdería, —rió.
 
—No te preocupes te adaptarás enseguida, —respondió soltando una carcajada.
 
Una a una le fue enseñando todas las habitaciones; un comedor con una chimenea adaptada a los tiempos actuales, muy acogedor; una sala de estar muy amplia con varios sillones y un proyector, ambos habitáculos muy luminosos gracias a las grandes cristaleras de las paredes; dos habitaciones, la de su esposa y la de él, con vestidor, tipo suite con baño en su interior y la habitación de su hijo decorada de manera graciosa e infantil; un baño completo con bañera y un aseo y, por último, le mostró la cocina con una bonita isla en medio, totalmente rodeada de cristales, lo que daba aún más la sensación de amplitud, esta comunicaba con una pequeña terraza donde tenían otra mesa, allí solían desayunar cuando hacía buen tiempo. 
 
—Pues esto es todo, ahora te mostraré donde te vas a instalar, acompáñame por aquí.
 
(Esto es todo... como si fuera poco, quizás su casa cabría dentro del salón de ésta y eso que tampoco era pequeña la suya, pensó exagerando Isis).
 
Sumida en sus pensamientos tuvo que volver en sí para caminar junto a Brown hacia el garaje, donde posteriormente accedieron por otra puerta que conducía a una pequeña casa, la de invitados.
 
—Pero… ¿no era una habitación? —Preguntó Isis.
 
—Bueno es una pequeña casa de invitados donde nadie te molestará, puedes entrar desde el garaje o por la puerta principal pasando la piscina.
 
—De acuerdo, gracias de nuevo Collins y perdona las molestias me iré lo antes posible te lo prometo.
 
—No te preocupes, además, ¿qué mejor manera para conocernos todos que así? Si vas a cuidar a mi hijo prefiero que haya confianza.
 
—Bueno, aun así no quiero ser un estorbo.
 
—No te preocupes, te dejo para que te instales tranquila, ahora te traigo las bolsas de la ropa que compramos antes, que las dejamos en el coche, vete echándole un vistazo a esto.
 
—Vale, gracias, voy a verlo todo bien.
 
Brown salió de la habitación y fue al coche donde recogió las bolsas, pasando antes por su dormitorio para buscar un pijama de su mujer, pues se percató de que se habían olvidado de comprar uno y se lo llevó a Isis.
 
—Aquí tienes, buenas noches, cualquier cosa tienes mi número registrado ya en la agenda del teléfono, intenta descansar, lo necesitas, ya mañana hablamos sobre el trabajo; las condiciones y demás a ver que te parecen.
 
 
—Seguro que bien, es más de lo que tengo y merezco.
 
—Mereces más de lo que piensas, así que no me gustaría oírte decir eso más.
 
—Bueno… lo intentaré... buenas noches, descansa tu también, gracias de nuevo.
 
—Hasta mañana.
 
 
Brown abandonó la habitación o mejor dicho, la casa de invitados, pues tenía de todo, cerrando la puerta tras de sí. Dejando por primera vez desde hacía bastantes horas sola a Isis con su sufrimiento.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo