Círculo de amistad

Psicología de amor

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Isis y sus padres fueron los últimos en entrar en el restaurante, la gente les esperaban desde hacía más de veinte minutos. Todos les saludaron alegremente y ellos les devolvieron el saludo, ella estaba al borde de las lágrimas por la emoción. Llevaba años con la única compañía de Steeve y alguna que otra vez aislada, de sus amigos, pero siempre bajo su supervisión, así que se sintió felizmente arropada.
 
Se sentó en un sitio que había libre y pidieron la cena; algo de picar, mucho vino, primer y segundo plato. Entonces empezaron todos a hablar, algunos se conocían más que otros, pero todos se integraron muy bien, lo que hizo que fuera una velada magnífica y formasen un buen grupo.
—Quiero decir unas palabras, —dijo Isis levantando la voz. Lo primero, muchas gracias a todos por vuestra ayuda y apoyo, sin ustedes no sería libre para estar ahora aquí sentada. Lo segundo que quería era disculparme contigo, Margaret, tú ya sabes por qué, —añadió señalándola. —Y, lo último, es que me alegro de que se haya formado este magnífico grupo. Un brindis por nosotros y porque esta mágica unión dure por siempre, —terminó alzando la copa. —¡Ah! y otro brindis por ti, Daniels, por ser tan especial como eres, te echaba de menos, pequeñajo.
 
Brindaron todos a una y siguieron los monólogos, cada uno tenía algo que decir al resto, hasta que llegó el turno de Aiden:
 
—Yo quiero decir que me alegro de formar parte de esto y de conocerles a todos, pero hago mención especial sobre Isis. Desde que te vi me sentí unido a ti, tuve la necesidad de estar a tu lado y ayudarte, aunque fuera en las sombras, nacía de lo más profundo de mi ser y no sabía por qué, pero creo que hoy tengo la respuesta.
 
De repente se hizo el más absoluto silencio y todos lo miraron fijamente, Isis tragó saliva nerviosamente, provocando un gracioso ruido.
 
—Sí, —continuó Aiden. —El estar hoy aquí, contigo, con ustedes, el destino te puso ante mí para estar apoyándote y conocer a este magnífico grupo de personas. Y sé que nos encontramos por un conjunto de casualidades y casi no nos conocemos de tú a tú, solo espero que nos des la oportunidad de seguir viéndonos y ver qué nos depara el futuro.
 
Isis quedó pálida y sin saber muy bien que decir, intentó hablar pero no le salió la voz, tuvo que carraspear varias veces y beber vino antes de pronunciarse.
—Bueno… muchas gracias, la verdad es que eres la mejor casualidad que me ha pasado en muchos años, bueno tú y toda esta gente que me rodea hoy, —añadió rápidamente. — Y lo cierto es que yo también siento que conectamos, ahora es cuestión de tiempo, todo ha sucedido muy rápido y la situación, pese a mejorar, ha sido muy dura pero, como bien dices, a ver qué nos depara el futuro.
 
El grupo entero, incluido sus padres, aplaudieron y gritaron: "¡viva los novios!" a modo de broma y todos rieron y siguieron a lo suyo, incluido ellos dos, no sin antes dirigirse una mirada furtiva cargada de nerviosismo e inocencia.
 
Disfrutaron de la cena y se despidieron temprano, pues al día siguiente tocaba volver a la jornada laboral. Aiden se quedó rezagado y le dijo a Isis que si se tomaban la última copa juntos, que él la llevaría a casa. De entrada ella trató de excusarse aludiendo a que había ido con sus padres, aunque estos hábilmente dijeron que volverían solos, así que no tuvo otro remedio que terminar aceptando.
 
Fueron a un pequeño bar de copas a la vuelta de la esquina y se sentaron  sobre unos cojines en una de esas mesas bajas de chill out. Pidieron dos copas y prosiguieron con la conversación, amenizados por la suave y relajante música de fondo. Isis estaba nerviosa, esto estaba fuera de lo planeado y todo parecía ir más rápido de lo que tenía en mente, pero lo cierto es que estaba muy a gusto a su lado.
 
Finalmente llegó la hora de irse, se subieron a su coche y la llevó a la casa. Cuando se iba a bajar se acercó y le dio un beso en la mejilla.
 
—¡Gracias por todo! —Le susurró Isis. Ha sido un placer conocerte por fin en persona, lo he pasado en grande.
—No hay de que, me pareces una gran mujer, fuerte y luchadora, solo necesitabas un impulso para seguir adelante y lo estás consiguiendo. —Dijo Aiden con dulzura acariciando su cara con la mano.
 
Isis retrocedió al instante, alejándose del contacto físico con disimulo, cosa de la que se percató Aiden, quien la miró con incertidumbre.
 
—Lo siento, se apresuró a disculparse. Es que no estoy... preparada para nada de esto, aún no.
 
—¿Para qué exactamente? Somos dos personas que están conociéndose, que comparten un mismo círculo social y que se caen bien, no hay nada más allá. —Respondió rápidamente él, quitándole hierro al asunto.
 
—Tienes razón, simplemente fue un acto reflejo, no quiero que pienses mal, todo va sobre ruedas y me pareces un gran hombre, como he dicho me caes genial.
 
—No pasa nada, —sonrió. —Ya nos vemos, abrígate al salir y descansa, lo necesitas.
 
—Sí, gracias, nos vemos pronto, —se despidió.
 
 
Isis entró en la casa y se fue a acostar sintiéndose un poco absurda, pero muy contenta... (¡Ains! que guapo es, que bueno y que... todo... pensó). Estuvo tentada de enviarle un WhatsApp, pero no quería que pensara que estaba desesperada o que le enviaba señales equivocadas, así que miró su foto de perfil, cerró la aplicación y se durmió.

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