Cabos sueltos

Psicología de amor

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 ¡Toc, toc! Llamó Isis a la puerta de la casa de sus padres.
 
—¿Quién es? —respondió en la lejanía, Adeline.
 
—Soy yo, mamá, Isis.
 
De repente se oyeron pasos acelerados y la puerta se abrió de par en par y su madre la abrazó con fuerzas.
 
—¡Por fin hija! Has vuelto, ¿cómo te encuentras?
 
—Pues… después de recordar todo y volver a asimilarlo... mejor. Me siento un poco estúpida, pero vuelvo a saber quién soy y lo que quiero en mi vida.
 
Bernard apareció de la nada abrazando a ambas con fuerza, fue un bonito reencuentro familiar. Hablaron sobre qué iba a hacer ahora, que por supuesto no era otra cosa que retomar la denuncia y poner, por fin, punto y final a ese capítulo dramático de su vida que tanto se había alargado ya.
 
Después de la larga conversación llamó a Cris para disculparse por todo el incidente con su marido y a Robert, quien siempre se había portado tan bien con ella, ¿cómo podía haberse olvidado de ellos, por muy fuerte que se hubiera golpeado? Los citó a ambos para el día siguiente, para ir juntos a testificar contra Steeve.
 
Ya con la situación encaminada cenó con sus queridos padres que tanto le echaban de menos. Estos le hicieron un buen interrogatorio sobre los últimos días, a ver si había sufrido algún tipo más de vejación, por suerte, la respuesta fue negativa, pues su padre ya empezaba a apretar la mano, síntoma de que iba a saltar en cualquier momento con su ataque de histeria.
 
Cuando acabaron de comer fueron a sus respectivas habitaciones, Isis encendió el ordenador y continuó con su novela antes de irse a dormir, la cabeza aún le daba vueltas y algunos recuerdos recientes seguían aflorando, casualmente los que giraba entorno a Aiden, de los cuales no se había percatado hasta ahora: Robert le había dicho que le gustaba la misma canción que a ella cuando se conocieron y subieron en su coche y que esa canción se la había pasado un amigo... Le había dicho que no había visto quien dejó las flores en su habitación del hospital, cosa que ahora sabía que no era cierto… Y que le tenía que presentar a alguien que le encantaría...
 
—¡Claro! ¡Se trataba de Aiden! —Exclamó sobresaltada Isis en voz alta hablando para sí misma. 
 
Siempre había sido él, pero no se había percatado hasta ahora y lo peor es que se había... (¿enamorado? de su persona... No, no podía ser, sin conocerlo a penas... ¿o sí? Se sentía confundida, pero no dejaba de pensar en él; como la había tratado sin conocerla, sus detalles, los mismos gustos... Es que parecía hecho para ella… ). Y, en ese mismo instante en los que su cabeza no paraba de atar cabos, se durmió plácidamente y con una sonrisa dibujada en su cara.
 
Por la mañana Isis y sus padres desayunaron rápido y salieron juntos hacia la comisaría, donde les esperaban los chicos; Robert y Cris... y...
 
—¿Aiden? ¿Qué haces tú aquí? Por cierto, buenos días chicos, papás, gracias por venir.
 
 
Fue Robert el que tomó la palabra primero:
 
—Buenos días, este es mi amigo, el que te he querido presentar siempre desde que os conocisteis de casualidad. Nos viene bien en la denuncia un médico que haya presenciado todo y, a parte, te ha redactado un magnífico informe como prueba, te quería ayudar.
 
—Sé que todo es un poco extraño, pero espero que no te moleste que me haya tomado la libertad de hacerlo. Robert me lo pidió y... no sé, te lo debo. ¿Fuiste tú quien me devolvió mi cartera no? Aún no te había dado las gracias, así que... ¿de qué mejor manera que así?
 
—¡Es perfecto! Muchísimas gracias, de verdad. —Respondió Isis nerviosa.
Entraron los seis juntos y se dirigieron a la mesa donde se presentaba la demanda. Esta vez, por suerte, Cris tenía contactos dentro de la policía y les dijeron que agilizarían los trámites para que si todo iba bien, en uno o dos días, se repitiera el juicio rápido.
 
—Muchas gracias Cris, después de lo que te hizo Steeve y que te portes así conmigo... te debo una.
 
—No hay de que nena, no fue tu culpa ¿y qué coño? eres, bueno, eras mi única amiga aquí, ahora tengo a estos dos sinvergüenzas, pero tú has sido la causante de que nos uniéramos, así que es todo gracias a ti.
 
Isis se sorprendió de que se hubieran unido todos gracias a ella, pero lo agradecía, eran las tres personas que más apreciaba sin contar a sus padres, bueno, lo de Aiden, no era aprecio, era... era simplemente extraño, pero lo necesitaba a su lado, se sentía segura y quería conocerlo de verdad.
 
—Pues, ¿qué les parece si nos vamos a comer todos juntos? Así me cuentan el inicio de la unión del trío calavera este, —rió. —Avisa a tu mujer, Robert, así nos conocemos bien y me puedo disculpar por todo y a Daniels, que tengo ganas de verle.
 
 
Todos estuvieron de acuerdo con la idea, hoy habían pedido día libre en sus respectivos trabajos para poder ir a la comisaría, así que sería genial comer como una buena pandilla, que pese a que había surgido sin querer y hacía bien poco, seguro que sería de por vida pues los lazos que los ataban eran fuertes. Además, así conocería a Aiden sin necesidad de una primera cita a solas, sería lo mejor, sin nervios y sin presión.
 

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