Temblor en las gradas

Psicología de amor

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Isis dobló la esquina a tiempo, justo cuando el autobús de Daniels se detenía delante de la casa, al final no había llegado con la premura suficiente como para dejar la mesa puesta, aunque no tardaría mucho ya que la comida estaba preparada y solo tendría que calentarla.
 
—¡Hola Isis! —Saludó él desde la puerta del autobús.
 
—¡Hola granujilla! Casi no llego, vine corriendo lo más rápido que pude, —dijo con voz entrecortada y jadeante.
 
Estuvieron un rato hablando sobre su primer día de colegio mientras entraban en casa. Daniels contó todo tipo de batallitas. Y luego Isis fue a calentar la comida mientras el pequeño Collins descansaba un rato jugando a su nuevo videojuego, que ya se había convertido en su favorito.
 
Pronto se sentaron a almorzar en la mesa, esta vez la comida no era lo que esperaba el pequeño y así lo hizo saber:
 
—¡Jooo! ¡Ensalada no! —Protestó Daniels.
 
—Sí, ensalada sí. Hay que comer equilibrado, para crecer grande y fuerte. Además, si no comes bien no saco el postre tan bueno que te preparé.
 
—¿Qué es? ¿Qué es? —Instó el pequeño Collins.
 
—¡Aaah! Ya verás. Te hice tu postre favorito, Tiramisú, que tu padre me lo chivó señorito, añadió entre risas.
 
 
—¡Ummm! Vale, vale, me lo comeré todo, tú ganas. —Contestó desarmado ante tal propuesta con una sonrisa enmarcada en su cara.
 
Comieron juntos tranquilamente y una vez acabaron, Daniels volvió a ensimismarse en su videojuego mientras Isis recogía la loza, para luego continuar escribiendo su preciada novela. Bolígrafo en mano y sentada en el escritorio bajo la serena luz de la tarde, continuó su relato: 
 
["...¿pero por qué los ocultas? Yo nunca los tapé y fui el más guay en la escuela, siempre pude fardar de historias nuevas sobre ellos…"].
 
¡Kacha! Calló de repente el bolígrafo sobre el escritorio y…
 
—¡Daniels, Daniels, corre vístete anda que se nos hace tarde para ir a tu entrenamiento! Se me ha pasado el tiempo volando. Estaba escribiendo y no me fijé en la hora, perdona.
—¡Voy! ¡Voy! —Gritó agitado.
 
Salieron precipitadamente hacia el entrenamiento del pequeño Collins que estaba a dos manzanas de la casa. Atravesaron chalets enormes y preciosos antes de alcanzar su objetivo.  Al final llegaron justo a tiempo para empezar su primer entrenamiento del año, iban a comenzar con el calentamiento en ese mismo instante. Isis se sentó en la grada a esperarlo.
 
¡Bibibi! Empezó a vibrar el móvil viejo de Isis, lo sacó de su bolsillo y lo miró, para su asombro era... ¡Steeve!
 
(¿Lo cojo, no lo cojo, lo cojo, no lo cojo…? Pensó y se preguntó Isis). Al final decidió, no supo nunca por qué, responderle; quizá un impulso, miedo... quién sabe.
 
—¿Steeve? —Preguntó entre indecisa y asombrada.
—Hola cariño, sí, soy yo. Te llamaba simplemente para decirte que voy a estar unos veinticinco días de viaje aproximadamente por temas de negocios y que cuando vuelva me gustaría verte, si quieres, claro. Como el otro día hablamos, no sé, pensé que igual querrías que nos viéramos aunque tengamos que esperar un tiempo.
 
—No sé, creo que es mejor que no, el otro día es verdad que me hizo ilusión hablar contigo pero no sé… —Dijo sintiéndose una boba al mencionar las últimas palabras, tenía que aprender a controlar sus impulsos y ser más fuerte.
 
—Por favor, solo piénsalo, medítalo y no me respondas aún.
 
—Bueno, lo pensaré o no, no sé qué decirte…
 
 
¡Biii...! Apurada Isis colgó rápidamente su móvil, dejando a Steeve hablando solo. Entonces se quedó pálida y temblorosa por los nervios a la espera de que Daniels terminase su entrenamiento, su rostro quedó totalmente descompuesto y se sumió en sus pensamientos. (¿Qué hacer? Siempre que lo veía o le hablaba tenía ganas de volver a sus brazos aunque fuera un terrible error, estaba en una incertidumbre de la que le sería difícil escapar, pero tenía que ser fuerte y resistir el impulso, pensó).
 
Por suerte, el pequeño Collins no tardó mucho en terminar su entrenamiento.
 
—¡Ains! ¡Qué cansado estoy! ¿Estás bien Isis? Te veo pálida, a ver si te vas a poner mala por estar aquí esperándome.
 
—Bueno, ahora llegamos a casa, te duchas, ves a tu padre, cenamos y a descansar. ¿Pálida? Bueno... puede ser... que haya cogido una poco de aire... —titubeó.
 
 
Antes de irse Isis recogió una bonita cartera de cuero negro con un broche color oro viejo que se encontró en el suelo, a pocos pasos de ella, con el objetivo de entregarla en comisaría al día siguiente. Entonces se pusieron en camino mientras continuaron hablando sobre el entrenamiento mientras regresaban a casa. El pequeño Collins le dio en primicia la noticia de que este año sería el nuevo capitán del equipo, por fin, después de tantos años esperándolo. Isis le aplaudió y le felicitó por su logro, lo que alteró e hizo sonreír a Daniels.
 

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