Historias encontradas

Psicología de amor

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Isis fue al baño, donde para su sorpresa, estaba totalmente equipado, como si de una habitación de hotel se tratase; cepillo de dientes, dentífrico, toallas, secador, plancha para el pelo... (¡Vaya! era como si lo hubiera tenido todo planeado de antemano. Pensó, aunque no le quiso dar más vueltas).
Se lavó los dientes, se metió en la enorme y redonda bañera de hidromasajes y se dio una ducha relajante con sales y espuma, acompañado, todo ello, por los suaves chorros de agua que emergían tan placenteros que parecía que le acariciaban, le sentaban genial a sus recientes golpes. Luego se puso el pijama que Collins le había ofrecido; era realmente bello, muy colorido y fresco; de seda roja, ideal para el verano, aunque enseñaba más piel de lo que le gustaría. Al fin estaba preparada para irse a acostar, además, se encontraba muy cansada y los párpados le pesaban.
Se tumbó boca arriba y cerró los ojos en un ademán para dejarse dormir. Pero estos se desbordaron de lágrimas, uno tras otros los recuerdos de la noche anterior le invadieron la cabeza y le fueron golpeando cruelmente, lo que hizo que se mantuviera en vela pese a que el cansancio la poseía.
El pulso se le aceleró y le inundó un frío y húmedo sudor, la sien le empezó a palpitar y la respiración se le entrecortó mientras el cuerpo le temblaba... La ansiedad le sobrepasó y no podía controlar todos esos sentimientos encontrados, era imposible cerrar los ojos, pues cuando lo hacía, afloraba todo su tormento y se repetían las imágenes de Steeve golpeándola frenéticamente y sin compasión.
Se levantó ipso facto de la cama y se mojó la nuca para intentar aplacar los nervios y cortar el sudor. Una vez hizo esto trató de calmar su agitada respiración, inhalando hondo por la nariz y exhalando todo el aire por la boca, repitió este ejercicio reiteradas veces, pues estaba muy acelerada y le estaba costando bastante recuperar la compostura.
No sabía qué hacer, si llamar a Brown o no, aunque se decidió por no molestarlo finalmente, ya que ya había hecho bastante por ella y tampoco quería hablar de su marido. Así que decidió dar vueltas por la casa sin un rumbo predestinado, simplemente necesitaba mantenerse realizando alguna actividad. Solamente se detuvo cuando vio una pequeña librería con varios volúmenes de los que escogió uno al azar: "Psicología: Anastasia".
La portada captó su atención rápidamente, era curiosa, una fusión entre un cerebro y una bombilla, por lo que decidió abrirlo y comenzar a leerlo y dejarse embriagar por sus páginas para intentar entretener su alocada mente con otras cosas que no fueran su propio sino.
Enseguida conectó con él, pues parecía una historia contada especialmente para ella, la protagonista estaba pasando por su misma situación, increíble, no podía dar crédito de la similitud que tenía con su vida. Quería saber si la mujer había encontrado o no su final feliz y cómo, para seguir sus pasos.
Decidió seguir con la historia en la cama, por lo que se tumbó nuevamente boca arriba, con el libro en sus manos y continuó la lectura. Pasó leyendo alrededor de media hora hasta quedar plácidamente dormida sin ni siquiera esperarlo.
Poco a poco el ejemplar fue resbalando de sus manos hasta aterrizar levemente en su cara. En sus sueños imaginó que era una caricia de su marido Steeve, una de esas caricias que hacía años que no sentía, lo que dibujó una sonrisa de felicidad en su cara.
Tuvo una gran variedad de sueños esa noche pero por suerte estos fueron buenos; desde romances épicos hasta aventuras mágicas. Pero el mejor sueño sin duda, fue el recuerdo de cuándo y cómo se habían conocido ella y su marido, el amor que se profesaban y el momento de su boda, que había sido perfecta, aunque no fuera exactamente de la forma que ella quería. Simplemente fue especial porque se prometía con el hombre al que amaba. 
Al final esa noche, que a priori se antojaba tormentosa y que la mantendría en vela, se convirtió en una magnífica velada de sueños embaucadores y maravillosos. Por fin, Isis durmió cómoda y tranquilamente y obtuvo su merecido descanso. 
 

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