Fin de año mágico

Psicología de amor

visibility

198.0

favorite

1

mode_comment

0


Por fin, dos días después, llegó Nochebuena. Uno a uno fueron llegando todos a la finca, quedando impactados por el buen trabajo que habían realizado Isis y Aiden con la decoración.
 
—¡Chicos! ¡Buen trabajo! —Exclamó Robert.
 
—¡Impresionante Aiden! Que de tus masculinas y rudas manos salga todo este arte es un claro milagro de la Navidad —Continuó Cris añadiendo un toque de humor.
 
—¡Uauuu! ¡Qué flipe! Aquí seguro que ni Papá Noel ni los Reyes Magos se olvidan de nosotros. —concluyó Daniels.
 
Cuando hubieron llegado todos, se sentaron a cenar. Isis, junto a su madre, habían preparado un gran banquete, había de todo; marisco, queso de varios tipos, pavo, vino… ¡de todo! Quedaron más que satisfechos con la comida, ya que  había para todos los gustos y en abundancia.
 
Una vez terminaron de comer, pusieron música, se sirvieron unas copas y bailaron. Aiden sacó a Isis a la “pista”, la agarró de la cintura y se movieron al son de la canción que sonaba en ese momento, o al menos ella lo hizo, él lo intentó. Todas las miradas estaban puestas en ellos, pero estaban tan a gusto el uno con el otro que ni se percataron de los demás.
 
Se dijeron varias cosas al oído, lo que hizo que la atención se centrara aún más en ellos.
 
Finalmente el mágico momento acabó al terminar la canción, volvieron a separarse y cambiaron de pareja, aunque de vez en cuando se dirigían alguna que otra mirada de deseo.
Después de los bailes y algún que otro juego de mímica y cartas para entretener a Daniels, se fueron a dormir, cada uno fue a su propia habitación pero Isis y Aiden se rezagaron.
 
—Bueno, pues me voy a la cama, que descanses Aiden.
 
—Hasta mañana, hoy estabas preciosa, más que de costumbre quiero decir.
 
Entonces sin dejar tiempo a réplica se acercó aún más a ella y la besó suavemente en los labios, se giró y se fue a su cuarto. Isis quedó atónita, se tocó los labios con la mano, se ruborizó y se fue también a acostar. Una vez en la cama cogió el móvil para decirle algo, pero lo pensó mejor, igual había sido todo sin querer y realmente no quiso besarla en la boca, por eso se había ido tan rápido, por la vergüenza. Así que decidió no decirle nada y ver cómo actuaba en los siguientes días.
Pero no pasó absolutamente nada en los días venideros e Isis se sintió dolida y algo decepcionada... Se había empezado a hacer ilusiones sin motivos y seguramente él ni se había percatado donde la había besado entre la rapidez y el alcohol…
 
Llegó el día de fin de año y mientras contaban los últimos segundos para que el reloj marcara las doce cada uno pedía un deseo para sí mismo:
 
Adeline: deseo que todo siga yendo así de bien.
 
Cristopher: deseo un buen macho, ¿ya está bien de sequía no?
 
Margaret: deseo que no me toquen tantos viajes de negocio.
 
Bernard:  deseo que mi hija no vuelva a sufrir por un hombre.
 
Robert: deseo que este grupo nunca se disuelva.
 
Aiden: deseo gustarle a Isis, tanto como ella me gusta a mí.
 
Daniels: deseo muchos amigos.
 
Isis: deseo gustarle a Aiden, tanto como me gusta él a mí.
 
Y, de repente, llegó la ansiada hora. Estallaron en gritos, pitos, felicitaciones… y las calles se incendiaron de pirotecnia, mientras se iban abrazando uno a uno dando la entrada al nuevo año. Y, por fin... sucedió... Aiden e Isis se abrazaron y sin pensárselo dos veces, se besaron. Él le agarró por detrás de la cabeza con una mano y de la cintura con la otra y la atrajo hacia sí, mientras ella rodeaba la cintura con las suyas. Fue un beso apasionado, intenso, pero breve. Ya que todos empezaron a aplaudir, lo que les cortó el momento y se separaron, aunque no sin antes sonreírse.
 
Siguieron la fiesta y cuando llegó el momento de irse a dormir se quedaron un rato hablando.
 
—Se ha cumplido mi deseo, es justo lo que pedía. —Dijo Isis sonrojada.
 
—¡Anda! ¿Te puedes creer que el mío también? No sabía que otra cosa mejor podía pedir. —Contestó Aiden con una sonrisa pícara mientras le rozaba la mejilla con el dorso de su mano.
 
—Lo deseaba desde hace tiempo, solo que no estaba preparada, aún así vayamos despacio, no quiero que esto se estropee por mi culpa.
 
—No pasa nada, todo a su ritmo, pero no creo que puedas estropearlo, es mágico, nunca me había sentido así, la magia es lo que tiene. Además, dudo que haya algo que puedas hacer para fastidiarlo, —rió.
 
—Yo solo me sentí una vez así, aunque no fue exactamente igual de intenso pero ya viste como salió todo. Sé que no te pareces en nada a él y, aunque ha pasado tiempo desde que lo dejamos, si quitamos los días que viví atrapada en mi propia mentira por el golpe, aún es reciente, por eso quiero ir con calma.
 
 
—No hay prisas, cuando se quiere a alguien, el tiempo es solo una unidad de medida sin importancia.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo