He visto la luz

Psicología de amor

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Por suerte era la hora de limpiar las habitaciones, así que, tras tocar la puerta varias veces la asistenta y no obtener respuesta, esta entró y se encontró a Isis tendida sin conocimiento. Al ver que no respondía cuando le hablaba y, al tocarla no hacía por despertar, la mujer llamó a la policía y a la ambulancia.
 
¡Niinoo, niinoo! Las calles empezaron a repicar con los sonidos de la ambulancia y del coche policial, quienes, por raro que parezca, no tardaron en llegar. Dieron con la señora, que les indicó el piso y los condujo hasta la puerta.
 
Primero intentaron reanimarla, le pusieron la máscara de oxígeno, la subieron a la camilla y luego la llevaron al hospital. De camino la electroestimularon y la estabilizaron.
Al cabo de unas horas Isis despertó entubada y rodeada de aparatos, lo que la sobresaltó e hizo que se le acelerase el pulso, por lo que el monitor cardiaco, empezó a pitar. Un médico apareció corriendo a ver qué sucedía justo cuando volvió a perder el conocimiento.
 
Pasado un tiempo, Isis entreabrió los ojos poco a poco, por la sedación y lo ocurrido y fue asimilando la situación. Tocó el botón para llamar al enfermero, que acudió con premura a su encuentro:
 
—Hola, Isis. ¿Cómo se encuentra?
 
—Hola… ¿qué ha pasado? ¿Dónde estoy? —Preguntó con voz apagada.
 
—Verá, ha sufrido un amago de infarto y se encuentra usted ahora mismo en el hospital…
 
Empezó a detallarle donde se encontraba, el diagnóstico y todos los detalles pertinentes.
 
—¿Han avisado a alguien?
 
—A su marido, pero no da señales.
 
—Mejor, —dijo desganada.
 
—Se encontraba usted sola y su móvil está bloqueado, no teníamos más datos que el de su esposo, como número de contacto de urgencias, que dejó al inscribirse en su momento y su dirección que se encontraba en su documento de identidad.
 
—Bien, mejor, no quiero preocupar a nadie.
 
—Bueno, pero debería estar alguien a su lado y su marido querría enterarse.
 
—Está bien, pero no llamen a Steeve, llamen a Robert, —dijo recogiendo el móvil de la mesilla que tenía a su lado con mano temblorosa y desbloqueando el teléfono.
 
—Vale, como quiera, usted trate de descansar, no se esfuerce.
 
El enfermero abandonó la sala con el número de Brown, siendo esto lo último que vio Isis antes de quedarse dormida.
 
Ya por la noche, Isis se despertó y vio a Robert sentado en la silla de la sala:
 
—Hola, Robert, perdona por lo de la cena, del otro día, fui una...
 
—¡Shh…! no te preocupes, está bien, no ha pasado nada. ¿Cómo te encuentras? —Preguntó en tono cariñoso.
—Algo mejor ya, tengo la mente más despejada. Hice muchas cosas en estos días de las que me arrepiento... De nuevo la máquina empezó a pitar, ya que incrementó su ritmo cardiaco.
 
—Ya está, ya está, no pasa nada... Relájate, ya hablaremos bien cuando te encuentres mejor, lo primero ahora es recuperarte.
 
—Gracias, Robert. Y… lo siento mucho.
 
—No tienes que agradecer nada y estaré aquí a tu lado, sigue descansando.
 
El monitor dejó de sonar e Isis se sumió en un profundo sueño que duró toda la noche, hacía meses que no dormía tan plácidamente.
 
Por la mañana, Isis despertó y se alegró de ver a Brown dormido, tendido en la silla como podía, además, le había dejado flores en la mesa, que bueno era... El Sol, que entraba ya por la ventana, hizo que Robert, encandilado, despertase también.
 
—Buenos días, señorita. ¿Ha dormido usted bien? —Rió.
 
—Buenos días, pues sí, cosas de la sedación, tú sabes, —siguió ella con la broma. —¿Sabes que he visto la famosa luz de la que hablan? Por cierto, gracias por quedarte y por las flores.
 
—Bueno, al menos no atravesaste el túnel y quedó todo en un susto solamente. Y de nada por lo de quedarme, pero las flores no han sido cosa mía, no me he movido de aquí y quedé dormido poco después de que tú lo hicieras.
 
—Ah… que raro, ¿de quién serán? Mira, ¿y Daniels?
 
—De algún admirador secreto, seguro, —Bromeó. —Pues en casa de su amigo, además, ya como supondrás, está Margaret, mi mujer. Le conté lo ocurrido y ella se encarga de recogerlo, incluso hablé con mi secretaria para que anulase mis consultas de hoy, no pasa nada, necesitaba descansar yo también.
 
—Pues vaya descanso te he dado...
 
—La silla es más cómoda de lo que parece, —continuó diciendo con su habitual buen humor. —Por cierto, deberías avisar a tus padres.
 
—¡Pfff! Sí, debería, tienes razón, pero no estoy con fuerzas aún para calmarles, ¿me harías el favor de…?
 
—Eso está hecho, —dijo cogiendo el móvil que le tendía Isis.
 
 
—Gracias, eres un gran amigo, Robert y una mejor persona, de lo mejor que me ha pasado.

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