La pasión viene y va

Psicología de amor

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Llegaron a casa y ese amor que se iban entregando por el camino, se convirtió en lujuria desenfrenada, hacía demasiado tiempo que sus cuerpos no se entregaban al del otro. Steeve tenía a Isis contra la puerta de la entrada, con una mano por debajo de su vestido, mientras que con la otra, sacaba las llaves y las introducía torpemente. Una vez logró abrirla, empujó a Isis hacia el interior, dejando su espalda apoyada en la fría pared y tirando un cuadro al suelo, mientras sus manos iban recorriendo todo su cuerpo y poco a poco se iban desnudando con pasión. Fueron repitiendo escena hasta llegar al dormitorio.
 
Una vez en él y completamente desnudos, hicieron el amor como hacía años que no lo hacían, se fundieron en un mismo ser. Mientras él jugaba con su pelo y le susurraba cosas al oído, ella le clavaba las uñas fuertemente en su sudorosa espalda. Estuvieron buen rato hasta que ambos llegaron al éxtasis.
 
—¡Ufff! Cómo te echaba de menos cariño, has estado genial, —dijo Steeve.
 
—Y yo a ti, y yo a ti… —Respondió Isis sin aliento.
 
Entonces ella se apoyó en su pecho para dejarse dormir en su regazo, pero él la rechazó:
 
—¡Quita, Isis!, quiero dormir, estoy cansado.
 
Y sin mediar palabra alguna y sobrecogida por el devenir de la noche, se apartó, se giró hacia el otro lado y se quedó dormida tras un buen rato en el que meditó sobre todas las contradicciones que habían ocurrido esa noche.
 
¡Biiip! ¡Biiip! La vibración del móvil despertó a Isis por la mañana, era Robert, que no había parado de llamarla preocupado. Isis cogió el teléfono y lo apagó, total, podía usar su viejo móvil y así, Steeve, no se enfadaría. Se levantó de la cama, se puso algo de ropa, pues se encontraba aún desnuda y bajó al piso inferior.
 
(…Pues sí, al final volvió a mi desesper…)
 
—¡Hola! Cariño, ¿ya te has levantado? —Preguntó sobresaltado y colgando rápidamente el teléfono.
 
—¡Hola! ¿De qué hablabas?
 
—¡Ah! de cosas de trabajo tú sabes. Nada que te incumba. —Mintió y habló en tono seco.
 
—¡Ah! me pareció oír otra cosa, —fingió Isis.
Quitándole importancia.
 
 Él, retomó el tema de los votos para cambiar el rumbo de la conversación:
 
—Bueno, ¿qué te parece si vamos a comer fuera con mis amigos, así miramos restaurante para nuestra renovación? Ya los he avisado, me imaginé que no te importaría, con el detalle tan bonito que he tenido contigo anoche.
 
—¡Genial, me apetece mucho! —Respondió emocionada a la par que contrariada, porque era algo que quería hacer en pareja, no con sus amigos, pero aún así esperanzada con toda esta situación.
 
—Bien, vístete y salimos. —Dijo en tono autoritario.
 
Tardó alrededor de una hora en estar lista, pues quiso estar espectacular para su marido, aunque con poca cosa estaba perfecta, pero no se lo creía. Steeve al verla no le dijo lo preciosa que estaba, entonces ella se hizo notar:
 
—¿Cariño voy guapa así?
 
—Sí, no está mal, vamos. —Contestó sin apenas mirarla.
 
Entonces salieron y se dirigieron al restaurante. Para cuando llegaron, los amigos de él ya estaban en la mesa esperando. Los fueron saludando uno a uno y se sentaron en los asientos libres. Pidieron la bebida y la comida al primer camarero que pasó y, pasado un rato, y al cabo de un par de botellas de vino, Steeve propuso un brindis:
 
—Quiero brindar por mi esposa y por mí, que hemos decidido renovar nuestros votos a pesar de que huyera despavorida. Ya que al menos ha tenido la decencia de volver cual conejillo asustado, ¿verdad cariño? —Preguntó mientras reía con sorna.
 
—Sí… —Respondió Isis perpleja, sin saber muy bien donde meterse.
 
El resto de comensales rió a carcajada limpia, tomándolo por una simple broma, alzaron sus copas y brindaron.
 
La comida siguió su transcurso de manera normal, intercambiando ideas y opiniones sobre el menú y la celebración, pero Isis estaba dolida, aunque no quiso sacarle el tema a Steeve, ya que habían vuelto juntos y había tenido una iniciativa bonita después de tantos años.
 
Tras acabar, con un par de copas de ginebra del caro, de esos que se sirven en copa de balón y le ponen toda su parafernalia, se despidieron y cada uno se fue por su camino, ya que se había alargado la velada, era de noche y al día siguiente se trabajaba.
 
Llegados ya a la casa y metidos en la cama, Steeve estaba animado y quería seguir la fiesta, por lo que empezó a tocar los senos de Isis y a excitarla:
 
—¡Para cariño! Me encuentro mal, me duele la cabeza, —mintió.
 
 
—Tú eres mía, eres mi mujer, vamos a renovar los votos... Así que no te me resistas cariño, —Siguió él, dando argumentos machistas y denigrantes durante un largo rato, con los ojos desorbitados y cara de pervertido.

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