Sorpresa en las gradas

Psicología de amor

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Pasó un año e Isis se había consagrado como una escritora de éxito, su libro, "Psicología de amor" había alcanzado cifras inimaginables. A menudo le llamaban centros de ayuda a la mujer para dar conferencias y relatar cómo lo había superado ella y lo que le había costado, pero como siempre decía Isis: “con apoyo y, siendo fuerte, se puede salir adelante y siempre habrá alguien dispuesto a amarles”. Su libro sirvió de ayuda para numerosas mujeres. Además, había decidido destinar parte de las ganancias a tal causa.
 
Superado los primeros trescientos sesenta y cinco días de convivencia con Aiden, este, en un arranque de amor, le pidió matrimonio. Fue todo muy romántico, la llevó a las gradas donde entrenaba Daniels a ver un partido y, cuando se iban a ir, dejó caer su cartera, su vieja y negra cartera de cuero. Ella la recogió pensando en lo despistado que era siempre, pues acostumbraba a olvidar sus cosas en cualquier lugar. De repente se percató de que era la misma que había encontrado ella tiempo atrás y que nunca había vuelto a ver, por lo que se quedó extrañada.
 
Entonces él le miró a los ojos y la instó a abrirla y se arrodilló:
 
—Isis Evans Stewar, ¿querrías hacerme el hombre más feliz y afortunado del mundo casándote conmigo? —Preguntó mostrando esa pícara sonrisa suya que tanto le había atraído desde el primer momento.
 
¡Sí! Quiero decir... ¡Sí, quiero, cariño! —Gritó ella atónita y loca de emoción, una emoción precedida de muchas lágrimas de felicidad.
 
De repente salió la cuadrilla al completo a darles la enhorabuena, pues juntos habían tramado el plan sin que Isis se diera cuenta. Cada uno le entregó un obsequio significativo: Robert le dio una pluma, pues él había visto nacer el talento de la narrativa en ella; sus padres le regalaron una brújula de oro, para que no volviera a perder el norte; Cristopher le entregó una cadena de oro blanco con un pequeño y bonito trébol colgando de ella, para que la suerte siguiera por siempre a su lado y, el resto de los integrantes: Daniels, Margaret y Jayson le dieron un ramo de girasoles, por ser su flor preferida, con una dedicatoria firmada por todos: 
 
“Querida Isis, nos alegramos de que inicies una nueva vida al lado de Aiden, juntos sois la pareja perfecta. Quiéranse el uno al otro sin importar las adversidades que la vida os depare. Ya habéis superado numerosos obstáculos, sobre todo tú. Pero recuerda que la vida siempre nos da una segunda oportunidad, así que aprovéchala bien y no dejes que el pasado te impida avanzar. El presente se te antoja bien; eres una escritora reconocida, tienes a una gran persona a tu lado... ¡Y a todos nosotros! Así que es de suponer que el futuro te irá igual o mejor. Te queremos y os deseamos lo mejor en esta loca aventura del matrimonio”.
 
—Muchas gracias chicos, ¡Sniiif! Me habéis hecho llorar otra vez, tengo que parecer un mapache con el rímel todo corrido, —bromeó.
 
Los meses siguientes fueron de auténtica locura con los preparativos de la boda. Isis estaba atacada de los nervios como si fuera realmente la primera de su vida. Aunque, a diferencia de la vez anterior, en esta estaba segura al cien por cien de que iba a ser la definitiva, pues Aiden le había demostrado cuanto la quería y la gran persona que era, ayudándole sin esperar nada a cambio, permaneciendo a su lado sin importar nada, había ido siempre a su ritmo y dejándole su espacio para no agobiarla y le había cuidado y tratado como nadie. Además, había accedido a casarse por la iglesia como ella quería, ninguno era muy católico, bueno, ella creía en Dios, pero no en toda la demás parafernalia y él era agnóstico, pero aún así era su ilusión desde pequeña y sin duda la de sus religiosos padres.
 
Recorrió todas las boutiques de trajes de novia habidas y por haber con sus padres, Margaret y cómo no, con la parejita de enamorados, Cris y Jayson. Los volvió locos, ya que ningún traje era lo suficientemente perfecto para el día señalado. Al final, tras varias semanas de búsqueda, un día, sin pensarlo mucho, fueron al centro comercial donde Robert la había llevado cuando se conocieron tras la primera consulta. Se adentraron en la pequeña boutique extravagante y, allí, en la trastienda, una parte que no había visto la otra vez, estaba “el traje esperándola”. Era simplemente perfecto, se ajustaba como un guante a su figura y le hacía parecer una auténtica y bella princesa.    
 
 
Una vez resuelto el problema del traje tocaba decidir iglesia, decoración y banquete, ya que la lista de invitados la había elaborado rápidamente, no querían que fuese multitudinaria; irían la cuadrilla al completo, la corta familia de Aiden y sus amigos cercanos del hospital y los integrantes principales de la editorial de Isis. Pasaron aproximadamente cinco semanas más antes de tener todos los cabos atados para la celebración, hasta que por fin llegó el gran y esperado día.

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