Historia de un elefante

Psicología de amor

visibility

263.0

favorite

2

mode_comment

0


(…Steeve, te quiero, me alegro tanto de volver contigo, sé que todo ha sido un malentendido y que tú también me quieres, ¿verdad?…) ¡Pi, pi, pi! ¡Pi, pi, pi! El sonido del despertador ahogó la última frase, esa respuesta que tanto ansiaba oír Isis. Se ve que el último encuentro y la llamada habían hecho estragos en su atormentada cabeza.
 
Esta entreabrió los ojos lentamente, despegó la página que había estado escribiendo en la noche y que se había quedado adherida a su cara al dormir sobre ella y, torpemente, paró el despertador.
 
Se levantó y se estiró tanto como pudo, pues estaba algo dolorida de haber pasado la noche sentada en la silla; se dio una ducha de agua caliente, se maquilló su aún amoratado rostro, se vistió y se dirigió a prepararle el desayuno a Daniels, puesto que empezaba su jornada escolar.
 
—Buenos días, Daniels. Veo que ya estás vestido y todo, ¿eh?
 
—Sí, hoy empieza de nuevo el cole y tengo ganas de ver a todos mis amigos.
 
—¡Qué guay! Haré unas tortitas y un zumo de naranja para desayunar y comemos juntos, ¿te parece bien?
 
—¡Sí! ¡Tortitas! ¡Tortitas! Empezó a canturrear.
 
—Me alegro que te gusten, —rió de buen humor.
 
Isis preparó el desayuno mientras el pequeño Collins veía los dibujos, unos de esos que pese a ser infantiles eran muy graciosos. Una vez terminó de prepararlo, desayunaron en la terraza de fuera aprovechando el buen tiempo que hacía.
 
—¡Ummm! ¡Están buenísimas tendrías que enseñarle a papá cómo se hacen! Siempre se le queman y son malísimas, —bromeó.          
 
—Pues un día le explico, es fácil, pero tiene su truco para que no se peguen y queden sabrosas, —le continuó la broma.
 
Cuando terminaron de comer, llegó el autobús escolar a recogerlo; Isis le dio la merienda para el recreo en una pequeña fiambrera, lo acompañó a la entrada y esperó hasta que se subiera. Una vez dentro Daniels se despidió a través del cristal con la mano. (Qué buen niño era, pensó).
 
Entonces regresó al interior de la casa y se puso a recoger y a preparar el almuerzo. Ya entrado el medio día, tenía todo listo. Por lo que salió de casa para ir a la consulta, pues Robert le había marcado cita tres días a la semana, de una a dos, para seguir tratando su problema.
 
Le sentó bien caminar bajo el Sol de verano y estirar un poco las piernas, la verdad es que el día estaba estupendo y le alegraba el alma. Casi se le hace tarde por entretenerse observando todo por el camino. A la una justamente llegó a la consulta, saludó a Claire y entró en la sala de Brown.
 
—Buenos días, Robert.
 
—Buenos días, Isis, —respondió sonriente.
 
Tras hablar un rato de diferentes puntos, para ir rompiendo el hielo empezó la verdadera sesión.
 
—Pues bien, vamos a empezar hoy con otra pequeña historia aunque totalmente diferente y como en la sesión anterior estate atenta y mira a ver qué puedes sacar en claro de ella, si es que sacas algo productivo:
 
[…Había una vez un elefantito pequeñito, que fue recogido por un circo ambulante, éste fue atado a una estaca que tampoco era muy grande. Al principio el elefante, tiraba y tiraba de ella pero no tenía las fuerzas suficientes como para arrancarla y huir. Con el paso del tiempo fue tirando pero cada vez menos y menos y menos... Hasta que cuando fue lo suficientemente grande y fuerte ya no tiraba de ella, se había rendido. Ahora poseía la fuerza suficiente para salir corriendo sin hacer el más mínimo esfuerzo. Pero había perdido toda esperanza de lograrlo y quedó atado a esa estaca y trabajando para el circo durante toda su vida…].
 
—¿Qué conclusión sacas de esta historia Isis?
 
—Pues que no podemos rendirnos nunca, que hay que luchar por lo que se quiere por difícil que nos parezca... vamos que quien la sigue la consigue, como quien dice, ¿no?
 
—Efectivamente, como tú, que estás aquí intentando seguir adelante, no rindiéndote, luchando...
 
 
Siguieron hablando sobre el tema, durante los treinta minutos que quedaban para finalizar la sesión, donde Isis tuvo sus vaivenes emocionales y entonces se despidieron e Isis regresó a casa, pues llegaba Daniels a almorzar a las tres y no quería retrasarse.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo