Juicio a la deriva

Psicología de amor

visibility

126.0

favorite

1

mode_comment

0


Isis despertó conmocionada por la noche en el hospital, se hallaba desubicada y no recordaba como había llegado hasta allí. Inquieta y nerviosa, tocó el botón para llamar al médico, quien apareció en un instante despejándole sus dudas.
    
—Verá, se ha dado usted un golpe en la cabeza en el parque y la han traído hasta aquí ¿no lo recuerda?
 
—No, lo último que recuerdo es estar con Steeve en casa cenando tan tranquilamente.
 
—¿En qué día estamos? —Preguntó el médico.
 
Isis había perdido la noción del tiempo y no recordaba lo sucedido desde hacía dos meses y medio. El doctor le dijo en qué día estaban tras errar en su respuesta, pero ella no podía dar crédito y se asustó mucho.
 
—No se preocupe, es algo normal debido al golpe, está todo bien según las pruebas, recuperará la memoria con el tiempo, quizá en horas, días o incluso semanas, pero lo hará.
 
Poco después la trasladaron a planta. Donde primero la visitaron sus padres, lo cual le extrañó mucho, pues llevan tiempo sin verse, pero le restó importancia, lo único que quería era ver a su amado Steeve, aunque todos decían que era mejor que no, lo cual no entendía, o bueno sí, estaba claro que sus padres lo odiaban desde el primer día en que se los presentó, ya de niño era un figura y más de una vez le habían prohibido verle.
 
A continuación entraron dos extraños, uno se hacía llamar Robert y el otro Cristopher, muy guapos, sí, pero no los conocía de nada. Aunque ellos trataran de explicarse, Isis los echó con rapidez, tanto por desconcierto como por ver a Steeve... El cual no aparecía...
 
Al final, el médico, que aún no conocía bien los hechos, recomendó a la familia que lo dejaran pasar y todos accedieron finalmente de mala gana y vigilándolo desde la distancia, pues supuestamente ayudaría a la recuperación de ella por irónico que pudiera parecer.
 
Steeve entró al fin e Isis se volvió loca de contenta:
 
—¡Cariño! Menos mal, no entiendo nada, nadie quiere que te vea.
 
—Ya está, estoy aquí contigo, no te preocupes todo saldrá bien, ellos tratarán de confundirte e intentarán mentirte sobre nosotros, como siempre han hecho tus padres, hasta te han traído desconocidos haciéndose pasar por tus amigos para dar credibilidad al asunto, pero no debes creerlos. Confía en mí. —Le susurró al oído para evitar ser escuchado.
 
Estuvieron largo rato hablando, su marido le contó que tenía una orden de alejamiento suya, de la que ella iba a retractarse cuando procediera el juicio, ya que había sido un error en un momento en el que habían discutido e Isis lo creyó ciegamente, como había hecho siempre.
 
Pasó un día más en observación en el hospital y al ver que respondía bien a las pruebas le dieron el alta, en esos días solo había querido ver a Steeve. Volvieron juntos a casa y él la trató como nunca, haciendo más creíble su versión y haciéndole olvidar lo que sus padres y sus desconocidos amigos le habían contado.
 
Su querido marido se encargó de todo lo que ella necesitaba esos días; la comida, limpiar y recoger la casa, la compra... de todo, parecía el hombre perfecto, incluso había pedido días libre en el trabajo solo para ella e Isis no podía sino estar agradecida y fielmente enamorada de él.
 
Desconectó su móvil y se alejó del resto del mundo, como ya había hecho en varias ocasiones y vivió en una nueva y falsa Luna de Miel temporal.
 
Por fin, una semana más tarde desde que saliera del hospital, llegó la fecha del juicio. Ambos se vistieron conforme la situación lo requería y se dirigieron juntos al evento.
 
Una vez allí, se acomodaron en sus respectivos asientos e Isis pudo observar que entre la gente se hallaban sus padres y sus supuestos amigos y, aunque le pareció extraño, no le dio importancia.
 
Entonces el juicio dio comienzo y el juez alzó la voz por encima de todos para dar paso a los abogados de ambas partes.
 
—Isis, ¿es verdad que ha sufrido humillaciones y maltrato por parte de su marido?
 
—No, mentí, lo denuncié en un arrebato de ira cuando discutimos, lo siento.
 
La noticia provocó clamores y gritos por parte de sus familiares y amigos.
 
—¡Miente! —Gritó entonces Bernard. Acaba de sufrir un golpe y no recuerda nada y ese cabrón le ha convencido para salirse con la suya.
 
El juez golpeando con el martillo en la mesa, llamó a la calma y habló de nuevo:
 
—¿Es eso cierto Steeve?
—Sí, es cierto, se dio un golpe, el resto son calumnias y falsas acusaciones, siempre han querido separarnos.
 
—¡Serás malnacido! ¡Di la verdad! —Volvió a bramar Bernard.
 
 
El juez lo terminó expulsando de la sala y dio el juicio como nulo, no sin antes preguntarle a Steeve si quería presentar denuncia contra padre e hija, lo cual rechazó, como acto de "buena fe” por su querida esposa. Salieron todos los participantes del juicio e Isis y su marido se fueron a casa como si nada hubiera pasado.
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo