¿Por qué los ocultas?

Psicología de amor

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Una vez acabaron de comer, Isis recogió la cocina, a su ritmo, sin mucha prisa, por fin no tenía a nadie detrás fustigándole para hacer todas las cosas bien y con rapidez. Mientras, Daniels volvió a sumergirse en su tan ansiado videojuego; desde la cocina Isis lo podía escuchar dando gritos de entusiasmo a cada momento. Y Brown, por su parte, fue a preparar sus cosas de trabajo para empezar la jornada del lunes. 
 
De repente un vaso resbaló de las manos de Isis cayendo desportillado al suelo, esta empezó a recogerlo con suma prisa mientras rompía a llorar, en ese momento regresaba Brown que había escuchado el ruido. No se esperaba hallarla en esa situación cuando momentos antes estaba mejor, no entendía qué pasaba pero intentó calmarla enseguida.
 
—¿Qué pasa? ¿Te cortaste?
 
—Perdona, perdona, perdona… —Repitió una y otra vez.
 
—¿Perdona por qué? No será por el vaso, ¿no? ¡Que le den! ¿Uno más uno menos qué importa? Dijo tirando uno él mismo al suelo y haciéndolo añicos de verdad. —¿Ves? que torpe soy, a mí también se me ha roto, —rió.
 
Isis pese a seguir con las lágrimas a flor de piel, sonrió y le agradeció el gesto, pero no le contó en ese momento que la escena con su marido abría sido muy diferente, aunque tampoco hizo falta, él la entendió inmediatamente sin ni siquiera hablar de ello y su actitud se volvió más comprensiva aún. Ella se dispuso a barrer el segundo vaso pero Collins la detuvo quitándole el escobillón y limpiando el estropicio que él mismo había causado.
 
 Acabadas ya las labores de cada uno y más tranquilos todos, Robert le propuso ir al parque a su hijo, el cual aceptó entusiasmado. Justo en ese momento apareció Isis.
 
—Isis, nos vamos al parque un rato, ¿vas a hacer algo? o ¿te quieres venir?
 
—La verdad es que no tengo nada que hacer ahora mismo y me vendrá bien despejar la cabeza. Cuando me quedo sola... bueno, tú sabes, me vuelve todo lo ocurrido y no lo puedo soportar.
 
—Entiendo, es normal, está muy reciente todo, pues vente, tomaremos helado, que eso siempre viene bien. Además, llevaremos a Golfo, que sé que te tiene un cariño especial, así sale un rato también.
—Sí, perfecto, es más mono, anoche durmió conmigo, se ve que entró por la ventana mientras intentaba descansar.
 
—Entonces ya sabes el por qué viene su nombre, siempre haciendo de las suyas. —Dijo entre sonoras risas.
 
Antes de salir Isis fue a retocar su maquillaje al baño, que con el calor del día y de estar en la cocina ya dejaba entrever un poco su amoratada piel, justo en ese momento pasaba Daniels por ahí y vio su piel desnuda, sin maquillar y no pudo contener el impulso:
 
—¿Qué te ha pasado? ¿Te has caído? Yo una vez me caí de un columpio y se me quedó la cara igualita que a ti.
 
Sin poder contener una sonrisa por la inocencia e ignorancia con la que le habló el pequeño Collins le contestó:
—Sí, bueno... algo parecido me ha pasado a mí, soy un poco torpe.
 
—Qué fastidio, verás que te pones bien enseguida, yo estuve así una semana. ¿Pero por qué los ocultas? Yo nunca los tapé y fui el más guay en la escuela, siempre pude fardar de historias nuevas sobre ellos, —bromeó. 
 
—Pues tienes razón pero ya ves, así somos las mujeres de presumidas, preferimos maquillarlos a inventar historias, lo que sea por vernos guapas, —fingió algo forzada tratando de disimular y esbozando una leve sonrisa.
 
—Ah… que raras son las chicas... Ya eres guapa con o sin morados Isis. —Dijo, yéndose a buscar a su padre.
 
Isis se quedó entonces sola, reflexionando sobre lo que le había dicho el pequeño mientras seguía terminándose de arreglar; un poco de base, maquillaje a tutiplén para tapar los golpes, colorete, rímel y brillo labial, que había encontrado en el baño. 
 
—Ya estoy lista chicos, perdonen la espera.
 
Abandonaron la casa en dirección al coche, con Daniels bien equipado; una pelota de fútbol bajo el brazo y una mochila con patines a su espalda. Metieron todo en el maletero y salieron hacia el parque.
 
Una vez aparcaron el pequeño Collins le dio la pelota a su padre, se calzó los patines y se fue a dar una vuelta por la fuente y el resto del parque, siempre a la vista de ellos. Mientras Isis y Robert se sentaron en un banco a charlar en compañía de Golfo quien, como si fuera una persona más, se sentó entre ambos. 
 
No fue una conversación muy profunda, pues Brown estaba más bien pendiente de su hijo, el cual se acercó al cabo de un rato interrumpiéndoles e invitando a su padre a ir a jugar a fútbol con él. 
 
—Pásenlo bien chicos, no se preocupen, yo me quedo aquí.
 
—Vamos Isis, vente también, —añadió Daniels seguidamente.
 
—Yo no sé jugar.
 
—No pasa nada, papá te enseña, es muy bueno.
 
—Vamos, será entretenido, —dijo Robert riéndose.
 
—Está bien, lo intentaré.
 
Se pasaron buena parte de la tarde jugando al fútbol, incluso el perro participó, hasta que en una de las jugadas Isis se tropezó, cayendo al césped sobre Brown. Collins quedó atrapado debajo de ella y ambos se quedaron petrificados sin saber muy bien qué hacer, mirándose nerviosamente, aunque por suerte, Daniels se acercó rompiendo el momento de tensión y haciendo que se separan.
 
—Así tienes esos golpes, ¿cómo pudiste tropezarte sola? 
 
—Ya te dije, que era mala en esto, —rió ruborizada.
 
—Vamos a por un helado y para casa que se está haciendo tarde, —añadió Robert, más cortante de lo que quería sonar, entre risas, eso sí de disimulo, ya que detrás de ella se escondía nerviosismo.
 
 
—Entonces fueron a comerse el helado, pero no sin antes dirigirse una mirada furtiva entre ambos. Cada uno eligió un sabor diferente, Brown se lo pidió de pistacho; Daniels de vainilla e Isis de chocolate. Una vez se lo terminaron fueron hacia el coche.

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