El agradable Platón

Psicología de amor

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De camino a la comisaría Robert trataba de infundirle fuerzas a Isis para que no se derrumbase y reculase con la demanda, aunque ella se mostró fuerte y decidida en todo momento en seguir adelante.
 
—Recuerda la historia que te conté una vez, tú eres esa diosa, Isis, tú tienes el poder suficiente para lograr esta hazaña.
 
—Lo sé Robert, gracias por venir conmigo.
 
Cuando llegaron entraron directamente a buscar donde presentar la denuncia, pasaron el control rutinario y atravesaron dos pasillos hasta encontrar una mesa donde les atendió un policía la mar de borde. Les tendió un papel, bueno, más bien se los tiró, y les dijo en tono imperante: 
—Rellene el formulario con los motivos de la denuncia y déjela aquí. —Dijo señalando la mesa.
 
—¿Y ya está? —Preguntó Brown mosqueado.
 
—Y ya está, sí, luego toca esperar…
     
El policía siguió su monólogo, pero ninguno daba crédito a lo que estaban oyendo y lo peor es que no les ofrecía ninguna otra solución, por lo que salieron de ahí desilusionados, aunque al menos estaba la denuncia presentada, ya era un paso.
 
Robert llevó a Isis a su casa y se despidió de ella, pues se iba a pasar el día con su hijo y su esposa para aprovechar la tarde del domingo. Ella por el contrario se quedaría con sus padres sin hacer nada, estaría tranquila en casa viendo alguna película o escribiendo su novela, seguramente.
Ya en casa, saludó a sus padres, cogió el ordenador portátil que tenían ellos y subió a su habitación con la intención de seguir su relato. Lo encendió e iba a darle al word para empezar a escribir, pero no se encontraba realmente inspirada, así que entró en el navegador de internet y se puso a buscar páginas aleatorias de moda, últimamente estaba desorientada en ese tema.
 
Estuvo un buen rato viendo las novedades otoño-invierno, hasta que le salió una pantalla de spam:
 
 “[¿...te sientes sola? Conoce gente de tu zona y relaciónate con el mundo. Has nuevos amigos con solo hacer un click aquí…]” 
 
O algo así rezaba la invitación a un chat de contactos local. Y, después de meditarlo varios segundos, decidió darle una oportunidad, aunque no creía en esas cosas y después de todo lo acontecido con Steeve, estaba bastante reacia, pero necesitaba consolarse aunque fuera con el falso palabrerío de un ciberdesconocido. Lo primero que le apareció en pantalla era la elección de usuario. Tuvo que pensarlo bastante, pues no se le ocurría nada. Al final se decidió por Afrodita, sí, por la diosa del amor, pese a que su única relación había salido fallida ella creía en el amor, así que era un buen nombre, pese a que no buscaba nada más que amistad en el chat.
 
Entonces surgió lo de rellenar el perfil, lo cual le llevó bastante tiempo, pues no sabía muy bien qué poner en el apartado de descripción personal ni el de qué perfil de personas quieres conocer.
 
Igual, se pasó un poco de exquisita con éste último (chico amable, sincero, fiel, agradable, divertido, culto, que no buscara nada más allá de la amistad y un gran largo etcétera, vamos, que buscaba un imposible).
Aparecieron enseguida varios perfiles, que a priori, parecían interesantes. Le llamó especialmente la atención uno que tenía por nick: "Platón" y cuya descripción decía: "he vuelto a la caverna a rescatarte y me he perdido en ella, ahora no recuerdo qué pasaba en el exterior, ayúdame a salir nuevamente".
 
Bueno, al menos hacía alusión al mito de la caverna y lo relacionaba correctamente con su filósofo, aparentemente parecía tener algo de cultura y al igual que ella parecía perdido. Abrió y cerró la conversación varias veces antes de decidirse a escribirle.
 
—Hola, buenas tardes. No te dejes guiar por las sombras y lo que escuches, recuerda que son solo proyecciones de la realidad. Temiendo parecer demasiado friki, se lo pensó dos veces antes de pulsar el botón de enviar... Finalmente, lo hizo, total, no tenía nada que perder.
La espera fue más dura de lo que esperaba, pues es lo que más quebraderos de cabeza ocasiona (¿pareceré una tonta? ¿Qué pensará? y un sinfín de preguntas sin respuestas se formaban en su cabeza), hasta que termina apareciendo por fin el dichoso texto que despeja todas las dudas, “escribiendo…".
 
—Buenas tardes, jajaja. Y que me tenga que ayudar la diosa del amor a salir de las tinieblas... es toda una ironía. ¿Qué hay más atrapado que un corazón que solo se deja llevar por los sentimientos?
 
(¡Vaya! parecía simpático al menos, y sí, culto también, pensó Isis).
 
 
Estuvieron toda la tarde compartiendo opiniones y hablando sobre ellos; sus gustos, aficiones... No parecía que fuera con malas intenciones, ni que buscara nada que no fuera amistad, pero era pronto para fiarse. Después de varias horas había oscurecido, así que se dieron sus teléfonos para poder whatsappear al día siguiente y seguirse conociendo, pues se había hecho de noche y estaba hambrienta, era hora de ir a cenar.
 

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