Psicología de amor

Psicología de amor

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Tres meses después, la relación de Aiden e Isis se había hecho más formal, aún vivía cada uno en su propia casa, pero podían considerarse novios; hacían planes de pareja, salían a pasear cogidos de la mano, se besaban con mayor frecuencia y un largo etcétera de cosas que acostumbran a hacer las parejas.
 
Isis había terminado de escribir su libro, le faltaba encontrar el nombre apropiado antes de probar con una editorial, pero no se le ocurría ninguno lo suficientemente bueno. Los sueños de cada uno se iban cumpliendo; a Margaret le habían dejado fija, como empleada interna de la empresa, por lo que no tendría que viajar más; el grupo seguía unido y todo iba cada día a mejor, lo que cumplía los deseos de la mayoría y, a Daniels, le habían salido muchos amigos nuevos en el colegio y en el equipo donde entrenaba.
 
Era un viernes por la tarde y la parte joven del grupo había quedado, lo que excluía a los padres de Isis, que pese a formar parte de la cuadrilla solo hacían acto de presencia en algunas ocasiones. Cristopher iba a presentar al resto su deseo cumplido, Jayson. Un joven simpático que, pese a no ser tan guapo como él, su encanto hacía que no importara tanto su físico, era también más femenino que Cris, pero viéndoles juntos hacían buena pareja.
 
Fueron todos a una bolera, donde disfrutaron del juego a la vez que conocían al nuevo agregado, que pronto se integró fabulosamente, se le veía un buen chico, por lo que encajaba bien en este grupo que destacaba por la bondad y la fiel amistad que se profesaban.
 
Cuando se marchaban, Aiden le propuso a Isis ir a su casa, era algo que aún no había aceptado ella pero, esta vez, para su sorpresa, no declinó la oferta, así que se fueron juntos. Al llegar Aiden encendió unas velas, puso música, sacó una botella de buen vino y algo de picar. Estuvieron hablando un buen rato hasta que la conversación derivó en un beso y otro y otro...
 
Y, de repente, sin saber muy bien cómo, se encontraron enredados. Isis estaba besándole con pasión sentada encima de su regazo. Cada vez se iba poniendo más caliente la situación, Aiden le quitó la camisa y recorrió todo su cuerpo con los labios, sin olvidarse de sus pechos, ella le besaba mientras tanto el cuello. Nunca, en todo este tiempo, habían mantenido relaciones sexuales, pero parecía la noche perfecta. Él se deshizo de su sujetador y lo lanzó lejos, ella quitó su camiseta, desabrochó sus pantalones y... titubeante estuvo apunto de frenarse, una vez más, como acostumbraba a hacer en estos últimos tres meses, pero esta vez sería diferente. Así que lo desnudó por completo, haciendo él lo propio con ella. Entonces la cogió en peso mientras ella apretaba fuertemente sus uñas contra su espalda y la condujo a la cama, donde tuvieron el mejor sexo de sus vidas. No solo fue placentero y tórrido, sino que fue hecho con amor, mucho amor.
 
—¡Psicología de amor! —Exclamó de repente ella, jadeante y con la respiración entrecortada ya que aún no se había recuperado de la situación.
 
—¿Qué? —Preguntó él entre suspiros.
 
—¡Mi libro, se llamará "Psicología de amor!". Todo encaja, todo ha tenido que ver con la psicología para ayudarme... y luego... y luego estás, tú... que creo que... ¡Te amo! Y justamente el amor es lo que me faltaba en la vida para ser feliz. —Dijo sonrojada y sorprendiéndose incluso a ella misma por sus palabras.
 
—¡Vaya! No lo esperaba... yo también te amo, desde el momento en que cruzamos la mirada, para que luego digan que no existe el amor a primera vista. —Entonces la besó con cariño.
 
Pasados cinco días Isis acudió en compañía de Aiden a una editorial, donde presentó su libro y le dijeron que tardarían unos meses en darle una respuesta, estaba nerviosa, pero por suerte lo tenía a él a su lado infundiéndole toda su fuerza y energía positiva, lo que la tranquilizaba un poco.
 
Al cabo de cuatro meses, decidieron intentar la convivencia en común y fueron a vivir juntos, total, ella casi siempre estaba ahora en su casa, así que no le costó mucho habituarse a su compañía; sus manías ya las conocía y sabía que no era de los que no hacen nada en la casa, sino todo lo contrario, aunque sería ella quien se encargaría un poco más de las tareas domésticas, pues él trabajaba. Aunque ella económicamente, por ahora, no iba mal, ya que llevaba tiempo quedándose con sus padres y había logrado vender su casa, con lo que se había pagado el carnet, un coche de segunda mano y seguía teniendo dinero para sus gastos, al menos durante un tiempo.
 
Se acostumbraron rápido a la convivencia en pareja, es más, hizo que se enamoraran más el uno del otro. Cuando llevaban una semana viviendo juntos decidieron hacer una fiesta con la cuadrilla, para no perder las costumbres.
 
El tiempo pasaba y todo iba saliendo maravillosamente. Isis se llevaba mejor que nunca con sus padres, su relación era perfecta, la cuadrilla seguía unida y siempre hacían planes juntos. Daniels por su parte contaba con muy buenos amigos.
Por fin, cinco meses después, Isis recibió la esperada carta de la editorial, loca de los nervios, corrió junto a Aiden que la esperaba en la sala.
 
—¡Ábrela tú! yo no puedo, —dijo ella nerviosa.
 
Aiden, con cuidado, abrió el sobre y comenzó a leerla:
 
[…Hemos decidido publicar su historia, creemos que merece ser mostrada al resto de mujeres que han pasado por su misma situación, pues puede ayudar a muchas personas verse reflejadas en ti…].
 
 
Gritaron de alegría, se abrazaron y se besaron como locos. Luego llamaron a todo el grupo, incluido a sus padres e hicieron esa misma tarde una fiesta inolvidable en su honor.

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