Hogar dulce hogar

Psicología de amor

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Una vez llegaron a casa, Daniels preguntó enseguida por su madre:
 
—Papá, mami, ¿dónde está?
 
—Pues en uno de sus viajes, ya sabes que tiene muchos por su trabajo, le hubiera encantado estar a tu regreso pero le fue imposible. —Dijo con cierta tristeza.
 
—¡Jooo! Le echo de menos.
 
—Ahora la llamamos a ver que tal está, ¿qué te parece?
 
—¡Sí! ¡Genial! ¡Vamos a llamarla!
 
Isis, sintiéndose desplazada de la conversación y fuera de lugar, se apresuró a excusarse para irse a su habitación.
 
—Chicos en lo que llaman voy a cambiarme y ponerme cómoda, enseguida vengo y hago algo de comer para los tres.
 
—Vale, hasta ahora, respondieron padre e hijo al unísono.
 
Isis podía seguir escuchando sus conversaciones mientras se iba alejando.
 
—Toma primero un regalito, a ver si te gusta,  —dijo Robert.
 
Daniels lo desenvolvió rompiendo el papel por todas partes por el nerviosismo, se podía oír el ruido exagerado que hizo al abrirlo desde la distancia.
 
—¡Guau, Papá! ¡Es el juego que quería! ¡Gracias! Voy a jugar ahora mismo.
 
—Espera, llamemos antes a mamá…
 
Eso fue lo último que oyó Isis mientras se adentraba en el garaje para ir a su "mini" casa. Se volvió a dar una ducha, aunque solo del cuerpo, para refrescarse. A continuación se puso una ropa fresca y cómoda para estar por casa. 
 
Después cogió el libro y terminó de leer las dos últimas páginas que le quedaban y decidió preguntarle a Brown sobre él, para saber si era suyo o si sabía de quién era. 
 
—¡Dios! !Cómo se me ha pasado el tiempo!     — Dijo Isis en voz alta para sí misma y se dispuso a ir a la cocina para preparar algo de comer.
 
Como era normal atravesó el garaje, tocó el portero y le abrieron la puerta. 
—Chicos, perdonen la tardanza voy a preparar algo, ¿qué te gustaría comer hoy Daniels?
 
—No te preocupes, no hay prisa dijo Robert, aunque acto seguido sus tripas rugieron delatándole, lo que produjo una sonora carcajada por parte de todos.
 
—¡Pasta! ¡Pasta! —Contestó efusivo el pequeño Collins.
 
Acto seguido Isis empezó a preparar el almuerzo mientras mantenía una distendida charla con Robert sobre el ejemplar.
 
—Oye Robert, por cierto, he visto un libro que me ha gustado mucho y la historia se parece a mi vida, ¿lo has escrito tú? ¿Por qué no está acabado? Se titula "Psicología: Anastasia".
 
—Sí, es mío. Aunque más que un libro era una tesis sobre el maltrato que hice sobre una paciente, la verdad que nunca la terminé... Porque... bueno... nada, eso, que nunca llegué a terminarla. —Respondió con un nerviosismo impropio de él y muy apurado, como si ocultara algo.
 
—Ah… lástima, pues me parecía un buen libro y me estaba gustando mucho. —Isis no quiso indagar sobre qué le había alterado tanto al preguntarle por el final, así que no insistió más.
 
—Pues gracias, nunca he tenido como hobby escribir la verdad.
 
—A mi sí, como te dije ayer, me fascina, o me fascinaba mejor dicho. De pequeña siempre escribía poemas, relatos cortos y cosas así, pero nada importante. Luego simplemente con el paso de los años lo abandoné no sé muy bien por qué si te soy sincera.
 
—Pues, ¿por qué no tomas parte de mi tesis y de tu vida y narras tu propia historia? Igual incluso te sirve de autoayuda. Quizá tú si logres darle un final feliz al libro. 
 
—No es mala idea, me lo pensaré.
 
En ese momento reapareció Daniels en la cocina, que había salido desesperado, en lo que Isis cocinaba, para probar el nuevo videojuego.
 
—¡Ummm! ¡Que bien huele, Isis!
 
—Gracias, Daniels, ¿qué tal el juego? ¿Está chulo?
 
—¡Una pasada! Es el mejor juego del mundo mundial. ¡Guauuu! Ya lo verás.
 
—¡Qué bueno! ya me lo enseñarás luego, ¿vale? Pues chicos, la comida está lista, espero que les guste.
 
Entonces se sentaron todos en la mesa y disfrutaron de una magnífica pasta a la carbonara digna de cualquier restaurante italiano, mientras Daniels les contaba con todo detalle como era el videojuego. La verdad es que conectaron muy bien el pequeño Collins e Isis y fueron quienes ocuparon prácticamente toda la conversación durante el almuerzo. Robert casi no intervino, estaba más preocupado en comer que en otra cosa, pues estaba verdaderamente hambriento.

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