Obra del propio Miguel Ángel

Psicología de amor

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A la mañana siguiente Isis despertó empapada en sudor, pues había pasado toda la noche moviéndose, agitada por sus sueños.
 
Se acicaló bien y bajó a desayunar en familia. Una vez sentados en la mesa de la cocina y con el telediario puesto, escucharon las noticias:
 
[...el índice de abuso de género ha incrementado un 4% por ciento…].
 
La noticia sentó como un jarro de agua fría e hizo que revivieran todo lo ocurrido.
 
—¡Todo por culpa de sinvergüenzas como Steeve! ¡Y la policía no hace nada! ¡Lo mato, es que me lo cargo! —Bramó Bernard.
—¡La justicia no hace nunca nada! ¡Mira que lo veía venir a ese desgraciado desde que lo conocí...! ¡Mira que te lo dije! —Apoyó Adeline a su esposo.
 
Con los ojos aguados y apunto de llorar, estalló en cólera Isis, que no quería seguir escuchando que ya se lo habían advertido y demás sermones:
 
—¡Ya basta! ¿No? Ya estoy lo suficientemente mal para que me lo recuerden constantemente. Ya sé que fui una estúpida, una incrédula, que me lo advirtieron y blablabla... pero lo que necesito ahora es apoyo, no sermones.
 
Los padres, que no esperaban esa reacción por su parte, se miraron el uno al otro, agacharon la cabeza y se disculparon.
 
Siguieron hablando de otros temas más triviales para intentar calmar un poco la situación, pues se podía palpar la tensión latente.
 
Cuando acabaron de comer, o al menos los padres, pues Isis no pudo probar bocado por el mal sabor de boca que se le había quedado, abandonaron la cocina.
 
Ya en su cuarto, Isis se abstrajo con su relato, hasta que empezó a sentirse agobiada y con ganas de hablar con alguien, pero su único amigo, Robert, se encontraba en el trabajo.
 
Tras meditarlo por unos instantes decidió darle una oportunidad al encantador Platón. Cogió su móvil, buscó en el apartado de favoritos de Whatsapp y localizó su número.
 
Estuvo un buen rato buscando alguna frase ingeniosa que decirle, al final se le ocurrió una que no parecía del todo mal: "Platón, necesito que seas el Sol que ilumine mis ideas, que me hagas pasar del mundo sensible al mundo inteligible".
 
Pasaron varios minutos antes de verlo en línea y unos segundos más en recibir respuesta.   Estuvieron hablando sobre ella, sobre sus problemas y en qué y cómo podía ayudarla.
 
Al final, sin saber muy bien por qué, la conversación derivó en una cita, decidieron verse y conocerse para seguir hablando mejor en la cafetería del parque, por ser un lugar transitado.
 
Isis se puso guapa pese a que no iba buscando más que un amigo en Platón, pero es bien sabido que la primera impresión es la mejor carta de presentación hacia una nueva persona.
 
Cuando estuvo lista, se despidió de sus padres y se dirigió al parque. Se encontraba nerviosa por lo que se pudiera encontrar, al fin y al cabo uno nunca sabe que se esconde tras la red en internet. (¿Sería un lunático? Pensó), estuvo a punto de dar media vuelta y marcharse pero se sentía decidida.
 
Tardó poco en llegar a la cafetería y un poco más en localizar a un hombre con libro y sombrero, pues era el punto de referencia y la vestimenta que habían pautado.
 
Cuando lo encontró se sentó frente a él y se presentaron debidamente, se llamaba Cristopher y parecía sacado de una revista de modelo, realmente perfecto, era como si lo hubiera esculpido el propio Miguel Ángel.
 
Al principio se sentía intimidada ante tanta belleza, pero cuanto más se prolongaba la conversación y se conocían, Isis se percató, para su suerte, de que no tendrían más futuro que el de buenos amigos, pues era homosexual, lo que resultó ser un gran alivio, pues no estaba preparada para otra cosa y realmente necesitaba ampliar su agenda de amistades, que se reducía a uno, Robert.
 
La distendida, agradable y reconfortante conversación se prolongó hasta bien entrada la noche. Cristopher calmó un poco su alma y consoló su corazón, la verdad es que hicieron buenas migas. Ambos se sentían solos; ella por la reciente pérdida de su marido, por como la había tratado todos estos años, por lo que había sufrido y por el distanciamiento de sus amigos por culpa de Steeve y él porque acababa de llegar a la cuidad y no conocía a nadie.
 
 
 
Llegó el momento de despedirse, aunque más que por ganas por cansancio, aún así, quedaron para verse al día siguiente para seguir conversando y conociéndose mejor, pues habían congeniado muy bien.
 

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